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Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
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Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
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| LAS
PRIMERAS DISTRIBUCIONES DE LA LEGIÓN
DE HONOR |
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La
distribución de las
Águilas
Cuadro de Louis David, 1810;
Castillo de Versalles. |
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Por |
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Isabelle Du Pasquier
Conservadora honoraria del Museo Nacional
de la Legión de Honor |
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| Sra.
Du Pasquier |
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Traducción del Instituto Napoleónico
México-Francia ©
Esta página está disponible
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Fue
en 1801 cuando el Primer Cónsul
hizo la elección del puerto de
Boloña (Boulogne) como punto
central de comando de su « Ejército
de Inglaterra ». Confía
al almirante Latouche-Tréville
el mando de la flotilla; Bruix toma
su suite en 1803 y fortifica poderosamente
la costa de Boloña. El mariscal
Soult recibe el mando de los ejércitos.
El Primer Cónsul
instala su cuartel general en Pont-de-Briques,
a 4 kilómetros de Boloña,
en el castillo del Siglo XVIIII de los
Patras de Campaigno, antiguos senescales
del Boulonnais, y se hace construir,
en el acantilado de Boloña, un
campamento de barracas, no lejos del
de Soult.
A principios de 1804,
la ciudad no es más que un enorme
terreno de obra. La flotilla comprende
2,400 bastimentos y el ejército
representa un contingente de 200,000
hombres. Es en esta capital militar
donde se desarrollará una de
las manifestaciones más espectaculares
del Imperio: la entrega de la Legión
de Honor al ejército.
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Vista
del Ejército de las costas
cerca de Boloña
y distribución de las
cruces de la Legión de
Honor por el Emperador Napoléon
I, el 16 de agosto de 1804
Acuarela y gouache
der Jean-Rodolphe Gautier (1764-1820). |
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LA CEREMONIA DE LOS
INVÁLIDOS
Sin embargo,
es en París donde tendrá lugar
la primera distribución de las águilas,
después del senadoconsulto del 28 de
floreal del año XII (18 de mayo de 1804)
que proclamaba « Napoleón,
Emperador de los Franceses ».
Tendrá como marco la capilla de Los
Inválidos,
y será igualmente la ocasión para
los franceses, por primera vez desde la revolución,
de volver a encontrar la pompa y el faso de
la Corte.
El día escogido era la conmemoración
del 14 de julio, pero al caer éste
en un sábado, se fijó la
ceremonia para el domingo 15, a fin de
permitir al pueblo de París asistir
al desfile de las tropas y al paso del
cortejo imperial.
Desde las seis de la mañana, salvas
de artillería eran tiradas del
Campo de Marte. El tiempo era magnífico.
A medio día, la emperatriz, acompañada
por las hermanas y las cuñadas
del Emperador, arribaba a Los Inválidos
donde era acogida por el Gobernador.
El Emperador llegó poco después,
rodeado de su hermano Luis y los mariscales
del Imperio. Recibido en la puerta de
la iglesia por el arzobispo de París,
Monseñor de Belloy, es conducido
hasta su trono colocado a la derecha del
altar. A su lado, el Gobernador de Los
Inválidos, los generales de su
Guardia, los grandes dignatarios, los
ministros, los mariscales y el conde de
Ségur, Gran Maestro de ceremonias.
Es el
legado del Papa, el cardenal Caprara,
quien oficiará. La misa se detiene
después del Credo: el Gran Maestro
de ceremonias conduce al Gran Canciller
de la Legión de Honor, el conde
de Lacépède, al pie del
trono del Emperador, donde pronuncia un
largo discurso, señalado por restas
palabras: « ¡Honor, Patria,
Napoleón! Sed por siempre jamás
la divisa sagrada de Francia y la garantía
de su eterna prosperidad ».
Enseguida procede al llamado de los Grandes
Oficiales que van a prestar individualmente
el juramento; mientras el Emperador hacia
entrega al cardenal de Belloy de la estrella
de Gran Oficial.
Tras una
corta elocución, el Emperador da
lectura del texto del juramento, aclamado
por toda la asistencia de pie, que repite
con una sola voz: «¡Lo juramos!».
