| ENVENENAMIENTO
DE NAPOLEÓN |
| REAPARICIÓN
DE UNO DE NUESTROS MEJORES ENEMIGOS |
|
|
Por
el Señor |
Jean-Claude
Damamme
Consejero Histórico
Especial del Instituto Napoleónico
México-Francia
Representante en Francia de la Sociedad
Napoleónica Internacional |
 |
| Sr.
Damamme |
|
|
Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
© |
Hacía
mucho tiempo que el Sr. Jean
Tulard, detractor emblemático,
uno de los más virulentos y más
encarnizados en ridiculizar al « fabricante
canadiense de artículos de deporte
» – entiendan Ben Weider y su «
serpiente marina
» – no se había manifestado
sobre el tema.
Y, ahora, súbitamente, en la revista Valeurs
Actuelles fechada el 15 de julio [de
2010 N.d.T.], apareció un artículo,
aparentemente la primera parte de una serie, intitulada:
« ¿Las muertes misteriosas: Napoleón
envenenado? » (1).
Cuando se empieza una serie histórica –
recuerdo, y con razón, la emisión
« Secretos de Historia » (2) en la
cadena France2
en la que me hice « pillar como un novato
» por la sociedad de producción para
el mayor provecho de nuestros adversarios –
siempre es conveniente, para hacer que al lector
o al telespectador se le haga agua la boca, iniciar
con la más grande « estrella »
de nuestra historia. La serie que se anuncia en
esta revista no contraviene a este imperativo
comercial.
NIHIL NOVI
SUB SOLE
¿Entonces,
de qué se trata?
Lamento escribirlo: de nada.
De nada nuevo, pues volvemos a encontrar en este
texto toda la mala fe (sutilmente adornada) y
las aproximaciones de las que nos hemos dado cuenta
muchas veces en este sitio.
Hay un punto en el que estoy en acuerdo con el
autor, es el de la culpabilidad supuesta de Montholon.
No es que éste bajo trabajo no pueda parecérsele,
pero, efectivamente, fuera de una íntima
convicción, no existe nada sólido
para apuntalarlo. Un miembro del entorno de Ben
Weider se había hecho muy imprudentemente
acusador público número uno de ese
personaje sin duda poco reluciente, pero todavía
presumido inocente, y así le había
brindado argumentos a los adversarios –
numerosos – de la tesis
del envenenamiento. ¡Una ocasión
suplementaria que les era dada de ridiculizar
a la nueva serpiente de mar!
En cuanto a decir, como lo hace el Sr. Tulard,
que la hipótesis de la culpabilidad del
« general es más bien inverosímil
», eso me parece bien azaroso igualmente,
pues, si nada objetivo prueba su culpabilidad,
nada demuestra tampoco su inocencia.
A propósito de los peritajes hechos por
el FBI,
el Sr. Tulard escribe que « las
conclusiones del FBI no son tan categóricas
como lo afirmaba Ben Weider. El profesor Roger
Martz en una carta a Proctor Jones, el 3 de noviembre
de 1995 escribía: “El laboratorio
del FBI no puede confirmar que Napoleón
murió de una ingestión de arsénico”
».
Para ser totalmente honesto, pero es sin duda
pedir demasiado, hubiera sido necesario que el
autor del artículo hiciera mención
de este otro correo de Martz a Weider, fechado
el 28 de agosto de 1995:
« El laboratorio
del FBI ha analizado dos de los cabellos de Napoleón
que había usted sometido para una búsqueda
de arsénico. Encontrará enseguida
los resultados del análisis que ha sido
efectuado por medio de espectroscopia de absorción
atómica en horno de grafito
(Graphite Furnace Atomic Absorption Spectroscopy)
[aquí los resultados, que figuran en nuestro
sitio y en el de la SNI]. La
cantidad de arsénico presente en los cabellos
analizados es significativa de una intoxicación
por el arsénico ».
Un pequeño recordatorio semántico,
que se cuidan muy bien de evocar los adversarios
de la tesis: el vocablo « envenenamiento
» no forma parte del lenguaje de los científicos.
