Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
“Los Amigos del INMF” – “Les Amis de l’INMF”
Los Amigos de Ligny
Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
¡Apoye al INMF!  - Soutenez l'INMF!
« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. & R. Jean-Christophe, Prince Napoléon..
El CASO DE LIGNY

Por el Señor

PASCAL CAZOTTES

Pascal Cazottes
Traducción al castellano por el Instituto Napoleónico México-Francia ©
Esta página está disponible al público de manera gratuita y puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no sea mutilada, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.

Después de haber leído el excelente informe, realizado por nuestro amigo Jean-Claude Damamme, de lo que a partir de ahora es conveniente llamar «el caso de Ligny», me era importante unir mi voz a todos aquellos que hoy están atónitos de indignación ante la afrenta hecha al movimiento cultural napoleónico de los «Amigos de Ligny», a los soldados belgas y franceses caídos en el campo de honor en la batalla de Ligny, y a los franceses y valones en general.

No volveré a los eventos del caso, pudiendo el lector referirse muy útilmente a los escritos de Jean-Claude Damamme. Me gustaría, en cambio, insistir en el comportamiento incomprensible del presidente del Sindicato de Iniciativa de Ligny, quien, ostensiblemente, parece profesar una verdadera admiración a los ejércitos prusianos de 1814 – 1815 y a su generalísimo, el llamado Blücher, de siniestra memoria. Por supuesto, cada quien es libre de admirar a quien quiera. Pero cuando esta pasión se ejerce en detrimento de sus propios compatriotas, ¡hay por qué plantearse preguntas!
Por mi parte – ¿pero tal vez me equivoco? – veo en esta actitud la ilustración de lo que está pasando en Bélgica. Desde hace algún tiempo ya, los valones son objeto de múltiples ofensas de parte de los flamencos que buscan hacer secesión (no sin querer que esta separación se haga en su provecho exclusivo). Así, en ciertas comunas, se prohíbe a los valones comprar terrenos de construcción so pretexto que no hablan el flamenco. Al proceder así, es la lengua francesa la que es atacada y todo lo que vehicula de valores. Podríase incluso hablar de francofobia. El gran país que es Francia ha sido en todos los tiempos envidiado, al punto que todo se hace, todavía en nuestros días, para rebajar nuestra nación al borrar, de un solo golpe, todo lo que ha contribuido a su grandeza. Ahora, ¿quién mejor que Napoleón ha encarnado la magnificencia de nuestra patria? Elevando a ésta última hasta cimas nunca antes alcanzadas, Napoleón hizo sombra a nuestros vecinos que desearon, y desean siempre, cortar esas ramas un poco demasiado majestuosas. Entonces, cuando nuestros amigos valones perpetúan el recuerdo de Napoleón y de sus ejércitos victoriosos, imagínense cuál puede ser la reacción de aquellos a quienes Francia indispone.

Valiente belga... ¡Gracias!
Tarjeta conmemorativa de la campaña 1914-1915.

Que nuestros «Amigos de Ligny» sepan, sin embargo, que pueden contar con nuestra amistad y nuestro apoyo indefectibles. También adquirieron títulos para nuestro reconocimiento eterno y, como lo dice tan bien aquella tarjeta postal impresa durante la primera guerra mundial: ¡VALIENTES BELGASGRACIAS!

Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.

El lector hallará enseguida un relato de la batalla de Ligny, la cual no es un pequeño combate anecdótico, como algunos quisieran darlo a pensar, sino una gran y hermosa victoria de los soldados franceses apoyados por sus hermanos valones.

 

LIGNY

 

La peligrosa posición del mariscal Blücher
Abrumado en Ligny por el ataque fulminante del Emperador Napoleón, el mariscal Blücher es derribado durante una carga de los coraceros franceses, ¡que pasan de largo sin divisarlo! Le deberá la libertad, si no es que la vida, a uno de sus oficiales, el conde de Nostiz, que lo protegerá durante el tiempo necesario para que los prusianos lleguen a recuperar a su general en apuros. Grabado de Phillipoteaux.

