El Instituto Napoleónico México-Francia
orgullosamante presenta las:
CRÓNICAS
DEL CONSULADO Y DEL IMPERIO |
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Una mirada a la historia verdadera
del Emperador Napoleón I, de su obra y de su legado
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«
Mi verdadera gloria
no es haber ganado cuarenta batallas;
Waterloo borrará el recuerdo
de tantas victorias. Lo que nada borrará,
lo que vivirá eternamente,
es mi Código Civil
». |
Napoleón
I. |
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por
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Eduardo
Garzón-Sobrado
Presidente-fundador del
Instituto Napoleónico México-Francia |
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«
Todo hombre que dirige, que hace algo,
tiene contra él
a quienes quisieran hacer lo mismo,
a quienes hacen precisamente lo contrario,
y sobre todo al gran ejército de
gente mucho más severa,
la que no hace nada ». |
Napoleón
I. |
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Cuando
en 2003 surge la idea de la creación de un Instituto
Napoleónico en México, fundado con el propósito
de llevar por primera vez a todos los rincones del mundo hispánico
el recuerdo y la gloria del EMPERADOR
NAPOLEÓN I
por un lado, pero ante todo de esparcir en esta inmensa masa
de territorios y de pueblos la historia verdadera de este
gran monarca, despojada del no menos descomunal acopio de
mentiras, ultrajes y calumnias infames que turban la imagen
de su vida incomparable y de su prodigioso legado, estábamos
conscientes de que nos enfrentaríamos a una tarea sembrada
de dificultades diversas.
Sabíamos que nuestra
labor sería de un alto grado de dificultad primeramente
en virtud de los aspectos técnicos e infraestructurales
inherentes a semejante empresa; enseguida, por ser ésta
una obra de muy largo aliento, teniendo en consideración
que nuestro principal vector de difusión tenía
que ser obligadamente la promoción – por añadidura
gratuita, en virtud de nuestros principios – a través
de un medio escrito dirigido a poblaciones como la nuestra,
que sufren de un alto nivel de analfabetismo y de una mengua
todavía más grave: la falta del hábito,
prácticamente inexistente, de la lectura.
Para dar un ejemplo claro, hablando concretamente de nuestro
país, México, nos referimos a una nación
generalmente presentada como líder continental,
en la cual sin embargo el habitante promedio a penas lee la
sorprendente cantidad de 0,6 libros por año, siendo
consideradas en esta categoría, por increíble
que parezca, las revistas de promoción televisual,
moda y servicios, y las historietas cómicas.
Por otro lado, estábamos confrontados a una limitante
inexorable: la necesidad imperiosa de comunicar a través
del Internet en un continente hispánico en el cual
el número de usuarios de este sistema es, hoy en día,
todavía muy restringido, accesible por desgracia a
capas sociales relativamente altas, y por ende exiguas.
Enfangados en este contexto
consternante, aunque como quiera que fuere de antemano conocido,
pronto surgiría un nuevo escollo, éste inesperado
y bastante sorpresivo tanto en lo que se refiere a su fuerza
como a la diversidad de su expresión: la vivaz virulencia
con la que el proyecto del INMF fue casi inmediatamente atacado
por entidades diversas, la mayoría de ellas, por extraño
que parezca, pertenecientes al medio de los estudios históricos
específicamente mexicanos.
En efecto, muy pronto descubrimos, ya no en forma teórica
sino sobre el terreno mismo, las implicaciones y consecuencias
que conlleva el hecho de ir a contracorriente de la opinión
establecida, de refutar las ideas preconcebidas, y, lo que
es manifiestamente peor, de osar contestar los principios
mismos que fundamentan – hay que decirlo – un
próspero fondo de comercio para múltiples autores,
historiadores y polemistas diversos, organismos académicos
e instituciones editoriales, que tienen todos a la mano en
Napoleón a la figura expiatoria perfecta para cristalizar
sus anhelos mercantiles más voraces. Es que, aunque
esto nunca se confiese abiertamente, con el único fin
de vender papel de manera rápida y eficaz, de paso
colgándose la etiqueta (de pura fachada) de pensador
lúcido y desbordante de erudición y
de humanismo, no hay nada tan sencillo en nuestra
época como recuperar y repetir estereotipos de segunda
mano, mismos que todos conocen y que nadie recusa, ni, para
ello, tan cómodo como abalanzarse sobre la cabeza de
turco de ocasión, máxime cuando no hay una sola
voz que se eleve para frenar el ímpetu de semejantes
arrebatos carroñeros. Es bien sabido que « donde
yace el muerto se juntan las águilas», y por
desgracia este adagio es tan atinado en la foresta y la sabana,
como en muchas de nuestras más sofisticadas academias
e instancias culturales.
En dos palabras, al abrir nuestro « frente de batalla
de defensa napoleónica » en América Latina,
tuvimos la ocasión de conocer desde dentro lo que el
Dr. Ben Weider, Presidente de la Sociedad Napoleónica
Internacional, ha llamado tan acertadamente « la
interminable octava
coalición fomentada
por [los] incorregibles detractores »
del Emperador.
