« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.

 
Texto en castellano.
AUSTERLITZ
Gloria y grandeza de Francia, patrimonio y riqueza del mundo
Texte en Français.

¡Mostradles lo que son las banderas de Francia.
Mostrad vuestros sagrados pliegues
Que flotaban sobre el Rin, sobre la Mosa y el Sambre,
Y haced, ah banderas, junto al Dos de diciembre
Estremecerse a Austerlitz!

Víctor Hugo, Les Châtiments.

La batalla de Austerlitz, o « de los Tres Emperadores », es sin lugar a dudas el hecho de armas más brillante de la historia de Francia y uno de los más gloriosos de la historia universal, proeza que consagró el genio estratégico del Emperador Napoleón I, y fijó la suerte del trono imperial apuntalándolo por casi una década.

Las diferentes ceremonias que se han celebrado en Francia y por doquier en Europa han sido tan diversas como numerosas, la más espectacular de ellas llevándose a cabo en la República Checa, en las llanuras mismas de Slavkov (antaño Austerlitz), junto con las festividades del Bicentenario y en el marco del evento del año, el « Projekt Austerlitz », que reunió a miles de napoleónicos y una cantidad impresionante de grupos de reconstitución histórica (ver nuestro « expediente especial »). Por lo demás, este evento histórico habrá sido caracterizado por la presencia de múltiples personalidades de primerísimo plano, entre las cuales destacaremos a S.A.I. el Príncipe Don Carlos Napoléon, quien no podía faltar a la cita.
Bien distantes de aquellas regiones gélidas, otras comarcas más lejanas festejaron igualmente esta gran fecha, y por primera vez en la historia toda América del Norte continental, desde el Québec hasta México, se ha unido a las conmemoraciones gracias a las actividades organizadas por diversas instituciones especializadas, entre ellas el Instituto Napoleónico México-Francia.

S.A.I. el Príncipe Don Carlos Napoléon en directo desde el campo de batalla (foto cortesía de Albert Martin).

 

En México, estos eventos comenzaron el jueves primero de diciembre con una presentación histórica documental realizada en la Academia de San Carlos de la Universidad Nacional de México (UNAM), propuesta a los alumnos de postgrado en artes plásticas, así como a los interesados y aficionados del público en general. Esta iniciativa tenía como finalidad el familiarizar a los estudiantes con la batalla que nos ocupa, su marco histórico y contexto geopolítico, así como con su influjo y peso sobre el desarrollo ulterior del Imperio, cuyo ascendente e influencia se vieron consolidados luego de la brillante victoria del 2 de diciembre de 1805.
Evidentemente, dicha alocución iba acompañada de una exposición didáctica sobre los cuadros que ilustran la mencionada batalla, así como sobre los aspectos interesantes relativos a su origen y a sus autores respectivos (Barón Gros, Gérard, etc.).

Llegada de los asistentes a la misa en memoria de los héroes caídos en la Batalla de Austerlitz. Iglesia de Santa Catarina, Coyoacán.

 

Aunque sin un enlace estructural directo con los eventos siguientes, esta introducción servía de alguna manera como preámbulo a las actividades del viernes 2 de diciembre, día memorable, en el que bajo los auspicios del INMF y en virtud de la invitación del establecimiento « Uk’u’x », el Prof. Garzón-Sobrado brindó la conferencia « Austerlitz: Gloria y grandeza de Francia; patrimonio y riqueza del mundo », que más allá de sus aspectos estrictamente históricos estaba centrada específicamente en el aspecto didáctico, el fundamento mismo de la filosofía y de las preocupaciones del INMF. Esta lectura se componía de una introducción general, una presentación del contexto político en la época del célebre « Campo de Boloña »; el origen y formación de la 3ª Coalición, el nacimiento de la « Grande Armada », la progresión y la evolución de los « Siete Torrentes », la victoria de Ulm, la « trampa de Pratzen », la batalla de Austerlitz, y finalmente, un vistazo global a los resultados inmediatos y a consecuencias de este evento sobre el tablero político de Europa.

Homilía por los valientes caídos en el campo de honor.

