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| El
Sr. Jean-Claude Damamme |
Por Jean-Claude
Damamme
Consultor Histórico Especial del Instituto Napoleónico
México-Francia
Representante oficial en Francia de la Sociedad Napoleónica
Internacional
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Preámbulo
del Dr. Ben Weider , CM, CQ, CStJ, PhD
Presidente de la Sociedad Napoleónica
Internacional |
Un
estudio recientemente publicado por investigadores
extranjeros sobre las causas de la muerte de Napoleón,
y retomado por ciertos medios, pretende que el Emperador
deportado a Santa Helena sucumbió a un cáncer
del estómago.
No es la primera vez que se atribuye a esa enfermedad
el fallecimiento del soberano más célebre
del mundo.
Si no entra en nuestras competencias discutir los
términos de este estudio, no podemos, en revancha,
dejar pasar sin reaccionar argumentos que afirman
que las teorías « fantasiosas »
de un envenenamiento de Napoleón son ahora
« ampliamente desacreditadas ».
El texto siguiente responde a esas afirmaciones tramposas
y faltas de todo fundamento, que dan a entender que
los análisis efectuados a iniciativa de la
Sociedad Napoleónica Internacional y realizados
por los científicos del más alto nivel
que haya no serían más que fantasmas
e ilusiones.
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El
2 de junio de 2005, ante los altos representantes del ministerio
francés de la Justicia, de la policía y de
la gendarmería, el Dr. Pascal Kintz hizo, en los
locales del laboratorio ChemTox en Illkirch, cerca de Estrasburgo,
una presentación magistral de los últimos
resultados obtenidos en el análisis de los cabellos
de Napoleón. Recordemos – brevemente, pues
figuran en nuestro sitio Internet – esos resultados.
Tras la confirmación,
en 2001, de la presencia de arsénico en los cabellos
de Napoleón, el
Dr. Kintz había, en 2003, develado que dicho arsénico
se hallaba en el corazón del cabello, lo cual acusaba
un paso por la vía sanguínea (luego por el
circuito digestivo), demostración que había
reducido definitivamente a nada la hipótesis de la
contaminación externa por medio de productos de conservación,
hipótesis avanzada por la revista de vulgarización
científica Science & Vie, luego de los
análisis realizados, en 2002, por su cuenta, por
el laboratorio de la Prefectura de Policía de París.
En fin, y éste fue
el punto culminante de sus investigaciones, el Dr. Kintz
había determinado la naturaleza del tóxico
presente en los cabellos del Emperador: ¡arsénico
mineral, conocido bajo la apelación popular de mata-ratas!
Ben Weider, presidente de
la Sociedad Napoleónica Internacional, podía
pues estimarse satisfecho: la ciencia acababa de confirmar
de manera indiscutible la tesis que él defendía
con encarnizamiento desde hacía más de treinta
años, pero, evidentemente, para el gran desagrado
de sus adversarios, de quienes hemos denunciado, en múltiples
ocasiones en nuestro sitio, los procedimientos intelectualmente
desleales – es lo menos que pueda escribir. El sorprendente
silencio que observaban desde aquel mes de junio de 2005
no podía durar, nos esperábamos a algunas
« represalias ». Valía la pena esperar;
no fuimos decepcionados.
Éstas se presentaron
en forma de despachos fundados en un estudio publicado en
la revista científica Nature Clinical Practice
Gastroenterology and Hepatology, que establecía
en substancia que Napoleón había muerto de
un cáncer del estómago.
OLVIDO
ENOJOSO Y PROPÓSITOS DESHONESTOS
Esta evocación del
cáncer del Emperador me da por cierto la ocasión
de recordar que, por largo tiempo, la
referencia médica del Souvenir Napoléonien
(Recuerdo Napoleónico), del cual los visitantes de
nuestro sitio Internet conocen la oposición casi
neurótica a la tesis del envenenamiento, fue uno
de sus antiguos presidentes, el Dr. Guy Godlewski.
En el prefacio, por el Sr.
Marcel Dunan, de los « Cuadernos de Santa Helena,
Enero 1821-Mayo 1821 » del general Bertrand,
Gran Mariscal del Palacio, se puede leer: « …
el doctor Guy Godlewski… niega la nocividad del
clima y descarta por medio de argumentos obtenidos
del desarrollo de los tejidos grasos, la idea de una afección
cancerosa… ».
¿No hay acaso materia
para perderse?
Posteriormente, Souvenir
Napoléonien obliga, ese mismo Dr. Godlewski
no dejó de « disparar bolas al rojo »
sobre la hipótesis de un posible envenenamiento de
Napoleón.
A falta de aptitud, y contrariamente
a nuestros adversarios que, por su lado, a pesar de su incompetencia
notoria en ese ámbito altamente científico,
no se privan de ironizar acerca de los resultados de los
análisis realizados por los toxicólogos que
trabajan en la tesis del envenenamiento, no epilogaré
sobre esta enésima versión de las causas de
la muerte del Emperador. En revancha, haré dos observaciones.
