« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
ALGUNAS OBSERVACIONES A PROPÓSITO DEL LIBRO DE LOS SRES. LENTZ Y MACÉ

Por el Señor

Jean-Claude Damamme
Consejero Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional

El Sr. Jean-Claude Damamme, Miembro de Honor del Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Sr. Damamme
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
A solo un semestre del fallecimiento del Dr. Ben Weider, gran promotor de la denominada teoría del envenenamiento de Napoleón, hoy en día una realidad científica plenamente demostrada, confirmada y avalada por científicos e historiadores insignes internacionalmente, dos tradicionales detractores personales del Dr. Weider publican un nuevo libro, La muerte de Napoleón, mitos, leyendas y misterios *. En palabras de uno de los autores, la tesis del envenenamiento sería un artificio para « hacer hablar de » satisfaciendo a « un lectorado apasionado de revelaciones », explicando que « es porque rechazamos que una tan útil y noble materia como la historia sea tomada como rehén por los manipuladores de opinión que redactamos el libro (…) Cualquier historiador apegado a su oficio o a su pasión, si observa los argumentos de unos y otros, y luego se documenta seriamente, no puede creer ni una palabra de todo lo que se ha escrito sobre el “envenenamiento” de Napoleón. Nuestro libro, en segundo grado, es un libro por la historia y el oficio de historiador, por el método contra la íntima convicción, por la óptica historiadora contra la historia-espectáculo ».
A continuación, dos reacciones del Sr. Damamme en respuesta a la promoción de este libro por los diarios franceses L’Express y Le Figaro.

 

Comentario para el diario L’Express

Represento en Francia a la Sociedad Napoleónica Internacional de Montreal, fundada y presidida hasta su fallecimiento en octubre pasado por el quebequense Ben Weider. Es por iniciativa suya que los más grandes especialistas reconocidos en toxicología efectuaron análisis en los cabellos de Napoleón. Preciso: análisis científicamente serios y honestos, y no, como fue el caso múltiples veces en el pasado, estudios inventados destinados a hacer valer una argumentación falaz.

Conozco bien las tesis de estos señores y su argumentación a menudo en los confines de la estupidez (¡según uno de ellos, el arsénico se habría deslizado en los cabellos de Napoleón por… capilaridad a través del agua de la bañera!), y tan torpes como de mala fe.
Preciso a cualquiera que no conozca la tesis que los científicos del laboratorio de Illkirch, así como los de la universidad del gran ducado de Luxemburgo, mostraron sin ninguna ambigüedad que el corazón de los cabellos de Napoleón está impregnado de arsénico mineral (es decir raticida), y que la presencia de éste tóxico en ese lugar no tiene más que una causa, y solo una: el paso por la vía digestiva.
Basta ir al sitio del INMF para hacerse una idea más precisa (y más honesta, lo cual no es difícil) de la cuestión. No es porque el presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional falleció que ya no queda nadie para fustigar las inepcias que este libro se esforzará de propagar.

La manera de proceder de estos señores no brilla ni por su valor ni por su elegancia.

* La mort de Napoléon, mythes, légendes et mystères, ediciones Perrin.
** A propósito de la intervención del Sr. Thierry Lentz.

El Doctor Pascal Kintz
Instituto Napoleónico México-Francia
El General Franceschi

Suscribo enteramente a la puesta a punto de Jean-Claude Damamme. Los contestatarios de la tesis de envenenamiento de Napoleón en Santa Helena continúan vaticinando a pesar de la prueba científica indiscutible aportada por el magistral peritaje toxicológico del doctor Pascal Kintz, presidente de la Asociación Internacional de Toxicólogos de Medicina Legal.
Ante el tribunal de la Historia como frente a cualquier otro tribunal, no existe más que una sola manera de refutar un peritaje legal, es la de oponerle un contra-peritaje legal.
¡Seguimos esperando!
General Michel Franceschi,
Ex-consejero personal de Ben Weider.

Instituto Napoleónico México-Francia

Reacción dirigida al Diario Le Figaro

Ya me he expresado en otra parte para decir lo que pensaba del último libro de los Sres. Lentz y Macé en torno a este tema. Cuando el autor del artículo* evoca su « rigor de historiadores » para desmontar esta tesis del envenenamiento, no puede sino hacernos reír.