El 16 de junio de 1815, a las cuatro de la mañana, el Emperador estaba de pie y enviaba al oficial de ordenanza Bussy a Frasnes, con el fin de tener noticias de su ala izquierda. A las seis horas, dictaba sus órdenes a Soult quien las transmitía, a su vez, sin tardar. A Ney, se le prescribía apoderarse de Quatre-Bras a toda costa y de llevar reconocimientos sobre las carreteras de Bruselas y de Nivelles. Para ayudarlo en su tarea, se le adjuntaba la caballería de Kellermann. Grouchy debía dirigirse a Sombreffe con los 1°, 2° y 4° cuerpo de caballería. Al mismo tiempo, se le confiaba el mando de los cuerpos de Vandamme y de Gérard. El general Mouton, en cuanto a él, recibió la orden de posicionar su 6° cuerpo entre Charleroi y Fleurus. Finalmente, Drouot debía ponerse en marcha, con toda la Guardia, en la dirección de Fleurus.
Muy pronto, Napoleón recibió de Grouchy informaciones que indicaban que los prusianos, procedentes de Namur, se dirigían a Brye y a Saint-Amand.

A las 11 horas, el Emperador estaba en Fleurus donde alcanzó a Grouchy. Éste último todavía no se había decidido a avanzar, prefiriendo esperar nuevas órdenes, en vista de las masas enemigas que se hallaban frente a él. Blücher se hallaba efectivamente en Sombreffe, con los 30 000 hombres de Zieten, y podía contar con los cuerpos de Pirch I (30 000 hombres) y de Thielmann (24 000 hombres) que ya se acercaban. El viejo «housard» había, además, pedido a Bülow que llegara a reunirse con él junto con su cuerpo de armada, pero éste último no pudo estar presente en la batalla.
Habiéndose instalado en lo alto del molino de Fleurus, Napoleón observaba los movimientos del enemigo así como el futuro campo de batalla. Éste último presentaba una línea que iba de Saint-Amand a Sombreffe, pasando por Ligny. El Emperador estaba decidido a aceptar el combate, así como Blücher quien, además de su superioridad numérica, se esperaba a ser apoyado por Wellington en su ala derecha (lo que siguió le probará que se había equivocado en esperar algún apoyo de parte de su aliado inglés, el cual ya estará bien ocupado en Quatre-Bras).
Desde la llegada del cuerpo del general Gérard, justo después del medio día, el Emperador dio sus órdenes para el ataque: Vandamme, apoyado en su izquierda por la división Girard y la caballería de Domon, debía montar al asalto de Saint-Amand, mientras Gérard tenía como misión apoderarse de Ligny, y Grouchy, la orden de operar un movimiento sobre Boignée a la cabeza de los dragones de Exelmans y de la caballería ligera de Pajol. Adelante de Fleurus, habían sido emplazaos la Guardia y los coraceros de Milhaud llamados a apoyar a la primera línea. En cuanto a la reserva, sería constituida por el 6º cuerpo de Mouton, a quien se le requirió llegar al campo de batalla lo antes posible.

