Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
CIENTÍFICOS VS THIERRY LENTZ

Por el Señor

Jean-Claude Damamme
Consejero Histórico Especial del Instituto Napoleónico México-Francia
Representante en Francia de la Sociedad Napoleónica Internacional

El Sr. Jean-Claude Damamme, Miembro de Honor del Comité Histórico del Instituto Napoleónico México-Francia.
Sr. Damamme
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.
« ... Acabaron por darles a sus elucubraciones pintadas con colores de ciencia un eco tal que el rumor de envenenamiento se ha vuelto una suerte de lugar común ».
Thierry Lentz.

Volvamos al caso del envenenamiento de Napoleón, un asunto en el que se oponen el Sr. Thierry Lentz y científicos de renombre mundial...

Espero muy sinceramente por él que nuestro excelente director de la Fundación Napoleónhe nombrado a Thierry Lentz – no estuviera todavía de vacaciones cuando fue contactado por un periodista del cotidiano económico « Les Échos ». En efecto, en su edición del 29 de julio del año de (des)gracia 2015, el diario plantea esta pregunta insolente: « ¿fue Napoleón envenenado? ». Sigue un artículo firmado por Richard Hiault (1).
El autor cita los nombres (malquistos) del estomatólogo sueco, iniciador de la tesis, Sten Forshufvud, y aquel, peor aún, de Ben Weider, presidente-fundador de la Sociedad Napoleónica Internacional, quien retomó la antorcha, dándole a esta tesis iconoclasta un eco internacional. Pero, al hacerlo, se condenaba a la ira, al desprecio (lo cual le importaba un comino), y a la detestación virulenta de los « Institucionales », como el profesor Tularddel Instituto (nunca olvidarlo) – y de Thierry Lentz, ya nombrado.

El Dr. Sten Forshufvud acompañado por el Dr. Ben Weider

 

OMISIÓN DEL PERIODISTA

Al estar todo artículo de prensa limitado en espacio, y luego incompleto, el periodista no menciona, a título de los científicos, más que los nombres de Roger Martz, director del Departamento de Química-Toxicología del FBI, y del Dr. Pascal Kintz, entonces en puesto en el Instituto de medicina legal-Universidad Louis Pasteur de Estrasburgo.
En revancha, calla los análisis científicos realizados más tarde en la universidad del gran ducado de Luxemburgo (Profesor
Robert Wennig, director del Departamento de Toxicología) y los del laboratorio ChemTox de Illkirch, líder en este campo, en donde oficia ahora Pascal Kintz.

Se siente que, para nuestro director de la Fundación Napoleón, el tema sigue siendo doloroso.

Hay que entenderlo.

Esforzarse con tal esmero desde hace tanto tiempo para arruinar sin escrúpulos ridiculizándola sin vergüenza, y con una mala fe que fuerza al respeto, una tesis que, por razones obscuras, (en fin, no demasiado) pero poderosas, se debe sofocar absolutamente, ¡y hacerse apostrofar por un periodista en pleno mes de julio! ¿A propósito de qué exactamente?

« Ridículo », clama Thierry Lentz [se le siente nervioso], historiador y director de la Fundación Napoleón. El sueco y el canadiense « acabaron por darles a sus elucubraciones pintadas con colores de ciencia un eco tal que el rumor de envenenamiento se ha vuelto una suerte de lugar común […]. Nosotros debemos rechazarlas sin apelación a la luz de los elementos históricos ».

¡Que cesen las trompetas!

¡He aquí soltada la gran palabra: « elucubraciones »! Al límite de lo grosero, como decimos familiarmente hoy en día.

No varía, Thierry Lentz, en sus propósitos, lo cual es reconfortante. Tampoco progresa. Ni en la demostración, ni en la cortesía, incluso elemental. En efecto, con su apelación peyorativa de « elucubraciones », no hace nada más – pero no es nuevo – que dar de Forshufvud y de Weider una imagen de « guiñoles ».

Dr. Pascal Kintz.
« Más del 95% del arsénico dentro de los cabellos de Napoleón, es arsénico mineral »
Dr. Pascal Kintz
Presidente (2005-2007) de la Asociación Internacional de Toxicólogos Forenses, TIAFT.
Conferencia del 2 de junio de 2005, en Illkirch-Graffenstaden.*

 

ANÁLISIS DE LOS CIENTÍFICOS

Entonces, guiñoles también, sin duda, aquellos quienes trabajaron para apuntalar las dichas elucubraciones, es decir científicos de alto nivel, todos renombrados y reconocidos como maestros en su especialidad: el Dr. Pascal Kintz, antiguo presidente de la Asociación Internacional de Toxicólogos de Medicina Forense, y el Prof. Robert Wennig.
Fue éste último, quien, con el apoyo de una máquina de la cual no existían entonces (en 2003) más que 12 ejemplares en el mundo (el Nano-SIMS 50), demostró la presencia del arsénico en el corazón mismo de los cabellos del Emperador. Lo cual implica, subraya Pascal Kintz, « un paso obligatorio por la circulación sanguínea », por consiguiente, por la vía digestiva.