La primera:
salvo error de mi parte, ni los nombres ni los trabajos
esenciales del Dr. Kintz y del Prof. Wennig, de la universidad
del gran ducado de Luxemburgo, son mencionados – lo
cual es bien enojoso para un estudio que se pretende exhaustivo
y definitivo. En resumen, si sigo bien el razonamiento que
prevalece en este « estudio », el Prof. Wennig
y el Dr. Pascal Kintz no existen, y al no existir, ¡luego
no pudieron hacer análisis! ¡Bastaba pensar
en ello!
Segunda observación:
se escribe que las teorías « fantasiosas
» (sic) de un envenenamiento de Napoleón
con arsénico son (cita) « ahora ampliamente
desacreditadas ».
A propósito, ¿desacreditadas
por quién?
Creo oportuno
recordar una vez más (si no de una vez por todas)
que el Dr. Pascal Kintz, presidente de la Asociación
Internacional de Toxicólogos de Medicina Legal es
una autoridad mundialmente reconocida en el medio del análisis
toxicológico de los cabellos. Trabajó por
cierto con los del presidente ucraniano Viktor Iushchenko,
quien, en su caso, fue envenenado con dioxina, y no recuerdo
que sus constataciones hayan sido refutadas, o simplemente
puestas en duda, por las autoridades gubernamentales de
Ucrania.
Además de que semejante
alegación es arbitraria, deshonesta e inadmisible,
y constituye igualmente un inaceptable y grosero insulto
a sus trabajos, osar sostener que las teorías «
fantasiosas » del envenenamiento de Napoleón
« son ahora ampliamente desacreditadas »
no tiene –es una evidencia– otro fin que sembrar
confusión en el espíritu del público
en general acerca del trabajo de un científico de
renombre internacional. ¿Por qué?
UN CLIMA «
EXECRABLE »
Creo igualmente útil
recordar aquí el clima particularmente execrable
que, desde su origen, rodea a esta tesis de un envenenamiento
de Napoleón.
Un sólo hecho dará testimonio de ello por
muchos otros.
Cuando, el Sr. Jean Defranceschi,
historiador, antiguo director de Investigaciones en el CNRS
(Centro Nacional de Investigación Científica
de Francia), y coautor del « Diccionario Napoleón
», osó – es el vocablo apropiado –
decir que esta teoría « merecía
más que el desprecio », los micrófonos,
nos cuenta, se cerraron ante él, y, fue, desde entonces,
privado de palabra, incluso en el Instituto Napoleón,
del cual es uno de los miembros eminentes. Que aquellos
entre nuestros visitantes que tengan la posibilidad vayan
al sitio del Instituto Napoleónico México-Francia
para escuchar su testimonio.
¡Es edificante!
Por lo demás, este
nuevo estudio que se nos propone ignora soberbiamente las
conclusiones del Prof. Lucien Israël, cancerólogo
distinguido, y miembro del Instituto de Francia, que ha
refutado la tesis del cáncer del estómago,
y de su supuesto carácter hereditario.
¿Qué crédito
podemos entonces aportar a un estudio que –a sabiendas–
ignora esos parámetros fundamentales que son las
concentraciones masivas de mata-ratas localizadas en el
corazón de los cabellos de Napoleón? Tal vez
se deba buscar la causa de su carácter muy «
selectivo » en el hecho de que fue realizado en respuesta
a (cita) « la propuesta » de un médico,
miembro del Souvenir Napoléonien, y en esa
calidad, detractor sistemático de la tesis del envenenamiento.
De todas formas, no veo,
en este estudio, nada que sea susceptible de poner en duda
la teoría del envenenamiento.
EL DIARIO LE
FIGARO DECRETA:
« NO SE TRATABA DE ENVENENAMIENTO »
Después de los despachos
mencionados más arriba, hubo un pequeño periodo
de calma, y luego, el 7 de febrero, nos llegó una
noticia toda fresca. He aquí lo que se pudo leer
en un artículo del Figaro.fr
consagrado al estudio en cuestión:
« En cuanto a
los análisis efectuados en los cabellos de Napoleón,
los más recientes estudios muestran que
[el arsénico] no fue ingerido sino llegó
del exterior, sin que se pueda precisamente decir
cómo. Pero no se trataba de envenenamiento.
» (Fin de la cita).
Se queda uno confundido ante una afirmación tan perentoria
de parte de un periodista que pertenece a la redacción
de un gran diario, el mismo, es verdad, que, en mayo de
1999, había publicado un inolvidable artículo
de Jean Tulard sobre la « nueva serpiente marina ».
Seamos justos: en aquella época, las investigaciones
sobre el tema no estaban tan avanzadas como lo están
hoy. Sin embargo, a pesar de la comunicación de los
resultados de los últimos análisis, éste
último persiste en « hacer resistencia ».