En frente, los prusianos, 87 000, de los cuales 8500 eran jinetes, esperan a los franceses a pie firme. Muchas de sus tropas se han sólidamente atrincherado en los pueblos y en las granjas, y 224 piezas de artillería se alistan para descargar una marejada de hierro y de fuego sobre los asaltantes.
Son las 14:30 horas cuando la artillería de la Guardia hace retumbar el cañón en tres ocasiones, dando así la señal del ataque.
Vandamme es el primero en lanzarse, sin ninguna preparación de artillería. Los hombres de Lefol, cuyo objetivo es Saint-Amand, avanzan bajo un diluvio de balas y bolas de cañón. Sus pérdidas son terribles, pero nada parece poder detenerlos. Llegados a proximidad del pueblo de Saint-Amand, se lanzan al ataque de los jardines a paso de carga y expulsan de ellos a los defensores prusianos con la sola fuerza de sus bayonetas. Pronto, y a pesar de una resistencia encarnizada, se adueñan del pueblo y lo mantienen, para el gran pesar de Steinmetz que trata vanamente de recuperarlo con la ayuda de cinco batallones.
Un cuarto de hora después del ataque de Vandamme, es el turno de Gérard de pasar a la acción. Ligny muestra el aspecto de un pueblo particularmente inexpugnable. 9000 prusianos, pertenecientes a las divisiones Jagow y Henkel, tienen la posición, protegidos por muros y otras barricadas. Son, además, apoyados por treinta y dos bocas de fuego. Contrariamente a Vandamme quien ha olvidado hacer uso de su artillería, Gérard hace bombardear Ligny por sus veinticuatro cañones. Luego, lanza las divisiones Vichery y Pécheux, formadas en tres columnas, al ataque de la posición. Bajo el fuego de los prusianos, los hombres de Gérard tienen dificultades para progresar, pero llegan a pesar de todo hasta Ligny. El 30º de línea, colocado al frente de la columna de la derecha, logra la hazaña de alcanzar la plaza del pueblo. Su incursión será, sin embargo, de corta duración, pues, fusilado desde todas partes, se ve forzado a batir la retirada tras haber perdido 500 hombres y 20 oficiales. La lucha en el interior de Ligny es de una amplitud y de una ferocidad raramente igualadas. Apuntalados por su artillería que han venido a reforzar muchas baterías de la Guardia, los soldados de Gérard comienzan a aventajar a sus adversarios a quienes rechazan hasta la iglesia del pueblo. En las calles de Ligny, el combate pertenece más al ámbito de la carnicería, por lo mucho que se pelea con encarnizamiento. Como lo ha relatado un oficial prusiano: «Los hombres se degollaban como si hubiesen estado animados por un odio personal. Parecía que cada uno viese en el que le estaba opuesto a un mortal enemigo, y que se regocijara de hallar la ocasión de vengarse. Nadie pensaba en huir ni en pedir cuartel». Después de una hecatombe de ambos lados, los franceses se sobreponen por fin, pero la lucha continúa.
A las 15:15 horas, Napoleón, quien se ha dado cuenta de que se las estaba viendo con casi todo el ejército prusiano, envía una orden a Ney, pidiéndole venir a caer sobre el ala derecha de los prusianos. Por haber oído retumbar su cañón, sabe que su mariscal ya está riñendo con el inglés, pero piensa que le será posible destacar una parte de sus tropas. En la misma óptica, hace llegar un despacho a Drouet d’Erlon, ordenando a éste último dirigirse sobre la derecha de los prusianos. Con el aporte de refuerzos, el Emperador tendrá la oportunidad de aplastar al ejército de Blücher de una buena vez por todas.
Entretanto, pide a su izquierda hacer un esfuerzo, y, a las 16 horas, Girard se lanza, a la cabeza de su división, sobre Saint-Amand-le-Hameau y Saint-Amand-la-Haye. El ataque de Girard obtiene pleno éxito, al punto que amenaza ahora el ala derecha enemiga. Habiéndose percatado del peligro, Blücher envía dos divisiones y la cabellaría de Jürgass a contrarrestar el ala izquierda francesa. Al mismo tiempo, encarga a Thielmann fijar el ala derecha francesa comandada por Grouchy. En Saint-Amand y Saint-Amand-la-Haye, los prusianos alentados por Blücher, libran un combate sin piedad, pero fracasan en su tentativa de recuperar estas dos posiciones. Los 4500 hombres de Girard no les han cedido una sola pulgada de terreno, a precio del tercio de sus efectivos y de su bravo general, caído en el campo de honor. Más a su izquierda, en Saint-Amand-le-Hameau, los prusianos son igualmente rechazados por la división Habert hasta el pueblo de Wagnelée, y su caballería puesta en desorden por la de Domon.

Muerte en Ligny del general Jean-Baptiste Girard (1775-1815)
Litografía de Lacoste.

