Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Francia.
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Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
Diario Corse Matin del 25 de mayo de 2009
DEMASIADAS MENTIRAS HAN EMPAÑADO LA IMAGEN DE NAPOLEÓN
Entrevista al señor Jean-Claude Damamme
Consejero Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante oficial en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional
« El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas »
Napoleón I.

El escritor Jean-Claude Damamme acaba de publicar con casa Plon una magnífica obra sobre la campaña de Rusia, intitulada « Las Águilas en invierno (Rusia 1812) » (1), oportunidad para evocar con este especialista de la cuestión – le debemos ya varios libros de referencia sobre el periodo del primer Imperio – la personalidad controvertida (incluso en Córcega) de Napoleón.


CORSE MATIN: Usted es el representante en Europa de la Sociedad Napoleónica Internacional de Montreal (SNI). Recuérdenos cuáles son sus objetivos. ¿En qué es diferente de las demás asociaciones como la Fundación Napoleón?

El Señor Jean-Claude Damamme

JEAN-CLAUDE DAMAMME: La SNI fue fundada por Ben Weider, un rico hombre de negocios canadiense, gran admirador de Napoleón. Justo antes de su fallecimiento en octubre pasado, donó al Museo de Bellas Artes de Montreal su magnífica colección napoleónica, en la que figuraba uno de los sombreros portados por Napoleón durante el transcurso justamente de la campaña de Rusia. El objetivo de la SNI es defender activamente la memoria de Napoleón cada vez que es atacada, y presentar al verdadero personaje, y no esa caricatura de tirano sanguinario que se dan gusto difundiendo algunos individuos, preocupados por adquirir una pequeña notoriedad desacreditando al hombre más célebre de la Historia de Francia.

CM: Usted sigue apoyando la tesis del envenenamiento de Napoleón que, sin embargo, parece más que nunca combatida por algunos historiadores. ¿Qué le inspira eso?

JCD: Ben Weider me hizo interesarme en esta tesis, y enseguida me convenció de la realidad de un envenenamiento de Napoleón. Aunque esta reposa sobre datos científicos indiscutibles, esta tesis siempre ha sido combatida por ciertos historiadores napoleónicos franceses, sin elegancia, pero con un aplomo, una deshonestidad y una mala fe que dejan estupefacto. Los más grandes científicos de renombre internacional – que no estaban en el origen de asunto – probaron que el corazón de los cabellos de Napoleón está impregnado de raticida, lo cual significa que el tóxico fue « empujado » por el flujo sanguíneo, por consiguiente absorbido por vía digestiva. Y no pienso que el Emperador, por muy poco gastrónomo que fuese, espolvoreara sus alimentos con este dulzor. Esto es un hecho indiscutible y lo demás no es más que una manipulación pura y simple, destinada a enmascarar una realidad que molesta. ¿A quién? ¿Por qué? Un libro recientemente publicado sobre el tema por la pluma de dos adversarios « emblemáticos » de la tesis participa activamente en esta manipulación-desinformación. Todo lo que he escrito acerca de este tema – y ciertas informaciones son edificantes – se encuentra en el sitio de la SNI, en la rúbrica « envenenamiento » de la versión francesa del sitio. (2)

CM: En sus obras precedentes, le tuerce usted el pescuezo a ciertas mentiras referentes a Napoleón, muy difundidas en la opinión general. ¿Combate usted otras en su último libro, y cuáles son?

JCD: El problema con las mentiras, es que uno puede, como usted dice tan bien, torcerles el pescuezo – y uno se hace ver mal – resucitan sin fin. En este libro, quise sin embargo combatir algunas particularmente tenaces. En primer lugar, Napoleón no fue a Rusia para conquistarla sino para hacer que el zar Alejandro volviera a respetar su firma, rubricada al pie del tratado de Tilsit en julio de 1807: vencido dos veces (en Austerlitz y en Friedland como consecuencia de guerras financiadas, como todas las demás, por Inglaterra) se había comprometido a apoyar a Napoleón en su lucha contra, justamente, Inglaterra, adhiriendo al bloqueo continental. En efecto, destruida su marina en Trafalgar por la Royal Navy, Napoleón no tenía otro medio que asfixiar económicamente al país que, desde la Revolución, financiaba – y continuará financiando durante todo el Consulado y el Imperio – las coaliciones contra Francia. Muestro por otro lado que la Gran Armada nunca fue vencida por los rusos y que la Beresina no fue, contrariamente a la fórmula popular bien conocida, un fracaso, sino un logro estratégico reconocido y saludado por los mismos memorialistas rusos. En cuanto a Moscú, no fue Napoleón, como se le ha acusado sistemáticamente de haberlo hecho, quien lo incendió, sino su gobernador, el conde Rostopchin.
Escena de la retirada de rusia

CM: A través de las largas investigaciones que usted ha efectuado, ¿cuáles son las grandes enseñanzas que saca de esta campaña de Rusia?