En efecto, conozco perfectamente el expediente científico por haberme ocupado de él durante muchos meses a cuenta de la Sociedad Napoleónica Internacional de Montreal, y pude muy menudo apreciar el « rigor » de los historiadores evocados más arriba, con sus teorías de «geometría variable». No entraré en los detalles, prefiriendo referir a los lectores del Figaro a esta dirección: http://www.societenapoleonienne.com/french/empoisonne.htm (rúbrica «Envenenado»; visita muy instructiva).**

Cuando, además, se sepa que uno de los dos autores afirmó un día que el arsénico mineral (raticida) presente en los cabellos de Napoleón tenía su origen en el agua de la bañera, y que se habría introducido en los cabellos por capilaridad, un solo adjetivo, que tomo prestado al crítico de otro diario igualmente ditirámbico, me viene: chiflado.
Y cuando se lee, en el libro, que las « líneas de Mees », efectivamente características de una intoxicación arsenical, no fueron observadas durante la autopsia del desdichado Napoleón, uno no puede más que interrogarse sobre este rigor de historiadores evocado en el artículo, pues las líneas de Mees (del nombre del « investigador-hallador » holandés) fueron descubiertas, salvo error de mi parte, a fines del siglo XIX. ¡En Santa Helena, los médicos encargados de la autopsia tenían que haber trabajado con el ojo puesto en la bola de cristal o en el poso del café! Hay otros ejemplos.

Es de lamentar que los autores de este tipo de artículos escriban sin conocer nada del conjunto del expediente científico, contentándose con no escuchar más que un solo parecer, repercutido con una hermosa unanimidad por numerosos medios. Es sin duda el objetivo buscado.

El Sr. de Chabalier escribe que se encontró arsénico en cabellos cortados diez años antes del fallecimiento del Emperador: no precisa de qué arsénico se trata. Olvida también precisar – pero tal vez lo ignora, que no fue hasta 2003 cuando la universidad del gran ducado de Luxemburgo pudo, por vez primera, «visitar» el interior de los cabellos de Napoleón.
Antes de este análisis que determinó sin ambigüedad alguna que el veneno se encontraba en su centro mismo, se pueden hallar efectivamente huellas de arsénico sobre cabellos cortados diez años antes del fallecimiento de Napoleón, incluso en los del pequeño Bonaparte.

Este artículo me enseñó sin embargo que la presencia de arsénico mineral podía explicarse por el licor de Fowler, presentado como un «reconstituyente». Por ende debía ser a base de raticida, dado que es éste el tóxico que fue develado en los cabellos de Napoléon. Extraño reconstituyente.

Distribución 75As en los cabellos de Napoleón
Arsénico raticida (95%) en el núcleo del cabello de Napoleón
Estos dos documentos que fueron obtenidos por imaginería Nano-SIMS (en la Universidad del gran ducado de Luxemburgo) permiten distinguir perfectamente que la parte central (o médula, es decir el corazón del cabello), está impregnada de arsénico. El punto importante e indiscutible es que estas imágenes ponen de una vez por todas un término a la hipótesis de la contaminación externa por productos de conservación. El tóxico, –raticida, como lo probó el Dr. Kintz en 2005 –, no pudo llegar así al corazón de los cabellos más que de una y única forma, transmitido « obligatoriamente » (dixit el Dr. Kintz) por el flujo sanguíneo, es decir absorbido por vía oral.

Es verdad que los autores precitados nos han acostumbrado a otras contorsiones histórico-científicas.

Noto que parece que se esperó el fallecimiento del presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional, Ben Weider, quien financió las investigaciones y los análisis, para publicar oportunamente este libro y lanzar una ofensiva de gran envergadura.

La maniobra no comportaba riesgo. Ni elegancia tampoco, pero esto no es una novedad.

Una última precisión: aquellos a quienes los Sres. Lentz y Macé apodan los « envenenistas »*** no pretenden que, el 5 de mayo de 1821, Napoleón murió directamente por el hecho del veneno, pero han demostrado que, durante todo el tiempo de su deportación en Santa Helena, fue víctima de lo que los científicos llaman « intoxicación crónica »; en términos vulgares, envenenamiento.

Como firmo con mi nombre, es decir sin ocultarme detrás de un pseudónimo, espero que « Le Figaro.fr » tendrá la amabilidad de pasar esta reacción sin cortarla.****

* Napoléon, un empoisonement tiré par les cheveux (« Napoleón, un envenenamiento jalado de los pelos») de Blaise de Chabalier. Le Figaro del 7 de mayo del 2009.
** Este expediente puede ser consultado en su integralidad en nuestra sección « Envenenamiento de Napoleón »
*** « Empoisonistes »
**** Esta reacción no ha sido publicada al día de hoy.

Ver también al respecto: Noticias de los « mejores enemigos» de la tesis del envenenamiento de Napoleón, por Jean-Claude Damamme.