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A Napoleón debemos sobre todo
dar las gracias, después de a Dios,
por el restablecimiento de la religión
en el gran reino de Francia; Savona y
Fontainebleau no fueron más que
un error del entendimiento y un paso en
falso de la vanidad humana, mientras que
el Concordato fue una obra de redención
humana, digna de un héroe
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Pío
VII al cardenal Consalvi. |
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