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Academia Francesa.
 
Francósfera México-Francia
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
“Canal Académie”, primera radio académica francófona en Internet.
Nacimiento y evolución del francés
DEL FRANÇOIS AL FRANCÉS
Una presentación de la Academia Francesa con la generosa anuencia de Su Excelencia el Príncipe Gabriel de Broglie, Canciller del Instituto de Francia.
Instituto de Francia.
Traducción y documentos de la Francósfera México-Francia
Primera página de la obra Défense et illustration de la Langue Françoise, (1549), del poeta Joachim du Bellay (1522-1560).

El francés es una lengua romance. Su gramática y la mayor parte de su vocabulario provienen de formas orales y populares del latín, tal como el uso las ha transformado desde la época de la Galia romana. Los Juramentos de Estrasburgo *, que sellan en 842 la alianza entre Carlos el Calvo y Luis el Germánico, redactados en lengua romance y en lengua germánica, están considerados como el más antiguo documento escrito en francés.

En la Edad Media, la lengua francesa está hecha de una multitud de dialectos que varían considerablemente de una región a otra. Se distinguen principalmente los parlares de oíl (en el Norte) y los parlares de oc (en el Sur). Con el establecimiento y la afirmación de la Monarquía capeta, es la lengua de oíl la que se impone progresivamente.

Pero se puede decir que Francia es, como todos los demás países de Europa en aquella época, un país bilingüe: por un lado, la gran masa de la población habla la lengua vulgar (o vernácula), que es también la de las obras maestras de la literatura antigua (la Cantar de Roldán, el Romance de la rosa...); por otra parte, el latín es la lengua de la Iglesia, de los clérigos, de los sabios, de la enseñanza, y es también el idioma común que permite la comunicación entre pueblos de dialectos más o menos bien individualizados.

A pesar de la progresión continua del francés, esta coexistencia se prolonga hasta el Siglo XVII, y aún mucho más tarde en el mundo de la Universidad y en el de la Iglesia.

* Los « Serments de Strasbourg » o Sacramenta Argentariae, firmados el 14 de febrero de 842.

Los Juramentos de Estrasburgo, año de Gracia 842.

 

EL FRANCÉS, LENGUA DE LA NACIÓN

La extensión del uso del francés (y, lo que es más, de un francés que pueda ser comprendido por todos) es proporcional, en una gran medida, a los progresos de la administración y de la justicia reales en el país. Inversamente, el impulso de la lengua francesa y la generalización de su empleo son factores determinantes en la construcción de la nación francesa.

El Poeta francés Jean de la Fontaine (1621-1695)
Miembro de la Academia francesa (electo en 1683). Retrato por Hyacinthe Rigaud (1659-1743)

Dos artículos de la ordenanza de Villers-Cotterêts, firmada por Francisco I en agosto de 1539, dieron un cimiento jurídico a este proceso:

Artículo 110: A fin de que no haya causa para dudar acerca de la inteligencia de los fallos de justicia, queremos y ordenamos que sean hechos y escritos tan claramente, que no haya, ni pueda haber, ninguna ambigüedad o incertidumbre, ni lugar a pedir interpretación.

Artículo 111: Y porque tales cosas han ocurrido a menudo sobre la inteligencia de las palabras latinas contenidas en fallos, queremos de ahora en adelante que todos los decretos, junto con todas los demás procedimientos, ya sea de nuestras cortes soberanas y otras subalternas e inferiores, ya sea de registros, averiguaciones, contratos, comisiones, sentencias, testamentos, y otros actas y mandatos de justicia cualquiera, sean pronunciados, registrados y expedidas a las partes, en lenguaje materno francés y no otramente.

Así la vida pública del país estaba indisociablemente ligada al empleo escrupuloso (a fin de no dejar «ninguna ambigüedad o incertidumbre») del « lenguaje materno francés ». Este texto fundador debe ser asimilado a la Deffence et Illustration de la langue françoyse (1549). El manifiesto del grupo que se llamará más tarde la « Pléyade » proclama, exactamente diez años después de la ordenanza de Villers-Cotterêts, la excelencia y la preeminencia del francés en materia de poesía. Lo vemos, el apego absoluto a la lengua francesa responde a una exigencia a la vez política, jurídica y literaria.

