« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
PERO SÍ, SEÑORES, NAPOLEÓN SÍ FUE VÍCTIMA DE UN ENVENENAMIENTO CON MATA-RATAS

Por el Señor

Jean-Claude Damamme
Consejero Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional

El Sr. Jean-Claude Damamme, Miembro de Honor del Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Sr. Damamme
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
PREÁMBULO
Del Dr. Ben Weider, CM, CQ, CStJ, PhD
Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional

Un estudio recientemente publicado por investigadores extranjeros sobre las causas de la muerte de Napoleón, y retomado por ciertos medios, pretende que el Emperador deportado a Santa Helena sucumbió a un cáncer del estómago.

No es la primera vez que se atribuye a esa enfermedad el fallecimiento del soberano más célebre del mundo.

Si no entra en nuestras competencias discutir los términos de este estudio, no podemos, en revancha, dejar pasar sin reaccionar argumentos que afirman que las teorías « fantasiosas » de un envenenamiento de Napoleón son ahora « ampliamente desacreditadas ».

Dr. Ben Weider
El texto siguiente responde a esas afirmaciones tramposas y faltas de todo fundamento, que dan a entender que los análisis efectuados a iniciativa de la Sociedad Napoleónica Internacional y realizados por los científicos del más alto nivel que haya no serían más que fantasmas e ilusiones.

El 2 de junio de 2005, ante los altos representantes del ministerio francés de la Justicia, de la policía y de la gendarmería, el Dr. Pascal Kintz hizo, en los locales del laboratorio ChemTox en Illkirch, cerca de Estrasburgo, una presentación magistral de los últimos resultados obtenidos en el análisis de los cabellos de Napoleón. Recordemos – brevemente, pues figuran en nuestro sitio Internet – esos resultados.

Tras la confirmación, en 2001, de la presencia de arsénico en los cabellos de Napoleón, el Dr. Kintz había, en 2003, develado que dicho arsénico se hallaba en el corazón del cabello, lo cual acusaba un paso por la vía sanguínea (luego por el circuito digestivo), demostración que había reducido definitivamente a nada la hipótesis de la contaminación externa por medio de productos de conservación, hipótesis avanzada por la revista de vulgarización científica Science & Vie, luego de los análisis realizados, en 2002, por su cuenta, por el laboratorio de la Prefectura de Policía de París.

En fin, y éste fue el punto culminante de sus investigaciones, el Dr. Kintz había determinado la naturaleza del tóxico presente en los cabellos del Emperador: ¡arsénico mineral, conocido bajo la apelación popular de mata-ratas!

Ben Weider, presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional, podía pues estimarse satisfecho: la ciencia acababa de confirmar de manera indiscutible la tesis que él defendía con encarnizamiento desde hacía más de treinta años, pero, evidentemente, para el gran desagrado de sus adversarios, de quienes hemos denunciado, en múltiples ocasiones en nuestro sitio, los procedimientos intelectualmente desleales – es lo menos que pueda escribir. El sorprendente silencio que observaban desde aquel mes de junio de 2005 no podía durar, nos esperábamos a algunas « represalias ». Valía la pena esperar; no fuimos decepcionados.

Éstas se presentaron en forma de despachos fundados en un estudio publicado en la revista científica Nature Clinical Practice Gastroenterology and Hepatology, que establecía en substancia que Napoleón había muerto de un cáncer del estómago.

 

OLVIDO ENOJOSO Y PROPÓSITOS DESHONESTOS

Esta evocación del cáncer del Emperador me da por cierto la ocasión de recordar que, por largo tiempo, la referencia médica del Souvenir Napoléonien (Recuerdo Napoleónico), del cual los visitantes de nuestro sitio Internet conocen la oposición casi neurótica a la tesis del envenenamiento, fue uno de sus antiguos presidentes, el Dr. Guy Godlewski.

En el prefacio, por el Sr. Marcel Dunan, de los « Cuadernos de Santa Helena, Enero 1821-Mayo 1821 » del general Bertrand, Gran Mariscal del Palacio, se puede leer: « … el doctor Guy Godlewski… niega la nocividad del clima y descarta por medio de argumentos obtenidos del desarrollo de los tejidos grasos, la idea de una afección cancerosa… ».

¿No hay acaso materia para perderse?

Posteriormente, Souvenir Napoléonien obliga, ese mismo Dr. Godlewski no dejó de « disparar bolas al rojo » sobre la hipótesis de un posible envenenamiento de Napoleón.

A falta de aptitud, y contrariamente a nuestros adversarios que, por su lado, a pesar de su incompetencia notoria en ese ámbito altamente científico, no se privan de ironizar acerca de los resultados de los análisis realizados por los toxicólogos que trabajan en la tesis del envenenamiento, no epilogaré sobre esta enésima versión de las causas de la muerte del Emperador. En revancha, haré dos observaciones.

