Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
EL CÓDIGO DE COMERCIO DE 1807 (1)
Foto: cortesía de Albert Martin.
El Comercio y la Industria
Uno de los ocho bajo-relieves de Pierre-Charles Simart que representan, en la cripta del Hotel de Los Inválidos, la obra de Napoléon el Grande.

Por

Catherine Delplanque
Secretaria científica de la Asociación francesa para la historia de la Justicia,
Secretaria general de la asociación del bicentenario del Código de Comercio (1808-2008)

Sra. Catherine Delplanque
Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Prof. Sir Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-fundador de la Francósfera México-Francia.
PRESENTACIÓN
Por el Profesor
Sir Eduardo Garzón-Sobrad
o
De la Academia Nacional de Historia y Geografía (ANHG-UNAM)
Presidente-fundador del INMF.

Cuando sube al poder el 18 de brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799), el joven general Bonaparte, de escasos 30 años de edad, « recoge a Francia con una cucharita », según una famosa expresión del general de Gaulle, quien con esta imagen significa que el país estaba prácticamente reducido a polvo tras diez años de sangrientas guerras revolucionarias y el genocidio en la Vendea. No obstante, apenas instaurado el Consulado e instalado el Consejo de Estado, el genio civilizador inicia su colosal proyecto de reedificación social, moral, institucional y espiritual de Francia, y enseguida, tras su consagración y coronamiento, su vasta e impresionante obra de desarrollo, fortalecimiento y proyección del Imperio francés en pleno y fulgurante ascenso.
Es así como, a pesar de verse sujeto a innumerables presiones políticas internas, a temibles conspiraciones y atentados, hallándose permanentemente inmerso en un estado de asaltos bélicos extranjeros ininterrumpidos orquestados por Inglaterra y perpetrados a través de su interminable oleada de coaliciones, en tan sólo una década el joven héroe ya ha sentado los fundamentos institucionales del Estado moderno. Entre ellos, mencionemos a la Banca de Francia (1800), la Legión de Honor (1802), el franco germinal (1803), el Código civil (1804), el Tribunal laboral (Conseil des prud’hommes) (1806), la Universidad Imperial (1806), el Código de Comercio (1807), la Corte de las Cuentas (1807), el Código de Instrucción Criminal (1808), las Palmas Académicas (1808), el Código Penal (1810), etc.
En el caso que nos ocupa en este artículo, el Emperador Napoleón promulga, el 15 de septiembre de 1807, el Código de Comercio, nueva fundación que formará parte de este admirable conjunto de « masas de granito » –como él solía llamarlas– y que entrará en aplicación tan sólo unas semanas después, el 1° de enero de 1808.

El término « codificación » designa la acción de codificar, poseyendo así un sentido anunciador. Marca también el resultado de esta acción, sugiriendo entonces la concentración de textos jurídicos que ordenan las reglas relativas a una materia determinada en el seno de una obra.
Es a fines del Siglo XVIII cuando aparece la concepción moderna de la codificación, con una voluntad de reformación del derecho. La Codificación deviene entonces la expresión de un Derecho universal. Es en este contexto que fueron elaborados los grandes Códigos Napoleónicos: el Código civil (1804), el Código del proceso civil (1806), el Código penal (1810), el Código de instrucción criminal (1811) y el Código de Comercio (1807) del cual se celebró el segundo centenario de su promulgación en 2007.

 

1. EL GÉNESIS DEL CÓDIGO DE COMERCIO

a. El Siglo XVI.

El Código de Comercio, promulgado en 1807, en el movimiento de las codificaciones napoleónicas, no fue redactado ex nihilo. Desde el Siglo XVI, en efecto, existía en el reino de Francia textos, una práctica, una jurisprudencia en el ámbito del comercio. Un esfuerzo de codificación ya había sido logrado en el ámbito del comercio marítimo: el edicto de 1563 (promulgado por Carlos IX, redactado por Michel de l’Hospital) crea las jurisdicciones consulares en algunas ciudades mercantes. Esas jurisdicciones tenían como finalidad conocer asuntos ordinarios del comercio. A pesar de este avance jurisdiccional, ninguna legislación comercial organizada ve la luz en el Siglo XVI.