Las imágenes tomadas por la máquina existen. Basta con mirarla enseguida (y visitando los artículos de la rúbrica « El envenenamiento de Napoleón: Expediente especial »):

Pero nuestro amigo no debe conocerlas, estas imágenes; si no, ¿habría declarado, como lo hizo en una emisión del « Figaro TV » (siempre acogedor, « Le Figaro »), ¡que la presencia del tóxico en el corazón de los cabellos imperiales estaba lejos de haber sido demostrada!?

Había que osar hacerlo. Está hecho.

Distribución 75As en los cabellos de Napoleón
Pulsar para leer el  dictamen del Dr. Kintz.
Arsénico « mata-ratas » en el núcleo del cabello de Napoleón
Estos dos documentos que fueron obtenidos en 2003 por imaginería Nano-SIMS (en la Universidad del gran ducado de Luxemburgo) permiten distinguir claramente que la parte central (o médula, es decir el corazón del cabello), está impregnada de arsénico, identificado en 2005 como perteneciente al tipo mineral, el más tóxico. El punto importante e indiscutible es que estas imágenes pusieron de una vez por todas un término a la hipótesis de la contaminación externa por productos de conservación. Como lo demostraron el Profesor Rober Wenning y el Dr. Pascal Kintz en sus análisis, el tóxico, – raticida , por lo demás administrado en fases prolongadas, no pudo llegar al núcleo de los cabellos más que de una y única forma: « impulsado obligatoriamente », en palabras del Dr. Kintz, por el flujo sanguíneo, es decir absorbido previamente por vía oral. ¿Acaso habría el Emperador deportado en Santa Helena, sazonado sus platos y bebidas con veneno mata-ratas? Sorprendente condimento.

 

ANÁLISIS DEL SR. LENTZ

Asimismo, en « Les Échos », Thierry Lentz propone otra explicación:

« “Los cabellos eran conservados – pues servían a menudo como presentes – gracias a productos a base de arsénico, lo cual explicaría la presencia de éste último en los cabellos del Emperador cortados en 1805 y 1812, pero también en los de su madre, de sus hermanas y de su hijo”, concluye ».

¿¡Puede imaginarse un comentario más grotesco!? El arsénico pasando dentro los cabellos por, de alguna manera, capilaridad, para terminar hallándose en la « médula », la médula espinal del cabello. O el arte de tomar al gran público por imbécil.

El Doctor Pascal Kintz en el laboratorio ChemTox de Illkirch, cerca de Estrasburgo. Fue con esta máquina con la que identificó la naturaleza del arsénico que se encuentra en los cabellos de Napoleón: arsénico mineral, mejor conocido bajo la apelación popular de raticida o « mata-ratas ».*

Tanto más grotesca aún cuando descubrimos el « toque final » – o que lo habría sido en un país normal, y no sometido a la inexplicable dictadura de una simple asociación histórica con un ego sobredimensionado.

PRECISIÓN DE LOS CIENTÍFICOS

En efecto, durante una conferencia de prensa dada en Illkirch, cerca de Estrasburgo, el 2 de junio de 2005* en los locales mismos del laboratorio, apoyándose en diagramas científicos, el Dr. Pascal Kintz develó la naturaleza del tóxico presente en los cabellos de Napoleón: arsénico mineral (AsIII), es decir, en términos vulgares, matarratas (raticida).

¡Conservar cabellos en raticida! ¡Qué desprecio para el público querer hacerle « tragar semejantes pajarotas »!

Como la presentación de los últimos resultados coincidía con la inauguración del nuevo laboratorio de Illkirch, en donde habían sido realizados los recientes análisis, se notaba, en la asistencia, la presencia de altos representantes del Ministerio de Justicia, de la Policía y de la Gendarmería. Es difícil, hay que admitirlo, imaginar que esas personas se hayan molestado en ir a escuchar a un farsante perorar exponiendo sus « elucubraciones » nebulosas, « pintadas con colores de ciencia ».

Esa conferencia de prensa, que hizo mucho ruido, tuvo una repercusión planetaria – y no es una figura de estilo. Tres pantallas de mi ordenador no bastan para hacer el recuento de todos los enlaces que llevan a los artículos dedicados al caso.

PRECISIÓN DE LOS CIENTÍFICOS

En efecto, durante una conferencia de prensa dada en Illkirch, cerca de Estrasburgo, el 2 de junio de 2005* en los locales mismos del laboratorio, apoyándose en diagramas científicos, el Dr. Pascal Kintz develó la naturaleza del tóxico presente en los cabellos de Napoleón: arsénico mineral (AsIII), es decir, en términos vulgares, matarratas (raticida).

¡Conservar cabellos en raticida! ¡Qué desprecio para el público querer hacerle « tragar semejantes pajarotas »!

