Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
LA MUERTE DEL EMPERADOR

Por el Profesor

David G. Chandler

El Profesor David Chandler
Uno de los historiadores napoleónicos más renombrados de habla inglesa en el mundo.
Traducido del francés por el Señor Alain Arnaud Bobadilla. Instituto Napoleónico México-Francia. ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.
Este artículo se publicó por primera vez en la edición del otoño de 2002 de Folio, la revista de The Folio Society, editor de libros de calidad. Se trata de una versión considerablemente revisada y abreviada de un artículo que apareció por primera vez en el Napoleonic Scholarship en 1997. Esta impresión coincide con la publicación de una nueva edición del libro de David G. Chandler: The Campaigns of Napoleon. Para saber cómo hacerse en miembro de The Folio Society, visite www.foliosoc.co.uk
Muerte de Napoleón el 5 de mayo de 1821
Aguatinta de Jean-Pierre-Marie Jazet (1788-1871), según el original del barón Carl von Steuben (1788-1856).

« La muerte no es nada », escribía Napoleón en 1804, « pero vivir vencido y sin gloria, es morir todos los días ». Como muchos hombres, particularmente los soldados activos, el Emperador sabía que se exponía a la muerte violenta. Muchos soldados son muertos en la confusión desesperada y el fuego del combate. Muy pocos mueren a causa de un asesinato fríamente calculado, pero ése fue el destino de Napoleón Bonaparte en mayo de 1821, después de seis años de exilio en Santa Helena, ese alejado promontorio denudado en medio del Atlántico Sur.

Nunca tuve la ambición de probar que Napoleón fue asesinado. Esto se dejó al cuidado del Dr. Ben Weider, cuyo interés obsesivo por el destino de Napoleón condujo a resultados espectaculares en el curso de los últimos 25 años. Con la colaboración del Dr. Sten Forshufvud, investigador y escritor sueco ahora extinto, el Dr. Ben Weider desafió y confundió triunfalmente a muchos escépticos, incluidas importantes autoridades francesas, americanas e inglesas.

No hay ninguna duda de que el Emperador dejó plantada muchísimas veces a la siniestra « huesuda ». A decir verdad, su gran carrera militar pudo haberse apagado prematuramente, desde sus comienzos: en el sitio de Tolón, al final de 1793, su frente fue cortada por una bayoneta. Se le hirió ligeramente en el pecho un mes después cuando mataron al caballo que estaba montando (en el curso de los 22 años siguientes mataron a 18 caballos cuando los estaba montando) y sufrió una herida bastante grave en el muslo interior izquierdo, de nuevo por parte de una bayoneta británica.

Napoleón sobrevivió también a muchos intentos de asesinato. Cuando ocurrió el golpe de Estado del 18 de brumario (en noviembre de 1799) un miembro del Consejo de los Quinientos, exasperado, quiso encajarle una daga, pero fue retenido por un granadero de la escolta de Napoleón antes de poder dar el golpe. En septiembre de 1800, un atentado en contra de Napoleón se frustró de milagro en la escalinata de la Ópera de París, y, en vísperas de la Navidad de ese mismo año, una « máquina infernal » provocó una vasta explosión en el camino que seguían Napoleón y Josefina para llegar a la Ópera. Muchos otros atentados fueron orquestados más tarde por el Conde de Artois (el hermano más joven de Luis XVIII) quien, mientras vivía en Inglaterra, consagraba todas sus energías a hacer que Napoleón fuera asesinado. Sin lugar a dudas, Napoleón tenía enemigos extremadamente peligrosos y estaba particularmente con la espada desenvainada con la Casa de los Borbones en el exilio.

Habitualmente, Napoleón gozaba de buena salud y era robusto, su energía era a la vez inmensa y constante. Sabemos, gracias a los recuerdos de sus asociados más íntimos que era muy moderado en lo que concierne a sus hábitos alimenticios y de bebidas. Y sin embargo, en algunos momentos cruciales de su carrera militar, bruscamente lo sacudían malestares temporales que lo invalidaban. Habría que ser muy audaz para afirmar que uno u otro de esos malestares que surgían en muy mal momento pudo haber sido causado por una causa que no fuera natural. Las tensiones asociadas al alto mando en tiempos de guerra son enormes y más de un general ha sucumbido ante una forma u otra de enfermedad en la víspera de un compromiso mayor, o antes o después. Simplemente parece que Napoleón sufrió más de lo debido este tipo de infortunios.

Las circunstancias del derrumbe de Napoleón han estado envueltas de dudas y conjeturas desde ese fatal 5 de mayo de 1821. Hasta el día de hoy, la opinión más difundida era que había sucumbido a un carcinoma del estómago, la supuesta causa de la muerte de su padre en 1785. Pero los elementos de prueba de los informes de la autopsia (hubo tres informes independientes sobre los resultados de la autopsia) son contradictorios bajo ciertos aspectos y las autoridades médicas no están todas de acuerdo con los resultados. Es difícil para el profano juzgar un elemento de prueba médica y la tentación de adherirse a la opinión más expandida es fuerte en ausencia de la prueba positiva y constituida con cuidado para sostener la opinión contraria. Sin embargo, se acaba de presentar ese elemento de prueba.

