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| El
Sr. Jean-Claude Damamme |
El
Sr. Claude Ribbe no es de esos personajes que nos
es agradable evocar en este sitio.
Recordemos, en
efecto, a nuestros visitantes, que harían
mal en ignorarlo, que el Sr. Ribbe es el autor del
libro –vocablo utilizado por consideración
por estos mismos visitantes– o, como lo escribió
tan bien el gran historiador, académico francés,
y miembro del Alto Consejo de las celebraciones
nacionales, el Sr. Pierre Nora, de un « panfleto
sin pies ni cabeza » (lo que es aún
muy cortés): « El Crimen de Napoleón
».
Recordemos asimismo
que el Sr. Ribbe parece haber prestado su pluma
al general Aussaresses (1) para
que éste pudiese contar sobre papel su pasado
de torcionario durante la guerra de Argelia.
Que nos sea permitido
lamentar que el autor de ese panfleto anti-napoleónico
nauseabundo (2) no haya juzgado
oportuno consagrar su extrema (y toda desinteresada)
sensibilidad al servicio de las víctimas
del general arriba citado. Evidentemente, el Sr.
Ribbe no hacía –se habría «
disculpado »– más que su trabajo
de « rewriter » por cuenta de su editor.
Sin embargo, en
esta Francia, heredera del « criminal »
Napoleón, cada cual tiene, que yo sepa, el
derecho de rechazar una tarea que atente contra
su conciencia o sus convicciones.
No volveremos,
ni sobre el contenido, ni sobre la filosofía
(sic) de esta obra, pues ello equivaldría
a hacerle una publicidad muy desplazada en este
sitio, y tanto más superflua que ésta
no le faltó, tanto es cierto que, en [Francia],
escupir sobre Napoleón es la garantía
de un triunfo mediático asegurado.
De hecho, parecería
que la escritura de ese « libro » haya
sido decidida con el fin de poner en jaque un proyecto
de ley propuesto por un diputado atento en poner
en evidencia algunos aspectos positivos de la colonización
francesa, proyecto de ley tal vez torpemente o precipitadamente
redactado. En estas condiciones, arremeter a propósito
contra el hombre que es justamente el más
célebre de la Historia de Francia, era asegurarse
una victoria fácil, pero poco gloriosa.
Acerca de este
tema delicado, emitir –prudentemente, como
es conveniente en estos tiempos de arrepentimiento
histérico– que este periodo de la Historia
de [Francia] pudo eventualmente tener algunos efectos
benéficos, así fuera tan sólo
por todo lo que dejó en sus antiguas colonias
(descolonizadas): escuelas, carreteras, puertos,
aeropuertos, etc. etc., no es obligatoriamente dar
muestras de ingenuidad. La política de la
tierra quemada no está en las costumbres
de Francia.
¡Lástima!
Daría a sus detractores, entre los cuales
al que evocamos aquí, materia para amplios
despliegues.
Entonces, si el
Sr. Ribbe no es bienvenido en este sitio, ¿porqué
hablar de él?
Porque nos preocupamos
por su salud moral, pareciendo su ego no
conocer límites.
Así, en una
carta dirigida el 8 de diciembre al Sr. Jacques
Chirac, Presidente de la República, en lo
referente a un asunto en el que se acusa a un animador
de la televisión francesa, el Sr. Ribbe escribe:
« … Me atrevo ahora a decirle, Señor
Presidente, que los ultramarinos están cansados
de ese desprecio y de esas amalgamas. Están
cansados de las reacciones friolentas de los poderes
públicos cuando las verdaderas cuestiones
de historia son planteadas (como la glorificación
casi oficial de Napoleón hasta que yo le
hube puesto, por medio de mi pluma tan solo,
un punto final hace un año)… »
Esta ofensiva contra
la « glorificación casi oficial de
Napoleón » – glorificación,
que, aunque no le agrade al autor de esta carta,
hubiese estado plenamente justificada – terminó
efectivamente con el « escamoteo » de
la conmemoración de Austerlitz.
Victoria, subrayémoslo,
no del chivo expiatorio del Sr. Ribbe, sino de la
Francia atacada –y
recalco atacada– por dos de las monarquías
más poderosas de la época: Austria
y Rusia. (3)
« Por
medio de mi pluma tan solo »,
escribe el Sr. Ribbe en su mensaje al Presidente
Chirac.
¡Qué
poder! ¡Y qué modestia!
Lejos de nosotros
la idea de querer afligir al Sr. Claude Ribbe, pero
nos parece que su « victoria » –cada
quien tiene los Austerlitz que puede– sea
más bien el efecto de la injustificable pusilanimidad
del gobierno francés que el del poder de
su « sola pluma».
Lógicamente,
el Sr. Ribbe, para quien el torcionario obscuro
de la guerra de Argelia fue menos rentable que Napoleón,
debería pues, a pesar de su desinterés
bien conocido, mostrarse agradecido con el autor
del « crimen ».
