« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
DECRETO DEL BLOQUEO CONTINENTAL
Del 21 de noviembre de 1806
Lectura del decreto imperial hecha por el primer ministro de Inglaterra al rey Jorge & a su consejo declarando las islas británicas en estado de bloqueo, en noviembre de 1806. Caricatura de la época.
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
El 21 de noviembre de 1806, el EMPERADOR NAPOLEÓN decreta, desde su Palacio de Berlín, el bloqueo continental en contra de Inglaterra. Prohíbe a los países bajo influencia francesa todo comercio con ese país esperando causar con ello la asfixia de la economía británica y obligar a Albión a firmar la paz. Esta medida no es una agresión arbitraria y gratuita, sino la respuesta formal al previo bloqueo de la costa continental decretado por el gabinete británico el 16 de mayo de 1806, cerrando así al comercio y al libre tránsito un espacio gigantesco que se extendía desde Brest hasta la isla de Elba. Es de señalar que no solo los navíos franceses estaban sometidos a dicho bloqueo, sino los de cualquier país, incluso neutro, así como a las tripulaciones mismas de todo bastimento, ya fuera militar o de comercio, presas de imposiciones, incautaciones e incluso apresamientos contrarios al derecho internacional.
Dos decretos, llamados de Milán, realizados en noviembre y en seguida en diciembre de 1807, completan las disposiciones francesas.

En nuestro palacio imperial de Berlín, el 21 de diciembre de 1806.

PREÁMBULO

Napoleón, Emperador de los Franceses y Rey de Italia, considerando:

1) Que Inglaterra no admite el derecho de las gentes seguido universalmente por todos los pueblos educados;

2) Que reputa enemigo a todo individuo perteneciente al Estado enemigo y hace como consecuencia prisioneros de guerra, no solo los equipajes de los navíos armados en guerra, sino aún los equipajes de los navíos mercantes y hasta a los negociantes que viajan para sus asuntos de su negocio.

3) Que extiende a los bastimentos y mercancías del comercio y a la propiedad de los particulares el derecho de conquista, el cual no puede aplicarse más que a lo que pertenece al Estado enemigo;

4) Que extiende a las ciudades y puertos de comercio no fortificados, a los remansos y a las embocaduras de los ríos, el derecho de bloqueo, que, según la razón y el uso de todos los pueblos educados, no es aplicable más que a las plazas fuertes;

Que declare bloqueadas las plazas frente a las cuales no tiene siquiera un bastimento de guerra, aunque una plaza no esté bloqueada más que cuando está sitiada a tal grado, que no se pueda tratar de acercarse sin un peligro inminente;

Que declara incluso en estado de bloqueo, lugares que todas sus fuerzas reunidas serían incapaces de bloquear, costas enteras y todo un Imperio;

5) Que este abuso monstruoso del derecho de bloqueo no tiene otro fin que el impedir las comunicaciones entre los pueblos, y elevar el comercio y la industria de Inglaterra sobre la ruina de la industria y el comercio del Continente;

6) Que siendo este el objetivo evidente de Inglaterra, quienquiera que haga en el Continente el comercio de las mercancías inglesas, favorece por ende sus fines y se hace su cómplice;

7) Que esta conducta de Inglaterra, digna en todo de las primeras eras de la barbarie, ha aprovechado a esta nación en detrimento de todas las demás;

8) Que es de derecho natural oponer al enemigo las armas que ésta emplea, y combatirlo del mismo modo como él combate, cuando desconoce todas las ideas de justicia y todos los sentimientos liberales, resultado de la civilización entre sus hombres.
Hemos resuelto aplicar a Inglaterra los usos que ésta ha consagrado en su legislación marítima.

Las disposiciones del presente decreto serán constantemente consideradas como el principio fundamental del Imperio, hasta que Inglaterra haya reconocido que el derecho de la guerra es uno y el mismo en tierra como en la mar; que no puede extenderse ni a las propiedades privadas, cualesquiera que éstas sean, ni a la persona de los individuos extranjeros a la profesión de las armas, y que el derecho de bloqueo debe ser restringido a las plazas fuertes realmente sitiadas por fuerzas suficientes.

DECRETO

Hemos, en consecuencia, decretado lo que sigue:

Artículo 1º

Las Islas Británicas son declaradas en estado de bloqueo.

Artículo 2º

Todo comercio y toda correspondencia con las Islas Británicas están prohibidos.
En consecuencia, las cartas o paquetes dirigidos o a Inglaterra, o a un inglés, o escritos en lengua inglesa, no tendrán curso legal en los correos, y serán decomisados.

Artículo 3º

Todo individuo sujeto de Inglaterra, cualesquiera que sean su estado o condición, que sea hallado en los países ocupados por nuestras tropas, o por las de nuestros aliados, será hecho prisionero de guerra.

Artículo 4º

Todo almacén, toda mercancía, toda propiedad, cualquiera que sea su naturaleza, perteneciente a un sujeto de Inglaterra, será declarado de buena presa.

Artículo 5º

Le comercio de las mercancías inglesas está prohibido; y toda mercancía perteneciente a Inglaterra, o proveniente de sus fábricas o de sus colonias, es declarada de buena presa.

Artículo 6º

La mitad del producto de la confiscación de las mercancías y propiedades declaradas de buena presa por los artículos precedentes, será empleada para indemnizar a los negociantes de las pérdidas que sufrieron por la toma de los bastimentos de comercio que fueron incautados por los cruceros ingleses.

Artículo 7º

Ningún bastimento viniendo directamente de Inglaterra o de las colonias inglesas, o habiendo estado ahí desde la publicación del presente decreto, será recibido en ningún puerto.

Artículo 8º

Todo bastimento que, por medio de una falsa declaración, contravenga a la disposición arriba citada, será decomisado, y el navío del cargamento serán ambos confiscados como si fuesen propiedad inglesa.

Artículo 9º

Nuestro tribunal de los apresamientos de París está encargado del juicio definitivo de todas contestaciones que puedan ocurrir en nuestro Imperio o en los países ocupados por el ejército francés, en lo relativo a la ejecución del presente decreto. Nuestro tribunal de los apresamientos en Milán estará encargado del juicio definitivo de las dichas contestaciones que puedan ocurrir en la extensión de nuestro reino de Italia.

Artículo 10º

Comunicación del presente decreto será dada, por nuestro ministro de relaciones exteriores, a los reyes de España, de Nápoles, de Holanda y de Etruria, y a nuestros aliados cuyos súbditos son víctimas, como los nuestros de la injusticia y de la barbarie de la legislación marítima inglesa.

Artículo 11º

Nuestros ministros de relaciones exteriores, de la guerra, de la marina, de las finanzas, de la policía, y nuestros directores generales de los correos están encargados, cada uno en lo que le concierne, de la ejecución del presente decreto.

Firmado NAPOLEÓN.

Ver también: Segundo decreto de Milán del 17 de diciembre de 1807