
| LAS
PRIMERAS DISTRIBUCIONES DE LA LEGIÓN
DE HONOR |
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La
distribución de las Águilas
Cuadro de Louis David, 1810;
Castillo de Versalles. |
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Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
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Fue
en 1801 cuando el Primer Cónsul
hizo la elección del puerto de
Boloña (Boulogne) como punto central
de comando de su « Ejército
de Inglaterra ». Confía al
almirante Latouche-Tréville el
mando de la flotilla; Bruix toma su suite
en 1803 y fortifica poderosamente la costa
de Boloña. El mariscal Soult recibe
el mando de los ejércitos.
El Primer Cónsul
instala su cuartel general en Pont-de-Briques,
a 4 kilómetros de Boloña,
en el castillo del Siglo XVIIII de los
Patras de Campaigno, antiguos senescales
del Boulonnais, y se hace construir, en
el acantilado de Boloña, un campamento
de barracas, no lejos del de Soult.
A principios de 1804,
la ciudad no es más que un enorme
terreno de obra. La flotilla comprende
2,400 bastimentos y el ejército
representa un contingente de 200,000 hombres.
Es en esta capital militar donde se desarrollará
una de las manifestaciones más
espectaculares del Imperio: la entrega
de la Legión de Honor al ejército.
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Vista
del Ejército de las costas
cerca de Boloña
y distribución de las cruces
de la Legión de Honor por
el Emperador Napoléon I,
el 16 de agosto de 1804
Por Jean-Rodolphe Gautier |
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LA CEREMONIA DE LOS INVÁLIDOS
Sin embargo, es
en París donde tendrá lugar la primera
distribución de las águilas, después
del senadoconsulto del 28 de floreal del año
XII (18 de mayo de 1804) que proclamaba «
Napoleón, Emperador de los Franceses
».
Tendrá como marco la capilla de Los
Inválidos,
y será igualmente la ocasión para
los franceses, por primera vez desde la revolución,
de volver a encontrar la pompa y el faso de la
Corte.
El día escogido era la conmemoración
del 14 de julio, pero al caer éste
en un sábado, se fijó la ceremonia
para el domingo 15, a fin de permitir al
pueblo de París asistir al desfile
de las tropas y al paso del cortejo imperial.
Desde las seis de la mañana, salvas
de artillería eran tiradas del Campo
de Marte. El tiempo era magnífico.
A medio día, la emperatriz, acompañada
por las hermanas y las cuñadas del
Emperador, arribaba a Los Inválidos
donde era acogida por el Gobernador.
El Emperador llegó poco después,
rodeado de su hermano Luis y los mariscales
del Imperio. Recibido en la puerta de la
iglesia por el arzobispo de París,
Monseñor de Belloy, es conducido
hasta su trono colocado a la derecha del
altar. A su lado, el Gobernador de Los Inválidos,
los generales de su Guardia, los grandes
dignatarios, los ministros, los mariscales
y el conde de Ségur, Gran Maestro
de ceremonias.
Es el legado
del Papa, el cardenal Caprara, quien oficiará.
La misa se detiene después del Credo:
el Gran Maestro de ceremonias conduce al
Gran Canciller de la Legión de Honor,
el conde de Lacépède, al pie
del trono del Emperador, donde pronuncia
un largo discurso, señalado por restas
palabras: « ¡Honor, Patria,
Napoleón! Sed por siempre jamás
la divisa sagrada de Francia y la garantía
de su eterna prosperidad ». Enseguida
procede al llamado de los Grandes Oficiales
que van a prestar individualmente el juramento;
mientras el Emperador hacia entrega al cardenal
de Belloy de la estrella de Gran Oficial.
Tras una
corta elocución, el Emperador da
lectura del texto del juramento, aclamado
por toda la asistencia de pie, que repite
con una sola voz: «¡Lo juramos!».
