Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
EL CÓDIGO DE COMERCIO
El Código de Comercio
Página de guardia de la « edición original y única oficial » de 1807 en una reedición de 1810.

Por

Marie-José Tulard
Directora del servicio de las Colectividades territoriales en el Senado de Francia,
Responsable administrativa de la Delegación de la Oficina del Senado a la Cooperación descentralizada.

Marie-José Tulard
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador de la Francósfera México-Francia.
PRESENTACIÓN
Por el Profesor
Sir Eduardo Garzón-Sobrad
o
De la Academia Nacional de Historia y Geografía (ANHG-UNAM)
Presidente-fundador del INMF.

Cuando sube al poder el 18 de brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799), el joven general Bonaparte, de escasos 30 años de edad, « recoge a Francia con una cucharita », según una famosa expresión del general de Gaulle, quien con esta imagen significa que el país estaba prácticamente reducido a polvo tras diez años de sangrientas guerras revolucionarias y el abominable genocidio en la Vendea. No obstante, apenas instaurado el Consulado e instalado el Consejo de Estado, el genio civilizador inicia su colosal proyecto de reedificación social, moral, institucional y espiritual de Francia, y enseguida, tras su consagración y coronamiento, su vasta e impresionante obra de desarrollo, fortalecimiento y proyección del Imperio francés en pleno y fulgurante ascenso.
Es así como, a pesar de verse sujeto a innumerables presiones políticas internas, a temibles conspiraciones y atentados, hallándose permanentemente inmerso en un estado de asaltos bélicos extranjeros ininterrumpidos orquestados por Inglaterra y perpetrados a través de su interminable oleada de coaliciones, en tan sólo una década, y tras haber apaciguado a la nación y multiplicando al infinito sus ofrecimientos de paz, el joven héroe ya ha sentado los fundamentos institucionales del Estado moderno. Entre ellos, mencionemos a la Banca de Francia (1800), el cuerpo prefectoral (1800), el Concordato (1801), los liceos (1802), la Legión de Honor (1802), el franco germinal (1803), el Código civil (1804), el Tribunal laboral (Conseil des prud’hommes) (1806), la Universidad Imperial (1806), el Código de Comercio (1807), la Corte de las Cuentas (1807), el Código de Instrucción Criminal (1808), las Palmas Académicas (1808), el Código Penal (1810), etc.
En el caso que nos ocupa en este artículo, el Emperador Napoleón promulga, el 15 de septiembre de 1807, el Código de Comercio, nueva fundación que formará parte de este admirable conjunto de « masas de granito » –como él solía llamarlas– y que entrará en aplicación tan sólo unas semanas después, el 1° de enero de 1808.

« El comercio ha abusado de la libertad; necesita ahora que el gobierno vele por él »
Napoleón.

El Código de Comercio de 1807 corona los esfuerzos constantes desplegados a todo lo largo del siglo XVIII para adaptar y poner al día la ordenanza de 1673 o Código mercante, cuyas imperfecciones se habían hecho sentir bastante rápido. « Hecha para un comercio aún en la infancia », según la fórmula de E. Vincens (1), la ordenanza ya había sido objeto de algunas modificaciones legislativas teniendo en cuenta la evolución de ciertas usanzas, pero una revisión general no había dejado de hacerse sentir. Lo atestigua la tentativa del Guardia de los Sellos (2) Hue de Miromesnil, quien, en 1778, nombró una comisión de seis miembros presidida por Huguet de Montaran (tres intendentes y tres diputados del comercio) para redactar un Proyecto de ordenanza relativa al comercio. Acabado a fines de 1782, el proyecto fue transmitido para su dictamen al parlamento de Paris en noviembre de 1783, pero éste último todavía no se había pronunciado cuando estalló la Revolución.