Aquí también, algunos se precipitaron
demasiado afirmando que nuestro desdichado Emperador
había muerto envenenado, o sea que la ingestión
del tóxico era directamente responsable
de su muerte. Era tender una vez más un
palo para hacerse apalear. Cualesquiera que fueran
sus nombres, al ser los adversarios de la tesis
del envenenamiento particularmente ladinos, resulta
conveniente ser en extremo circunspecto en la
elección de nuestro vocabulario y de nuestros
giros.
Eso no quita – y esta es la única
buena formulación – que, el 5
de mayo de 1821, cuando rindió
el alma, Napoleón era víctima
de un envenenamiento con arsénico.
PEQUEÑO
REGRESO A LOS ANÁLISIS DE SCIENCE &
VIE
El autor aborda
enseguida el caso de los análisis de la
revista de vulgarización Science
& Vie, y concluye:
« Una
veintena de mechones han sido sometidos a análisis
que mostraron proporciones anormalmente elevadas
de arsénico. Con semejantes cantidades,
Napoleón no habría podido resistir
tanto tiempo. Si ciertos análisis muestran
un paso directo en el cuerpo, el arsénico
tiene probablemente un origen exógeno
[externo] y
no endógeno
[interno] ».
Confieso no discernir bien lo que esta última
frase busca demostrar, pero me parece por su estructura
misma esconder un contrasentido evidente. Qué
importa, ya no estamos al grado de preocuparnos
por una aproximación de más o de
menos.
Tal vez (verosímilmente), esta aserción
del Sr. Tulard halla su origen en el hecho de
que los autores de los análisis comanditados
por la revista en cuestión se cuidaron
bien de no examinar más que
la envoltura de los cabellos. Al ser el arsénico
en aquella época un producto de conservación
de los cabellos, no es efectivamente difícil
encontrar, sobre su
envoltura, importantes concentraciones de tóxico.
Paso por alto la pregunta que se plantea el autor
a propósito de la responsabilidad del papel
tapiz (olvidó hacer mención de aquel
otro culpable potencial a menudo invocado: el
humo de la estufa), pues se concibe fácilmente
que, ancestros de nuestros « ataques quirúrgicos
» modernos, las emanaciones del papel tapiz
no hayan intoxicado más que a Napoleón,
omitiendo a todos los demás.
¡UN
« MUST »: EL INSTITUTO ITALIANO DE
FÍSICA NUCLEAR!
Es él,
escribe el Sr. Tulard, el que formula la «
buena pregunta »:
« ¿Cuáles
eran las dosis normales de arsénico que
se podían hallar en los cabellos de los
contemporáneos de Napoleón? »
Con esta revelación suplementaria: el examen
de cabellos de dos hermanas (¿de hecho,
cuáles?) del Emperador revela una concentración
de arsénico muy fuerte (por supuesto, no
se nos precisa la importancia de ésta),
mucho más elevada que el nivel promedio
actual.
« El entorno
en el que vivían las gentes a principio
del siglo XIX las conducía a ingerir cantidades
de arsénico que consideraríamos
hoy como peligrosas ».
Cuando sabemos
que el arsénico hallado, ya no en la superficie,
sino en el corazón de los cabellos del
Emperador (ver más abajo) es raticida (As3
o arsénico mineral, la forma más
tóxica), podemos, sin riesgo de error,
aseverar que si la pregunta es la « buena
», la respuesta es grotesca.
En efecto, hacer creer que, durante el Imperio,
la gente ingería beatamente raticida,
equivale ni más ni menos a tomar al público
en general por un imbécil – no hay
otro vocablo posible – y a estimar que se
puede, según su buena voluntad, hacerle
« tragarse » lo que sea.
EL FAMOSO
MECHÓN DE 1805
Otro clásico
estribillo de los oponentes que les da la esperanza
de enterrar la tesis de manera definitiva, cito
al autor del artículo:
« ¿No
es significativo que el análisis de un
mechón de cabellos de Napoleón que
habría sido cortado en 1805, muestre un
índice de impregnación tan elevado
como el observado en los mechones recogidos en
Santa Helena? Si hubo envenenamiento, el asesino
habría comenzado el trabajo en 1805 y lo
habría acabado tan solo en 1821. ¡Un
bien mal envenenador! »
Para responder
por enésima vez a esta insinuación,
recuerdo que solo el Dr.
