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Vivaque
iluminado en honor del Emperador
Napoleón,
durante la velada del 1º
de diciembre de 1805, víspera
de la batalla de Austerlitz |
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| Por |
| Jean-Stanislas
Vivien |
| PRESENTACIÓN
GENERAL |
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Jean-Stanislas
Vivien (1777-1850) se
enrola en 1792, en plena tormenta
revolucionaria. Participa en la
defensa de Lille en 1792; entra
en acción en las batallas
de Hondschoote y de Wattignies.
Forma parte del ejército
de Sambre-et-Meuse. Nombrado sargento
mayor, y enseguida ayudante, le
encontramos como subteniente a
principios de 1796. Participa
en la campaña de Italia.
Su regimiento, el 55º de
línea, está presente
en el campo de Boloña,
luego Vivien parte para la campaña
de 1805. Está presente
en Jena, en Eylau, en Heilsberg.
Participará igualmente
en la campaña de España... |
Un cierto 2 de diciembre, ya en
su retiro apacible, Vivien recuerda
la gran jornada de Austerlitz.
El pasaje siguiente es un extracto
de sus « Recuerdos »,
publicados por primera vez en
1907. Fueron reeditados en 2003
por La Librairie des Deux
Empires. |
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« Me
acordé del Emperador pasando,
la víspera de la batalla, a las diez
de la noche, en los vivaques de sus divisiones
de infantería, reunidas al rededor del
Santón, posición que había
hecho fortificar la víspera y armar con
dieciocho piezas de gran calibre; y los soldados
blandiendo sobre su cabeza antorchas de paja
encendida; así era como celebraban a
su general, con gritos mil veces repetidos de
« ¡Viva el Emperador! ».
Me acordé
del ejército formado en batalla, el día
siguiente, a las siete de la mañana,
poniéndose en movimiento simultáneamente:
la infantería con el arma en mano, marchando
en columnas escalonadas por regimiento, contra
líneas dobles de una extensión
inconmensurable; desplegándose y, después
de algunos buenos disparos a corta distancia,
les conquistándolos al paso de carga,
las bayonetas cruzadas; y la caballería
cargando a fondo sobre los múltiples
escuadrones rusos, dispersando o dando sablazos
a las columnas de infantería moscovitas,
negra de profundidad, o haciéndolas posar
las armas.
Me acordé
del cuerpo de armada del mariscal Soult, del
cual yo tenía el honor de formar parte,
partiendo de la barranca de Kobelnitz, conquistando
la vasta planicie de Pratzen, centro de operaciones
del ejército austro-ruso, en el que comandaba
el mariscal de campo Kutusoff y el emperador
Alejandro, rechazando al centro del ejército
enemigo sobre Wisschau quitándole sus
cañones; y desde ese punto, por medio
de una hábil media conversión
a la derecha, combinando sus movimientos con
los de las divisiones Bourcier y Friand, del
cuerpo del mariscal Davout, y tomando de revés
al ala izquierda del ejército enemigo
dirigido por los generales Buxhowden y Langeron,
arrinconándolo en los lagos de Telnitz
y de Sokolnitz, en donde todo su material y
muchos rusos se hundieron.
Me acordé
que, tras la cuenta, hubo, ese día, en
el ejército austro-ruso, ocho generales,
diez coroneles y cuarenta y cinco mil hombres
muertos, heridos o hechos prisioneros; que doscientas
piezas de artillería y cuarenta y siete
banderas cayeron en nuestro poder.
Me acordé
también, y no olvidaré jamás
la generosidad del Gran Hombre hacia los dos
emperadores vencidos quienes, el día
siguiente de la batalla, imploraban su clemencia,
y que, diez años más tarde, después
de haberlo puesto al margen de Europa, ¡no
le dejaron siquiera donde posar su cabeza!
Fui herido,
a las nueve de la mañana, de un tiro
de metralla en el hombro que sin embargo no
me puso fuera de combate. Algunos meses después,
recibí la condecoración de la
Legión de Honor y el mando de una compañía
de granaderos; yo tenía entonces veintiocho
años.
En aquel tiempo,
el jefe del ejército, que era también
el del Estado, estaba rodeado de los respetos
y del amor de la nación francesa…
»
Comandante VIVIEN:
« Souvenirs de ma vie militaire,
1792-1822 », Librairie des
Deux Empires, 2003.