
| |
Por
la Señora |
|
Renée
Casin
|
| |
Presidente
del Comité Histórico
del
Instituto Napoleónico México-Francia |
|
|
 |
| Sra.
Renée Casin |
|
|
Entrevista
concedida a la revista Chrétiens
Magazine, No 157,
del 15 febrero de 2003
|
Traducción:
Instituto Napoleónico-México
Francia |
| |
A
través del siguiente texto,
breve presentación hecha por
el propio autor de su «
Preciso », la obra Napoléon
1er et les bicentenaires des grandes
institutions de la République
(« Napoleón I y los bicentenarios
de las grandes instituciones de la
República», Ediciones
Résiac, 2002) podremos tener
una idea del verdadero rostro del
EMPERADOR NAPOLEÓN,
el de un pacificador esencial, un
civilizador sin equivalente, pero
ante todo de un visionario, de un
hombre de gran corazón y profunda
humanidad.
¿A pesar de esto, Francia,
y a través de ella, la civilización
Latina, por las que murió incomunicado
y condenado a un terrible e interminable
martirio, le han conservado una memoria
fiel?
La respuesta, es muy triste escribirlo,
es clara y cae como una cuchilla:
NO, y por increíble que parezca,
muchos franceses ni siquiera saben
que su país, como tantos otros
en el mundo, viven y se gobiernan
aún hoy sobre las bases civiles,
administrativas, jurídicas
y económicas que el Emperador
fundó « sobre el granito
». El desastre de la enseñanza
orientada de la Historia, así
como la discreción oficial
de las autoridades en ocasión
de los bicentenarios de tantos hechos
y obras gloriosas lo prueban.
Gracias a este texto que es tan sólo
una introducción, pero que
por su gran interés presentamos
sin embargo a título de texto
plenamente, tendremos algunas nociones
de porqué el verdadero padre
de Europa, aunque comúnmente
vilipendiado y malmirado, es no obstante
mejor conocido y admirado en el extranjero
que en Francia… Porqué
los pueblos vecinos pidieron «
como una gracia » en 1815, tras
la caída del Imperio, conservar
las leyes francesas. Veremos porqué
las constantes peticiones de paz del
Emperador – « la primera
de las necesidades como la primera
de las glorias », escribió
a Londres – estaban condenadas
al fracaso de antemano. Sabremos porqué,
entre otras comunidades religiosas,
los judíos de Europa no estaban
lejos de considerar a Napoleón
un « mesías ».
Descubriremos al fin porqué
el Emperador, a quien los apóstatas
ingleses y sus aliados llamaban el
« anticristo », dijo sin
embargo a la nana de su hijo, el fatídico
Rey de Roma: « Haced de él
un buen francés y un buen cristiano:
uno no va sin el otro ».
|
|
|
|
He
aquí mi trigésima obra. Ésta
confirma la primera: « Napoleón
y los manuales de historia » (Napoléon
et les manuels d’histoire) publicado
en 1956, con un prefacio del General Weygand
y coronado por la Academia francesa (Premio
Thérouanne 1957) *. Hice toda mi
carrera en la enseñanza y siempre
estuve escandalizada por la manera como
los manuales de historia maltrataban la
verdad histórica. Durante una discusión
con mi inspector, al final de mi clase,
tomé como ejemplo los numerosos trámites
pacíficos del Primer Cónsul,
luego del Emperador, para poner un término
al engranaje de las coaliciones contra Francia
que fueron constantes de 1792-1793 a 1815.
Se esos trámites repetidos, en el
transcurso de los cuales él pidió
vanamente la reunión de un congreso
general en el que proponía oficialmente
sacrificios territoriales precisos, se poseen
múltiples pruebas diplomáticas.
La apertura de los Archivos extranjeros,
a fines del Siglo XIX, lo probó de
manera irrefutable. ¡Pero ningún
manual habla de ello! Mi inspector no supo
qué responder: « ¡Debemos
formar republicanos, por lo tanto!…»
Este « por lo tanto » significa
que cantidad de hechos de primera importancia
son puestos bajo silencio, por razones políticas.
Sin embargo, esa entrevista tuvo un final
inesperado: el día siguiente, le
llamó a mi directora: « dígale
que ella tal vez tiene razón ». |
|
El
General Maxime Weygand
1867-1965
|
|
El General Weygand,
de quien cada quien puede acordarse (brazo derecho
del Mariscal Foch en 1914-18; quien, en los años
1920, ayudó a Pilsudski a echar al ejército
ojo de Polonia; el que, en 1942, reorganizó
la armada de África del Norte con el general
Juin) me escribió, después de haber
leído mi manuscrito: « Señorita,
como se lo había dejado prever, la obligué
a esperar esta carta. Mis demasiado numerosas
ocupaciones no me han permitido acabar más
rápido la lectura de su excelente libro.
