Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.
LOUIS-VICTOR BAILLOT
El último sobreviviente de Waterloo

Por el Señor

Jean-Pierre Bibet
Alférez de la Asociación por la Conservación de los Monumentos Napoleónicos, ACMN

Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
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Cada día, los habitantes de Carisey (1), en el departamento del Yonne, veían pasar en sus calles, casi a las mismas horas, a un tipo bravío y gallardo al que saludaban respetuosa y amigablemente. De gran talla, muy erguido a pesar de su alta edad, caminando todavía con un paso alerta y militar, sujetando en la mano un bastón con el cual, a veces, describía impresionantes molinetes, vestido con un amplio redingote obscuro, cortado en ese paño indesgastable de los abrigos de infantería de otrora, en el ojal, dos grandes cuadros de listones: uno rojo, indicando la Legión de Honor, otro, de rayas rojas y verdes, el de la medalla de Santa Helena; el rostro entrecortado por una larga cicatriz que le hendía la frente y el cráneo. Llevando una vida simple y tranquila como fue la de las poblaciones rurales de aquella época, guardaba religiosamente en sus pensamientos el recuerdo del Emperador y permaneció hasta el alba de nuestro siglo [XX] como el vivo testimonio de la gran epopeya imperial. Aquel hombre se llamaba Louis-Victor Baillot, nacido en Percey, el 9 de abril de 1793.
La historia de Louis-Victor Baillot comienza en julio de 1812, cuando formando parte de la segunda leva en masa, fue dirigido al depósito de Neuf-Brisach, en Alsacia, donde fue incorporado al 3er batallón de la 105ª media brigada (?) de infantería de línea. Apenas equipado, el batallón sale de Neuf-Brisach para dirigirse a Maguncia y acantona durante dos meses en Erfurt antes de unirse en la primavera, en la Vístula, a los restos de la Gran Armada.
Louis-Victor Baillot recibe el bautizo del fuego en Wittenberg, el 17 de abril de 1813 y asiste a las operaciones militares que tuvieron lugar en Mecklembug, sostuvo, de septiembre de 1813 a agosto de 1814, bajo las órdenes del mariscal Davout, duque de Auerstaedt, príncipe de Eckmühl, el largo y honorable sitio de Hamburgo.

De regreso en Francia, cesado por los Borbones, el 13 de agosto de 1814, Louis-Victor Baillot es llamado de vuelta en abril de 1815. Reintegrado en el 105º regimiento de infantería de línea y empleado en el ejército del Norte, hace el movimiento hacia Bélgica.
El 14 de junio de 1815, en Beaumont, Napoleón, obligado a entrar nuevamente en campaña, apela a la devoción del ejército y galvaniza las energías. Louis-Victor Baillot, que asiste a la proclama, ve al Emperador por vez primera.

Viniendo de Marchiennes y luego de Gosselies, el 105º se presenta el 16 de junio a Quatre-Bras, donde la posición acaba de ser tomada por el mariscal Ney.

El 17 de junio de 1815, el cielo cubierto de sombrías nubes dejó estallar una tormenta de una violencia inaudita. A pesar de la lluvia diluviana, los cañoneos y las cargas se desarrollaban y se seguían sin parar. La planicie se convirtió pronto en un inmenso lodazal. Louis-Victor Baillot se hundía en el lodo hasta las rodillas.
Al caer la noche, logró llegar difícilmente hasta la meseta del Monte San Juan. Obligado a acampar sobre los centenos mojados, en la imposibilidad de prender un fuego sobre el terreno empapado, tuvo que contentarse con las magras provisiones de que disponía y pasó la noche en condiciones muy arduas.