Kintz (laboratorio ChemTox en Illkirch-Graffenstaden)
y el Prof.
Wennig (universidad del gran ducado de Luxemburgo)
han explorado EL INTERIOR
de los cabellos del Emperador.
Todos los exámenes de superficie no son
de ningún interés y no pueden probar
nada, salvo que siguiendo ese razonamiento, se
podría hallar arsénico en los cabellos
del general Bonaparte del sitio de Tolón,
de las campañas de Italia, de Egipto…
puesto que el arsénico era utilizado para
conservar dichas reliquias.
EXÓGENO-ENDÓGENO
Y LÍNEAS DE MEES
Otra hipótesis
que no me atrevería a calificar de mentirosa:
« No olvidaremos
finalmente que el arsénico administrado
de manera crónica no mata, salvo a fuertes
dosis. Y en el caso de Napoleón, la mayor
cantidad de arsénico hallado en sus cabellos
sería de origen exógeno
».
La imagen presentada aquí abajo aporta,
desafortunadamente para nuestro autor, un desmentido
categórico a esta afirmación fantasiosa.
Fue realizada por la universidad del gran ducado
de Luxemburgo mencionada más arriba con
una máquina, el Nano-SIMS 50, del cual
no existen más que doce ejemplares en el
mundo.
| Distribución
75As en los cabellos de Napoleón |
|
| Arsénico
raticida (95%) en el núcleo
del cabello de Napoleón |
|
En
este diagrama, se distingue nítidamente
que la « médula »,
es decir el corazón del cabello,
contiene tóxico, arsénico
en este caso.
Para esta impregnación de
la « médula »,
no existe más que una sola
explicación posible: el arsénico
llegó al corazón de
los cabellos a través de
los capilares que lo irrigan. Es
la prueba definitiva de que se trata
claramente de una incorporación
activa por vía digestiva,
y absolutamente no de una contaminación
externa.
El tóxico, –raticida,
como lo probó el Dr. Kintz
en 2005 –, no pudo llegar
así al corazón de
los cabellos más que de una
y única forma, transmitido
« obligatoriamente »
(dixit el Dr. Kintz) por el flujo
sanguíneo, es decir absorbido
por vía oral. |
|
En cuanto a las
líneas de Mees (rayas obscuras en las uñas),
su ausencia es particularmente significativa para
el Dr. Jean-François Lemaire, miembro del
Souvenir Napoléonien (el «
Recuerdo Napoleónico ») y en dicha
calidad gran adversario del envenenamiento, pues
según él invalida la tesis: por
consiguiente es conveniente recordar que éstas
no fueron descubiertas sino hasta la segunda mitad
del siglo XIX.
¡Quienes autopsiaron al desdichado Napoleón
debían ser un poco visionarios!
« El arsénico
vendría entonces,
según Jean Tulard, del
entorno y de las prácticas de aquel tiempo.
No era necesario ponerlo en el vino.
»
Efectivamente, estando la isla infestada de ellas,
había entonces veneno matarratas en grandes
cantidades en Santa Helena; esto cuenta sin duda
para lo del « entorno », pero ¿«
las prácticas de aquel tiempo »?
No vuelvo a este tema del cual creo haber subrayado
más arriba la total inepcia.
Por supuesto se puede escribir cualquier cosa,
pero como sea hay límites que no se deben
rebasar bajo el riesgo de fallar en el objetivo
que uno se ha fijado: mantener al público
en general, que éste se interese o no a
Napoleón, en la ignorancia, haciendo a
la vez como que se le sirve la
« verdad verdadera ».
¿No sería esto manipulación?
Este caso es rico en ejemplos.
|
|
«
Fue hallado arsénico
mineral [más del 95%
dentro de los cabellos de Napoleón]
y por consiguiente estamos en
una pista totalmente criminal » |
Dr.
