Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
Entrevista con Élaine Bédard y el Conde Alexandre de Bothuri Bàthory
Objetos parlanchines.
LA PASIÓN DE ADQUIRIR
Élaine Bédard y el Conde de Bothuri Bàthory
VII Simposio Napoleónico Internacional; Montreal, junio de 2009.

Declaraciones reunidas por Mylène Tremblay

Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Para montar la exposición Josefina, el gran amor de Napoleón, el Museo Stewart en el fuerte de la isla Santa Elena de Canadá recurrió, entre otras, a colecciones privadas, entre las cuales la de Élaine Bédard y el Conde Alexandre de Bothuri Bàthory*. Filántropo, apasionado por el arte francés, la célebre pareja cuenta hacer aprovechar a la humanidad sus « hijos queridos » prestándolos a los museos del mundo entero y, por qué no, ¡abrir un día su propio museo!

Mylène Tremblay: «¿Objetos inanimados, tenéis pues un alma?», interrogaba Lamartine. Basta oír al conde de Bothuri y a su esposa, Élaine Bédard, contar la historia de sus adquisiciones para convencerse de ello. Cada pieza, - su inventario es de más de 3000 objetos provenientes de los siglo XVII al XX – ha sido seleccionada con esmero, en función de lo que ha vivido y de su experiencia histórica. Objetos de gran valor que pertenecieron a Josefina y a Napoleón, pero también a María Antonieta, a María Luisa, Luis XV y muchos otros personajes de época.
En este proceder de coleccionista, la historia se les revela. ¿Pero porqué prodigarles semejante amor a objeto que, de primera impresión, parecen inanimados?

Alexandre de Bothuri Bàthory: « Coleccionamos por pasión, porque nos dimos cuenta que muchos objetos han perdido su paternidad durante la historia. Nuestro objetivo es redescubrir esta paternidad, un poco a la manera de un detective que, al entrar en una sala de antigüedades, se dice a sí mismo “¡en esta pieza, hay un objeto que la gente no ha visto y que nos va a hacer una señal!”»

MT: ¡Y cuántos objetos les han sido revelados así! Tomen por ejemplo aquel aderezo expuesto en el Museo Stewart, engarzado de diamantes, esmeraldas y oro, comprada hace unos quince años en la casa de ventas.

ABB: « Todavía la víspera, había tocado ese objeto y me dije que debía tenerlo. El día de la venta, los teléfonos se descompusieron y lo tuve a un precio ridículo. Más tarde, descubrí que las esmeraldas pertenecían a María Antonieta puesto que muchas piezas de la época de las familias reales fueron despedazadas. Las esmeraldas provenían del mismo yacimiento que la espada de la consagración de Carlos X».

UN MUSEO VIVIENTE

MT: Si el objeto tiene una vida, también escoge a su propietario. Pues no es coleccionista quien quiere.

ABB: « Hay un proceder intelectual, sugestivo e inconsciente que hace que uno se sienta atraído por un objeto; el pasado le guiña el ojo. Tal vez lo ha visto en una vida anterior. Entonces querrá estar rodeado por objetos que ya ha conocido ».

MT: Que se crea o no a la reencarnación, lo propio del coleccionista proviene casi de la genética. Y sobre todo, de la erudición. Pintor, historiador y escritor – su novela histórica titulado El Mesías será publicada este otoño – el conde de Bothuri pasa la mayor parte de su tiempo con la nariz metida en los libros. Desde hace una cuarentena de años, amasa pieza por pieza con el objetivo último de abrir un museo privado en Quebec, un museo en el que la gente, por grupos de diez, podrían tocar los objetos con guantes.

ABB: «¡Es muy egoísta guardar para sí! El objeto muere, es preciso que sea tocado, acariciado, utilizado ».

MT: En esta óptica, desea también hacer aprovechar su patrimonio a los investigadores del mundo entero poniendo a su disposición una biblioteca llena de libros de referencia que duermen en su colección.

ABB: « Quiero mostrar que, detrás de cada objeto, hay una historia humana. Quiero volverle a dar la memoria a los objetos. Se necesita una interacción entre el público, el coleccionista y el objeto ».

MT: Además de los mobiliarios – sillones y sillas a la etrusca, poltronas neoclásicas rusas – los cuadros y otras vajillas de servicio que adornaron el dominio de Malmaison, residencia oficial de Josefina, Alexandre de Bothuri y Élaine Bédard poseen más de 350 libres que pertenecieron a la segunda esposa de Napoleón, María Luisa.

ABB: « Tenemos la más grande colección bibliotecaria sobre el Imperio, lo cual prueba que María Luisa no dejó caer a Napoleón, ya que, hasta el final de su vida, lo coleccionó todo sobre él! »

MT: Pero en espera de realizar su sueño, la pareja presta en todos los rincones del mundo, asumiendo ellos los gastos, sus « hijos queridos ».

Élaine Bédard: « Los museos conocen nuestro inventario. Funciona de boca a oreja, el medio de los coleccionistas es un pequeño mundo. »

OLFATO Y NEGOCIOS

MT: Un pequeño mundo al acecho, que sabe dar con maravillas en las grandes casas de venta como en los pequeños rincones perdidos de los Estados Unidos.

ABB: « Los objetos viajan mucho. Incluso en Montreal, se pueden hallar cosas extraordinarias. Todas las cartas de Josefina, las encontramos ahí. No hay un solo país que no tenga tesoros ocultos. Se trata de hallarlos y de que los objetos le hablen »

MT: Recuerda haber sido atraído en una pequeña venta obscura de provincia de los Estados Unidos.

ABB: « Le insistí a Élaine para que fuéramos. Noventa y nueve por ciento de los objetos eran abominables, pero me topé con una pequeña tetera en forma de cisne [expuesta en el Museo Stewart]. Ahí compré también un par de pistolas que provenían de la descendencia de la princesa Murat.»

MT: en resumen, para tener una hermosa colección, no es necesario disponer de una suma colosal. Basta con tener gusto y conocer la historia.

ABB: « Los objetos dejan de estar de moda. Si se es un coleccionista principiante, lo que hay que ver, es lo mejor de cada periodo. Lo que está pasado de moda hoy constituirá las antigüedades de mañana. Y objetos de proveniencia real, política u otra, permanecerán siempre en la cima. Le da una plusvalía al objeto. Así es como cuadros de pintores mal conocidos del siglo XVII fueron rehabilitados años más tarde. Hoy en día, vemos siempre los mismos nombres: Monet, Renoir... Es regateo. La gente no conoce más que a los grandes faros. Pero hay pintores mucho más interesantes que son considerados menores y que tienen una historia. Es lo que colecciono, pintores eje que mañana serán grandes. Hace 30 años, Eugène Boudin era un perfecto desconocido. Uno lo compraba por 100 a 1000 dólares; hoy, vale entre 500 000 $ y 700 000 $. ¡El valor de un cuadro o de un objeto, es subjetivo!»

* El Conde de Bothuri Bàthory es expositor de colecciones históricas napoleónicas en diversos museos y espacios culturales de renombre internacional, entre ellos los Palacios del Louvre, de Fontainebleau, de Versalles, el museo Chaumet, el Metropolitan Museum of Art y el Museo de Bellas Artes de Montreal.