Michel de l’Hospital (1505 –1573)
Frontispicio; grabado de la época.
 
El rey Carlos IX de Francia (1550-1574)
Óleo de François Clouet (~ 1510-1572).

b. El Código Michau.

Por medio de la declaración real de Luis XIII el 16 de junio 1627, el Ministro de la Justicia Michel de Marillac prepara una ordenanza que aborda numerosos temas, entre los cuales el Derecho del comercio. Aún si este Código – llamado « Código Michau » con el fin de ridiculizar a su autor Michel de Marillac, caído en desgracia desde 1630 – no fue aplicado más que parcialmente, una voluntad codificadora había sido establecida. Este movimiento anunciaba las grandes ordenanzas del Gran Siglo y la voluntad unificadora de Luis XIV.

c. El Código Savary (Ordenanzas de 1673).

Luis XIV se apoya en Jean-Baptiste Colbert, controlador general de las Finanzas, para refundar las bases jurídicas de la administración del reino de Francia. Así, bajo su influencia y la de sus consejeros, la legislación de la época, muy disparate, se metamorfosea en cinco grandes ordenanzas - procedimiento civil en 1667, procedimiento criminal en 1670, aguas y bosques en 1669, comercio en 1673 y marítimo en 1681 – que constituyeron la base de la legislación hasta la Revolución.

Contrariamente a las tentativas precedentes, a través de la Ordenanza de 1673 el comercio es finalmente tratado de manera independiente. Colbert da prioridad al trabajo de de expediente administrativo dirigiéndose a los «jueces y cónsules, comunidades y cuerpos de las buenas ciudades» para solicitar su opinión sobre las materias comerciales. Confió lo esencial del trabajo a Jacques Savary, de ahí el nombre de Código Savary que se le da frecuentemente a la Ordenanza de 1673. La lectura de su preámbulo – «Cómo el comercio es la fuente de la abundancia pública y la riqueza de los particulares» - nos libra el pensamiento de Colbert. El « colbertismo » había nacido, que manifestaba la toma de conciencia de la necesidad de unificar y simplificar la legislación comercial a fin de volver a dar a los negociantes su libertad y su eficacidad.
Este texto esencialmente técnico – y es lo que sin duda alguna es la razón de su longevidad – está dividido en doce títulos.
La ordenanza de 1673 guarda silencio acerca de numerosos aspectos del comercio marítimo que serán retomados en la ordenanza de la Marina de 1681.

Jean-Baptiste Colbert (1619-1693)
Óleo (1677) de Pierre Mignard (1612-1695).

Este primer « Código de comercio » (1673) consagra el comercio como elemento esencial de la vida del reino de Francia y permanece como el texto de referencia sobre el comercio durante todo el final del Antiguo Régimen.
Sin embargo, la revisión de la Ordenanza, cuya utilidad había aparecido muy temprano en los autores de la Doctrina, suscita numerosos proyectos de consultación, especialmente en 1774: el Ministro de la justicia Hue de Miromesnil entabla una amplia investigación en las jurisdicciones consulares y de las cámaras de comercio que, en sus respuestas deseaban « una ley que haciendo la jurisprudencia consular uniforme en el Reino asegure el reposo de los negociantes y de un nuevo impulso al comercio » (2). Terminado en 1782, el proyecto de Miromesnil no se logra. Este proyecto era a la letra una reforma de la ordenanza de 1673. Así, el derecho del comercio permanecía cuidadosamente restringido en los límites del Código Savary. Durante la primera mitad del Siglo XVIII, Pothier ya había teorizado la primacía del Derecho civil: los usos del comercio y las particularidades de la jurisprudencia consular estaban concebidos como excepciones al derecho civil.
Para ciertos autores (3), «El Código de comercio no tuvo pues más que reproducir las disposiciones de la Ordenanza y sus redactores no hicieron un hicieron un gran esfuerzo por modernizarlo». El caso no es exactamente tal, según el Profesor Hilaire: la inspiración del proyecto Miromesnil de 1774 tuvo un importante eco. Es lo que veremos en un segundo tiempo.