Aunque este calificativo no necesite comentarios,
añado que estoy seducido por la voluntad
y el valor de que hace usted prueba en su lucha
contra la falsificación culta de la historia
que se le enseña a nuestra juventud (con
la que se contentan por cierto demasiadas grandes
personas). Y también por el talento y la
solidez con las cuales ha organizado y armado
el batallón de argumentos que conduce usted
al asalto de la mentira. Agrego que estoy todo
dispuesto a escribir el prefacio que me hizo usted
el honor de pedirme para esta obra… »
Este libro, que
recibió los elogios de sesenta diarios
y revistas de Francia y el mundo entero, desde
Canadá hasta Pondichéry, me valió
el placer de recibir en casa al presidente del
Círculo Napoleónico de Santiago
de Chile, de paso en París.
¿Todo eso no es nada? Sin embargo reeditar
esas 330 páginas estaba fuera de discusión;
así – puesto que la enseñanza
de la historia se tornaba cada vez más
lamentable – quise aprovechar los bicentenarios
de nuestras grandes instituciones desde el Consejo
de Estado, la Legión de Honor, los grandes
Códigos, el gran Sanedrín que hizo
de los judíos (franceses y europeos) ciudadanos
plenamente, hasta muchas decenas de otras de primera
jerarquía, que aún nos rigen, para
escribir un « Preciso » corto y percutiente.
|
El Emperador Napoleón
I en uniforme de coronel
de granaderos a pie de la Guardia
Imperial, por
Robert Lefèvre
|
|
¿Se
conoce, por ejemplo, que el primer experimento
de seguridad social con un funcionamiento
como el actual, data de un decreto de Napoleón
de 1813 en las minas
de carbón belgas?
Por supuesto, la primera obra del genial
pacificador fue la reconciliación
nacional. Como Enrique IV, fueron «
Edictos de Nantes » sucesivos lo que
impuso el Primer Cónsul, enseguida
el Emperador, quien puso a trabajar juntos
a los enemigos de ayer, actores o sobrevivientes
de un caos sangriento de que nos cuesta
formarnos una idea, puesto que además
de la guillotina, las masacres de la Vendea
habían hecho 600,000 muertos…
Y Francia poco a poco pacificada, libertada
por un « juez de paz » cuyo
genio civil era más grande aún
que el genio militar, se reconstruía.
La libertad religiosa era restablecida,
la constitución civil del clero abolida,
el Concordato
firmado, los curas sobrevivientes volvían
de Guyana. La campana mayor de Nuestra-Señora
hinchaba sus ecos sobre un pueblo que volvía
a poner a trabajar. ¡Vaya símbolo,
las «abejas» imperiales!
En cuanto
a las « águilas » francesas,
éstas llevaron la « libertad
y la igualdad » a los pueblos de Europa,
como lo dice Winston Churchill. Todo eso
merece que nos planteemos algunas preguntas
y que vayamos a ver más de cerca.
Articulé
mi « Preciso » en torno a diez
puntos en los que el lector podrá
hallar lo que nunca se dice, aún
en los comentarios actuales. Sólo
Robert Hossein hace excepción hasta
hoy, gracias a su sentido justo de la epopeya:
|
1. El orgullo de ser francés:
Napoleón y la paz.
2. Piezas relativas a la ejecución
del duque de Enghien.
3. En las fundaciones de la Francia moderna:
las
masas de granito napoleónicas.
4. Para el Concordato de 1801, el héroe
y el santo.
5. Napoleón en el consejo de Estado.
6. 1813, primer experimento de seguridad social.
7. Napoleón visionario: Francia, Europa,
el mundo.
8. Gran lector, melómano y gran
escritor.
9. El Emperador tal como era.
10. Santa
Helena: las voces inglesas. |
Una mentira mil
veces repetida deviene una verdad, a los ojos
del público en general. Recordemos lo que
escribía Paul Fleuriot de Langle: «
Todo error que se repite, al repetirse, se acredita
y se agrava ». Y Fustel de Coulanges, dominando
la cuestión, exclamaba: « Nuestros
más crueles enemigos no tienen necesidad
de inventar las calumnias y las injurias…
sus historiadores más hostiles no tienen
más que traducir las nuestras ».
