
| El
último furor de Deniau: |
CORNEILLE,
OBJETO DE RESENTIMIENTO
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Por
Jean-François
Deniau
«
Si
un hombre como Corneille viviese
en mi tiempo, haría
de él un primer ministro;
no son sus versos lo que más
admiro, es su gran sentido,
su gran conocimiento del corazón
humano, es la profundidad
de su política
». |
Napoleón. |
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| Jean-François
Deniau (1928-2007) |
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Político,
novelista y ensayista,
gran oficial de la
Legión de Honor,
recipiendario de la
Cruz de guerra (T.O.E.)
y de la Cruz del Valor
Militar con palma,
descendiente por su
lado materno de un
ayuda de campo del
mariscal Marmont,
Jean-François
Deniau llevó
a cabo una importante
carrera en los ámbitos
político, diplomático
y cultural. Nombrado
en 1963 por el general
de Gaulle embajador
en Mauritania, se
convertirá,
en 1967, en miembro
de la Comisión
de las Comunidades
europeas, encargado
de las negociaciones
de adhesión
y ayuda a los países
del Tercer Mundo.
En 1973 ingresa al
gobierno de Pierre
Messmer como secretario
de Estado, encargado
de la Cooperación,
siendo nombrado tres
años más
tarde embajador en
Madrid por Valéry
Giscard d’Estaing.
Paralelamente a sus
actividades políticas,
Jean-François
Deniau es un escritor
consagrado, que es
nombrado miembro de
la Academia Francesa
en 1992, ocupando
el lugar de Jacques
Soustelle. En 1990,
obtiene el gran premio
« Paul Morand
» de dicha institución.
A partir de 1982 se
dedica a la ayuda
de los pueblos víctimas
de dictaduras en diferentes
países y latitudes.
Era, desde 2003, presidente-fundador
de la asociación
de los «Escritores
de Marina».
Autor desencantado
del artículo
siguiente, Jean-François
Deniau falleció
el miércoles
24 de enero de 2007
a los 78 años
de edad.
Durante el verano
de 2006, había
enviado al diario
francés L’Express
el texto que enseguida
presentamos, amarga
y despechada queja
hecha a las autoridades
francesas por el escamoteo
-esta vez- de la conmemoración
y festejos por 4º
centenario del colosal
poeta y dramaturgo
Pierre Corneille.
Este artículo
no había sido
publicado por el periódico
en cuestión
hasta dos días
de la muerte de su
autor, en la edición
del 26 de enero de
2007.
Poeta incomparable
de la majestad y del
heroísmo, antaño
miembro insigne y
reverenciado del Panteón
de la Memoria Nacional
de Francia, la obra
de Corneille, como
es bien sabido, forma
parte de los clásicos
de la literatura universal,
de esa gran literatura
cuyos autores eran
a través de
los siglos heraldos
y chantres de los
más profundos
y sublimes valores
de la humanidad: la
elevación
del Corazón,
las virtudes
del Alma y del Espíritu,
los ideales
del Bien y de lo Bello,
de la Lealtad,
de la Gloria
y del Honor.
Por desgracia, altos
ideales como éstos
no tienen ya significado
ni cupo en nuestra
época medrosa
y apocada, era amilanada
en la cual «
el amor de los
goces materiales,
la concurrencia, la
búsqueda de
éxitos inmediatos…
[desvían] a
los hombres de la
pintura de lo ideal
(…) alejando
la imaginación
de lo que es externo
al hombre para no
fijarla más
que en el hombre mismo
», como lo vaticinara
Tocqueville hace ya
ciento cincuenta años…
Autor predilecto
de Napoleón
-¡y como
él,
ahora despreciado
y desechado a las
mazmorras del olvido!-
de Corneille diría
el Emperador, durante
su deportación
en Santa Helena: «
si viviera,
lo haría príncipe
», recordando
que « La
alta tragedia era
la escuela de los
grandes hombres; era
el deber de los soberanos
fomentarla y difundirla
(…) La tragedia
enardece el alma,
eleva el corazón,
puede y debe crear
héroes. Bajo
ese aspecto, Francia
le debe a Corneille
una parte de sus bellas
acciones ».
