Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
ESAS VERDADES QUE MOLESTAN

Por el Señor

PASCAL CAZOTTES
Director de la revista Vive l’Empereur

Pascal Cazottes
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Habiéndome enterado recientemente del nuevo ataque de que la tesis del envenenamiento de Napoleón acababa de ser objeto, era importante para mí unir mi voz a la del Señor Damamme, quien se elevó valientemente contra la desinformación que ciertas personas utilizan deliberadamente, por miedo a ver vacilar su sacrosanto pensamiento único.

Además de la defensa de sus « dogmas » (¡con semejantes principios, la tierra todavía sería plana!), advierto en esos mismos individuos una cierta envidia hacia un hombre que supo, por su inteligencia y su gran generosidad, resolver uno de los más grandes enigmas de la historia. Quiero, por supuesto, hablar de Ben Weider, nuestro querido desaparecido, cuya teoría ya no debe ser vista como una simple hipótesis, sino terminantemente como un hecho establecido (1). Muy lejos de estarle agradecidos, esos detractores prefieren disparar una enésima andanada, sabiendo pertinentemente que el principal interesado ya no está aquí para responderles.
Podemos igualmente preguntarnos por qué la verdad descubierta por nuestro difunto gran amigo tiene el don de exasperarlos de tal manera. ¿Es porque Ben Weider no pertenecía a su serrallo? No obstante es preciso que se resignen. No fue un eminente arqueólogo el que descubrió la ciudad perdida de Troya, sino un simple negociante llamado Schliemann. Y, por mi parte, conozco a algunos autodidactas en relación con los cuales grandes profesores de universidad tienen pinta de estudiantes de primer año.

En fin, a todos aquellos que se niegan a ver la verdad de frente, les dejo meditar estas palabras del ilustre Camille Flammarion:

« Hay primero mentes de gran valor en las ciencias, verdaderos maestros de profesorado, altos funcionarios de la enseñanza, de la administración, muy competentes en ciertos temas, muy rectos, muy ponderados, de un juicio generalmente fundado, pero que no salen de su marco y para quienes la ciencia ha dicho su última palabra en todas las cosas. ¡Están convencidos de que las leyes de la naturaleza son conocidas! Son los mismos hombres que estuvieron opuestos a los descubrimientos nuevos de todos los tiempos, al movimiento de la Tierra, al telescopio, a la circulación de la sangre, a los uranolitos, a la vacuna, a la electricidad, al alumbrado de gas, a los ferrocarriles, a la fotografía, al telégrafo submarino, al fonógrafo, al cinematógrafo, a la aviación, etc. Nunca consagrarían su tiempo a estas investigaciones, porque están seguros de que la cosa es imposible, y se obstinan siempre en un escepticismo que les parece racional ».

Así pasa con un buen número de historiadores que prefieren el confort intelectual de las ideas preconcebidas, antes que tener que reescribir una sola línea de sus queridos manuales…

NOTAS
1) Lo que el eminente Profesor Pierre-François Puech, en referencia a las demostraciones del Dr. Pascal Kintz, llama el actual « el estado de la ciencia ».