El 18 de junio, habiendo la lluvia cesado de caer, poco a poco, la línea de los combatientes es iluminada por el sol. A las 11:30, en su observatorio de Rossomme, el Emperador ordena que se abra fuego. El 105º, colocado en segunda línea, avanza con éxito a pesar del fuego mortífero del enemigo y arrebata a la bayoneta una posición tenida por los ingleses. Pero, algunos instantes después, los escoceses acostados en los trigos se levantaron y dispararon a quemarropa sobre los franceses, los cuales sorprendidos por este ataque imprevisible tuvieron que recular. Reponiéndose, los hombres del 105º avanzan nuevamente cuando, repentinamente, surgen los temibles dragones grises escoceses lanzados por Wellington.
La carga, de una rara violencia, siega filas enteras. Louis-Victor recibe un violento sablazo en la cabeza, pero gracias a su escudilla colocada bajo su sombrero, escapa milagrosamente a la muerte. Herido de una enorme llaga, molido y cubierto de sangre, es dejado en el campo de batalla, dado por muerto. Recogido por los ingleses, el día siguiente, será llevado al cautiverio en los pontones de Plymouth.

Louis-Victor Baillot (1793-1898)

Liberado a fines de 1816, desembarca en Boulogne-sur-Mer, llega a Auxerre a pie, donde es considerado no apto en el ejército como tísico en segundo grado. Echado por su padre, rechazado por su madre y su hermano, espantados de ver resurgir a un resucitado, se verá obligado a insistir aun por largo tiempo para convencer a su familia de que está vivo.

Más tarde, evocará con pasión sus campañas napoleónicas.
A Louis-Victor le encantaban la música y las paradas militares. Por largos años, nunca falló a una oportunidad de asistir al desfile anual de la guarnición de Auxerre, donde se había instalado su hija, esposa del sargento de infantería de gendarmería Charles Jolly. No tardó en constatar que la infantería ya no era la de su época. El pantalón granza había hecho su aparición en 1829, la túnica azul obscuro había remplazado al traje; se portaba el shako; el fusil Gribeauval « modelo 1777 », todavía de servicio durante los Cien Días, había sido, desafortunadamente, remplazado por el fusil « Chassepot ».

El Sr. Grolleron, de Seignelay (Yonne), pintor militar, se vio encargar el cuidado de hacer el retrato de Baillot, en abril de 1897.

Louis-Victor falleció en Carisey en la casa habitada hoy (2) por el Sr. Gilbert Kerne, antiguo alcalde, el 3 de febrero de 1898, a las 2 de la madrugada. Entonces tenía 104 años de edad, con 9 meses y 24 días.
Su larga existencia, que había comenzado 2 meses y 19 días después de la muerte de Luis XVI, e hizo de él un testigo de los más numerosos cambios de la historia de Francia, se terminó al tercer año del mandato de Félix Faure, sexto presidente de la república francesa.

En el transcurso de aquella fría mañana del 5 de febrero de 1898, une multitud innumerable estaba reunida en torno al alcalde, el Sr. Alexandre Millot, y las personalidades del departamento, llegados para rendir homenaje al último superviviente de la morne plaine (3).
Fotografiado poco tiempo antes, el venerable viejecillo hechiza apaciblemente la sala del consejo de la alcaldía de Carisey. Su dulce sonrisa como un pesar quebrado resurge, dejando lugar a los recuerdos de la saga revolucionaria e imperial que exaltan nuestra imaginación y suscitan simpatía y admiración.

Entonces salen de las brumas del pasado aquellos viejos soldados, esos hombres de bronce que reviven un instante antes de ir a flotar a la deriva del tiempo, mientras que llega el eco de sus vivats, el grito repetido de las victorias y de los murientes bajo el águila agonizante de: «¡VIVA EL EMPERADOR

Instituto Napoleónico México-Francia , INMF.

NOTAS:

1) Carisey se encuentra en el territorio de la comuna de Flogny-la-Chapelle, a 24 kilómetros, a vuelo de pájaro, al noreste de Auxerre. La tumba de Victor Baillot todavía está en el cementerio. En la loza puede leerse: El último de Waterloo Victor Baillot recipiendario de la medalla de Santa Helena Caballero de la Legión de Honor Muerto a los 105 años.
2) 1998.
3) La « morne plaine »: la « mohína planicie » de Waterloo, evocada por Víctor Hugo (La expiación, en la recopilación Los castigos, 1853).