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| Instituto
Napoleónico México-Francia - Institut
Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador. |
| CARTA
DE LOS DOCTORES THOMAS HINDMARCH
Y PHILIP CORSO |
Los
doctores Thomas
Hindmarsh y
Philip Corso
(cirujano estético)
intentan demostrar,
constantemente
desde hace casi
veinte años,
que Napoleón
no murió
envenenado.
En el curso
de los años,
han cambiado
varias veces
de versión
sobre las enfermedades
que se habrían
llevado al Emperador,
aunque el cáncer
estomacal sigue
siendo, según
ellos, el principal
responsable.
El
doctor
Pascal Kintz,
del Instituto
de Medicina
Legal de Estrasburgo
y presidente
de la Sociedad
francesa de
toxiología
analítica,
reconocido como
uno de los mejores
especialistas
mundiales de
análisis
toxicológicos,
después
de aportar las
pruebas de la
intoxicación
crónica
mediante arsénico
(en el curso
de una conferencia
de prensa del
1º de junio
de 2001, en
la Casa de la
Mutualidad de
París),
sólo
le quedaba al
doctor Corso
la solución
de poner en
duda la competencia
profesional
del doctor Kintz.
Lo hizo en un
artículo
que ocasionó
una respuesta
mordaz del
doctor Kintz.
A
continuación
se presenta
este artículo:
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Carta
a la redacción:
Los cabellos
de Napoleón,
¿fuente
externa o ingestión
de arsénico?
Doctores Thomas
HINDMARSH,
Universidad
de Ottawa, Philip
F. CORSO,
Universidad
de Yale.
(Recibido
el 20 de mayo
de 2002 ; aceptado
el 23 de mayo
de 2002) |
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No
creemos
que
Kintz
y
Al
(1)
hayan
confirmado
que
el
arsénico
encontrado
en
los
cabellos
de
Napoleón
se
hubiera
derivado
de
una
ingestión
oral.
Demostraron
que
después
de
mojar
durante
4
horas
los
cabellos
humanos
en
una
solución
As2O3,
es
posible
aislar
el
arsénico
con
una
solución
de
lavado
acetona-agua.
Quizás,
si
hubieran
expuesto
los
cabellos
y
el
arsénico
por
un
periodo
más
largo,
no
se
habría
aislado
el
arsénico.
Smith
y
Henry
(2)
sólo
fueron
capaces
de
recuperar
40%
del
arsénico
derivado
de
haber
mojado
los
cabellos
humanos
durante
10
días
en
una
solución
de
arsenita
de
sodio,
al
lavar
seguidamente
en
agua
e
hidróxido
de
sodio.
Además,
Young
y
Rice
(3)
fueron
incapaces
de
distinguir
entre
el
arsénico
de
fuente
externa
o
interna
en
los
pelos
de
unos
conejillos
de
indias,
lavando
con
un
ácido,
una
base,
etanol
o
éter.
Atalla
(4)
llegó
a
la
misma
conclusión
usando
cabellos
humanos.
Hemos
demostrado
(5)
que
el
arsénico
aplicado
de
manera
superficial
se
puede
encontrar
a
veces
en
el
centro
del
cabello
humano
y
que
es
difícil
imaginar
cómo
esta
sustancia
podría
ser
accesible
a
las
soluciones
de
lavado.
Kintz
et Al
(1)
explican
que
las
grandes
diferencias
en los
niveles
de arsénico
de los
cabellos
del
emperador
analizados
en el
mismo
día,
algunos
normales,
algunos
letales,
son
consecuencia
de una
gran
variación
de arsénico
entre
cabellos
y al
interior
de los
cabellos.
Esto
es un
punto
convincente
que
ilustra
la débil
capacidad
de las
medidas
de arsénico
en un
único
cabello
(6).
Es esencial
que
un mínimo
de 1
gramo
de cabello
sea
tomado
en varios
lugares
de la
cabeza
y se
analice.
Seguimos
convencidos,
puesto
que
Napoleón
no presentaba
signos
clínicos
evidentes
de intoxicación
crónica
mediante
arsénico,
que
la fuente
más
probable
del
exceso
de arsénico
en sus
cabellos
era
el uso
de arsénico
como
agente
de conservación
después
de la
colecta
(7,
8).
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1.
Kintz, P, Goullé
JP, Fornes P,
Ludes B. Una
nueva serie
de análisis
de los cabellos
de Napoleón
confirma una
exposición
crónica
al arsénico.
Ann de Toxicol
Anal 2001 ;
13 : 243-6.
2. Smith S,
Hendry EB. Arsénico
en relación
al tejido de
keratina. Br
Med J 1934 ;
2 : 675-7.
3. Young EG,
Rice FAH. Sobre
la presencia
de arsénico
en el cabello
humano y su
significado
médico
legal.J Lab
Clin Med 1944
; 29 : 439-46.
4. Atalla LT,
Silva CM, Lima
FW. Análisis
de activación
en el cabello
humano. Ann
Acad Bras Cienc
1965 ; 37 :
433-41.
5. Hindmarsh
JT. Reservas
en el análisis
de cabellos
en el envenenamiento
crónico
mediante arsénico.
Clin Biochem
2002 ; 35 :
1-11.
6. Cornelis
R. Análisis
de la activación
de neutrones
del cabello,
fracaso de una
misión.
J Radioanal
Chem 1973; 15
: 305-16.
7. Hindmarsh
JT, Corso PF.
La muerte de
Napoleón:
una revisión
crítica
de la causa.
J Hist Med Allied
Sci 1998 ; 53
: 201-18.
8. Hindmarsh
JT, Corso PF.
La enfermedad
de Napoleón
Bonaparte y
el rey Jorge
III: ¿mitos
médicos?
Eur J Lab Med
1999 ; 7 : 135-43.
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