Pascal Kintz
Presidente
(2005-2007) de
la Asociación Internacional de
Toxicólogos Forenses,
TIAFT.
Conferencia
del 2 de junio de 2005, en Illkirch-Graffenstaden.*
|
|
EL CÁNCER
EMBLEMÁTICO
Pasamos enseguida
a la evocación del famoso cáncer
del estómago de nuestro pobre Napoleón,
estómago cuyo deterioro el autor subraya.
Simple caso escolar, evidentemente, pero sería
sin duda de enorme interés poder examinar
el estómago de un desdichado que, antes
de morir, hubiera sido « atendido »
hoy con raticida durante más de cuatro
años, a fin de poder constatar su estado.
Otra cita tomada en el texto de nuestro autor:
« El argumento
según el cual no puede haber cáncer
dado que no hubo adelgazamiento no se sostiene.
En sus cuadernos, Bertrand señala la flacura
de Napoleón. Los científicos suizos
compararon nueve pantalones usados por el Emperador
antes o después de Santa Helena: habría
perdido más de diez kilos durante los últimos
meses de su vida. ¡Hasta dónde no
habrán llevado los expertos sus demostraciones!
»
Respuesta a la pregunta planteada (tal vez se
trate de un cierto humor, pues el autor no está
carente de él) al final de la cita: hasta
la bobería más completa.
¡Determinar las causas de la muerte de un
hombre midiendo la talla de sus pantalones y presentarlo
como prueba científica determinante! ¡Qué
cima de la ciencia!
Suiza es bien dichosa de tener investigadores
de este temple en sus laboratorios.
Antes de proseguir
y puesto que Jean Tulard cita, entre los médicos,
al señor Antommarchi, recuerdo que éste
no era doctor como se escribe corrientemente,
sino simple prosector, función que el diccionario
de Littré define como « aquel que
está encargado de preparar las piezas de
anatomía necesarias para las lecciones
de un profesor ».
Simple pregunta: ¿Cuál era entonces
su competencia – real – en materia
de diagnóstico?
Esta evocación del cáncer del Emperador
me da la ocasión de recordar aquí
que, durante largo tiempo y antes del Dr. Jean-François
Lemaire, la referencia
médica del Souvenir Napoléonien,
cuya oposición casi neurótica a
la tesis del envenenamiento conocen los visitantes
de nuestro sitio Internet, fue uno de sus antiguos
presidentes, el Dr. Guy Godlewski, cuyo nombre
aparece en el artículo.
En el prefacio, por el Sr. Marcel Dunan, de los
« Cuadernos de Santa Helena,
Enero 1821-Mayo 1821 » del
general Bertrand, igualmente citado porque señala
« la delgadez de Napoleón »
– el raticida, « demacra » –
podemos leer esto:
« …
El doctor Guy Godlewski… niega la nocividad
del clima y descarta por medio de argumentos obtenidos
del desarrollo de los tejidos grasosos, la idea
de una afección cancerosa…
».
¿No está la cosa como para perderse?
Posteriormente, Souvenir Napoléonien
obliga, ese mismo Dr. Godlewski no dejará
de « disparar con bolas al rojo »
sobre la hipótesis de un posible envenenamiento
de Napoleón. En política, eso es
conocido con la expresión bastante vulgar
de « tornar de casaca ».
Dejo ahora a nuestros
visitantes el cuidado de sacar ellos mismos sus
conclusiones acerca de la pertinencia de la demostración
administrada por este artículo, bien turbio,
hay que decirlo.
Un gran buen punto sin embargo: Jean Tulard, bizarramente
por cierto, no menciona en ninguna parte el último
opus de los Sres. Lentz (bien conocido
él también por nuestros visitantes)
y Macé, cuyo título
no daré, al haberles brindado la prensa
de gran
difusión, escrita, radiofónica
y televisual, con una conmovedora unanimidad,
todo el apoyo que estaban « legítimamente
» fundados a esperar de ella.
NOTAS:
1) Les morts mystérieuses: Napoléon
empoisonné?
2) Secrets d’Histoire.