El cardenal acaba la misa. Napoleón
entrega enseguida su estrella a los Legionarios
presentados por el Gran Canciller. Uno de
los primeros condecorados fue el conde de
Rochambeau, luego los cardenales Fesch y
Caprara. Un Te Deum de Desvignes puso término
a esta magnífica ceremonia. |
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Distribucíon
de las primeras medallas de la
Legión de Honor
En la iglesia de Los
Inválidos, el 15 de julio
de 1804 |
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Durante
la velada, un concierto fue dado en la terraza
de las Tullerías y un inmenso fuego
de artificio disparado en el Pont Neuf.
Dos días más tarde, el Emperador
dejaba Saint-Cloud y llegaba a Boloña
el 19 de julio, en una ciudad totalmente
empavesada. |
LA CEREMONIA DEL CAMPO
DE BOLOÑA
El 28 de thermidor
(15 de agosto) es la fiesta de Napoleón.
Ese será el día que será
escogido para la entrega solemne de las condecoraciones
de la Legión de Honor, cuyo esplendor rebasará
incluso el de la ceremonia de Los Inválidos.
La municipalidad de Boloña había
hecho erigir tres arcos figurando el puente de
Lodi, de lo alto del cual músicos hicieron
sonar fanfarrias y muchachas echaron flores durante
el paso del cortejo. En la entrada de la rue
de l'Écu, vuelta a bautizar rue
Napoléon, fue edificado un pórtico
que representaba la fachada del Templo de la inmortalidad.
Además, el consejo municipal aprobaba el
proyecto de construcción de una puerta
monumental «para consagrar el advenimiento
de Napoleón I al trono».
El
lugar escogido para la ceremonia era el
circo de Therlincthum, acondicionado a semejanza
de un anfiteatro romano. En el centro de
la línea recta que lo cerraba, se
elevaba un túmulo de 16 pies por
8 de altura, en medio del cual estaba colocado
un trono antiguo, llamado « de Dagoberto
» (1).
Como ornamento de fondo, un enorme trofeo
de armas y de banderas, rematado por una
gran corona de oro. En el trono, un cortinaje
azul sembrada de abejas de oro.
A un lado, sobre trébedes, las cruces
por distribuir están colocadas en
armas que la historia, o la leyenda, atribuyen
a Bayard (2) y a Duguesclin
(3).
Detrás del trono, la Guardia. A la
derecha, los dos mil tambores de la Gran
Armada. A la izquierda, todos los músicos.
El ejército, en columnas cerradas
por brigadas, está dispuesto en torno
al recinto, cuan rayos convergiendo hacia
el trono.
Al medio
día, una salva de la batería
de la Torre de Mando anuncia que el Emperador
deja su barraca. Está acompañado
por su hermano José y rodeado por
los ministros, los mariscales y un numeroso
séquito. Napoleón porta el
pequeño uniforme des cazadores a
caballo, es decir el traje verde con ribetes
amaranto, el pantaloncillo y el chaleco
blancos, con el sombrerito ya legendario.
Los tambores tocan llamada y tropa cuando
Su Majestad llega y sube a su trono. Una
segunda salva marca el inicio de la ceremonia
y restablece el silencio.
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| Intronizado
en un inmenso pódium decorado
con armas, armaduras cortinajes
y banderas, el Emperador
Napoleón es aclamado
por 120,000 dignatarios, oficiales,
soldados y civiles ante la mirada
de los navíos ingleses,
que disparan cañonazos
en la lejanía. La música
es magnífica, y será
retomada el día de la entrada
del Emperador a Nuestra Señora
de París. Cuadro anónimo,
Museo Napoleónico de Roma. |
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El conde de Lacépède,
Gran Canciller de la Legión de Honor, avanza
en compañía del conde de Ségur,
Gran Maestro de ceremonias, y pronuncia una alocución,
a la que seguirá un inmenso redoble de
tambores.
El Emperador se
levanta. En respuesta a un gesto de Berthier,
los 120,000 hombres presentan armas. Napoleón
da lectura del juramento de los Legionarios: «
Comandantes, oficiales,
Legionarios, ciudadanos y soldados, juráis
por vuestro Honor consagraros al servicio del
Imperio y a la conservación de su territorio
en su integridad, a la defensa del Emperador,
de las leyes de la república y de las prioridades
que han consagrado, combatir por todos los medios
que la justicia, la razón y las leyes autoricen,
toda empresa que tendiese a restablecer el régimen
feudal. Juráis concurrir con todo vuestro
poder al mantenimiento de la libertad y de la
igualdad, bases primeras de nuestras constituciones
».