El primer descubrimiento del Dr. Weider data del 28 de agosto de 1995, cuando las autoridades del Departamento de Justicia de Estados Unidos, situado en Washington D.C., emitieron un informe de análisis de dos cabellos de Napoleón con el resultado siguiente: « La cantidad de arsénico presente en los cabellos analizados… es compatible con un envenenamiento con arsénico ». En otra carta, fechada el 4 de noviembre de 1997, el Nuevo Scotland Yard de Londres declara: « la respuesta debe ser “sí”, con la posibilidad de una persecución oficial (por envenenamiento con arsénico) por parte del Procurador de la Corona ». Después, el primero de junio de 2001, en París, el Dr. Weider revelaba ante un vasto auditorio que había recibido del Dr. Pascal Kintz, del departamento de Toxicología de la universidad Louis-Pasteur de Estrasburgo, un análisis de cinco muestras de cabellos de Napoleón tomados poco después de su muerte. Según el Dr. Kintz, éstos demostraban que había habido una importante absorción de arsénico, y subrayo «importante». Algunos expertos franceses son todavía prudentes en cuanto a los resultados, pero mucho más numerosos son aquellos que tienen la mente abierta. Desde junio de 2001, el caso Weider se ha vuelto mucho más sólido.

Es casi seguro, entonces, que Napoleón no murió de muerte natural. Pero queda por aclarar quién fue (o fueron) el asesino (o los asesinos).

Napoleón declaró en su testamento: « Muero prematuramente, asesinado por la oligarquía inglesa y por su sicario ».

Hubo rumores que circularon en este sentido después de su deceso, particularmente en los círculos bonapartistas. Algunos han acusado al mayor general sir Hudson Lowe, el desagradable gobernador de Santa Helena. Esto es poco probable puesto que el gobierno británico, lejos de intentar causar o de acelerar la desaparición de Napoleón, tomó las medidas necesarias para protegerlo de tal eventualidad. La asignación de centinelas alrededor de Longwood, lo que Napoleón detestaba tanto, y la insistencia para que fuera acompañado por un oficial británico cada vez que hacía un paseo ecuestre eran medidas dictadas tanto por una verdadera preocupación de la seguridad de la persona de Napoleón como por el deseo de evitar que se fugara de la isla.

Sin embargo, ¿cómo habrían podido proteger a Napoleón de un enemigo escondido en su círculo íntimo? La tesis de Forshufvud es que uno de los compañeros más íntimos de Napoleón, Carlos-Tristán, conde de Montholon, le administró el arsénico en su vino, en dosis calculadas y durante años, hasta que sucumbió finalmente al envenenamiento.

Montholon tuvo muchas oportunidades de administrar el veneno. No hay ninguna duda que sabía que era uno de los principales beneficiarios del testamento de Napoleón, puesto que estaba presente durante la redacción y la firma de las últimas voluntades y de los ocho codicilos escritos entre el 15 y el 25 de abril de 1821. Se menciona ahí a Montholon por lo menos quince veces y por más de la mitad para su ventaja financiera potencial. La muerte súbita del mayordomo de Napoleón, Franceschi Cipriani, el 26 de febrero de 1818, seguidas por la de una mujer y un niño (ambos miembros de la casa de Montholon), merecen igualmente un examen atento puesto que muchas autoridades han reconocido que esos decesos habrían sido causados por una intoxicación aguda de arsénico.

Muchos historiadores han creído sin verificarlo el esbozo autobiográfico insípido que Montholon puso como introducción de sus Relatos de la cautividad de Napoleón en Santa Helena. Según lo que se lee ahí, habría recibido cinco heridas durante la campaña de Austria de 1809, pero es bastante sorprendente no encontrar ninguna mención de ese hecho en el célebre Cuadros…de los oficiales matados o heridos durante las guerras del Imperio, 1805-1815, de Martinien. Pretende también que fue ascendido a general de brigada en 1811 y general de división el 15 de junio de 1815. Los archivos confirman pocas de esas afirmaciones. Parece, más bien, que Montholon nunca subió de grado más allá de coronel durante las guerras napoleónicas. Sin embargo, fue promovido mariscal de campo (el equivalente de un general subalterno) el 23 de agosto de 1814, por Luis XVIII, por haberse unido a los Borbones. Por dondequiera que uno lo mire, Montholon aparece como un hombre arribista y sin escrúpulos.

Muchas historias han circulado, y eso muchos años antes de la muerte del Emperador, como lo informa el Observer en junio de 1816.

Es verdaderamente ridículo al leer los informes contradictorios que pululan en los periódicos acerca de Napoleón, puesto que muchos contienen vulgares mentiras… Como, por ejemplo, las historias que relatan un encuentro con dos jóvenes damas, en el curso de la cual relata sus campañas con toda la vanidad locuaz de un estudiante que describiría sus escapadas por un pelo de su primera caza de zorro… Es un pedazo del relato de Munchausen de su desayuno, en el cual declara que Napoleón bebe una pinta de porter (cerveza negra) y dos botellas de vino rojo en cada comida, cuando, en realidad, hay muy pocos hombres tan moderados como él para el consumo de vino.

A pesar de que Napoleón sólo bebe Chambertin blanco, el periodista mencionaba proféticamente los dos instrumentos del envenenamiento de Napoleón y el medio de descubrirlo. El autor no habría podido adivinar, en ese momento, que el destino de Napoleón estaría ligado a « un cabello » y al « vino ». Pero entonces, por supuesto, es casi seguro que Montholon se ocupaba ya de su siniestro trabajo.

Una versión más larga de este artículo se publicó por primera vez en Napoleonic Scholarship, en 1997.

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