De este lastimoso
asunto bien « de chez nous »,
y que no es en honor de nadie, se puede no obstante
sacar una lección que esperamos acabe siendo
de provecho para muchos.
Que, aquellos quienes
entre ustedes, estuvieran eventualmente en busca
de una función susceptible de colmar una
modesta ambición personal, hagan como el
Sr. Ribbe: escupan sobre Napoleón, insúltenlo
inclusive, y de preferencia, con argumentos ineptos
y bajos, y Francia no dejará de cumplir sus
deseos nombrándoles a un puesto (supuestamente)
halagador.
¡Fue el caso
para el Sr. Claude Ribbe, quien se vio así
recompensado por su « anti-napoleonismo »
grosero con una nominación por decreto en
el Journal officiel (4)
del 10 de noviembre (de 2005) a la Comisión
nacional consultativa de los derechos del hombre!
Jean-Claude Damamme.
Notas
1)
Condenado por « apologia de crímenes
de guerra y complicidad », el general Paul
Aussaresses, de 87 años de edad, fue excluido
de la Legión de Honor por un decreto presidencial
del 14 de junio: « excluido de la Legión
de Honor y, al partir, definitivamente privado del
sueldo atribuido a la calidad de comendador de ésta
así como del derecho de portar insignias
de toda condecoración francesa o extranjera
correspondiente a la jurisdicción de la gran
cancillería». El general había
causado escándalo al reconocer en un libro
de memorias publicado en 2001, « Services
spéciaux, Algérie 1955-1957 »,
haber torturado y ejecutado prisioneros del FLN
entre 1955 y 1957, durante la guerra de Argelia,
bajo órdenes de generales y con la complicidad
del gobierno de la época. « (...) Me
había enrolado en los servicios especiales
–explica el narrador–.
Así, iba
a realizar, en interés de mi país
y en la clandestinidad, acciones reprobadas por
la moral ordinaria, cayendo frecuentemente bajo
los golpes de la ley y, por lo tanto, cubiertas
por el secreto: robar, asesinar, vandalizar, aterrorizar.
Se me había enseñado a abrir las cerraduras
con ganzúas, a matar sin dejar huellas, a
mentir, a ser indiferente a mi sufrimiento y al
de los demás, a olvidar y a hacerme olvidar.
Todo eso por Francia.
». El presidente de la república francesa
Jacques Chirac, quien dijo estar « horrorizado
por las declaraciones del general Aussaresses »,
pidió la suspensión del militar de
la Legión de Honor, así como «
sanciones disciplinarias » en el ámbito
militar. Puesto de oficio en calidad de retiro por
medida disciplinaria por el Consejo de ministros,
el general Aussaresses “lamentó”,
en una entrevista para un diario de Perpignan, la
publicación de sus revelaciones sobre la
tortura, asegurando que sus antiguos camaradas de
los servicios secretos le dijeron: “más
te hubiera valido cerrar el hocico (sic), ¿qué
te picó?”. Volviendo a nuestro
asunto, el libro de Aussaresses habría sido
“reescrito” por el novelista Claude
Ribbe, quien en efecto, como es de notoriedad pública,
ha efectuado este tipo de trabajo antes para diversos
autores. En un artículo publicado en Le
Figaro, una entrevista de Georges Fleury, antiguo
miembro de los comandos de marina y autor de múltiples
libros consagrados a la guerra de Argelia, nos informa
que éste recibió de Aussaresses, en
agosto de 2000, un manuscrito con el título
de «Chef de bande»
(Jefe de banda), un texto que Fleury juzgó
no publicable en ese estado, por lo que aconsejó
a su autor volverlo a redactar. Así se hizo
efectivamente, salvo que “en vez de seguir
mi consejo –precisó– y trabajar
él mismo en su obra, Aussaresses confió
su redacción a una tercera persona, ciertamente
desde largo tiempo curtido en el arte de la negritud”
(éste último término en referencia
a una antigua expresión francesa, nègre
(literalmente “negro”), que
designa a una persona que escribe un texto destinado
a ser firmado por otro autor). Por su parte, Claude
Ribbe, que declaró, en toda simplicidad,
haber realizado tan solo «correcciones
menores» al manuscrito del general, anunció
su decisión de levantar un acta de demanda
por “injurias raciales” contra Georges
Fleury, alegando que el historiador hace «claramente
alusión a (sus) orígenes
antilleses»...
2) Recomiendo absolutamente leer,
sobre este tema, el artículo realmente notable
del Sr. Pierre Branda, miembro del Souvenir
Napoléonien (delegación de los
Alpes-Marítimos), publicado en diciembre
de 2005 en el sitio de la Fundación Napoleón
y reproducido en el del INMF (expediente
especial sobre las Antillas) Nota del autor.
3) Nos permitiríamos decir
tres, considerando que la agresión armada
de 1805 contra Francia fue instigada y financiada
por Inglaterra. EG-S.
4) El Diario oficial de Francia.
Ver también
en este sitio: Vuelve
al ataque la Leyenda Negra del Emperador,
expediente especial sobre la cuestión de
las Antillas.