 

2. LA PROMULGACIÓN DEL CÓDIGO DE COMERCIO DE 1807

Puesto en estudio desde el 3 de abril de 1801, el texto definitivo fue adoptado en 1807.
Alejado de París para defender a Francia contra los ataques de la cuarta coalición (Inglaterra, Prusia, Rusia), Napoleón está de vuelta en Saint-Cloud el 27 de julio de 1807. Desde el día siguiente 28 de julio, es decir, sin tomar un sólo día de descanso, preside los trabajos de la comisión du Consejo de Estado, encargada de realizar la puesta a punto definitiva del código de comercio. En el transcurso de las otras tres sesiones que él preside los días 29 de julio, 1º y 8 de agosto, acelera el movimiento. La promulgación de las diferentes leyes se efectúa el 15 de septiembre de 1807.

a. La preparación

Si la preparación del Código de comercio fue lenta, el peso de los trabajos de revisión lanzados por el Ministro de Justicia Hue de Miromesnil fue decisivo. Desde los primeros trabajos en 1801, la noción nueva de Derecho comercial aparecía ante el Derecho de comercio del Antiguo Régimen.
La preparación del Código se efectuó en dos fases. La primera es la de la redacción del proyecto. Un primer texto fue establecido y publicado en el año X (1801). Las observaciones de los tribunales acerca de este texto provocaron la revisión del mismo: Observaciones y Proyecto revisado fueron objeto igualmente de una publicación. Los dos proyectos son conocidos bajo el nombre de Gorneau (4), principal redactor. La segunda fase debía comportar el examen del proyecto por el Consejo de Estado que en primera instancia deja dilatar el asunto. La crisis de 1805 había provocado estruendosas quiebras, y Napoleón ordenó acabar con él: el proyecto revisado conoció nuevos arreglos para convertirse en el Código de 1807. Entre esas dos fases había intervenido la promulgación del Código civil de los franceses en 1804.

Armand-Thomas Hue, marqués de Miromesnil
(1723-1796)

b. Los redactores del Código de comercio

La comisión de redacción designada en el año IX había estado compuesta por practicantes. No se reconoció más que un campo limitado partiendo de las dos ordenanzas de 1673 et 1681, siguiendo las instrucciones recibidas. También tenía que tener en cuenta la redacción en curso de un proyecto de Código civil. Así termino bien su propio trabajo en algunos meses, utilizando ampliamente sin duda el proyecto Miromesnil que Gorneau debía conocer bien.
Los miembros de la comisión contaban con el negociante lionés Vital Roux , cuyo libro, publicado en el año IX, había presentado un verdadero tratado de la Codificación en materia comercial: la primera parte esbozaba un derecho público de los negocios; la segunda abordaba directamente la redacción de un código. Recordaba en su oba, a propósito de las transacciones comerciales, que: « la legislación comercial es enteramente diferente a la legislación civil ». De ahí deducía que los tribunales de comercio, al constituir la piedra angular de las leyes comerciales, debían ser independientes de los tribunales civiles. El Código mismo tenía que ser la obra de negociantes, así como el Código civil fue confiado a practicantes del Derecho civil (la Comisión de los cuatro redactores – Portalis, Tronchet, Bigot de Préameneu y Maleville, habían sido en cuanto a los tres primeros abogados y magistrado el último). Ahí reside sin duda el genio de Napoleón: en el hecho de haber confiado cada uno de los códigos a hombres que habían practicado la materia durante las tres décadas precedentes.