Asignado a su vez a esta obra de revisión, el Código de Comercio no alcanzó más que parcialmente el objetivo de inscribir a ésta en la duración. En efecto, no sale del marco demasiado estrecho del derecho de los mercaderes que por lo demás la ordenanza de 1673 regía incompletamente, y no siempre asegura de manea coherente la síntesis con la jurisprudencia y los usos, contradictorios a veces, que se esfuerza por integrar. Adapta, en revancha, de manera más feliz, en su libro II, la ordenanza de 1681 relativa al derecho marítimo. Pero si el Código de Comercio fracasa en refundir completamente el derecho de los negocios, es sobre todo porque sin tener en cuenta la especificidad de la materia, se sitúa en una perspectiva demasiado estrictamente civilista. « Las leyes del comercio no eran sino leyes de excepción que reciben su complemento del derecho civil, no pueden formar solas un sistema completo sobre casi ninguna de las materias que regulan », asegura Locré en su Espíritu del Código de Comercio (Prólogo, p. XIII) (3). A este respecto, la elaboración del Código de Comercio en dos tiempos enmarcando la redacción del Código civil, vuelve incierta la articulación con éste. Como lo hará ver Vincens algunos años más tarde, « ¿qué podía ser una ley suplementaria o excepcional antes de que la ley fundamental existiera? » (in Exposition raisonnée de la législation commerciale et examen critique du Code de Commerce, t. I, p. XI). (4)

Armand-Thomas Hue, marqués de Miromesnil (1723-1796)
Magistrado, Primer Presidente del Parlamento de Normandía, Consejero del Rey Luis XVI en todos sus Consejos; Guardia de los Sellos de Francia. Grabado de Guillaume-Philippe Benoist (1725-1770) según un retrato por Guillaume Voiriot (1713-1799).

En lo esencial en efecto, el dispositivo es decretado, desde 1803, en el Proyecto de Código de Comercio que servirá enseguida como base a los reajustes sucesivos que preparan la redacción definitiva. La comisión encargada de redactar este proyecto, compuesta por siete miembros (Gorneau, juez en el tribunal de apelación de París; Vignon, presidente del tribunal de comercio; Boursier, antiguo juez de comercio; Legras, jurisconsulto; Vital-Roux, negociante lionés; Coulomb, antiguo magistrado; Mourgues, administrador de los hospicios), es establecida por un decreto de los cónsules del 13 de germinal del año IX (3 de abril de 1801). Le harán falta apenas ocho meses para cumplir con su misión, puesto que el proyecto está en estado de serle presentado al gobierno por Chaptal el 13 de frimario del año X (4 de diciembre de 1801). Esta celeridad ha reforzado en ciertos autores la idea de una filiación entre los trabajos de la comisión Gorneau y el proyecto Miromesnil-Montaran, aunque éste no parezca conocido bajo el Consulado más que en estado de « fragmentos », según los propios términos de Gorneau en el Discurso preliminar al proyecto. Otra versión bastante completa del « proyecto de ordenanza relativa al comercio » redactada por la comisión de Montaran, hallada desde entonces, ha permitido demostrar de forma convincente (cf. H. Lévy-Bruhl, Un projet de Code de Commerce à la veille de la Révolution, le projet Miromesnil, Paris, 1932) (5) la similitud entre ambos proyectos para un buen número de las soluciones seleccionadas. Pero el proyecto Gorneau innova haciendo entrar en su campo al derecho marítimo, al que regía hasta entonces la ordenanza de 1681. En revancha, las ideas de Vital-Roux sobre la necesidad de afirmar la autonomía y la especificidad de las leyes de comercio – desarrolladas en una obra titulada De la influencia del gobierno sobre la prosperidad del comercio (6) y publicada en la misma época – no parecen hallar eco alguno más que en el Discurso preliminar al proyecto. Chaptal, en su reporte, se encarga de volver a dar claramente a la codificación su orientación civilista, recordando que los comisarios « han circunscrito las leyes comerciales a los objetos para los cuales la ley civil les ha parecido insuficiente y a aquellos que por su naturaleza y por las necesidades del comercio exigen disposiciones particulares ».

Al día siguiente de su presentación al gobierno, el proyecto fue comunicado a los Consejos y a los tribunales de comercio, así como a los tribunales de apelación y al Tribunal de casación que fueron invitados a emitir sus observaciones dentro los dos meses. En vista de estas observaciones, se les encomendó a tres de los miembros de la comisión de redacción, Gorneau, Vital-Roux y Legras, remodelar el proyecto. El texto así revisado fue transmitido al Consejo de Estado, sección del Interior, y publicado en 1803 con el título: « Revisión del proyecto de Código de Comercio. » (7)
Fueron necesarias las estrepitosas quiebras de 1806 para que el proyecto fuera vuelto a sacar de los cartones en los que se había hecho olvidar entretanto. El Emperador, conmovido por el escándalo que suscitaron esos asuntos fraudulentos, le ordenó al Consejo poner de inmediato manos a la obra. El prestigio del negocio estaba en lo más bajo, y los intereses de los comerciantes prácticamente no estaban representados en el Consejo de Estado. En la sección del Interior encargada de la discusión del proyecto de Código de comercio, tan sólo Corvetto, antiguo abogado de negocios especialista de las causas comerciales, y Begouën, rico armador del Havre, podían dar testimonio sobre de las preocupaciones del mundo del comercio y, gracias a su experiencia, facilitar la codificación de las usanzas y de la práctica corriente.

