Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.

El Instituto Napoleónico México-Francia orgullosamente presenta:

CRÓNICAS
DEL CONSULADO Y DEL IMPERIO

Una mirada a la historia verdadera del Emperador Napoleón I, de su obra y de su legado

Alegoría sobre el estado de Francia antes del regreso de Egipto
Pintura de Jean-Pierre Franque, 1810.
 
INTRODUCCIÓN
 
« Los hechos hablan por sí mismos, brillan como el sol (…). ¿De qué podrá atacárseme que un historiador no pueda defenderme? (…). ¿Se me acusará de haber amado demasiado la guerra? ¡Él mostrará que siempre fui atacado! ¿De haber querido la monarquía universal? Él hará ver que ésta no fue sino la obra fortuita de las circunstancias, que fueron mis mismos enemigos quienes me condujeron a ella paso a paso… ».
Napoleón en Santa Helena.

Entre las cuantiosas imágenes concernientes al EMPERADOR NAPOLEÓN, la del conquistador megalómano ebrio de gloria prevalece en el imaginario colectivo. Guerrero infatigable, Napoleón habría sacrificado la paz del mundo a su insaciable ambición personal. Ogro sediento de sangre, habría desangrado a Francia hasta dejarla exánime para alcanzar sus fines.

El simplismo de esta tesis corriente, ante la cual sucumben inclusive mentes sensatas, se explica por la excesiva atención que se presta al hombre fuera de lo común que fue Napoleón, en detrimento de la situación paroxística a la que se vio confrontado en su propia defensa.

Sale uno del marco de la Historia si se descuida el hecho capital de que Napoleón se posicionó como heredero de la Revolución Francesa de 1789, sismo sociológico e ideológico sin precedentes.

La adopción de la Carta de los Derechos del Hombre, la abolición de los privilegios, la substitución del mérito a la heredad, el reemplazo del absolutismo de la monarquía legitimista por el ideal democrático, nos parecen hoy en día valores humanos naturales. En aquella época, pasaban por ideas peligrosamente subversivas en opinión de los defensores del orden establecido. Amenazaban demasiadas situaciones asentadas y comprometían un buen número de intereses particulares. Así pues, aquel quien se había hecho su campeón se convertía por ello en el enemigo público número uno de la Europa monárquica legitimista.

De ello no podía resultar más que el abrasamiento del continente, del mundo inclusive. Pero nos es forzoso admitir que Napoleón es menos responsable de ello que nadie, por poco que un mínimo de rigor intelectual presida el examen de los hechos, y tomando dos precauciones: no confundir las causas y los efectos de los eventos, y tener cuidado de no observarlos con la lente deformante del día de hoy.

A este ejercicio simple, y sin embargo temible, es al que vamos a proceder.

----------------La primera parte de nuestras Crónicas del Consulado y del Imperio presentará la situación belígera irreductible ante la cual se halla inexorablemente confrontado el Primer Cónsul a su advenimiento, y de la cual no podrá nunca librarse en adelante.

----------------La segunda hará resaltar el carácter esencialmente pacífico de la política general de Napoleón, fundamentada en su principio intangible de evitación de los conflictos.

----------------Finalmente, validando las dos primeras, la tercera parte demostrará que la guerra, que él no declaró jamás, fue una constante intrusa en la Historia del Emperador.

Estatua del Emperador Napoleón I
Expuesta en el Patio de Honor de los Inválidos, fue creada para coronar la Columna de Austerlitz, hoy Vendôme, por Jean-Marie Seurre en 1831.
Centraremos nuestros argumentos en el periodo del Consulado y del Imperio tras la accesión de Napoleón a la plenitud de las responsabilidades.
El rico periodo precedente del General Bonaparte será objeto tan solo de recuerdos de ocasión.

 

Instituto Napoleónico México-Francia, INMF.