Es la misma exigencia la que conduce la creación de la Academia francesa en 1635. Según los términos de Marc Fumaroli, Richelieu fundó la Academia para «dar a la unidad del reino forjada por la política una lengua y un estilo que la simbolicen y la cimenten». Así, el artículo XXIV de los estatutos precisa que «la principal función de la Academia será trabajar con todo el esmero y toda la diligencia posibles para dar reglas certeras a nuestra lengua y volverla hacerla pura, elocuente y capaz de tratar las artes y las ciencias».

   
A la derecha, Francisco I en traje de aparato, por Jean Clouet (c.1475-1541). El 15 de agosto de 1539 tiene lugar la promulgación del tratado de Villers-Cotterêts, decreto de 192 artículos por medio del cual el rey Francisco I (1494-1547) hace del francés la lengua administrativa oficial del reino de Francia, figurando en todas las actas oficiales en lugar del latín. A la derecha, retrato de Claude Favre de Vaugelas (1585-1650), por Bonfantini. En 1647, Vaugelas, proyectando dotar la lengua francesa de un instrumento que fuera utilizado por todos los grandes clásicos, publica su obra maestra (al centro): « Remarques sur la langue françoise, utiles à ceux qui veulent bien parler et bien escrire » (Notas sobre la lengua francesa, útiles a quienes quieren hablar bien y escribir bien). Esta obra se inscribe en la línea de pensamiento de los escritores de la Pléyade, particularmente de du Bellay y su « Défense et illustration de la Langue Françoise » (1549) . Con ella, Vaugelas creó un modo de expresión puro, a la vez claro y noble, que determinó durante más de un siglo las discusiones acerca del Uso. Vaugelas murió el 26 de febrero de 1650; sus últimas palabras fueron « Je m’en vais, ou je m’en vas, car l’un et l’autre se dit, ou se disent », o sea aproximadamente: «me voy, o me va, pues uno y otro se dice, o se dicen».

El dispositivo imaginado por Richelieu era tan perfecto que ha franqueado los siglos sin modificación mayor: el poder político no podría sin abusos intervenir directamente sobre la lengua; deja pues a una asamblea independiente, cuyo estatuto es análogo al de las cortes superiores, el cuidado de registrar, de establecer y de regular el uso. En materia de lenguaje, la incitación, la regulación y el ejemplo son armas mucho más eficaces que la intervención autoritaria.

El brillo y el poderío de la Monarquía francesa, el refinamiento de la cultura, los perfeccionamientos aportados a la lengua por la Academia y los gramáticos, la influencia no desdeñable de las poblaciones protestantes emigradas, hacen que el francés desborde rápidamente, en los Siglos XVII y XVIII, el marco de la nación. Es la lengua de la aristocracia y de las personas cultivadas en todo el Norte de Europa, en Alemania, en Polonia, en Rusia... Es también la lengua de la diplomacia. Todos los grandes tratados son redactados en francés, cuando antes lo eran en latín. El imperio de la lengua francesa rebasa largamente (y es una constante) el imperio político y económico de Francia.

 

TRANSFORMACIONES Y « REFORMAS » DE LA ORTOGRAFÍA
 
Nicolas Boileau o Boileau-Despréaux (1636-1711)
Miembro de la Academia francesa (electo en 1864). Cuadro de Hyacinthe Rigaud (1659-1743).

Desde la primera edición del Diccionario de la Academia, que representaba ya un esfuerzo normativo sin precedentes, la ortografía se ha transformado considerablemente, tanto por el hecho de una evolución natural como por la intervención razonada de la Academia, de los lexicógrafos y de los gramáticos. La reflexión sobre la ortografía debe tener en cuenta datos múltiples y a menudo contradictorios, como el peso de luso establecido, las obligaciones de la etimología y las de la pronunciación, las prácticas de la institución escolar, las del mundo de los editores y de los impresores, etc.