La discusión en el Consejo de Estado se entabló el 4 de noviembre de 1806 y se extendió cerca de nueve meses, ocupando unas sesenta y ocho sesiones. El primer libro relativo al comercio en general fue examinado primeramente sobre la representación de Regnault de Saint-Jean-d’Angély, presidente de la sección del Interior. Dio lugar a cinco redacciones sucesivas, tomando en cuenta las observaciones que había formulado oficiosamente el tribunado. Pero se la atención se centró prioritariamente en la ley relativa a las quiebras que « sólo ellas importaban a Napoleón », si hemos de creer a Locré. El examen del libro III que le estaba dedicado no tomó menos de cuatro meses, de febrero a mayo de 1807, estando encargado Ségur junto con su colega Cretet de asegurar su presentación. El interés que les pone, en revancha, el Consejo de Estado al título relativo a la letra de cambio y al libro II sobre el comercio exterior y de la navegación, y Begouën, quien asegura la presentación de estos dos componentes con la colaboración de Corvetto, podrá llevar a cabo su trabajo de rejuvenecimiento de las ordenanzas de Colbert sin arriesgarse demasiado a la objeción de sus colegas. El libro IV, relativo a la jurisdicción comercial, entregado por Beugnot, se refiere al Código de procedimiento civil (8), pero calla sobre la jurisdicción de la magistratura del trabajo.

Michel-Louis-Etienne Regnaud, conde de Saint-Jean d’Angély (1761-1819)
Consejero de Estado, Presidente del Consejo de Estado, procurador general de la Corte Suprema, miembro de la Academia francesa. Óleo (1808) del barón François Gérard (1770-1837).
El Tribunal de Comercio, actual Cámara de Comercio de París, con su característica cúpula octogonal
En tiempos del Emperador Napoleón I, el Tribunal de Comercio tenía su sede en un viejo hotel parisino de la calle Saint-Merry, mismo que no abandonaría hasta 1826. Se instalaría entonces en el primer piso del nuevo palacio de la Bolsa, del lado de la calle Notre-Dame-des-Victoires. No obstante, este local resultó ser insuficiente para cubrir las necesidades tanto de los asuntos cotidianos y transacciones financieras, como de los agentes y del personal de la institución, por lo que se decidió erigir un palacio moderno para el Tribunal de Comercio. Fue así como se eligió el emplazamiento actual, edificándose el inmueble de la presente Cámara por orden de Napoleón III en 1866, siguiendo los planos del arquitecto Antoine-Nicolas Bailly (1810-1892). Detalle histórico y conmemorativo poco conocido, su cúpula reproduce la de una pequeña iglesia del poblado de Desenzano (provincia de Brescia, Italia) que Napoleón III apercibía a lo lejos, más allá del lago de Garda, mientras esperaba los resultados del exitoso ataque que había ordenado contra la torre de Solferino, el 24 de junio de 1859. Fotografía del año 1900.