El mismo Código de comercio sería la obra de negociantes y no únicamente de teóricos (de ahí la sugestión de confiar su redacción a una sección del Consejo de Estado que comprendiese negociantes); debía ser considerado como la «constitución del comercio que encierra los principio fundamentales»; al igual que el Concordato que era la constitución religiosa y del Código civil que simbolizaba la constitución civil de Francia.
La innovación del Código, en vista de la herencia del «Código Savary», consistía en introducir en él la materia de las «transacciones comerciales», las bolsas y las ferias (y no solamente la reglamentación concerniente a los correos y agentes de comercio), en desarrollar el derecho de la insuficiencia (« suspensiones, quiebras y bancarrotas »), en incluir las leyes criminales sobre el comercio tras la reglamentación de los tribunales de comercio.

El discurso preliminar que presentaba el proyecto del Código de 1807 parece retomar las ideas esenciales de Vital Roux en cuanto a la universalidad y a la especificidad de las leyes de comercio, así como a la necesidad de unidad de la jurisprudencia, en relación al Derecho civil.
El legislador de 1807 consagró pues definitivamente los Tribunales de comercio como instrumentos de aplicación del Derecho comercial. El barón Locré, Secretario general del Consejo de Estado, justifica el carácter de jurisdicciones de excepción de los tribunales de comercio de la manera siguiente: «Hay para el comercio un abrigo necesario sin el cual no podría tomar confianza en sus fuerzas, ni hacerlas concurrir a la fortuna pública; es el de una jurisdicción especial» (5). Estos tribunales forman parte del orden judicial (6) y están gobernados por los principios siguientes: «1° Experiencia de los jueces en las operaciones de comercio; 2° Simplicidad en los debates entre las partes; 3° Proceso expeditivo; 4° Rapidez en la ejecución de los juicios» (7).

El Emperador Napoleón en su estudio, hacia 1807
Óleo de Paul-Hippolyte Delaroche (1797-1859).

La Codificación habrá tenido este doble resultado, de incorporar estrechamente el Derecho comercial al Derecho privado, en tanto que excepción al Derecho civil, y de colocarlo en este conjunto en el mismo plano que los demás elementos de Derecho interno. Así, en lo esencial, los aspectos más contingentes de la Codificación habrán sido determinantes. Sin duda, una concepción diferente, y hasta opuesta, de un Derecho del comercio que comprendiese elementos de Derecho privado como de Derecho público, había incluso sido bastante difundida en aquella época, pero sin reposar sobre un análisis suficientemente profundo y menos aún dar lugar a una construcción verdaderamente elaborada para llegar a un resultado.

 

3. EL ALCANCE DEL CÓDIGO DE COMERCIO

Seguramente, el Código tenía otra amplitud que la Ordenanza y las conquistas napoleónicas, le brindaron una vasta área de aplicación.
Muy rápido, sin embargo, no hallaba más defensores y la idea de revisión avanzaba.
El alcance del Código de comercio de 1807 es muy limitado si tuviéramos que hacer una comparación entre éste y el Código civil de 1804. Hemos asistido, en efecto, durante estos éstos dos siglos a una verdadera «decodificación» del Derecho comercial, habiendo escapado progresivamente lo esencial de la materia al Código de comercio por medio de la Ordenanza del 18 de septiembre de 2000.
El Código de comercio, en efecto, mientras comprendía en el momento de su promulgación por la ley del 15 de septiembre de 1807 seiscientos cuarenta y ocho artículos y reunía el conjunto de las disposiciones aplicables al comercio y al comerciante, se vació más o menos de una gran parte de su substancia para no contar hoy más que ciento cincuenta, aproximadamente.

La cúpula de la actual Cámara de Comercio de París
Al fondo a la izquierda, las torres y la aguja de Nuestra Señora de París, y en el primer plano, el Puente del Cambio, evocado por muchos novelistas como Nicolás Restif de la Bretonne en sus Noches de París, Eugène Sue en Los Misterios de París, y, por supuesto, por Víctor Hugo en su mundialmente popular obra Los Miserables. A la derecha, alcanzamos a ver la Torre del Reloj de la Conserjería.