Como la presentación de los últimos resultados coincidía con la inauguración del nuevo laboratorio de Illkirch, en donde habían sido realizados los recientes análisis, se notaba, en la asistencia, la presencia de altos representantes del Ministerio de Justicia, de la Policía y de la Gendarmería. Es difícil, hay que admitirlo, imaginar que esas personas se hayan molestado en ir a escuchar a un farsante perorar exponiendo sus « elucubraciones » nebulosas, « pintadas con colores de ciencia ».

Esa conferencia de prensa, que hizo mucho ruido, tuvo una repercusión planetaria – y no es una figura de estilo. Tres pantallas de mi ordenador no bastan para hacer el recuento de todos los enlaces que llevan a los artículos dedicados al caso.

 

¿CENSURA?

Si, por medio de mis entrevistas, la nueva fue brevemente difundida en los diarios franceses televisados de TF1, France 2, France 3, M6, Canal+, TV5, y en Europe 1, RMC…, no hubo enseguida ni un sólo medio en Francia para retomar la información, y buscar, como se hace ordinariamente después de un evento de tal alcance mediático – ¡el Emperador Napoleón envenenado como un vulgar roedor! – profundizar el tema y rebasar la inmediatez de esta información.
No me atrevo a proferir el vocablo, evidentemente impensable, de censura.

 

EL SR. LENTZ IMPONE SU DICTADO

Una sola pequeña permitirá apreciar lo serio de la demostración de Thierry Lentz en « Les Échos »: éste avance que, entre los síntomas que presentaba el Emperador, faltaba uno (entre otros): las « franjas obscuras en las uñas » – que, en realidad son blancuzcas – es decir las « “estrías” de Mees », del nombre de un médico holandés.

¡Pero ay! Mala suerte: éste indicio fue descrito en… 1919. Ciertas fuentes mencionan igualmente los nombres de dos otros investigadores por trabajos sobre el mismo tema, un inglés, Reynolds, en 1901, y un estadounidense, Aldrich, en 1904.

Añadamos, para perfeccionar es esbozo – pues aún hay tanto por escribir para obtener el cuadro completo – esta cima de la observación científica con la que se pavonean los oponentes a la tesis del envenenamiento del Emperador: la presencia de arsénico en los « papeles tapiz » de Longwood. ¡Y ese arsénico habría atacado a tan sólo Napoleón (y a nadie más en toda la casa)!

Notemos finalmente que un cierto número de periodistas de grandes medios de comunicación se hicieron cómplices – involuntarios, lo dudo – de esta desinformación a la soviética. Citemos entre otros a « Le Figaro », « France Info », « France Inter », « Valeurs Actuelles », « Le Point » a quienes les debemos esta inolvidable fórmula:

« Thierry Lentz, director de la Fundación Napoleón, y Jacques Macé [el otro hombre del binomio] refutan, apoyándose en pruebas históricas, estas versiones locuaces en un pequeño libro que se devora como una novela policiaca ».

Roger Martz del FBI; Pascal Kintz del Instituto de Medecina Forense de Estrasburgo y del laboratorio ChemTox, y Robert Wennig, de la Universidad del gran ducado de Luxemburgo, ¡preconizando teorías « locuaces »!

Dr. Pascal Kintz.
« Fue hallado arsénico mineral y por consiguiente estamos en una pista totalmente criminal »
Dr. Pascal Kintz
Presidente (2005-2007) de la Asociación Internacional de Toxicólogos Forenses, TIAFT.
Conferencia del 2 de junio de 2005, en Illkirch-Graffenstaden.*

 

Muy dictador, Thierry Lentz parte pues una vez más a la guerra contra las « elucubraciones pintadas con colores de ciencia »:

« Debemos rechazarlas sin apelación a la luz de los elementos históricos ».

No quisiera desalentarlo, pero la tarea va a ser difícil: nos movemos todavía.

 

Instituto Napoleónico México-Francia, INMF.

NOTAS

1) Napoléon a-t-il été empoisonné ?, Richard Hiault, LesEchos.fr; 29/07/2015.

* Para nuestros amigos francófonos: ver en este sitio la Conferencia del doctor Pascal Kintz del 2 de junio de 2005 en Illkirch-Graffenstaden, visible en línea (en francés) y descargable en diversos formatos de audio y vídeo.

Exposición en la que el Dr. Kintz develó al mundo la naturaleza exacta del arsénico hallado en los cabellos de Napoleón gracias al método ICP-MS (mineral, AsIII y AsV a 97%) .
Para descargar y ver la conferencia del Dr. Kintz del 2 de junio de 2005 en Illkirch-Graffenstaden pulse AQUÍ

Ver también sobre el mismo tema en este sitio:

Esas verdades que molestan, por el Pascal Cazottes.
Napoleón realmente fue asesinado, el arma: veneno para ratas. Reporte del International Museum of Surgical Sciences de Chicago, Illinois (EE.UU.).
Veredicto del Dr. Raúl G. Enríquez Habib, Jefe del Departamento de Química Analítica del Instituto de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La historia a través de un Lentz distorsionador, por John Tarttelin.