La Academia se ha dedicado, a todo lo largo de su historia, a mantener un equilibrio entre esas diferentes exigencias, al probar la experiencia que los proyectos abstractos de los reformadores no podrían por sí solos hacer doblegar al uso. Así, adoptó en 1835, en la sexta edición de su Diccionario, la ortografía - ais para las palabras terminadas hasta entonces en - ois pero pronunciadas desde hacía mucho tiempo è (le françois, j’étois, etc. [« el francés », « yo era »]), reforma reclamada el siglo precedente por Voltaire.

En el Siglo XIX, el desarrollo de la institución escolar contribuyó sin duda a fijar un poco la ortografía, a la vez suscitando paralelamente grandes proyectos de reforma. El sistema educativo precisaba reglas firmes que pudiesen ser enseñadas a los alumnos. Al término de debates apasionados, dos decretos fijaron, en 1900 y 1901, simples tolerancias ortográficas y sintácticas para los exámenes y concursos de la Instrucción pública.

En 1990, el Consejo superior de la lengua francesa hizo publicar en el Journal officiel (Diario oficial) un documento titulado Les rectifications de l’orthographe (“Las rectificaciones de la ortografía”). Las principales modificaciones preconizadas eran:

— la junción de un cierto número de nombres compuestos (portemonnaie, [“portamonedas”], pingpong... [“pingpong”]);

— la armonización del plural de los nombres compuestos con el de los nombres simples (un perce-neige, des perce-neiges [“un narciso de la flor, unos narcisos de las flores”;], un garde-malade, des garde-malades... [ “un enfermero, unos enfermeros”]);

— la posibilidad de suprimir ciertos acentos circunflejos sobre la i y la u (voute [“bóveda”,], traitre [“traidor”], paraitre [“parecer”], huitre [“ostión”]…);

— el acento grave sobre la e cuando es precedido por otra letra y seguido por una sílaba que comporte una e muda (évènement [evento], cèleri [apio], sècheresse [sequía], règlementaire [reglamentario] — como règlement [reglamento], — règlementation [reglamentación]...)

— la aplicación de las reglas usuales de ortografía y de concordancia a las palabras de origen extranjero (des imprésarios [unos empresarios], un diesel, les médias [los medios de comunicación]...).

— la rectificación de algunas anomalías gráficas (charriot [carretilla], imbécilité [imbecilidad], nénufar [nenúfar], relai [albergue]...).

A pesar de la moderación y la sensatez de estas proposiciones, la prensa se apoderó del tema y mantuvo una querella pasablemente artificial. La Academia aprobó a unanimidad el documento, pero se mantuvo fiel a su línea de conducta tradicional pidiendo que « dichas recomendaciones no sean puestas en aplicación por vía imperativa y especialmente por circular ministerial ». A la vez Deseando « que estas simplificaciones y unificaciones sean sometidas a la prueba del tiempo », la Compañía adoptó un cierto número de ellas en su Diccionario, mencionando las demás al final de la obra.

Emile Littré (1801- 1881)
Médico, filósofo y lexicógrafo.
Miembro de la Academia francesa (electo en 1871)
 
LA POLÍTICA LINGÜÍSTICA HOY

Juzgando que la concurrencia del inglés, aún en la vida corriente, representaba una real amenaza para el francés y que las importaciones anglo-estadounidenses en nuestro léxico se volvían demasiado masivas, las autoridades gubernamentales fueron inducidas, desde hace una treintena de años, a completar el dispositivo tradicional de regulación de la lengua.

A partir de 1972, comisiones ministeriales de terminología y de neología son construidas. Se consagran a indicar, a veces incluso a crear, los términos franceses que conviene emplear para evitar tal o tal palabra extranjera, o aún para designar una nueva noción o un nuevo objeto aun no nombrados. Estos términos se imponen entonces a la administración. Ya no se dice tie-break sino jeu décisif (“juego decisivo” para “muerte súbita”), baladeur (“paseador”) remplaza a walkman; logiciel (logicial) substituye a software, etc.

