AUSTERLITZ
UNA VICTORIA DE LA ENERGÍA FRANCESA |
 |
La
cabalgata de Austerlitz
Ilustración de Henri
Baud. |
|
|
| |
| «
Sí, el soldado francés
es pod doquier conocido por
ser el primero en impulso y
movimiento » |
Lamartine
ante la Cámara de Diputados. |
|
|
|
Por
el Doctor |
|
Thierry Choffat
Maestro
de conferencias en la Universidad de Nancy
Vicepresidente de Francia Bonapartista
Miembro del Comité Académico
del Instituto Napoleónico México-Francia
|
 |
| Thierry
Choffat |
|
|
Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
|
El
2 de diciembre 1805, la Gran Armada comandada
por el Emperador Napoleón I en persona
obtenía una victoria histórica sobre
las fuerzas austro-rusas en presencia de los soberanos
de aquellos dos estados europeos, el Zar Alejandro
I y el emperador de Austria Francisco I. ¿¡Qué
mejor manera de celebrar el primer aniversario
de la Consagración
de Napoleón, consagración celebrada
en la catedral de Nuestra Señora por el
Papa Pío VII, lo cual, tras el Concordato
de 1801, reforzaba la paz civil, política
y religiosa en Francia!? Austerlitz iniciaba la
paz exterior y la edificación de una Europa
bajo influencia francesa.
Desde 1792, Francia
estaba confrontada a la hostilidad de los monarcas
europeos. No pudiendo los reyes de derecho divino
soportar la existencia de una república
que había derrocado y enseguida guillotinado
a su rey, las coaliciones se suceden. Inglaterra,
por medio de su oro, va, durante veinte años,
a excitar los estados continentales e incitarlos
a abatir a la única rival de la «pérfida
Albión»: la Francia secular,
ya sea ésta revolucionaria o monárquica.
En ese sentido, las guerras de la Revolución
y las del Imperio no forman más que un
único y mismo conjunto, compacto. Los métodos
han evolucionado. Los jefes han cambiado a veces
pero, en el fondo, los objetivos permanecen idénticos.
Al menos hasta 1808, el objetivo es de propagar
los ideales de 1789, de «liberar los pueblos
oprimidos», de difundir los conceptos de
libertad, de igualdad, de fraternidad, de sembrar
las semillas de la Ilustración, de esparcir
el continente con el nuevo orden jurídico,
político y cultural. El Código
Civil, los pesos y medidas, la moneda de Francia…
toman forma donde los aliados de ésta y
en los territorios conquistados. Aquel 2 de diciembre
de 1805 marca un punto de fundación de
ésa nueva Europa de predominancia francesa.
|
Desde
noviembre de 1799, el Primer Cónsul
Bonaparte había multiplicado las
propuestas de paz. Vanamente, puesto que
salvo durante los años 1802, 1803
y 1804, el continente seguía convencido
de que el orden antiguo, el de antes de
la toma de la Bastilla, recuperaría
su lugar, incluso en Francia. Inglaterra
velaba siempre porque el fuego anti-francés
no se extinguiese. Napoleón había
sin duda cometido un error político
en 1804 pensando que su coronación
allanaría las dificultades; para
los príncipes legítimos, era
usurpador, y usurpador permanecería.
El título de emperador no modificaría
en nada la pauta ideológica. La guerra
retomaría tarde o temprano…
La victoria
final, la paz, había que irla a buscar
a Londres. Los proyectos de incursión
en Inglaterra, de desembarco, de franqueamiento
de la Mancha se preparaban. La Grande Armada
se reunía en las costas de la Mancha
y ya, los ingleses de inquietaban vivamente
por ello. Los británicos no tenían
más que dos medios de evitar la invasión:
mantenerse como amos de los mares o de desviar
la atención de los franceses fomentando
coaliciones en el continente. Ambos métodos
fueron empleados con éxito.
|
 |
El
General Mack entrega su espada
al Emperador Napoleón
Rendición de Ulm,
20 de octubre de 1805. |
|
|
En 1805, los austriacos
y los rusos, seguros de su superioridad numérica,
amenazaban a los franceses y a sus aliados en
Baviera, en Italia… Su objetivo declarado
era aplastar a los ejércitos napoleónicos,
de llegar a París y de poner un fin a más
de diez años de revolución.