El Emperador añade: « Lo
juráis »; a lo que ciento
veinte mil hombres responden con un único
aliento « lo juramos ».
En ese momento,
las músicas, bajo la dirección del
compositor Mehúl, ejecutan « le
Chant du départ » y otras sinfonías
guerreras, mientras retumban las baterías
y suenan las campanas de la ciudad, a las que
responden en eco los tiros de la flota inglesa.
La
distribución de las cruces comienza
entonces. El mariscal Berthier conduce al
pie del trono a los dignatarios que van
a ser condecorados. Entre los primeros,
figuran el almirante Bruix, los mariscales
Ney y Soult. Luego va a buscar, a la cabeza
de cada columna, a los oficiales y a los
soldados al llamado de su nombre y por orden
alfabético. Todos reciben el águila
de manos del Emperador.
Hubo cerca de 2,000 condecorados, entre
los cuales 16 Grandes Oficiales, 49 Comandantes,
189 Oficiales. Muy pocos civiles recibieron
la Legión de Honor ese día,
doce solamente, entre los cuales los obispos
de Arras, de Cambrai y de Gante.
Terminada
la distribución, comenzó el
desfile de las tropas. Los marinos de la
flotilla, con el hacha de abordaje al hombro,
pasaron los primeros.
El Emperador felicitó a Soult y a
los jefes militares que habían preparado
esta ceremonia de perfecto desarrollo.
Todos los
nuevos Legionarios estaban invitados a un
banquete brindado en su honor por el Príncipe
José, los ministros de Guerra y de
Marina, el mariscal Soult y el almirante
Bruix. Estaban autorizados bailes en los
alrededores de los campos. El fuego de artificio
previsto para esa noche fue aplazado al
día siguiente, en razón del
viento que no había parado de soplar
toda la jornada. |
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| Juramento
durante la ceremonia de distribución
de la Legión de Honor,
en el campo de Boloña. |
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Los regocijos
continuaron los días siguientes.
El 17 de agosto, Napoleón escribía
a Cambacerés: « Primo
mío, la fiesta estuvo muy bien ayer; solo
que con un poco de viento. El vistazo era nuevo
e imponente. Rara vez se han hallado tantas bayonetas
reunidas. »
Un monumento debía conmemorar esta inolvidable
jornada: la columna de Boloña, cuya primera
piedra será colocada el 9 de noviembre
de 1804, pero que no será inaugurada hasta
el Regreso
de las Cenizas.
Isabelle Dupasquier,
marzo de 1973.
NOTAS:
1) Es un asiento
en bronce, en forma de silla curul romano, cuyos
brazos se terminan en hocicos de león.
Está conservado en el Gabinete de Medallas
de la Biblioteca Nacional de Francia.
2) Pierre Terrail, Señor de Bayard (1476-1524),
fue un glorioso capitán francés
cuyas hazañas heroicas hicieron cubrirse
de gloria durante las guerras de los reinados
de tres reyes de Francia, Carlos VIII, Luis XII
y Francisco I. Su valor y coraje en el campo de
honor le hicieron merecedor del legendario mote
« el Caballero sin miedo y sin reproche
».
3) Bertrand du Duguesclin (1315 (ó 20)
- 1380) fue un condestable de Francia nacido cerca
de Dinan. Combatió para Carlos de Blois
hasta 1315 aproximadamente, entrando enseguida
al servicio de Carlos V de Francia, venciendo
brillantemente a las tropas de Carlos el Malo
en Cocherai (1364). Tras haber sido hecho prisionero
y liberado, liberó a Francia de las Grandes
Compañías, que condujo a España
al servicio de Enrique de Trastamara. A su regreso,
nombrado condestable, logró expulsar a
los ingleses de Francia.
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