 

Después de la conferencia, en la sala principal, una bella sesión de diapositivas fue propuesta a los asistentes, seguida por una larga serie de comentarios que rápidamente tomaron el aspecto de un debate, por lo numerosas que fueron las preguntas, especialmente en lo que concernía al desarrollo de los combates efectuados contra el ala derecha francesa del Mariscal Davout, así como sobre los testimonios de los grognards, quienes vivieron la batalla en carne propia.

Más tarde durante la velada, un generoso cóctel fue ofrecido al público, que estaba compuesto en su mayoría de neófitos ávidos de aprender más sobre el Emperador y su obra, de la que todo el mundo a oído hablar, pero que permanece en suma mal conocida.

Durante el oficio y previamente a la comunión, los presentes contemplan el pabellón de Francia.

 

Al día siguiente, el sábado 3, día de un reposo relativo, los miembros del INMF se reunieron durante la velada afin de escuchar un recital de canciones y piezas diversas para piano del periodo del Imperio, tras lo cual un brindis fue ofrecido en recuerdo de la gran batalla. Este recital fue posible gracias al generoso patrocinio del M.A. Sr. Pablo López-Ortega Magallanes, a quien expresamos aquí toda nuestra gratitud.

Sin embargo, las celebraciones debían continuar todavía un día más y no alcanzaron su punto más bello e intenso hasta el domingo 4 de diciembre, durante la misa solemne dedicada por el Padre Efrén Bañero al recuerdo de los héroes caídos durante los combates de Ulm y de Austerlitz, y que tuvo lugar en la muy hermosa iglesia de Santa Catarina, en Coyoacán, una de las más antiguas capillas de este antiguo barrio virrenial de la Ciudad de México.

El padre Bañero, el presidente del INMF Sir Eduardo Garzón-Sobrado, y fray Juan García Ricaldi, posan junto a un monaguillo-alférez.

 

Con un tiempo fresco pero muy soleado, la ceremonia comenzó a las 13:30 horas, en la nave principal, y fue oficiada por el Padre Bañero en persona, acompañado por Fray Juan García Ricaldi, a quien estamos muy agradecidos por toda la ayuda aportada durante los tratos previos al servicio.

El Padre Bañero, con voz grave y pausada, en un estilo punzante, lleno de solemnidad y dignidad, comenzó su homilía leyendo la segunda epístola de San Pablo a los Corintios, seguida de una Reflexión sobre el tiempo y la presencia de Dios en la vida y los hechos de los hombres.
Enlazó enseguida con el Credo, y el resto de la conmemoración se presentó de la manera siguiente:

- Plegaria universal.
- Oremus.
- Sursum Corda.
- Memorial de la Resurrección.
- Comunión.

Tras la ceremonia, una ofrenda de flores blancas fue depositada a los pies de la imagen de la Virgen de Guadalupe en recuerdo de los valientes caídos en el campo de honor.

Un joven abanderado, patriota franco-mexicano, escolta a los asistentes al finalizar la ceremonia.


Si bien los fieles y asistentes de todo tipo fueron poco numerosos, esta ceremonia fue, a pesar de su simplicidad, de una gran y profunda belleza.
Sin duda es bien fundado decir que aquellos cuantos miembros de la comunidad francesa en México que acudieron a nuestro llamado y nos acompañaron este domingo, enriquecieron vigorosamente esta fecha en el sentido de que por su presencia confirmaron, de alguna manera, la legitimidad de nuestros esfuerzos y los honraron en su calidad de representantes de su país en esta ocasión tan importante para la memoria del Emperador y sobre todo de Francia.
Por su lado, nos dieron parte de la misma opinión, y no desearíamos terminar sin pedirles muy respetuosamente que hallen aquí la expresión de nuestro más vivo reconocimiento por su compañía y su amor por la memoria histórica del mundo, y los valores universales de la virtud y del honor.

Asimismo, podemos concluir simplemente pero con satisfacción que, el tiempo de un fin de semana histórico, aunque brevemente, ¡el Sol de Austerlitz brilló también en México!

Las banderas ganadas en Austerlitz son llevadas a Nuestra Señora de París para ser suspendidas en las bóvedas de la Catedral.