¡Qué importa
finalmente! ¡En vista de los descubrimientos hechos
por Pascal Kintz y Robert Wennig, este escepticismo obligado
es de bien poco peso!
No obstante, el artículo
de ese periodista del Figaro, quien, preocupado
por ejercer un humor más bien laborioso, hace como
que se lamenta de la teoría del envenenamiento –
« Sin embargo, qué bella era la
historia del complot y del envenenamiento con arsénico
» - suscita interrogaciones.
- ¿Es ignorante?
Lo que implicaría que se haya quedado en los sorprendentes
análisis (de superficie) de Science & Vie
(noviembre de 2002), que no son ya ni de actualidad ni de
la actualidad.
- ¿Es la víctima
inocente engañada por su fuente?
- ¿O, por razones
que quedan por determinar, se hace cómplice –consintiente–
de lo que bien habría que llamar la desinformación
habitual que tiene curso en este asunto? Si así fuera,
sería grave, pues, me parece, no hay peor agravio
a la deontología periodística que una desinformación
deliberadamente aceptada, y destinada a mistificar deliberadamente
al publico, en este caso los visitantes del sitio en cuestión.
Y sobre todo, ¿de qué competencias puede prevalecerse
para decidir con tanta soberbia sobre un tema del que, visiblemente,
no conoce nada, o finge no conocer nada?
Retengamos por el momento la hipótesis –no
obstante bien poco plausible– de la ignorancia, lo
cual sería un mal menor para el autor, si no sus
argumentos equivaldrían ni más ni menos a
tratar por medio del desprecio y, peor, a desaprobar los
trabajos definitivos, saludados por sus pares, de Pascal
Kintz y de Robert Wennig.
|
|
El doctor Pascal
Kintz |
El profesor Robert
Wennig |
Los adversarios de la tesis
del envenenamiento decididamente no están faltos
de recursos en aliados « complacientes » - lo
cual, bien evidentemente, no les confiere por ello ninguna
clase de credibilidad.
Esperamos lo que siga con
interés.
UN DESCUBRIMIENTO
PRIMORDIAL
NAPOLEÓN ERA UN GRAN AMANTE DEL VINO
A la lectura de las noticias
arriba mencionadas, hemos encontrado todas las teorías
caras a los adversarios de la tesis, entre las cuales, entre
otras, la pintoresca hipótesis, ya evocada en nuestro
sitio, de « la
muerte por aburrimiento y tristeza».
Pero la verdadera «
revelación » se haya en este extracto de un
despacho, retomado en múltiples ocasiones, de la
Agencia France Presse: « La costumbre
de los viñateros de la época de limpiar sus
toneles y cubas con arsénico, podría haber
explicado su presencia en los cabellos de Napoleón,
habían argumentado en 2005 investigadores de Basilea,
notando que Napoleón era un gran amante del vino.
».
¡Lo cual se debía demostrar!
¡El argumento perfecto
para tratar de « quebrar » la teoría
de un envenenamiento!
¿Napoleón « gran amante del vino »?
Bonito amante, en efecto, ese hombre que bebía un
pequeño vaso de Chambertin. ¡Cortado con agua!
¡Parecería
por lo demás que esos « investigadores de Basilea
» fueran aquellos que habían afirmado que el
Emperador sí había muerto de cáncer
del estomago midiendo la talla de… sus pantalones!
La revista Historia,
que se había negado a consagrar un artículo
a los análisis del Dr. Kintz y del Prof. Wennig,
se había, en revancha, extrañamente apresurado
a dar difusión a este pináculo de la ciencia.
En cuanto a hacer creer
que los viñateros limpiaban sus barricas con un veneno
mortal: el mata-ratas –puesto que tal es
el arsénico hallado en los cabellos del Emperador
– esto equivale a engañar a los lectores y
a tomarlos por lo que no son: cándidos.
Subrayo igualmente que,
sin ser gastrónomo, Napoleón tampoco era masoquista
al grado de aderezar sus platos con mata-ratas, bien lejos
éste de ser, como todos lo sabemos, una poción
mágica, garante de longevidad.
De
hecho, no « se » nos deja de asestar estudios
más (o menos) eruditos unos que otros con un único
fin: demostrar que el cáncer es terminantemente la
causa del fallecimiento de Napoleón, y, de paso,
« demoler » la tesis del envenenamiento.
Pero ni la Sociedad Napoleónica Internacional, ni,
evidentemente, el Doctor Kintz, dicen que, aquel triste
5 de mayo de 1821, Napoleón haya muerto de una «
sobredosis » de arsénico. Sin embargo, no por
ello es menos cierto que, durante cerca de cinco años,
el Emperador deportado a Santa Helena sí fue la víctima
de un envenenamiento con mata-ratas.
Así pues, lo lamentamos,
Señores, aún astutamente elaboradas y concertadas,
todas esas maniobras no podrán cambiar nada a esta
incontestable realidad científica.
Jean-Claude Damamme
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica
Internacional
Consultor Histórico Especial del Instituto Napoleónico
México-Francia.