Coplas
sobre la jornada de Waterloo
1
Viejos
soldados me han dicho:
Gracias a tu Musa,
El pueblo al fin tiene cantos
para su voz.
Ríe del laurel que un
partido te niega;
Consagra nuevamente versos a
nuestras hazañas,
Canta ese día que invocaban
pérfidos,
Ese último día
de gloria y de reveses.
- Respondí, bajando los
ojos húmedos
Su nombre nunca entristecerá
mis versos,
Su nombre nunca entristecerá
mis versos.
2
¿Quién,
en Atenas, al nombre de Queronea
Mezcló jamás sonidos
armoniosos?
Por la fortuna Atenas destronada
Maldijo a Filipo, y dudó
de sus dioses.
Un día igual ve a caer
nuestro imperio,
Ve al extranjero traernos de
vuelta los hierros,
Ve franceses sonreírles
cobardemente.
Su nombre nunca entristecerá
mis versos.
3
¡Perezca
al fin el gigante de las batallas!
Decían los reyes: pueblos,
acudid todos.
La Libertad entona sus funerales;
Por vosotros salvados, reinaremos
por vosotros.
El gigante cae, y esos enanos
sin memoria
A la esclavitud han condenado
al universo.
De ambos lados ese día
engañó a la Gloria.
Su nombre nunca entristecerá
mis versos.
4
¡Pero
qué! Ya los hombres de
otra era
De mi dolor se preguntan el
objeto.
¿Qué les importa
en efecto este naufragio?
En el torrente su cuna sobrenadaba.
¡Que sean felices! Su
astro, que se levanta,
Del día funesto borra
los reveses.
Pero, así debiese este
día no ser más
que un vano sueño,
Su nombre nunca entristecerá
mis versos.
Tomado
de las Obras Completas de
P.J. de Béranger
- 1850 – pp. 218, 219
- Librairie Encyclopédique
de Périchon – Bruselas. |