Alejado de Paris por las campañas de Prusia y de Polonia, Napoleón no pudo participar en la discusión del Código de Comercio pautado por el anuncio de las victorias de Jena, de Auerstaedt, de Eylau y de Friedland. A su regreso a Saint-Cloud, el 27 de julio de 1807, el Emperador se informa del estado de avance de los trabajos, y convocado para el día siguiente, el Consejo de Estado debe volver a abrir, bajo su presidencia, el debate sobre las quiebras, no pareciéndole el dispositivo adoptado lo suficientemente represivo. Pero las intervenciones de Begouën, Cambacérès, Cretet y Treilhard templan su rigor, y el texto del Consejo – « ley severa », dirá Ségur, orador del gobierno, ante el Cuerpo legislativo – es mantenido en su estado. En el transcurso de las otras tres sesiones que preside los días 29 de julio, 1° y 8 de agosto de 1807, Napoleón vuelve igualmente al tema del pagaré, con como consecuencia la sustracción de la disposición que somete estrictamente a todo signatario de pagaré a la detención personal. Se apega finalmente a la reivindicación y manda eliminar del libro primero al libro IV las medidas de forma que figurarán en los artículos 632 y 633. Le manifiesta, en revancha, su confianza a los especialistas por la materia marítima que no evoca. Así revestidos con el imprimatur imperial y tras toma en consideración de las observaciones formuladas por el Tribunado – que ejerce por última vez su vigilancia – los diferentes libros del Código de Comercio son presentados por turnos al Cuerpo legislativo para su adopción.

Louis-Philippe, conde de Ségur (1753-1830)
Senador, Consejero de Estado, diplomático, Gran maestre de ceremonias, Gran Águila de la Legión de Honor, Gran oficial civil de la corona, conde del Imperio, miembro de la Academia francesa. Óleo del barón François Gérard (1770-1837).

En el transcurso de esta etapa formal, pretexto para buenos pasajes de elocuencia, se ilustraron en especial Regnault de Saint-Jean-d’Angély, Begouën, Corvetto, Ségur y Maret. La adopción definitiva, y luego la promulgación separada de cada una de las leyes que componen el Código de Comercio, se escalonaron a todo lo largo del mes de septiembre de 1807. Sin embargo, la puesta en ejecución del Código en su totalidad fue fijada para el 1° de enero de 1808, al término de una ley del 15 septiembre de 1807 cuyo artículo 2 abrogaba, à partir del mismo día, todas las antiguas leyes tocantes a las materias comerciales sobre las cuales estatuaba. De hecho esta abrogación era menos general de lo que parecía y no apuntaba en realidad más que a las ordenanzas de 1673 y 1681 así como a las materias sobre la cuales estatuaba el Código. « Para abrazar en su conjunto a la legislación comercial », debía precisar Locré en su Espíritu del Código de Comercio apoyándose en los trabajos del Consejo de Estado, « otro complemento no es menos necesario: es aquel que proveen las disposiciones del antiguo derecho comercial a las cuales el Código ha dejado su fuerza y su autoridad ». Asimismo para las bolsas de comercio, los agentes de cambio y los corredores de comercio.

Aunque uno de los objetos de la codificación haya sido incluir en el derecho escrito lo que regían anteriormente las usanzas, éstas conservaron, debido a las lagunas del Código de Comercio, un amplio lugar en materia comercial. El Consejo de Estado lo admitió implícitamente en un dictamen del 13 de diciembre de 1811, que prescribía a los tribunales de comercio juzgar las cuestiones que se presentaban de acuerdo a los términos del Código de Comercio y, en caso de silencio de su parte, según el derecho común y los usos del comercio. Esto le dio una cierta flexibilidad a la aplicación del Código de Comercio. Sin embargo, este monumento de 648 artículos no tuvo la posteridad esperada. A partir del primer tercio del siglo XIX, substanciales modificaciones debieron serle aportadas (ley de 1838 sobre las quiebras, legislación de 1856, 1863, 1867 sobre las sociedades), en consideración de las condiciones nuevas creadas por la revolución industrial.

NOTAS:
1) Émile Vincens (1764-1850).
2) Ministro de Justicia.
3) Jean-Guillaume de Locré, barón de Roissy (1758-1840): Esprit du Code de Commerce, 1829.
4) Exposición razonada de la legislación comercial y examen crítico del Código de Comercio, 1821.
5) Un proyecto de Código de Comercio la víspera de la Revolución, el proyecto Miromesnil.
6) De l’influence du gouvernement sur la prospérité du commerce, Vital Roux; París, año IX (1801).
7) Révision du projet de Code de commerce, précédée de l’analyse raisonnée des observations du Tribunal de cassation, des tribunaux d’appel et des tribunaux et conseils de commerce, par les citoyens Gorneau, Le Gras et Vital Roux; Paris, Impr. de la République, año XI-1803.
8) Code de procédure civile.

Consultar también el artículo El Código de Comercio de 1807, por Catherine Delplanque.