Así, el «
batallón de argumentos »
que conduzco « al asalto de la mentira
» – general Weygan dixit –
no ha perdido nada de su valor. Y eso
debe saltarle a los ojos de todo lector
advertido. De ese modo, Inglaterra, que
nunca es mencionada – o acaso una
sola vez como de casualidad y sin precisiones
– es la potencia tentacular de aquella
época, ama y señora de todos
los océanos, que declaró
a Francia en 1793 una « guerra de
exterminio », y fomentó siete
coaliciones sucesivas hasta 1815,
¡contra nosotros! Las subvenciones
acordadas a las potencias de Antiguo Régimen:
Prusia, Austria, Rusia, Suecia, etc.,
aumentarán año con año
y alcanzarán un total que parece
increíble, equivalente a 270 millares
de francos de oro de la época.
Por mucho que Napoleón ganara victorias
en tierra firme, es la nación que
posee el dominio de los mares la que gana
siempre. Y Francia fue arrastrada, hasta
1815, en esta espiral infernal que no
permitió a Napoleón sino
cortas treguas, porque él era,
a los ojos de los ingleses, el emperador
de la revolución, al que había
que abatir.
Pero en el seno de esta
tragedia, hubo algunas esperanzas. Los
liberales ingleses eran bastante numerosos
y Charles James Fox sucedió providencialmente
a William Pitt, fallecido súbitamente,
al enterarse de la victoria francesa de
Austerlitz.
El regreso a París del Emperador
de los franceses fue una inmensa satisfacción.
Se puso de inmediato en relación
con Fox y tuvo una firme esperanza de
restablecer la paz general. No olvidemos
que Inglaterra, después de haber
firmado la Paz de Amiens en 1802, la había
roto unilateralmente desde 1803. Las negociaciones
proseguían cuando Fox murió
a su vez. « La
muerte del Sr. Fox es una fatalidad de
mi carrera; si hubiese vivido, la paz
general se hubiera efectuado »,
explicó el Emperador a los oficiales
del Northumberland que le conducían
a su prisión de Santa Helena. Pero
nadie lo sabe. Y nadie conoce tampoco
sus ideas acerca de una unión deseable
de la Europa futura, que explicó
a Fox ya en 1802 y repitió constantemente
y no sólo en el Memorial de
Santa Helena: él pensaba en
una misma moneda, en los mismos pesos
y medidas, en los mismos códigos…
«Una guerra
entre europeos es una guerra civil».
|
|
El
« Preciso
»
de Renée Casin:
NAPOLÉON 1er
Editions RÉSIAC
– B.P. 6 - F 53150 Montsûrs
–
ISBN 2-85268-364-4
Octubre de 2002.
|
|
No se expone la
historia fundándose sobre anécdotas
y omisiones monumentales, cualquiera que sea el
ámbito. Ese prisionero, muerto por Francia
– «¡que
me saquen de este hoyo de ratas!»
(en el sentido propio), profirió un día
allá – es una de las más grandes
figuras de la historia del mundo. ¡Merece
algo mejor que algunas películas, en las
que nada es dicho de lo esencial, y emisiones
en las que múltiples falacias se codean
con lo ridículo!
Los franceses se han hecho maestros de este ámbito.
Y sin duda – pero todo el mundo aquí
lo ignora – había que ir a visitar
la exposición de 2001 en Tokio sobre «
Napoleón, Emperador de los franceses »
para aprender que los japoneses resaltan su voluntad
de paz en una época guerrera,
que su inmenso carisma hace de él un personaje
universal cuyo fin fue coronado por una tragedia
sin precedente. Y sin duda aún –
¿pero quién está al tanto
en Francia? – era preciso que ir a visitar
la exposición « Napoleón »
en Nueva York algunos años antes, para
verificar lo bien fundado de este juicio premonitorio
del poeta británico Thackeray en 1840:
«Tuvo que haber algo en ese hombre de
grande y de noble, algo de generoso y de apasionante,
para haber dejado un recuerdo tan caro al pueblo,
un nombre rodeado de un respeto tan constante,
de una tan durable afección».
Y el de Goethe: « Napoleón crecerá
a medida que se le conozca mejor ».
¿Francia, « luz del mundo »,
estaría habitada por un pueblo que no sabe
demasiado frecuentemente más que manejar
el apagavelas?
Les deseo una
buena lectura y buenos descubrimientos, meditando
primeramente esta carta enviada en 1801 por el
Primer Cónsul al padre Charles, que le
había preparado para su primera comunión
en Brienne: « no he
olvidado que es gracias a vuestro virtuoso ejemplo
y a vuestras sabias lecciones que debo la alta
fortuna a la que he llegado. Sin la religión,
no hay felicidad alguna, ningún porvenir
posible. Me recomiendo a vuestras plegarias.
»
Renée Casin.
* Este libro,
Napoléon
et les manuels d’histoire, revisado
y aumentado, fue reeditado el 18 de junio de 2008
por las ediciones Economica, París; se
presenta además enriquecido con un preámbulo
del General Michel Franceschi.

|
|
|