A las 17:30 horas, cuando Gérard agota sus reservas y que Vandamme reclama refuerzos a señas y a gritos, Napoleón decide dar un golpe decisivo haciendo intervenir a su Guardia. La joven Guardia de Duhesme es enviada en ayuda de Vandamme, mientras que la Vieja Guardia y los coraceros de Milhaud maniobran para dirigirse a la derecha de Ligny. Al ver los gorros peludos, los soldados de la línea metidos en furiosos combates hacen estallar su alegría con gritos de «¡Viva el Emperador!». Napoleón debe, no obstante, detener la marcha de su Guardia hacia Ligny. En efecto, columnas han sido señaladas a la izquierda de Vandamme. Al no saber si se trata de franceses o de ingleses que se dirigen en ayuda de Blücher, el Emperador juzga más prudente esperar a ser informado acerca de esas tropas que se perciben en la lejanía, antes de poner en acción a sus preciosos batallones. Mientras tanto, Blücher dirige en persona un vivo contraataque en Saint-Amand. El cuerpo de Vandamme está a punto de abandonar, cuando Duhesme interviene a la cabeza de su Joven Guardia. La infantería prusiana es volcada y rechazada más allá de Saint-Amand. En cuanto a la caballería de Jürgass, poco falta para que sea completamente exterminada por los lanceros de Colbert llegados a apoyar a los cazadores de Domon.
Por fin tranquilo en lo referente a las columnas que se acercaban sobre la izquierda francesa (se trataba del cuerpo de Drouet d’Erlon), Napoleón puede al fin soltar a su Guardia sobre Ligny, pero con dos horas de retraso. La tormenta amenaza en el momento en que los viejos mostachos parten al ataque al grito de «¡viva el Emperador!» y «¡sin cuartel!». Llegados a Ligny, bajo una lluvia constante, nuestros grognards atraviesan las calles cubiertas de cadáveres y de heridos. Con el apoyo de los hombres de Gérard, no han tardado en expulsar del pueblo hasta al último prusiano. A la salida de Ligny, los batallones se vuelven a formar antes de proseguir su marcha hacia adelante. La caballería prusiana se abalanza entonces sobre los granaderos de la Guardia a los que confunde con soldados de la Guardia nacional. A la conminación que les es hecha de rendirse, nuestros granaderos responden por una formación en cuadro, verdadera fortaleza viva que fulmina a los escuadrones enemigos. Seguido por los demás batallones de la Guardia y los soldados de Gérard, el cuadro avanza inexorablemente, cubriendo la tierra de hombres y de caballos abatidos a quemarropa. Para completar el infortunio de la caballería enemiga, los coraceros de Milhaud efectúan carga sobre carga. Advertido del ataque francés, Blücher se precipita hacia Ligny. Llega justo a tiempo para reagrupar a sus hombres que comenzaban a recular en la mayor confusión. Cual extraordinario líder que es, Blücher logra insuflar un nuevo aliento a sus tropas. Sus jinetes, los hulanos de Brandemburgo, el 1° de dragones, los dragones de la Reina y el 2º landwehr, se lanzan en cargas desenfrenadas. A cada vez, sin embargo, son rechazados por la caballería de la Guardia y los escuadrones de Milhaud. Al soldarse toda tentativa por detener el avance de los franceses en un fracaso, Blücher se pone él mismo a la cabeza de su caballería y la impulsa en una última carga. A pesar de la presencia de su jefe, los jinetes prusianos reciben la misma punición y se ven forzados a huir frente a nuestros valientes jinetes. En la persecución que sigue, el caballo del feldmariscal es tocado por una bala de mosquete. En vez de caer, el corcel parte a galope para derrumbarse algunos centenares de metros más lejos, muerto en redondo. La caída es terrible para Blücher quien se halla prisionero bajo el cuerpo de su caballo. Nostiz, su ayuda de campo, salta de inmediato al suelo. Ha desenfundado su espada, listo para morir junto a su generalísimo, pues se apresuran a caer sobre ellos varios escuadrones de coraceros. La obscuridad ya presente, los jinetes de Milhaud pasan al lado del feldmariscal sin siquiera verlo. Tras su paso, Nostiz hace una señal a algunos dragones prusianos que buscaban a su generalísimo. En menos de lo que canta un gallo, despejan a Blücher de debajo de su caballo y corren a llevarlo al abrigo. El feldmariscal está contusionado, pero a salvo. Si Blücher hubiera sido capturado – y hubo grandes probabilidades de que así sucediera – el curso de los eventos se hubiera visto alterado y podemos preguntarnos si la batalla de Waterloo hubiera siquiera tenido lugar.
Viéndose el centro prusiano forzado a batirse en retirada, las dos alas enemigas adoptan el mismo movimiento.

Quedando amos del campo de batalla, los franceses podían por fin saborear su victoria. Habían perdido a más de 8000 hombres, pero habían infligido pérdidas bien superiores a los prusianos que dejaron 15 000 hombres en el terreno, 40 cañones y 8 banderas y estandartes. El balance, del lado prusiano, se vio incluso agravado por la pérdida de 10 000 soldados más, en huida hacia Lieja. Sin embargo, el ejército prusiano no estaba destruido. Con el cuerpo de Bülow que no había podido participar en la batalla, sus efectivos se elevaban todavía a 90 000 hombres. Tal vez hubiera sido diferente si el cuerpo de Drouet d’Erlon hubiese llegado a tiempo, pero éste último no llegó a Wagnelée sino muy tarde al anochecer. La lógica de guerra precisaba igualmente que se persiguiese al enemigo en retirada. Sin embargo, repugnó a Napoleón lanzar una persecución general en la noche, contentándose con enviar a Monthion a la cabeza de algunos escuadrones, y muchas horas después del final de los combates.

El resultado de la batalla de Ligny resultaba a pesar de todo positivo.