JCD: Esencialmente, una muy grande lección de supervivencia que me condujo a interrogarme: ¿En las mismas circunstancias, habría yo sido mejor, más humano, más valiente que algunos de ellos? ¡Por otra parte, no veo, desde entonces, un pedazo de pan duro con los mismos ojos que antes!

CM: Debe ser desgarrador para un admirador de la Gran Armada como usted revivir – a través de las investigaciones que efectuó – su terrible calvario…

JCD: Revivir es precisamente la palabra justa. En este libro, quise presentar a los lectores un cuadro fiel y realista de esta tragedia, sin ahorrarles nada. Luego no abordé este tema bajo el ángulo de una campaña militar, sino bajo el de una aventura humana extraordinaria que reconstituyo como un gran reportaje. Imagine: unos 400 000 hombres dirigiéndose a pie hacia Moscú. Es decir más o menos 2500 kilómetros para los que partían de Francia; más de 4000 para quienes subían de España o de Portugal antes de regresar, muriendo de frío y de hambre, ¡con temperaturas que rozaban los menos treinta! Quería que cada lector comparta lo « vivido » de aquellos hombres, sus angustias, su desesperación, pero también admire su valor y se conmueva de sus sufrimientos en una aventura sin equivalente en aquel tiempo, y sin duda en todos los tiempos. No obstante es innegable que hubo, de parte del Emperador, graves errores de interpretación, de los cuales el más grave es sin duda el haberse quedado demasiado tiempo en Moscú, con la esperanza de que Alejandro se acordara de su « amistad » de Tilsit. Sabemos lo que quiere decir esta palabra en política, y una amistad nacida del deseo del vencido de cuidarse de una tercera derrota vergonzosa evoca un castillo fortificado edificado en arena.

CM: ¿Cuál es su visión personal del personaje Napoleón?

JCD: No tengo ninguna vacilación en decirlo: admiro a Napoleón y respeto su memoria. No es una admiración beata sino argumentada. Napoleón es un gran hombre, a menudo e injustamente desprestigiado por quienes, evidentemente, menos le conocen. Subrayo que Napoleón nunca trató de mandar asesinar a quien sea, contrariamente a otros. No retuvimos de él más que esas famosas « guerras napoleónicas », según la apelación embustera bien conocida (que no son de hecho más que guerras de coalición) cuando fue primero un gran administrador. ¿Quién conoce su obra civil que todos aprovechamos cotidianamente? ¿Quién sabe que, a pesar de las guerras incesantes impuestas por las monarquías absolutistas de Europa, abrió, en quince años solamente, más caminos y cavó más canales que todos los borbones reunidos? Hay otros ejemplos.
De hecho, la historia de Napoleón tal como la conocemos hoy fue escrita en el transcurso del siglo XIX por los ingleses, quienes, para hacer olvidar sus villanías – la política inglesa de aquel tiempo es particularmente sórdida – se encarnizaron, y lo lograron, en atribuirle el papel sucio, y luego, por medio de sus obligados, los realistas franceses, muy felices de haber recuperado su trono. Esta historia trucada todavía está vigente hoy en día.
En conclusión, que los corsos – para quienes tengo mucha simpatía – me permitan decirles: estén orgullosos del hombre que nació en su tierra el 15 de agosto de 1769.

Declaraciones reunidas por Jean-Paul Cappuri.

NOTAS:

1) « Les Aigles en hiver (Russie 1812) ». Sus precedentes obras « Lannes Maréchal d’Empire», ediciones Payot; « Les soldats de la Grande Armée » y « La bataille de Waterloo », ediciones Perrin.
2) Ver el expediente especial en la página del Instituto Napoleónico México-Francia.

Con el mismo autor, ver también en este sitio: Contrariamente a la leyenda, ¡Napoleón fue un hombre de paz!, entrevista con el Sr. Jean-Claude Damamme.

 

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PRESENTACIÓN DE LA OBRA

Título: Les Aigles en hiver (Russie 1812)
Autor: Jean-Claude DAMAMME
Género: Ensayos y Documentos
Temas: Historia
Fecha de aparición: 19 de febrero de 2009
Precio: 25,90 €
Número de páginas: 828
Dimensión: 160 x 240 mm
ISBN: 2-259-20805-3