Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
¡Apoye al INMF!  - Soutenez l'INMF!
« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
5 de mayo de 2011
HONOR A POLONIA
Soldados de la Guarnición de Varsovia rinden los honores a Napoleón
Fotografía de la embajada de Francia en Varsovia.

Por el Señor

Jean-Claude Damamme
Consejero Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional

El Sr. Jean-Claude Damamme, Miembro de Honor del Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Sr. Damamme
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.
Ben Weider (1923-2008)
Dedico este artículo a la memoria de mi siempre añorado amigo Ben Weider, cuya familia es polaca de origen.

En lo que concierne a Napoleón y al Primer Imperio, Polonia no es Francia, como este artículo tratará de demostrarlo.

En Francia, como cada quien (de buena fe) lo sabe, es de buen tono, e incluso fuertemente recomendado, escupir sobre Napoleón, siendo el miserable libro del Sr. Claude Ribbe, cuyo título no doy por cuidado de no hacerle publicidad a semejante ignominia, una de las manifestaciones más evidentes de esta inclinación sórdida. Imperativos comerciales y deseo de sana (!) mediatización obligan.

Como resultado de la publicación de lo que hay que llamar por su verdadero nombre: un librucho, el gobierno francés de la época (2005) se había escapado a toda prisa para, sobre todo, sobre todo no conmemorar el bicentenario de la victoria de Austerlitz. Importantes « negocios » lo llamaban en otra parte.

¡Imagínense!

Conmemorar una « matanza » – fue la palabra de un lector del diario Le Monde – del Corso maléfico, ¡qué infamia!

¡Y qué importa lo que le debemos a Napoleón y Europa junto con nosotros!

¡Qué importa si las famosas guerras, solapadamente rebautizadas « napoleónicas », no fueron más que guerras de coalición impuestas a Francia!

Qué importa que esos conflictos mortíferos que enlutaron a Europa durante más de diez años hayan sido financiados por Inglaterra para derribar a la Francia de aquel tiempo, una Francia que el Primer Cónsul Bonaparte había sacado de sus estragos postrevolucionarios, y que el Emperador Napoleón I había vuelto a colocar en la primera fila de las naciones.

Para el gobierno inglés de la época, era inadmisible. Insoportable.

Entonces era preciso que todo se pusiera en obra para hacer cesar el escándalo.

Primero fueron las tentativas de asesinato financiadas por Londres y ejecutadas por los realistas franceses – el atentado de la calle Saint-Nicaise el 24 de diciembre de 1800 con su veintena de muertos y su cincuentena de heridos, mutilados en su mayoría, hace por cierto de ellos los precursores de nuestros abyectos ponedores de bombas de hoy – luego, al ser un soberano más difícil de suprimir que un « simple » Primer Cónsul, nuestros vecinos del otro lado de la Mancha se pusieron a financiar a las monarquías europeas: rusa, prusiana, austriaca, etc., con su artillería pesada de libras-oro para desencadenar una guerra tras guerra.

La « matanza » de Austerlitz, cara al lector del Monde, es el primer resultado, calamitoso para los interesados, de esta voluntad de destrucción del Imperio.

Por ende, los soberanos europeos de aquel tiempo se hicieron simples – ¿viles? – mercenarios de la Corona británica.

Pero eso, en Francia, nos tiene sin cuidado.

Consecuencia de un « lavado de cerebro » activo, eficazmente relevado por los medios de comunicación, sólo se toman en cuenta las invectivas y los insultos proferidos contra un muy gran hombre, y la negación de una obra civil – subrayo civil – que no es igual a ninguna otra.

En Polonia, la visión es bastante diferente, y debemos saludar calurosamente a los polacos por haber « osado » erigir una estatua en honor de aquel quien hizo mucho por su país, y, para empezar, aún si el vocablo parece absurdo en nuestros días, devolviéndole un orgullo nacional, maltrecho por sus destaces sucesivos, obra siniestra de todos aquellos buenos soberanos: ruso, austriaco y prusiano, que se apropiaron los mejores pedazos de ella.

Para instalar esta estatua de una altura de 4,50 metros y colocada sobre un zoclo de granito claro, los polacos no eligieron cualquier lugar en su capital, sino la Plaza de los Insurgentes de Varsovia, un lugar y un nombre altamente simbólicos cuando uno sabe lo que fue la insurrección de Varsovia contra el ocupante Nazi.

La ceremonia organizada por la Sociedad de Ayuda Mutua de los Miembros de la Legión de Honor – sección polaca, que lanzó y financió la reconstrucción de la estatua, tuvo lugar en presencia del embajador de Francia en Polonia, el Sr. François Barry Delongchamps, del presidente de la Sociedad de Ayuda Mutua de la Legión de Honor (sección polaca), del Sr. Jean Caillot, del Consejero estratégico del Presidente de la República de Polonia, el Sr. Tadeusz Mazowiecki, del vice-mariscal de la Dieta, el Sr. Marek Kuchcinski, del vice-mariscal del Senado Marek Ziólkowski así como del director interino de la oficina de arquitectura y de acondicionamiento urbano del Ayuntamiento de Varsovia, el Sr. Marek Mikos.

La estatua se halla hoy en el sitio mismo donde había sido erigido, el 5 de mayo de 1921, un primer monumento, conservado hoy, en el Museo del Ejército polaco, y que estaba destinado a conmemorar el centenario del fallecimiento del Emperador.

Entonces sí, debemos saludarlos, a esos polacos, y agradecerles igual de calurosamente por este gesto tanto más emotivo cuanto que la inauguración tuvo lugar el cinco de mayo de este año, es decir el día del aniversario del deceso del Emperador hace 190 años sobre el pedrusco pelado de Santa Helena, vergüenza jamás lavada del gobierno inglés.

Un último comentario: hasta el final de la Segunda Guerra mundial, esta plaza tenía otro nombre: Napoleón.

¿Y nosotros, aquí, en París?

En lo que concierne al Primer Imperio y su jefe, Polonia, decididamente, no es Francia, y lo más lastimoso es que este ejemplo honorable llegado del extranjero no cambia en nada nuestro comportamiento.

Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.