Esta situación, a la cual la Codificación emprendida pretende poner fin, es el fruto de un proceso antiguo y constante de decodificación del Derecho comercial, del cual secciones enteras fueron, al hilo de los años, suprimidas del Código de comercio. Tal es, por ejemplo, el caso del Derecho de las sociedades al que en un inicio estaba consagrado el título III del libro primero compuesto por los artículos 18 a 46. La reforma de 1867, que vino a completar estas disposiciones, no fue incluida en el Código, pero permaneció en un texto separado, la Ley del 24 de julio de 1867 sobre las sociedades. La ley del 24 de julio de 1966, que tomo su lugar, acabó el proceso, abrogando pura y simplemente el conjunto del título III. Tal es también el caso del libro III, que trataba de las «quiebras y bancarrotas», y desapareció por el efecto de la reforma de 1967. Ésta última abrogó, sin reemplazarlas, las disposiciones que figuraban en ella e inscribió el derecho de quiebra en la ley del 13 de julio de 1967.
Materias nuevas, por otro lado, dieron lugar, no a complementos aportados al Código de origen, sino a legislaciones autónomas. Es así como el régimen jurídico del fondo de comercio fue fijado por las Leyes de 1909 (Ley del 17 de marzo de 1909 relativa a la venta y a la garantía de los fondos de comercio) y de 1935 (Ley del 29 de junio de 1935 relativa a la reglamentación del precio de venta de los fondos de comercio) sin ser jamás codificado. El caso fue el mismo, por ejemplo, con el arrendamiento comercial, objeto desde 1953 de una reglamentación específica (Decreto n° 53-960 del 30 de septiembre de 1953 que regula las relaciones entre arrendadores e inquilinos en lo que concierne la renovación de los arrendamientos de renta de inmuebles o de locales para uso comercial, industrial o artesanal), o del Derecho de la concurrencia, cuya substancia figura en la Ordenanza n° 86-1243 del 1º de diciembre de 1986 relativa a la libertad de los precios de la concurrencia.
De hecho, esta situación había llevado al Gobierno a hacer entrega al Parlamento, en 1993, de un proyecto de Ley que tenía por objeto reunir en un nuevo Código de comercio compuesto por ocho libros el conjunto de la legislación comercial. Votado por el Senado en una primera lectura, este proyecto fue rechazado en 1994 por la Comisión de las leyes de la Asamblea Nacional, sin conocer enseguida ningún otro desarrollo.
Fue sobre la base de este proyecto que fue emprendida la empresa de preparación de la Ordenanza. Ésta retoma del primero el perímetro y la estructura con dos únicas reservas: las disposiciones relativas a los Tribunales de comercio, que eran objeto de un libro VIII, no están en ese estado codificadas, y están destinadas a ser integradas en el Código de la organización judicial, mientras un nuevo libro está consagrado a la aplicación de las disposiciones codificadas a los territorios de ultramar.
El Código anexado a esta Ordenanza se compone de nueve libros consagrados al comercio en general (Libro primero), a las sociedades comerciales y a los agrupamientos de interés económico (Libro II), a ciertas formas de venta y a las cláusulas de exclusividad (Libro III), a los precios y a la concurrencia (Libro IV), a los efectos de de comercio y a las garantías (Libro V), a las dificultades de las empresas (Libro VI), a la organización del comercio (Libro VII), a algunas profesiones reglamentadas (Libro VIII) y a ultramar (Libre IX). Su elaboración fue llevada a cabo conformemente a las reglas habituales de Codificación fijadas por la Comisión superior de Codificación, y a las disposiciones particulares de la ley de habilitación. Así es como, según el método del «derecho constante» prescrita por el artículo primero apartado 2 de este texto, están codificadas las disposiciones en vigor sin aportar a ellas otra modificación que aquellas impuestas por «el respeto de la jerarquía de las normas», «la coherencia de redacción de los textos» o la «armonización del estado del derecho».
