Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
BICENTENARIOS:
UN BIEN PÁLIDO « SOL DE AUSTERLITZ »

Por el

Barón Gourgaud
Presidente de la Fundación Napoleón

El Barón Gourgaud
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Como era lógico, después de haber ignorado patentemente los bicentenarios de la proclamación del Imperio y de la Coronación de Napoleón, la república francesa sigue dando muestras de su desprecio al Emperador, repudiando su obra y su legado, y hoy ignora 200º aniversario de la batalla de Austerlitz, o de los “Tres Emperadores”.
A continuación, el presidente de la Fundación Napoleón, el Barón Gourgaud, se expresa sobre la cuestión.

Hay muchas escuelas en materia de conmemoraciones. La que domina hoy parece preferir elecciones políticamente rentables o que permitan una sesión de autoflagelación sobre tal o cual episodio desgraciado de nuestra historia. No se sorprenderá uno pues de la discreción con la cual el Estado ha tratado y continúa tratando los bicentenarios napoleónicos, dejando a cada una de las instituciones nacionales creadas por Napoleón arreglárselas con su acta de nacimiento o remitiéndose a la iniciativa privada.
Si acaso podíamos comprender que la república haya escamoteado la proclamación del Imperio o la Coronación de Napoleón, estamos muy sorprendidos y decepcionados de que nada oficial haya sido previsto para el bicentenario de la batalla de Austerlitz (2 de diciembre de 1805), una de las más grandes victorias de la armada francesa cuyo nombre figura en las banderas de numerosos regimientos. El actual Primer Ministro, cuyo interés por la cuestión napoleónica es conocido, no encontró sin duda ningún expediente sobre este tema a su llegada a Matignon.
¿Por qué?
Se nos dice a veces que el presidente de la república no sería muy « napoleónico ».
Se murmura por aquí y por allá que ningún crédito pudo ser liberado para permitir, por ejemplo, al Museo de la Armada, (institución toda indicada) celebrar el evento.
Se sugiere en fin que no se quiso celebrar una victoria obtenida sobre las armas de aquellos que se han convertido desde entonces en nuestros amigos europeos, austriacos y rusos.
Ignoro si esto es cierto, pero si tal fuera el caso, estaría inquieto por la manera en la que se considera desde ahora enseñarnos y hacernos interesarnos en la historia de nuestro país.
Noto en cambio que las autoridades inglesas no se plantean tantas preguntas cuando celebran con pompa el bicentenario de Trafalgar, victoria naval ante Francia y España, sin embargo miembros eminentes de la Unión Europea.
Vimos inclusive prestigiosos navíos de guerra franceses participar en un desfile naval organizado para esta ocasión o al presidente de la república acordar su Alto Patronazgo – en concierto con la Reina Elizabeth - a una velada franco-británica organizada el 21 de octubre, precisamente el día del bicentenario de Trafalgar.
En la misma tonalidad, el museo británico de la marina propone actualmente una formidable exposición « Nelson-Napoleón » en la que son presentados verdaderos tesoros históricos… de los cuales un buen número han sido prestados por los museos franceses. En ningún momento, la Entente cordiale ha sido agraviada. El propósito es puramente histórico y neutro, con esta inteligencia toda británica de decir las cosas sin nunca tener el aspecto de decirlas. ¿No habrían podido las instituciones museales francesas hacer lo mismo para conmemorar la brillante victoria del 2 de diciembre de 1805, enlazados con los museos rusos, austriacos y checos (1) que, lo sabemos, tan sólo eso pedían?

Además de la cuestión del poco caso que se hace de la tradición militar o de aquella de su proverbial recato, me parece que la ausencia de conmemoración del bicentenario de Austerlitz revela, en quienes deciden, dos errores de apreciación fundamentales:

Primer error: creer que Napoleón es unánimemente percibido con hostilidad en Europa. En la Fundación Napoleón, en nuestra actividad de investigación histórica, estamos bien situados para decir que no es así y que si jamás hubo « síndrome », éste pertenece al pasado. El episodio napoleónico es considerado por doquier, – con esas sensibilidades nacionales que hacen la riqueza del debate - como parte íntegra de nuestras raíces comunes. Se ha convertido en un objeto histórico, no polémico, estudiado con rigor y apertura de espíritu.

Segundo error: no haber comprendido que una conmemoración – que no es una celebración – no podía concebirse más que en un marco europeo, entre antiguos vencedores y antiguos vencidos, con imaginación (para sobrepasar el simple hecho guerrero) y ganas de reflexionar juntos. Es cierto, por ejemplo, para un proyecto de exposición histórica… y es lo que han comprendido nuestros amigos ingleses.

Es muy tarde para que cualquier cosa significativa o pensada sea organizada para el bicentenario de la batalla de Austerlitz. Deberemos pues contentarnos con coloquios confidenciales, tomas de armas regimentales o de algunos discursos cuyo eco se perderá en el estruendo mediático, o, en el peor de los casos, será objeto de burla para aquellos quienes piensan que hay que estar « por » o « contra » Napoleón. Nada será propuesto a la reflexión de un amplio público para conocer mejor esta parte fundamental de nuestra historia militar y política, pues la batalla era también el afrontamiento de diversas concepciones de Europa y de la sociedad.

En cambio, el silencio oficial alrededor de este bicentenario nos permite, me temo, reflexionar sobre la manera en que nuestros responsables ven a la Francia y a los franceses de hoy.


(1) Austerlitz, hoy en día Slavkov, en la República Checa.

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