Concluyamos estas consideraciones
observando que las embestidas de los cicerones y panfletarios
amargados del tipo arriba evocado (que sin duda se reconocerán
en estas líneas), lejos de desanimarnos nos proporcionaron
al contrario la prueba de que nuestros esfuerzos iban por
el buen camino y ganando terreno, una realidad que se pronto
vería confirmada por el número cada vez mayor
de altas personalidades que a lo largo y ancho del mundo fueron
incorporándose a nuestro proyecto, deseosos de verlo
fortalecerse y prosperar en el mundo hispánico. Estas
notabilidades, provenientes de muy diversos países
y organismos culturales y académicos, están
todos conscientes de que, parafraseando al ilustre historiador
francés Jean-Claude Damamme, la historia napoleónica,
tal como es contada y, peor aún, enseñada, no
es más que una monstruosa estafa mantenida y perpetuada
por la inercia y en muchos casos la complicidad malintencionada
de ciertos especialistas – o supuestos tales.
Paradójicamente, y de manera extrañamente acrecentada
en años recientes, estos expertos, que causan
estragos particularmente en la Francia misma, desconocen,
o fingen ignorar, que cuando el Emperador no estaba arriesgando
su vida en los campos de batalla, exponiéndose constantemente,
durante más de veinte años, a mil peligros mortales
para defender a Francia de los asaltos
extranjeros, pasaba todo su tiempo en su gabinete
del palacio de las Tullerías, laborando hasta 140 horas
a la semana para que ellos puedan trabajar hoy sólo
35.
En realidad, la obra de estos individuos, que difícilmente
merecen ser llamados franceses, no es otra cosa que la promoción
y el sustento de la seudo historia falaz, mil veces recalentada
y vuelta a servir, ruinmente elaborada a partir de 1800 e
impuesta sin ambages desde 1815 por el
gabinete de Inglaterra, enemigos mortales de Francia,
jefes de fila, verdaderos artesanos y dadivosos patrocinadores
de la colosal serie de confabulaciones bélicas urdidas
contra la Francia nueva, contra sus principios, así
como de los torrentes de sangre que, de 1789 a 1815, inundaron
a toda Europa.
Buscando contrarrestar esta
« leyenda negra » napoleónica, falsificada
y tenaz, el Instituto Napoleónico México-Francia
ha consagrado sus esfuerzos a dar a conocer a todo el mundo
hispano la historia y la imagen verdaderas del EMPERADOR
NAPOLEÓN I, de la grandeza
y brillo incomparables de su obra civilizadora y de su legado
histórico. Así es como, fieles a esta tarea
y en continuidad con la misión que nos hemos impuesto,
en el INMF tenemos hoy el gran placer de publicar estas Crónicas
del Consulado y del Imperio, vasta colección
de artículos especializados que relatan, fundamentados
en una profunda base documental tanto moderna como de la época,
la historia fidedigna del EMPERADOR NAPOLEÓN,
a través de una serie extensa de episodios ilustrados,
disponibles de manera permanente en este espacio. Dichos episodios
serán propuestos periódicamente, publicándose
un capítulo inédito cada veinte días.
Basados en lo que la experiencia
nos ha demostrado, sabemos esta empresa no dejará de
incomodar a muchos, y de enfadar a otros tantos. De cualquier
forma, y aún cuando en el INMF estamos muy conscientes
de la gran masa de trabajo que representa semejante proyecto,
estamos convencidos, en virtud del patente interés
suscitado por nuestra labor en los diferentes ámbitos
culturales y muy especialmente por la asiduidad de instituciones
escolares y de enseñanza en general a nuestro portal
Internet, visitantes constantes y en número siempre
ascendente, de que nuestras Crónicas se revelarán
a mediano plazo como un instrumento formidable y sin equivalente
actualmente en el medio de la difusión histórica
napoleónica en el mundo hispánico.
Más allá de eso, en el marco más específico
de nuestros estados latinoamericanos que – como es el
caso de nuestro país en particular – vegetan
postrados sobre el andamio tambaleante y remendado de una
historia igualmente falseada, conformada por « héroes
» de papel; naciones sumidas en la corrupción,
la pobreza, la ignorancia, la cínica indolencia y la
insignificancia, no tenemos la menor duda de que poner al
alcance de la población el ejemplo brillante de la
vida y obra del EMPERADOR NAPOLEÓN
será una empresa que aportará ricos frutos a
la larga, constituyendo un aliciente permanente para que en
especial nuestra juventud descubra y siga las huellas del
fundador de las estructuras cívicas modernas, del gran
hombre cuya obra
incomparable y gloria
imperecedera brillan con fuerza a dos siglos de
distancia, el héroe que consagró su vida a la
construcción de la paz y a la mejora de las condiciones
de vida de los hombres de todos los pueblos y religiones,
y que fuera durante su vida el paradigma encarnado del ideal
de probidad, de magnanimidad, de honor, gloria y grandeza,
hechos realidad.