Ciertamente, los
soldados franceses habían mostrado su capacidad
guerrera desde 1792. Los Voluntarios del año
II, los ejércitos del Rin, de Sambre-y-Mosa
o de Italia habían manifestado al mundo
la superioridad de la voluntad nacional por sobre
los ejércitos tradicionales. Las campañas
de Alemania, de Holanda, de Italia o de Egipto
habían probado suficientemente que los
franceses sabían defender su patria en
peligro pro también difundir el pensamiento
revolucionario en las «repúblicas
hermanas». Valmy, Árcole, Zúrich,
Novia, Rívoli o las Pirámides habían
jalonado el itinerario de los ejércitos
de la república. Ciertamente, el general
Bonaparte había, él también,
mostrado sus cualidades de estratega. Desde 1796
y su campaña de Italia, nada le había
resistido. Por doquier, se imponía a sus
adversarios superiores en número. Por doquier,
las tropas le seguían hasta la victoria.
Había vencido a los austriacos, los turcos.
Había restablecido la paz
interior en Francia. Marte, el Dios de la
guerra marchaba a su lado. Pero, los monarcas
coaligados tenían fe en sus ejércitos.
Y además, Napoleón estaba cantonado
en Boloña. Europa central y oriental podía
aprovechar para movilizarse, unirse y contrarrestar
a este corso ambicioso. Ya Prusia prometía
aliarse a los ingleses, a los austriacos, a los
rusos. Mañana, Europa en su totalidad sabrá
oponerse a los herederos de 1789.
La victoria de
Austerlitz, Napoleón la obtendrá
gracias a la energía francesa. La campaña
de 1805 será ganada por los franceses «con
las piernas» más que con las armas.
Sobre todo, esta «Batalla de los Tres Emperadores»
será ganada por la voluntad de los hombres
y por el genio estratégico del Emperador.
La rapidez ejemplar de la Grande Armada le permitirá
voltearse prontamente. De las costas de la Mancha,
se pone rápidamente en marcha en dirección
del Este donde se dirigen sus enemigos. La velocidad
de reacción y de avance de los franceses
es impresionante. Aíslan a múltiples
ejércitos austriacos, capturan a miles
de soldados perdidos, asedian la ciudad de Ulm,
forzan al general Mack a entregar la ciudad y
a constituirse prisionero. ¡Aquel ejército
austriaco que, imprudentemente, había avanzado
hasta Baviera, esta desde ese momento fuera de
combate, casi sin pelear! Las maniobras pedestres
han sido, en la primera etapa, cruciales.
La segunda victoria,
la que llevará a Austerlitz, proviene del
cerebro de Napoleón. Reconoce el terreno,
establece sus planes. A más de mil kilómetros
de París, con solo 75,000 hombres frente
a 200,000 austro-rusos, engaña al adversario.
Le hace creer en una retirada hacia Viena. Deja
la meseta estratégica de Pratzen. La finta
funciona más allá de de toda esperanza.
La energía francesa hará el resto.
La Grande Armada sale victoriosa. El enemigo cuenta
14,000 muertos y 20,000 prisioneros. Los franceses
que sin embargo tienen 1,500 muertos se apoderan
igualmente de 180 cañones y 45 banderas.
Más sin
duda que las victorias siguientes, Jena, Friedland,
Essling, Wagram, La Moskova, Bautzen…, Austerlitz
queda como la encarnación del poderío
francés; poderío militar, poderío
estratégico o táctico, poderío
del espíritu y de la motivación.
El 26 de diciembre de 1805, el tratado de Presburgo
sellará la derrota de Austria y pondrá
fin a la campaña de 1805. La guerra se
ha acabado… provisionalmente pues los coaligados
no se desarman. Prusia, Rusia continúan
el combate con el apoyo de Inglaterra. Aun harán
falta diez años antes de que puedan vengar
su severa derrota del 2 de diciembre de 1805.
Austerlitz, es el símbolo del orgullo francés,
es la victoria del genio, de la energía.
Da inicio a la
predominancia francesa en el continente europeo.
Muestra que aún en la adversidad, la Nación
francesa sabe siempre enderezarse, voltear la
situación a su ventaja, sorprender a Europa.
Prueba que motivada, que unida tras un jefe carismático,
Francia, multisecular, siempre tiene un porvenir,
radiante… siempre y cuando lo quiera y sepa
movilizarse.