SIGNOS CLÍNICOS
REFERENTES A LA INTOXICACIÓN POR ARSÉNICO SUFRIDA
POR NAPOLEÓN
Por el Doctor Bernard
Charton, FINS

En
el diagnóstico de una enfermedad cualquiera, son prioritariamente
los signos clínicos los que informan al médico.
Este diagnóstico, propuesto por la clínica, podrá
sin embargo ser confirmado, de ser necesario, por exámenes
de laboratorios, radiografías o todo otro examen indicado
específicamente, y adaptado a cada caso.
En el tema del diagnóstico de la causa del deceso de
Napoleón Bonaparte, los exámenes complementarios
no son, por supuesto, posibles, ni los exámenes biológicos,
ni las radiografías, ni las ecografías. El único
examen, o dosificación que es aún posible en nuestros
días, es el examen, así como la búsqueda
toxicológica a nivel del cabello. Esto ha sido hecho,
y los resultados son bien conocidos.
Lo que no es posible tampoco, es el interrogatorio del paciente
sobre todos los síntomas sentidos, así como el
examen clínico minucioso del paciente, todas estas informaciones
hubiesen sido bien útiles para establecer un diagnóstico
confiable.
En cambio, disponemos afortunadamente de numerosos escritos,
de numerosas declaraciones de innumerables descripciones, hechas
por su entorno, y por el mismo Napoleón Bonaparte. Estas
informaciones, mucho más importantes de lo que se piensa
comúnmente, nos brindan elementos muy constructivos para
la elaboración de un diagnóstico verdaderamente
confiable. Y vamos a demostrar que los signos clínicos
revelados por los personajes que le rodean, son suficientes
por ellos mismos, y ampliamente, para establecer un diagnóstico
sin falla.
He aquí, tal vez un poco en desorden, todos los síntomas
que pudimos apuntar a través de nuestras lecturas. Por
supuesto, tomados de manera aislada, estos signos no tienen
ningún valor específico, pero es el conjunto de
estos síntomas el que el diagnóstico irrefutable
de intoxicación arsenical, excluyendo toda otra enfermedad.
Precisemos que estos signos clínicos no eran constantes,
sino variables en el tiempo, por la buena razón que la
administración del tóxico no era ni regular ni
constante, sino intermitente, yendo creciente en el tiempo,
y yendo creciente también en intensidad con el tiempo,
e incrementándose su importancia durante los dos últimos
años de su vida, en 1820 y sobre todo 1821.
Después de este preámbulo indispensable, he aquí
estos signos, o síntomas, sin duda un poco en desorden,
pero poco nos importa, al ser lo esencial señalarlos
todos, y hemos apuntado en nuestras lecturas, no una docena,
como se declara comúnmente, sino cerca de una centena.
En el plano general y mental:
-
Una agitación permanente,
física y mental.
-
Una ansiedad llana y sin
interrupción, frecuentemente sin motivo válido.
-
A un grado superior, esta
ansiedad se convierte en angustia.
-
El sujeto tiene la certeza
que no podrá curarse jamás.
-
El sujeto está persuadido
de que es aquejado por muchas enfermedades incurables.
-
El sujeto tiene un miedo
sin cesar creciente de la muerte.
- El paciente ya no soporta la soledad, busca
compañía y desea que una tercera persona se quede
a su lado, o al menos esté muy próxima.
-
Es presa de un estado de
reflexión profunda. Medita y regresa a la razón.
-
Está melancólico,
triste.
-
Se torna cada vez más
riguroso.
-
La economía le preocupa.
-
Es minucioso, puntilloso,
difícil, exigente, quisquilloso, formalista.
-
Aún cuando ya lo
es, se torna aún más ordenado.
-
Teme a los mirones.
-
Tiene la impresión
de ser observado incesantemente.
-
Cierra las persianas o las
cortinas para no ser observado.
-
Se tiene la impresión
de que lucha contra una vitalidad desfalleciente.
-
Lucha también contra
la marcha ineluctable del tiempo.
-
Las cefaleas son frecuentes,
en la región frontal así como en la región
del occipucio. Estas cefaleas son aliviadas por el frío.
-
Tiene una impresión
de calor en la cabeza, impresión aliviada por el fresco.
-
Tiene una importante impresión
de frío en todo el cuerpo.
-
Esto no es sólo una
impresión, sino que todo su cuerpo está helado.
-
Es invadido por una gran
fatiga.
-
Una fatiga redoblada por
una gran debilidad.
-
El hígado está
dañado: la hepatitis franca es frecuente.
-
La lengua es blanca y saburral.
-
La salivación se
incrementa fuertemente.
-
La gastritis es frecuente.
-
La enteritis se halla presente
con frecuencia y asociada.
-
Los vómitos surgen
inopinadamente.
-
Las diarreas son frecuentes,
entrecortadas por periodos de constipaciones.
