Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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« EL CRIMEN DE NAPOLEÓN »
O la exquisita modestia del Señor Claude Ribbe
Por el Señor
Jean-Claude Damamme
Consultor Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante oficial en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional
El Sr. Jean-Claude Damamme

El Sr. Claude Ribbe no es de esos personajes que nos es agradable evocar en este sitio.

Recordemos, en efecto, a nuestros visitantes, que harían mal en ignorarlo, que el Sr. Ribbe es el autor del libro –vocablo utilizado por consideración por estos mismos visitantes– o, como lo escribió tan bien el gran historiador, académico francés, y miembro del Alto Consejo de las celebraciones nacionales, el Sr. Pierre Nora, de un «panfleto sin pies ni cabeza» (lo que es aún muy cortés): «El Crimen de Napoleón».

Recordemos asimismo que el Sr. Ribbe parece haber prestado su pluma al general Aussaresses (1) para que éste pudiese contar sobre papel su pasado de torturador durante la guerra de Argelia.

Que nos sea permitido lamentar que el autor de ese panfleto anti-napoleónico nauseabundo (2) no haya juzgado oportuno consagrar su extrema (y toda desinteresada) sensibilidad al servicio de las víctimas del general arriba citado. Evidentemente, el Sr. Ribbe no hacía –se habría «disculpado»– más que su trabajo de «rewriter» por cuenta de su editor.

Sin embargo, en esta Francia, heredera del «criminal» Napoleón, cada cual tiene, que yo sepa, el derecho de rechazar una tarea que atente contra su conciencia o sus convicciones.

No volveremos, ni sobre el contenido, ni sobre la filosofía (sic) de esta obra, pues ello equivaldría a hacerle una publicidad muy desplazada en este sitio, y tanto más superflua que ésta no le faltó, tanto es cierto que, en [Francia], escupir sobre Napoleón es la garantía de un triunfo mediático asegurado.

De hecho, parecería que la escritura de ese «libro» haya sido decidida con el fin de poner en jaque un proyecto de ley propuesto por un diputado atento en poner en evidencia algunos aspectos positivos de la colonización francesa, proyecto de ley tal vez torpemente o precipitadamente redactado. En estas condiciones, arremeter a propósito contra el hombre que es justamente el más célebre de la Historia de Francia, era asegurarse una victoria fácil, pero poco gloriosa.

Acerca de este tema delicado, emitir –prudentemente, como es conveniente en estos tiempos de arrepentimiento histérico– que este periodo de la Historia de [Francia] pudo eventualmente tener algunos efectos benéficos, así fuera tan sólo por todo lo que dejó en sus antiguas colonias (descolonizadas): escuelas, carreteras, puertos, aeropuertos, etc. etc., no es obligatoriamente dar muestras de ingenuidad. La política de la tierra quemada no está en las costumbres de Francia.

¡Lástima! Daría a sus detractores, entre los cuales al que evocamos aquí, materia para amplios despliegues.

Entonces, si el Sr. Ribbe no es bienvenido en este sitio, ¿porqué hablar de él?

Porque nos preocupamos por su salud moral, su ego pareciendo no conocer límites.

Así, en una carta dirigida el 8 de diciembre al Sr. Jacques Chirac, Presidente de la República, en lo referente a un asunto en el que se acusa a un animador de la televisión francesa, el Sr. Ribbe escribe:

«… Me atrevo ahora a decirle, Señor Presidente, que los ultramarinos están cansados de ese desprecio y de esas amalgamas. Están cansados de las reacciones friolentas de los poderes públicos cuando las verdaderas cuestiones de historia son planteadas (como la glorificación casi oficial de Napoleón hasta que yo le hube puesto, por medio de mi pluma tan sólo, un punto final hace un año)…»

Esta ofensiva contra la «glorificación casi oficial de Napoleón» – glorificación, que, aunque no le agrade al autor de esta carta, hubiese estado plenamente justificada – terminó efectivamente con el «escamoteo» de la conmemoración de Austerlitz.

Victoria, subrayémoslo, no del chivo expiatorio del Sr. Ribbe, sino de la Francia atacada –y recalco atacada– por dos de las monarquías más poderosas de la época: Austria y Rusia. (3)

«Por medio de mi pluma tan sólo», escribe el Sr. Ribbe en su mensaje al Presidente Chirac.

¡Qué poder! ¡Y qué modestia!

Lejos de nosotros la idea de querer afligir al Sr. Claude Ribbe, pero nos parece que su «victoria» –cada quien tiene los Austerlitz que puede– sea más bien el efecto de la injustificable pusilanimidad del gobierno francés que la del poder de su «pluma tan sólo».

Lógicamente, el Sr. Ribbe, para quien el torturador obscuro de la guerra de Argelia fue menos rentable que Napoleón, debería pues, a pesar de su desinterés bien conocido, mostrarse agradecido con el autor del «crimen».