La primera: salvo error de mi parte, ni los nombres, ni los trabajos esenciales del Dr. Kintz y del Prof. Wennig, de la universidad del gran ducado de Luxemburgo, son mencionados – lo cual es bien enojoso para un estudio que se pretende exhaustivo y definitivo. En resumen, si sigo bien el razonamiento que prevalece en este « estudio », el Prof. Wennig y el Dr. Pascal Kintz no existen, y al no existir, ¡luego no pudieron hacer análisis! ¡Bastaba pensar en ello!

Segunda observación: se escribe que las teorías « fantasiosas » (sic) de un envenenamiento de Napoleón con arsénico son (cita) « ahora ampliamente desacreditadas ».

A propósito, ¿desacreditadas por quién?

Creo oportuno recordar una vez más (si no de una vez por todas) que el Dr. Pascal Kintz, presidente de la Asociación Internacional de Toxicólogos de Medicina Forense es una autoridad mundialmente reconocida en el medio del análisis toxicológico de los cabellos. Trabajó por cierto con los del presidente ucraniano Viktor Iushchenko, quien, en su caso, fue envenenado con dioxina, y no recuerdo que sus constataciones hayan sido refutadas, o simplemente puestas en duda, por las autoridades gubernamentales de Ucrania.

Además de que semejante alegación es arbitraria, deshonesta e inadmisible, y constituye igualmente un inaceptable y grosero insulto a sus trabajos, osar sostener que las teorías « fantasiosas » del envenenamiento de Napoleón « son ahora ampliamente desacreditadas » no tiene –es una evidencia– otro fin que sembrar confusión en el espíritu del público en general acerca del trabajo de un científico de renombre internacional. ¿Por qué?

 

UN CLIMA « EXECRABLE »

Creo igualmente útil recordar aquí el clima particularmente execrable que, desde su origen, rodea a esta tesis de un envenenamiento de Napoleón.
Un sólo hecho dará testimonio de ello por muchos otros.

Cuando, el Sr. Jean Defranceschi, historiador, antiguo director de Investigaciones en el CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica de Francia), y coautor del « Diccionario Napoleón », osó – es el vocablo apropiado – decir que esta teoría « merecía más que el desprecio », los micrófonos, nos cuenta, se cerraron ante él, y, fue, desde entonces, privado de palabra, incluso en el Instituto Napoleón, del cual es uno de los miembros eminentes. Que aquellos entre nuestros visitantes que tengan la posibilidad vayan al sitio del Instituto Napoleónico México-Francia para escuchar su testimonio. ¡Es edificante!

Por lo demás, este nuevo estudio que se nos propone ignora soberbiamente las conclusiones del Prof. Lucien Israël, cancerólogo distinguido, y miembro del Instituto de Francia, que ha refutado la tesis del cáncer del estómago, y de su supuesto carácter hereditario.

¿Qué crédito podemos entonces aportar a un estudio que –a sabiendas– ignora esos parámetros fundamentales que son las concentraciones masivas de mata-ratas localizadas en el corazón de los cabellos de Napoleón? Tal vez se deba buscar la causa de su carácter muy « selectivo » en el hecho de que fue realizado en respuesta a (cita) « la propuesta » de un médico, miembro del Souvenir Napoléonien, y en esa calidad, detractor sistemático de la tesis del envenenamiento.

De todas formas, no veo, en este estudio, nada que sea susceptible de poner en duda la teoría del envenenamiento.

 

EL DIARIO LE FIGARO DECRETA:
« NO SE TRATABA DE ENVENENAMIENTO »

Después de los despachos mencionados más arriba, hubo un pequeño periodo de calma, y luego, el 7 de febrero, nos llegó una noticia toda fresca. He aquí lo que se pudo leer en un artículo del Figaro.fr consagrado al estudio en cuestión:

« En cuanto a los análisis efectuados en los cabellos de Napoleón, los más recientes estudios muestran que [el arsénico] no fue ingerido sino llegó del exterior, sin que se pueda precisamente decir cómo. Pero no se trataba de envenenamiento. » (Fin de la cita).

Se queda uno confundido ante una afirmación tan perentoria de parte de un periodista que pertenece a la redacción de un gran diario, el mismo, es verdad, que, en mayo de 1999, había publicado un inolvidable artículo de Jean Tulard sobre la « nueva serpiente marina ». Seamos justos: en aquella época, las investigaciones sobre el tema no estaban tan avanzadas como lo están hoy. Sin embargo, a pesar de la comunicación de los resultados de los últimos análisis, éste último persiste en « hacer resistencia ».

¡Qué importa finalmente! ¡En vista de los descubrimientos hechos por Pascal Kintz y Robert Wennig, este escepticismo obligado es de bien poco peso!

No obstante, el artículo de ese periodista del Figaro, quien, preocupado por ejercer un humor más bien laborioso, hace como que se lamenta de la teoría del envenenamiento – « Sin embargo, qué bella era la historia del complot y del envenenamiento con arsénico » - suscita interrogaciones.