En 1975, la ley llamada « Bas-Lauriol » hace el empleo del francés obligatorio en diferentes ámbitos, como el audiovisual o el comercio (publicidad, modos de empleo, facturas, etc.), y en el mundo del trabajo.

En el curso de los años 1990, un conjunto legislativo más coherente y más completo es establecido. Un nuevo apartado es añadido, el 25 de junio de 1992, al artículo 2 de la Constitución: La lengua de la República es el francés.

Fundamentándose en este principio, la ley del 4 de agosto de 1994, llamada « ley Toubon », amplia las disposiciones de la ley de 1975. El decreto del 3 de julio de 1996 instituye una nueva comisión general de terminología y de neología; da consistencia al dispositivo de enriquecimiento de la lengua francesa, volviéndose la aprobación de la Academia francesa indispensable para que los términos recomendados sean publicados, con sus definiciones, en el Journal officiel. La magistratura moral de la Academia se halla de este modo confirmada por el derecho, para el mayor beneficio de las instancias y organismos implicados en la defensa de la lengua francesa.

LA FEMINIZACIÓN DE LOS NOMBRES DE OFICIOS, FUNCIONES, GRADOS O TÍTULOS: UNA CONTROVERSIA RECIENTE

En 1984, el Primer ministro crea una « comisión de terminología relativa al vocabulario en lo concerniente a las actividades de las mujeres ». El decreto indica especialmente que « la feminización de los nombres de profesiones y de títulos apunta a colmar ciertas lagunas del uso de la lengua francesa en éste ámbito y a aportar una legitimización de las funciones sociales y de las profesiones ejercidas por las mujeres ».

La Academia francesa, que no había sido consultada, da parte de sus reservas en una declaración preparada por Georges Dumézil y Claude Lévi-Strauss. Denuncia en particular el contrasentido lingüístico sobre el cual reposa la empresa: es conveniente recordar que el masculino es en francés el género no marcado y puede por ello designar indiferentemente a los hombres y a las mujeres; en revancha, el femenino es llamado más pertinentemente el género marcado, y « la marca es privativa. Afecta al término marcado con una limitación de la cual sólo el otro está exento. A diferencia del género no marcado, el género marcado, aplicado a los seres inanimados, instituye entre los dos sexos una segregación. » Así la feminización amenaza con conducir a un resultado inverso al que se preveía, y establecería, en la lengua misma, una discriminación entre los hombres y las mujeres. La Academia contesta finalmente el principio mismo de una intervención gubernamental sobre el uso, juzgando que semejante proceder amenaza con « sembrar la confusión y el desorden en un equilibrio sutil nacido del uso, y que parecería más prudente dejar al uso el cuidado de modificar ».

Una circular del Primer ministro recomendó, en 1986, proceder a la feminización de los nombres de oficios, funciones, grados o títulos en los textos oficiales y en la administración. No fue aplicada.

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Los académicos en sesión en 1985
Luego, en 1997, ciertos ministros del gobierno preconizaron por su cuenta la forma feminizada « la ministra », lo cual provocó una nueva reacción de los académicos. En una circular del 6 de marzo de 1998, el Primer ministro constató el poco efecto del texto de 1986, pero recomendó de nuevo la feminización « en cuanto que se trata de términos cuyo femenino es por otra parte de uso corriente ». Encargó a la comisión general de terminología y de neología « hacer el balance de la cuestión ».

El reporte de la comisión fue entregado al Primer ministro en octubre de 1998. Recuerda que una intervención gubernamental sobre el uso se toparía muy pronto con obstáculos de orden jurídico y práctico, y que se puede dudar, de todas maneras, que sea seguida de efecto. Establece una neta diferencia entre los oficios por una parte (en los que las formas femeninas están desde siempre en uso y no plantean un problema en particular), y las funciones, grados o títulos por otra parte, que deben ser claramente distinguidos de la persona. La función no puede ser identificada a la persona que la ocupa, el título a la persona que lo porta, etc.; por esta razón, la utilización o la invención de formas femeninas no es deseable.

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