-
Crisis de hipo aparecen
de manera repetida.
-
Eructos desagradables son
de oficio.
-
Los bostezos se suceden
sin tregua.
-
El sujeto gusta de beber
frío, pero en pequeñas cantidades.
-
No se siente atraído
por las bebidas calientes, pero las soporta mejor que las
bebidas frías.
Sobre el plano sanguíneo
y circulatorio:
-
Los sangrados son frecuentes,
y esto en diferentes partes del cuerpo.
-
Sangra a nivel de la nariz,
de las encías, del intestino, de los pulmones, del
ano.
-
Las hemorroides son frecuentes.
-
El sujeto está pálido
y anémico.
-
Las piernas están
infladas, el edema y la trombosis acechan.
Luego:
-
Las aletas de la nariz están
hinchadas, excoriadas y con dolor.
-
Presencia de costras en
el interior y en el exterior de la nariz.
-
Estornudos repetidos e inexplicados
sobrevienen inopinadamente.
Sobre el plano respiratorio:
-
Una tos seca aparece, frecuentemente
entrecortada, similar a de la tosferina.
-
La respiración es
difícil, casi asmática.
-
Predisposición frecuente
a la neumonía y a la pleuresía.
Luego:
-
Los ojos: están hinchados,
como todo el rostro.
-
La esclerótica es
amarillenta.
-
La fotofobia es manifiesta.
-
Orejas: aparece una tendencia
a la sordez.
-
Zumbidos en los oídos
son frecuentes.
-
Un edema invade progresivamente
todo el cuerpo.
-
Edema predominante en ambas
piernas.
-
La marcha se torna difícil.
-
Inseguridad al caminar...
Ya que, además del edema, se instala una cierta parálisis.
-
La piel está pálida,
sudorosa, fría, cerosa, amarillenta.
-
Las infecciones cutáneas
cunden: erupciones, granos de naturaleza infecciosa aparecen
por doquier, hasta la altura de la cara, dando nacimiento
a veces a pústulas o inclusive a furúnculos.
-
La erisipela no es rara.
-
El prurito molesta enormemente
al paciente.
-
El sujeto sufre igualmente
del sistema piloso.
-
Los cabellos se hacen raros.
-
Los bochornos febriles se
repiten con una intensidad variable.
-
Una fuerte transpiración
acompaña a dichos accesos febriles.
-
Escalofríos persistentes
acompañan o preceden dicha fiebre.
-
El corazón está
cansado.
-
Palpitaciones.
-
Pulso débil y rápido.
Luego:
-
El hombro derecho duele.
-
Algunos reumatismos pueden
dañar muchas articulaciones.
Finalmente:
-
Se observa un temblor de
las extremidades, y sobre todo de los dedos.
-
Estos temblores pueden concernir
a todo el cuerpo.
-
Diversas neuralgias aparecen.
-
Las convulsiones no son
raras, así como las crisis casi epilépticas.
-
Los riñones están
tocados, signos urinarios de cistitis aparecen.
He aquí una mayoría
de signos que se pueden apuntar al leer todas las memorias escritas
por el entorno de Napoleón, ya sean las memorias de sus
médicos, o sobre todo de sus sirvientes, que eran excelentes
observadores.
La fuente de esta abundancia de signos patológicos nos
fue brindada por las numerosas experimentaciones realizadas
por médicos homeópatas, hace casi dos siglos.
Sus experimentaciones eran muy rigurosas y muy precisas. Arriesgando
su salud, ingurgitaron dosis de arsénico frecuentemente
al límite de lo soportable, al límite de lo peligroso.
Pero esto les permitió recoger una abundancia de signos
toxicológicos, específicos del arsénico.
Este mismo arsénico les era útil para curar algunas
enfermedades, pero, por supuesto, a dosis, esta vez, infinitesimales.
(«Materia Médica Homeopática de J.T.Kent»)
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El Dr. Pascal Kintz
en su laboratorio |
Esta abundancia de síntomas
hace pensar en una acumulación de muchas enfermedades,
ya que a fin de cuentas, todos los órganos están
dañados. El arsénico ha efectivamente tocado todos
los órganos. Y la lógica nos conduce simplemente
a declarar que, tomados de manera aislada, estos signos no son
de ninguna ayuda, pero que:
« El conjunto de estos síntomas no puede corresponder
más que a una intoxicación por arsénico,
y a nada más. » (Ver el libro "Napoléon,
empoisonné à l’Arsenic", Bernard
Charton (Napoleón envenenado con arsénico))
Así, como lo decíamos de entrada, la clínica,
ella sola, es capaz de brindarnos un diagnóstico confiable
e irrefutable.
¡Notemos, para la pequeña historia, que la observación
del caso clínico de Napoleón es un ejemplo notable,
y de un interés pedagógico único para todos
los estudiantes de medicina, para todos los médicos,
y para todos los toxicólogos!
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