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LOUIS-VICTOR
BAILLOT |
| El
último sobreviviente de Waterloo |
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Por
el Señor |
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Jean-Pierre Bibet
Alférez de la Asociación
por la Conservación de los Monumentos
Napoleónicos, ACMN
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Traducción del Instituto Napoleónico
México-Francia ©
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Cada
día, los habitantes de Carisey (1),
en el departamento del Yonne, veían pasar
en sus calles, casi a las mismas horas, a un
tipo bravío y gallardo al que saludaban
respetuosa y amigablemente. De gran talla, muy
erguido a pesar de su alta edad, caminando todavía
con un paso alerta y militar, sujetando en la
mano un bastón con el cual, a veces,
describía impresionantes molinetes, vestido
con un amplio redingote obscuro, cortado en
ese paño indesgastable de los abrigos
de infantería de otrora, en el ojal,
dos grandes cuadros de listones: uno rojo, indicando
la Legión
de Honor, otro, de rayas rojas y verdes,
el de la medalla
de Santa Helena; el rostro entrecortado
por una larga cicatriz que le hendía
la frente y el cráneo. Llevando una vida
simple y tranquila como fue la de las poblaciones
rurales de aquella época, guardaba religiosamente
en sus pensamientos el recuerdo del Emperador
y permaneció hasta el alba de nuestro
siglo [XX] como el vivo testimonio de la gran
epopeya
imperial. Aquel hombre se llamaba Louis
Victor Baillot, nacido en Percey, el
9 de abril de 1793.
La historia de Louis Victor Baillot comienza
en julio de 1812, cuando formando parte de la
segunda leva en masa, fue dirigido al depósito
de Neuf-Brisach, en Alsacia, donde fue incorporado
al 3er batallón de la 105ª media
brigada (?) de infantería de línea.
Apenas equipado, el batallón sale de
Neuf-Brisach para dirigirse a Maguncia y cantona
durante dos meses en Erfurt antes de unirse
en la primavera, en la Vístula, a los
restos de la Gran Armada.
Louis Victor Baillot recibe el bautizo de fuego
en Wittenberg, el 17 de abril de 1813 y asiste
a las operaciones militares que tuvieron lugar
en Mecklembug, sostuvo, de septiembre de 1813
a agosto de 1814, bajo las órdenes del
mariscal Davout, duque de Auerstaedt, príncipe
de Eckmühl, el largo y honorable sitio
de Hamburgo.
De regreso en
Francia, cesado por los Borbones, el 13 de agosto
de 1814, Louis Victor Baillot es llamado de
vuelta en abril de 1815. Reintegrado en el 105º
regimiento de infantería de línea
y empleado en el ejército del Norte,
hace el movimiento hacia Bélgica.
El 14 de junio de 1815, en Beaumont, Napoleón,
obligado a entrar nuevamente en campaña,
apela a la devoción del ejército
y galvaniza las energías. Louis Victor
Baillot, que asiste a la proclama, ve al Emperador
por vez primera.
| Viniendo
de Marchiennes y luego de Gosselies, el
105º se presenta el 16 de junio a
Quatre-Bras, donde la posición
acaba de ser tomada por el mariscal Ney.
El 17
de junio de 1815, el cielo cubierto de
sombrías nubes dejó estallar
una tormenta de una violencia inaudita.
A pesar de la lluvia diluviana, los cañoneos
y las cargas se desarrollaban y se seguían
sin parar. La planicie se convirtió
pronto en un inmenso lodazal. Louis Victor
Baillot se hundía en el lodo hasta
las rodillas.
Al caer la noche, logró llegar
difícilmente hasta la meseta del
Monte San Juan. Obligado a campar sobre
los centenos mojados, en la imposibilidad
de prender un fuego sobre el terreno empapado,
tuvo que contentarse con las magras provisiones
de que disponía y pasó la
noche en condiciones muy arduas.