El cardenal acaba la misa. Napoleón
entrega enseguida su estrella a los Legionarios
presentados por el Gran Canciller. Uno
de los primeros condecorados fue el conde
de Rochambeau, luego los cardenales Fesch
y Caprara. Un Te Deum de Desvignes puso
término a esta magnífica
ceremonia. |
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Distribucíon
de las primeras medallas de
la Legión de Honor
En la iglesia de Los
Inválidos, el 15 de julio
de 1804. |
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Durante
la velada, un concierto fue dado en la
terraza de las Tullerías y un inmenso
fuego de artificio disparado en el Pont
Neuf. Dos días más
tarde, el Emperador dejaba Saint-Cloud
y llegaba a Boloña el 19 de julio,
en una ciudad totalmente empavesada. |
LA CEREMONIA DEL CAMPO
DE BOLOÑA
El 28 de thermidor
(15 de agosto) es la fiesta de Napoleón.
Ese será el día que será
escogido para la entrega solemne de las condecoraciones
de la Legión de Honor, cuyo esplendor
rebasará incluso el de la ceremonia de
Los Inválidos.
La municipalidad de Boloña había
hecho erigir tres arcos figurando el puente
de Lodi, de lo alto del cual músicos
hicieron sonar fanfarrias y muchachas echaron
flores durante el paso del cortejo. En la entrada
de la rue de l'Écu, vuelta a
bautizar rue Napoléon, fue edificado
un pórtico que representaba la fachada
del Templo de la inmortalidad.
Además, el consejo municipal aprobaba
el proyecto de construcción de una puerta
monumental «para consagrar el advenimiento
de Napoleón I al trono».
El
lugar escogido para la ceremonia era el
circo de Therlincthum, acondicionado a
semejanza de un anfiteatro romano. En
el centro de la línea recta que
lo cerraba, se elevaba un túmulo
de 16 pies por 8 de altura, en medio del
cual estaba colocado un trono antiguo,
llamado « de Dagoberto » (1).
Como ornamento de fondo, un enorme trofeo
de armas y de banderas, rematado por una
gran corona de oro. En el trono, un cortinaje
azul sembrada de abejas de oro.
A un lado, sobre trébedes, las
cruces por distribuir están colocadas
en armas que la historia, o la leyenda,
atribuyen a Bayard (2)
y a Duguesclin (3).
Detrás del trono, la Guardia. A
la derecha, los dos mil tambores de la
Gran Armada. A la izquierda, todos los
músicos.
El ejército, en columnas cerradas
por brigadas, está dispuesto en
torno al recinto, cuan rayos convergiendo
hacia el trono.
Al medio
día, una salva de la batería
de la Torre de Mando anuncia que el Emperador
deja su barraca. Está acompañado
por su hermano José y rodeado por
los ministros, los mariscales y un numeroso
séquito. Napoleón porta
el pequeño uniforme des cazadores
a caballo, es decir el traje verde con
ribetes amaranto, el pantaloncillo y el
chaleco blancos, con el sombrerito
ya legendario.
Los tambores tocan llamada y tropa cuando
Su Majestad llega y sube a su trono. Una
segunda salva marca el inicio de la ceremonia
y restablece el silencio.
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| Intronizado
en un inmenso pódium
decorado con armas, armaduras
cortinajes y banderas, el Emperador
Napoleón es
aclamado por 120,000 dignatarios,
oficiales, soldados y civiles
ante la mirada de los navíos
ingleses, que disparan cañonazos
en la lejanía. La música
es magnífica, y será
retomada el día de la
entrada del Emperador a Nuestra
Señora de París.
Cuadro anónimo, Museo
Napoleónico de Roma. |
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El conde de
Lacépède, Gran Canciller de la
Legión de Honor, avanza en compañía
del conde de Ségur, Gran Maestro de ceremonias,
y pronuncia una alocución, a la que seguirá
un inmenso redoble de tambores.
