« Tout pour l'Empire » - Instituto Napoleónico México-Francia.

Instituto Napoleónico México Francia.
México.
Francia.
Instituto Napoleónico México-Francia - Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
Cántico dirigido
A NAPOLEÓN EL GRANDE
EMPERADOR DE LOS FRANCESES Y REY DE ITALIA

Por

Moisés Milliaud

Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia
CÁNTICO DIRIGIDO A NAPOLEÓN EL GRANDE
EMPERADOR DE LOS FRANCESES Y REY DE ITALIA

Por Moisés Milliaud
Diputado del departamento de Vaucluse en la Asamblea de los Ciudadanos franceses que profesan el culto de Moisés.
Imprenta Imperial, 1806.

¡Napoleón! Todos los reyes fueron disipados ante ti: su sabiduría se desvaneció; vacilaron como un hombre ebrio. El día de Austerlitz, quebraste toda la fuerza de dos emperadores; la muerte caminaba frente a ti, y tú trazaste a tu furor el sendero que debía seguir sin apartarse de él. Su vida fue cara a tus ojos, y tu gloria es haber actuado con indulgencia, cuando el día de su derrota no había más que un paso entre ellos y un vergonzoso cautiverio.

Las generaciones pasadas, que la muerte ha devorado, que el infierno ha abismado, han dicho, al son de tus hazañas: entre los guerreros, entre los bravos, jamás nadie se le ha parecido.
Todo lo que hay hermoso, todo lo que hay estimable, se encuentra reunido con Napoleón y se apresura a formar su cortejo, mientras los otros dominadores de la tierra poseen apenas algunas de sus ventajas. Él se elevó por encima de todos: Dios lo ha elegido para gobernar los pueblos. A él solo ha hecho tantas grandes cosas como a todos los grandes héroes de los siglos pasados. Desde que recibió el ser, y que fue elevado a la cima de la grandeza, cada día ha celebrado su gloria; no hay ninguno que no haya publicado sus loores.
Soy yo, dice el día presente, quien le volví émulo de Carlomagno; el día de ayer se glorifica de haberle igualado a César, a Augusto; y el que lo precedió, de haberle inspirado designios tan grandes como los de Aníbal y de Alejandro: mañana imitará la generosidad de Ciro y de otros grandes hombres de los siglos pasados.

Sus ojos también se han abierto sobre los hijos de Israel: de todas las partes de la tierra él llamó a su ciudad real, en esta reina de las ciudades, de la cual se publican tantas cosas maravillosas, a los más considerables entre ellos, para que traigan, como en días de Tolomeo, los oráculos de la ley, y que así se cumplan los designios que ha concebido a favor de ellos. ¿¡Con qué transportes de alegría mi corazón no se ha estremecido, cuando me vi llamado a ocupar un lugar en esa asamblea cuyos miembros todos suspiran por la dicha de acercarse a él, como el ciervo jadeante y devorado por la sed suspira por fuentes de aguas vivas!? A la voz del Prefecto, precipité mis pasos; hubiese deseado tener alas como la paloma para gozar más pronto de la vista de su rostro, para saciarme con la contemplación de sus rasgos.
El bien que sus decretos van a hacer a nuestra nación, será para él mismo un nuevo trofeo. Se asegura un nuevo tributo de loores echando su mirada sobre un pueblo víctima, desde que existe, de todos los infortunios, y siempre confrontado a los golpes de la suerte.

¡Napoleón! Eres tú a quien el Señor ha ungido para vendar las llagas de aquellos que tienen el corazón quebrantado: todas mis alarmas están calmadas; el que hizo prodigios más grandes que los de Ciro, hará también para nosotros milagros de bondad. Los restos de la casa de Judá echarán profundas raíces: van a cubrirse de frutos abundantes.
¡Ah! ¿¡Cómo el Todopoderoso, terrible en sus obras, no me ha dado una lengua elocuente para celebrar tus loores en cantos que pasen a todos los siglos futuros, como los oráculos de Isaías inmortalizaron el nombre de Ciro!?
Pero hoy estoy obligado a dirigirte la expresión de mis votos en otra lengua, y a hacer pasar mis pensamientos en una lengua extranjera. Ningún serafín ha tocado mis labios, ni los ha purificado por medio de un carbón ardiente, ¿cómo entonces podría escucharme, a mi quien, en los días de mi juventud, no me ejercité para ese talento, y a quien no instruyeron maestros hábiles?

Cántico dirigido a Napoleón el Grande
Portada de la obra

Cuando yo estaba en mi tierra natal, hace ya cuatro años, el día en que, por la elección de toda una nación, recibiste ¡O Napoleón!, el gobierno para toda la duración de tu vida, cuando los gritos de alegría que anunciaban ésta feliz noticia, resonaron en mis oídos, nuevos transportes se adueñaron de mi alma; el entusiasmo se apoderó de mí, y comencé a cantar las grandes acciones del Héroe que llenaba la tierra con su renombre. ¿Cómo me callaría yo hoy en el seno de la ciudad donde reside su majestad, cuando gozo de su presencia?

¿Pero qué más puedo añadir para expresar los sentimientos que me animan?
Jamás hombre semejante a él ha aparecido en la tierra. ¡Puedan todas sus empresas ser coronadas con el más alto éxito!
¡Que el cielo, favorable a mis deseos, le conceda largos años, y los hijos de Israel sometidos a sus leyes ser inundados como un río de paz!