El 18
de junio, habiendo la lluvia cesado
de caer, poco a poco, la línea
de los combatientes es iluminada por el
sol. A las 11:30, en su observatorio de
Rossomme, el Emperador ordena que se abra
fuego. El 105º, colocado en segunda
línea, avanza con éxito
a pesar del fuego mortífero del
enemigo y arrebata a la bayoneta una posición
tenida por los ingleses. Pero, algunos
instantes después, los escoceses
acostados en los trigos se levantaron
y dispararon a quemarropa sobre los franceses,
los cuales sorprendidos por este ataque
imprevisible tuvieron que recular. Reponiéndose,
los hombres del 105º avanzan nuevamente
cuando, repentinamente, surgen los temibles
dragones grises escoceses lanzados por
Wellington.
La carga, de una rara violencia, siega
filas enteras. Louis Victor recibe un
violento sablazo en la cabeza, pero gracias
a su escudilla colocada bajo su sombrero,
escapa milagrosamente a la muerte. Herido
de una enorme llaga, molido y cubierto
de sangre, es dejado en el campo de batalla,
dado por muerto. Recogido por los ingleses,
el día siguiente, será llevado
al cautiverio en los pontones de Plymouth.
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Louis-Victor
Baillot (1793-1898) |
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Liberado a fines
de 1816, desembarca en Boulogne-sur-Mer, llega
a Auxerre a pie, donde es considerado no apto
en el ejército como tísico en
segundo grado. Echado por su padre, rechazado
por su madre y su hermano, espantados de ver
resurgir a un resucitado, se verá obligado
a insistir aun por largo tiempo para convencer
a su familia de que está vivo.
Más tarde,
evocará con pasión sus campañas
napoleónicas.
A Louis Victor le encantaban la música
y las paradas miliares. Por largos años,
nunca falló una oportunidad de asistir
al desfile anual de la guarnición de
Auxerre, donde se había instalado su
hija, esposa del sargento de infantería
de gendarmería Charles Jolly. No tardó
en constatar que la infantería ya no
era la de su época. El pantalón
granza había hecho su aparición
en 1829, la túnica azul obscuro había
remplazado al traje; se portaba el shako; el
fusil Gribeauval « modelo 1777 »,
todavía de servicio durante los Cien
Días, había sido, desafortunadamente,
remplazado por el fusil « Chassepot ».
El Sr. Grolleron,
de Seignelay (Yonne), pintor militar, se vio
encargar el cuidado de hacer el retrato de Baillot,
en abril de 1897.
Louis Victor
falleció en Carisey en la casa habitada
hoy (2) por el Sr. Gilbert
Kerne, antiguo alcalde, el 3 de febrero de 1898,
a las 2 de la madrugada. Entonces tenía
104 años de edad, con 9 meses y 24 días.
Su larga existencia, que había comenzado
2 meses y 19 días después de la
muerte de Luis XVI, e hizo de él un testigo
de los más numerosos cambios de la historia
de Francia, se terminó al tercer año
del mandato de Félix Faure, sexto presidente
de la república francesa.
En el transcurso
de aquella fría mañana del 5 de
febrero de 1898, une multitud innumerable estaba
reunida en torno al alcalde, el Sr. Alexandre
Millot, y las personalidades del departamento,
llegados para rendir homenaje al último
superviviente de la morne plaine (3).
Fotografiado poco tiempo antes, el venerable
viejecillo hechiza apaciblemente la sala del
consejo de la alcaldía de Carisey. Su
dulce sonrisa como un pesar quebrado resurge,
dejando lugar a los recuerdos de la saga revolucionaria
e imperial que exaltan nuestra imaginación
y suscitan simpatía y admiración.
Entonces salen
de las brumas del pasado esos viejos soldados,
esos hombres de bronce que reviven un instante
antes de ir a flotar a la deriva del tiempo,
mientras que llega el eco de sus vivas, el grito
repetido de las victorias y de los murientes
bajo el águila agonizante de: «
¡VIVA EL EMPERADOR!
»

NOTAS:
1) Carisey
se encuentra en el territorio de la comuna de
Flogny-la-Chapelle, a 24 kilómetros,
a vuelo de pájaro, al noreste de Auxerre.
La tumba de Victor Baillot todavía está
en el cementerio. En la loza puede leerse: El
último de Waterloo
Victor Baillot recipiendario de la medalla de
Santa Helena Caballero de la Legión de
Honor Muerto a los 105 años.
2) 1998.
3) La « morne plaine »: la «
mustia planicie » de Waterloo, evocada
por Víctor Hugo (La expiación,
en la recopilación Los castigos,
1853).