Por otra parte, coherencia de redacción de los textos exige aportar algunas veces a las disposiciones codificadas modificaciones de pura forma que no afecten el fondo, y poner al día las numerosas remisiones a leyes o artículos de leyes desde ahora comprendidos en la Codificación.
En fin, la armonización del estado del derecho impone modernizar, y hasta suprimir disposiciones vueltas obsoletas. La Codificación ha revelado así, entre otros ejemplos, que subsistían en nuestra legislación múltiples referencias a los «agentes de cambio», no obstante suprimidos desde 1988 y reemplazados por las «sociedades de bolsa», categoría absorbida ella misma en 1996 en la noción más amplia de los «prestatarios de servicio de inversión». Fue necesario, en estas condiciones, ya sea modernizar esta terminología, o bien abrogar las disposiciones en causa cuando se habían vuelto incompatibles con el nuevo estado del derecho. Este objetivo de armonización lleva, igualmente, a aportar a los diferentes textos penales que figuran en las Leyes codificadas las modificaciones necesarias a su puesta en conformidad con los principios, de alcance general, surgidos del Nuevo código penal (Ley n° 92-683 del 22 de julio de 1992 sobre la reforma de las disposiciones generales del código penal) y de su Ley de adaptación (ley n°92-1336 del 16 de diciembre de 1992 relativa a la entrada en vigor del Nuevo código penal y a la modificación de ciertas disposiciones de derecho penal y de proceso penal vuelta necesaria por esta entrada en vigor).
Así es como fueron aplicadas las técnicas, desde entonces en uso, de redacción de las incriminaciones penales, las cuales se caracterizan por el empleo de la fórmula «El hecho de...» y del presente del indicativo. Por lo demás, el adverbio «sciemment» (8) fue retirado de las incriminaciones en donde figuraba en la medida en que se volvió superabundante desde que el nuevo código penal consagró el principio general según el cual «no hay crimen o delito sin intención de cometerlo» (artículo 121-3 del código penal). En fin, tratándose del monto de las multas, los límites mínimos fueron suprimidos, mientras que las penas inferiores, en materia delictiva, fueron suprimidas, en materia delictiva, a 25.000 Francos, fueron llevadas a dicho monto, por aplicación del artículo 329 de la ley del 16 de diciembre de 1992.
Es en el marco de estos principios que fueron redactados los diferentes libros que conforman hoy el nuevo Código de comercio, adoptado por medio de la Ordenanza n° 2000-912 del 18 de septiembre de 2000, intervenida en aplicación de la Ley del 16 de diciembre de 1999, que habilita al gobierno a codificar por Ordenanza los textos legislativos en vigor con fecha de las Ordenanzas.
El nuevo Código de comercio comporta más de 1800 artículos y está compuesto hoy en día por nueve libros.

NOTAS

1) Para una historia del Código de comercio derecho comercial, ver principalmente el manual de Jean Hilaire, Introduction au droit commercial, Presses Universitaires de France, 1986.
2) «Une loy qui en rendant la jurisprudence consulaire uniforme dans le Royaume assurera le repos des négociants et donnera un nouvel essor au commerce».
3) G. Ripert y R. Roblot, Traité de droit commercial, Paris, L.G.D.J., 13ème éd. 1989, t. 1, p. 79.
4) Philippe Gorneau (1733-1810).
5) J.-G. Locré, Esprit du Code de commerce, Paris, 1807 à 1810, t. 8, p. 5.
6) Art. 630 C.
7) J.-G. Locré, ibid.
8) Sciemment: conscientemente, deliberadamente, a sabiendas.

Consultar también el artículo El Código de Comercio, por Marie-José Tulard.