En esta perspectiva,
y en virtud de lo
que precede, nos parece
que este artículo
bien merece ampliamente
un espacio en este
sitio. |
Eduardo
Garzón-Sobrado. |
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¿Hemos
caído sobre la cabeza? Después
de la casi-no-celebración de Austerlitz,
pero sí la de Trafalgar, la lógica
debía conducirnos a llamar la estación
Montparnasse Waterloo Station
y a desbautizar algunos bulevares que
llevan nombres de mariscales. Veo bastante
bien una gran avenida Sedan. En cuanto
al puente de Jena, ¿por qué
no puente de Azincourt? La moda actual
es darnos como modelo nuestros reveses,
nuestros fracasos, nuestras faltas. Éstas
no faltan... Enfin, de hacer de nosotros
un anti-modelo. No olvidemos suprimir
la avenida y el liceo Voltaire, quien,
él sí, hizo una verdadera
fortuna con la trata, y no el pobre Corneille.
Corneille...
El año 2006 debería
festejar el 4º centenario de
su nacimiento. Gran autor francés.
Un clásico entre los clásicos.
¿Los ministros competentes
-Cultura o Educación, me
confundo- hubieran debido prever
solemnes manifestaciones de homenaje?
¡Pues bien no! Hasta el día
de hoy, nada importante ha sido
organizado. Obscuros esbirros de
corredor, que regentan nuestra vida
intelectual, habrían descubierto
un parentesco de Corneille con un
burgués de Rouen, que, como
todo habitante de los puertos, de
Suecia a Portugal pasando por Nantes,
Burdeos y toda Inglaterra, ha practicado
la trata de negros, en concurrencia
con los árabes y las mismas
tribus africanas. Corneille está
pues declarado políticamente
incorrecto y no será celebrado.
Señalo que tales puniciones
familiares, extendiéndose
sobre múltiples generaciones,
han sido el signo de las peores
dictaduras. Es triste verla reinar
en nuestras antecámaras.
¡Pero,
dirá usted, por lo menos
está El Cid! Los más
antiguos entre nosotros se acuerdan
del Cid montado por Jean Vilar,
que no era realmente de derecha,
para el Teatro nacional popular,
que no lo era realmente tampoco,
con Gérard Philipe en el
papel. Y en París, y en Francia
entera, fue un rumor de dicha, de
admiración, de emoción.
Uno se llamaba por teléfono,
se escribía, se daba cita.
Pues bien, se acabó. El Cid
está mal visto. Es deshonrado
incluso. He escuchado la condena:
« Una pieza de extrema
derecha. » Nuestros pensadores
de la educación habrían
autorizado una excepción
en Rouan, ciudad natal de Corneille,
pero por concepto de la política
cultural local, sin más.
Y atención, no El Cid en
francés, no el escrito por
Corneille, no, un Cid interpretado
en chébran u otro
lenguaje de los suburbios. No puedo
creerlo. Las autoridades competentes
van a indignarse, con toda razón,
de que semejantes rumores infames
puedan ser difundidos. Ya desde
ahora, lloro con lágrimas
de sangre y hago retractación
pública honorable. |
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Pierre
Corneille (1606-1684)
Grabado de Michel
Lasne, 1641. |
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Entonces
se me dice –sigo sin poder creerlo-
que habría en el caso del Cid algo
más grave que un delito familiar
de comercio de madera de ébano
que date de múltiples siglos. Un
crímen de palabras. Palabras inadmisibles.
Reaccionarias, extremistas, provocadoras.
Amo las cifras. En el teatro de Corneille,
la palabra gloria es pronunciada 770 veces.
Deber, 344 veces. Honor es citado 544
veces, valor, 346 veces, virtud, 526 veces...
¿Puede la Educación llamada
nacional tolerar semejantes provocaciones?
¿Acaso eso no basta para condenar
una obra, desecharla a la basura de la
Historia, tacharla de infamia? Palabras
imperdonables. Las dictaduras siempre
han sido muy propensas a la condena de
las palabras y por las palabras. Me acuerdo
de la « hiena dactilógrafa
», que había suplantado a
la « rata viscosa », un poco
chapado a la antigua. Nuestros maestros
del pensamiento están en buena
escuela.
Lo que
acabo de escribir es seguramente falso,
malévolo, mal informado, condenable,
difamatorio, un atentado determinado a
la consideración y a la dignidad
de ministerios respetables y de especialistas
eminentes. Así sea. Apenas estamos
en agosto. El año se termina en
diciembre. Voy pues a recibir una desmentida
particularmente virulenta, precisando
en especial las grandes celebraciones
previstas, y desde qué fecha, para
honrar como es conveniente el año
Corneille y El Cid. Esa desmentida mordaz,
la aguardo; me atrevería a decirlo,
la espero. Seguramente se exageraron chismes
irresponsables. Los funcionarios dichos
competentes dormían. Al menos yo
habría contribuido a despertarlos.
¡Viva Corneille y El Cid!
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