De este lastimoso asunto «bien de chez nous» (4), y que no es en honor de nadie, se puede no obstante sacar una lección que esperamos acabe siendo de provecho para muchos.

Que, aquellos quienes entre ustedes, estuvieran eventualmente en busca de una función susceptible de colmar una modesta ambición personal, hagan como el Sr. Ribbe: escupan sobre Napoleón, insúltenlo inclusive, y de preferencia, con argumentos ineptos y bajos, y Francia no dejará de cumplir sus deseos nombrándoles a un puesto (supuestamente) halagador.

¡Fue el caso para el Sr. Claude Ribbe, quien se vio así recompensado por su «anti-napoleonismo» grosero con una nominación por decreto en el Journal officiel (5) del 10 de noviembre (de 2005) a la Comisión nacional consultativa de los derechos del hombre!

Jean-Claude Damamme.

Notas

1) Condenado por «apologia de crímenes de guerra y complicidad», el general Paul Aussaresses, de 87 años de edad, fue excluido de la Legión de Honor por un decreto presidencial del 14 de junio: «excluido de la Legión de Honor y, al partir, definitivamente privado del sueldo atribuido a la calidad de comendador de ésta así como del derecho de portar insignias de toda condecoración francesa o extranjera correspondiente a la jurisdicción de la gran cancillería». El general había causado escándalo al reconocer en un libro de memorias publicado en 2001, «Services spéciaux, Algérie 1955-1957», haber torturado y ejecutado prisioneros del FLN entre 1955 y 1957, durante la guerra de Argelia, bajo órdenes de generales y con la complicidad del gobierno de la época. «(...) Me había enrolado en los servicios especialesexplica el narrador–. Así, iba a realizar, en interés de mi país y en la clandestinidad, acciones reprobadas por la moral ordinaria, cayendo frecuentemente bajo los golpes de la ley y, por lo tanto, cubiertas por el secreto: robar, asesinar, vandalizar, aterrorizar. Se me había enseñado a abrir las cerraduras con ganzúas, a matar sin dejar huellas, a mentir, a ser indiferente a mi sufrimiento y al de los demás, a olvidar y a hacerme olvidar. Todo eso por Francia.». El presidente de la república francesa Jacques Chirac, quien dijo estar «horrorizado por las declaraciones del general Aussaresses», pidió la suspensión del militar de la Legión de Honor, así como «sanciones disciplinarias» en el ámbito militar. Puesto de oficio en calidad de retiro por medida disciplinaria por el Consejo de ministros, el general Aussaresses “lamentó”, en una entrevista para un diario de Perpignan, la publicación de sus revelaciones sobre la tortura, asegurando que sus antiguos camaradas de los servicios secretos le dijeron: “más te hubiera valido cerrar el hocico (sic), ¿qué te picó?”. Volviendo a nuestro asunto, el libro de Aussaresses habría sido “reescrito” por el novelista Claude Ribbe, quien en efecto, como es de notoriedad pública, ha efectuado este tipo de trabajo antes para diversos autores. En un artículo publicado en Le Figaro, una entrevista de Georges Fleury, antiguo miembro de los comandos de marina y autor de múltiples libros consagrados a la guerra de Argelia, nos informa que éste recibió de Aussaresses, en agosto de 2000, un manuscrito con el título de «Chef de bande» (Jefe de banda), un texto que Fleury juzgó no publicable en ese estado, por lo que aconsejó a su autor volverlo a redactar. Así se hizo efectivamente, salvo que “en vez de seguir mi consejo –precisó– y trabajar él mismo en su obra, Aussaresses confió su redacción a una tercera persona, ciertamente desde largo tiempo curtido en el arte de la negritud” (éste último término en referencia a una antigua expresión francesa, nègre (literalmente “negro”), que designa a una persona que escribe un texto destinado a ser firmado por otro autor). Por su parte, Claude Ribbe, que declaró, en toda simplicidad, haber realizado tan sólo «correcciones menores» al manuscrito del general, anunció su decisión de levantar un acta de demanda por “injurias raciales” contra Georges Fleury, alegando que el historiador hace «claramente alusión a (sus) orígenes antilleses»...
2) Recomiendo absolutamente leer, sobre este tema, el artículo realmente notable del Sr. Pierre Branda, miembro del Souvenir Napoléonien (delegación de los Alpes-Marítimos), publicado en diciembre de 2005 en el sitio de la Fundación Napoleón y reproducido en el del INMF (expediente especial sobre las Antillas) Nota del autor.
3) Nos permitiríamos decir tres, considerando que la agresión armada de 1805 contra Francia fue instigada y financiada por Inglaterra. EG-S.
4) «Muy nuestro».
5) El Diario oficial de Francia.

Ver también en este sitio: Vuelve al ataque la Leyenda Negra del Emperador, expediente especial sobre la cuestión de las Antillas.

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