El Emperador
se levanta. En respuesta a un gesto de Berthier,
los 120,000 hombres presentan armas. Napoleón
da lectura del juramento de los Legionarios:
« Comandantes,
oficiales, Legionarios, ciudadanos y soldados,
juráis por vuestro Honor consagraros
al servicio del Imperio y a la conservación
de su territorio en su integridad, a la defensa
del Emperador, de las leyes de la república
y de las prioridades que han consagrado, combatir
por todos los medios que la justicia, la razón
y las leyes autoricen, toda empresa que tendiese
a restablecer el régimen feudal. Juráis
concurrir con todo vuestro poder al mantenimiento
de la libertad y de la igualdad, bases primeras
de nuestras constituciones ».
El Emperador añade: « Lo
juráis »; a lo que
ciento veinte mil hombres responden con un único
aliento « lo juramos ».
En ese momento,
las músicas, bajo la dirección
del compositor Mehúl, ejecutan «
le Chant du départ » y
otras sinfonías guerreras, mientras retumban
las baterías y suenan las campanas de
la ciudad, a las que responden en eco los tiros
de la flota inglesa.
La
distribución de las cruces comienza
entonces. El mariscal Berthier conduce
al pie del trono a los dignatarios que
van a ser condecorados. Entre los primeros,
figuran el almirante Bruix, los mariscales
Ney y Soult. Luego va a buscar, a la cabeza
de cada columna, a los oficiales y a los
soldados al llamado de su nombre y por
orden alfabético. Todos reciben
el águila de manos del Emperador.
Hubo cerca de 2,000 condecorados, entre
los cuales 16 Grandes Oficiales, 49 Comandantes,
189 Oficiales. Muy pocos civiles recibieron
la Legión de Honor ese día,
doce solamente, entre los cuales los obispos
de Arras, de Cambrai y de Gante.
Terminada
la distribución, comenzó
el desfile de las tropas. Los marinos
de la flotilla, con el hacha de abordaje
al hombro, pasaron los primeros.
El Emperador felicitó a Soult y
a los jefes militares que habían
preparado esta ceremonia de perfecto desarrollo.
Todos
los nuevos Legionarios estaban invitados
a un banquete brindado en su honor por
el Príncipe José, los ministros
de Guerra y de Marina, el mariscal Soult
y el almirante Bruix. Estaban autorizados
bailes en los alrededores de los campos.
El fuego de artificio previsto para esa
noche fue aplazado al día siguiente,
en razón del viento que no había
parado de soplar toda la jornada. |
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| Juramento
durante la ceremonia de distribución
de la Legión de Honor,
en el campo de Boloña. |
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Los regocijos
continuaron los días siguientes.
El 17 de agosto, Napoleón escribía
a Cambacerés: « Primo
mío, la fiesta estuvo muy bien ayer;
solo que con un poco de viento. El vistazo era
nuevo e imponente. Rara vez se han hallado tantas
bayonetas reunidas. »
Un monumento debía conmemorar esta inolvidable
jornada: la columna de Boloña, cuya primera
piedra será colocada el 9 de noviembre
de 1804, pero que no será inaugurada
hasta el Regreso
de las Cenizas.
Isabelle Dupasquier,
marzo de 1973.
NOTAS:
1) Es un asiento
en bronce, en forma de silla curul romano, cuyos
brazos se terminan en hocicos de león.
Está conservado en el Gabinete de Medallas
de la Biblioteca Nacional de Francia.
2) Pierre Terrail, Señor de Bayard (1476-1524),
fue un glorioso capitán francés
cuyas hazañas heroicas hicieron cubrirse
de gloria durante las guerras de los reinados
de tres reyes de Francia, Carlos VIII, Luis
XII y Francisco I. Su valor y coraje en el campo
de honor le hicieron merecedor del legendario
mote « el Caballero sin miedo y sin reproche
».
3) Bertrand du Duguesclin (1315 (ó 20)
- 1380) fue un condestable de Francia nacido
cerca de Dinan. Combatió para Carlos
de Blois hasta 1315 aproximadamente, entrando
enseguida al servicio de Carlos V de Francia,
venciendo brillantemente a las tropas de Carlos
el Malo en Cocherai (1364). Tras haber sido
hecho prisionero y liberado, liberó a
Francia de las Grandes Compañías,
que condujo a España al servicio de Enrique
de Trastamara. A su regreso, nombrado condestable,
logró expulsar a los ingleses de Francia.
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