- ¿Es ignorante? Lo que implicaría que se haya quedado en los sorprendentes análisis (de superficie) de Science & Vie (noviembre de 2002), que no son ya ni de actualidad ni de la actualidad.

- ¿Es la víctima inocente engañada por su fuente?

- ¿O, por razones que quedan por determinar, se hace cómplice –consintiente– de lo que bien habría que llamar la desinformación habitual que tiene curso en este asunto? Si así fuera, sería grave, pues, me parece, no hay peor agravio a la deontología periodística que una desinformación deliberadamente aceptada, y destinada a mistificar deliberadamente al publico, en este caso los visitantes del sitio en cuestión.
Y sobre todo, ¿de qué competencias puede prevalecerse para decidir con tanta soberbia sobre un tema del que, visiblemente, no conoce nada, o finge no conocer nada?
Retengamos por el momento la hipótesis –no obstante bien poco plausible– de la ignorancia, lo cual sería un mal menor para el autor, si no sus argumentos equivaldrían ni más ni menos a tratar por medio del desprecio y, peor, a desaprobar los trabajos definitivos, saludados por sus pares, de Pascal Kintz y de Robert Wennig.

El doctor Pascal Kintz
El profesor Robert Wennig

Los adversarios de la tesis del envenenamiento decididamente no están faltos de recursos en aliados « complacientes » - lo cual, bien evidentemente, no les confiere por ello ninguna clase de credibilidad.

Esperamos lo que siga con interés.

 

UN DESCUBRIMIENTO PRIMORDIAL
NAPOLEÓN ERA UN GRAN AMANTE DEL VINO

A la lectura de las noticias arriba mencionadas, hemos encontrado todas las teorías caras a los adversarios de la tesis, entre las cuales, entre otras, la pintoresca hipótesis, ya evocada en nuestro sitio, de « la muerte por aburrimiento y tristeza».

Pero la verdadera « revelación » se haya en este extracto de un despacho, retomado en múltiples ocasiones, de la Agencia France Presse: « La costumbre de los viñateros de la época de limpiar sus toneles y cubas con arsénico, podría haber explicado su presencia en los cabellos de Napoleón, habían argumentado en 2005 investigadores de Basilea, notando que Napoleón era un gran amante del vino. ».
¡Lo cual se debía demostrar!

¡El argumento perfecto para tratar de « quebrar » la teoría de un envenenamiento!

¿Napoleón « gran amante del vino »? Bonito amante, en efecto, ese hombre que bebía un pequeño vaso de Chambertin. ¡Cortado con agua!

¡Parecería por lo demás que esos « investigadores de Basilea » fueran aquellos que habían afirmado que el Emperador sí había muerto de cáncer del estomago midiendo la talla de… sus pantalones!

La revista Historia, que se había negado a consagrar un artículo a los análisis del Dr. Kintz y del Prof. Wennig, se había, en revancha, extrañamente apresurado a dar difusión a este pináculo de la ciencia.

En cuanto a hacer creer que los viñateros limpiaban sus barricas con un veneno mortal: el mata-ratas –puesto que tal es el arsénico hallado en los cabellos del Emperador – esto equivale a engañar a los lectores y a tomarlos por lo que no son: cándidos.

Subrayo igualmente que, sin ser gastrónomo, Napoleón tampoco era masoquista al grado de aderezar sus platos con mata-ratas, bien lejos éste de ser, como todos lo sabemos, una poción mágica, garante de longevidad.

De hecho, no « se » nos deja de asestar estudios más (o menos) eruditos unos que otros con un único fin: demostrar que el cáncer es terminantemente la causa del fallecimiento de Napoleón, y, de paso, « demoler » la tesis del envenenamiento.

Pero ni la Sociedad Napoleónica Internacional, ni, evidentemente, el Doctor Kintz, dicen que, aquel triste 5 de mayo de 1821, Napoleón haya muerto de una « sobredosis » de arsénico. Sin embargo, no por ello es menos cierto que, durante cerca de cinco años, el Emperador deportado a Santa Helena sí fue la víctima de un envenenamiento con mata-ratas.

Así pues, lo lamentamos, Señores, aún astutamente elaboradas y concertadas, todas esas maniobras no podrán cambiar nada a esta incontestable realidad científica.

Jean-Claude Damamme
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional
Consultor Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia.

 

Encontrará el expediente completo sobre el envenenamiento de Napoleón, así como el documental y la película de la conferencia de prensa en el sitio del Instituto Napoleónico México-Francia, así como, en sus versiones francesa e inglesa, en el de la Sociedad Napoleónica Internacional.
Puede igualmente, si lo desea, recibir una copia del fascículo y del DVD realizados tras la conferencia.
Le bastará para ello enviar una carta con su nombre y dirección a: Ben Weider, Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional, 2875 Chemin Bates, Montreal, Québec, H3S 1B7 CANADÁ.
Asímismo, puede escribir un mensaje electrónico a la dirección: bweider@societenapoleonienne.com
El Dr. Weider se complacerá en enviarle un ejemplar gratuitamente.