CRÓNICAS
DEL CONSULADO
Primera
Parte |
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Una mirada a la
historia verdadera del Emperador Napoleón
I, de su obra y de su legado
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| Refundación
de Francia.
« Instalación
del Consejo de Estado en el
palacio del Pequeño
Luxemburgo, el 25 de diciembre
de 1799. Bonaparte, Cambacerés
y Lebrun recibiendo los juramentos
de los presidentes »
(Boulay de la Meurthe, Legislación;
Roeder, Interior; Defermon,
Fianazas;Brune, Guerra; Gantaume,
Marina). Obra de Auguste Couder,
1856. |
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| UNA
SITUACIÓN BELÍGERA IRREDUCTIBLE |
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«
La guerra es el pago
en metálico de
órdenes de cambio
ya emprestadas ». |
Carl
von Clausewitz.. |
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A
su ascenso al poder supremo en diciembre de
1799, Bonaparte Primer Cónsul hereda
una situación general explosiva cuyo
origen remonta a 1789. Se encuentra en una
situación militar muy degradada con
relación a la que había dejado
a su partida a Egipto
en mayo de 1798. Las malas noticias traídas
de Francia habían por cierto precipitado
su regreso.
Tramada a instigación de William Pitt,
Primer Ministro británico, la segunda
coalición había reunido contra
Francia a Inglaterra,
Austria, Suecia, el Reino de las Dos Sicilias,
Portugal y el mítico Imperio Alemán.
Yendo de un fracaso a otro, los ejércitos
del Directorio habían sido repelidos
hasta las fronteras nacionales, perdiendo
todas las adquisiciones de Bonaparte en Campo-Formio.
De ese modo Francia se encontraba bajo la
amenaza directa de una invasión general.
Rechazando con desprecio el ofrecimiento de
negociaciones de Bonaparte, los coaligados
se vieron obligados una vez más por
las armas, a firmar los tratados de Lunéville,
con Austria, en febrero de 1801, y de Amiens,
con Inglaterra, en marzo de 1802. Volveremos
en la tercera parte sobre las peripecias de
esta guerra, marcada especialmente por la
legendaria victoria de Marengo
del 14 de junio de 1800, ganada por Bonaparte
en persona, y el brillante éxito del
general Moreau en Hohenlinden
el 3 de diciembre del mismo año.
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Tratado
de paz firmado en Amiens
el 24 de marzo del año
X
Gracias
a este tratado, el Primer
Cónsul logra
restablecer la paz en
el continente después
de más de una
década de guerras.
Grabado
de Le Beau según
Nodet.
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El
coronel Lauriston es
llevado en triunfo por
el pueblo de Londres
en octubre de 1801
Ayuda de campo de Napoleón
en Marengo, Lauriston
fue el encargado de
llevar a Inglaterra
la ratificación
de los preliminares
de paz. Dibujo de F.
Phillipoteaux.
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Poniendo fin
a nueve años de guerras ininterrumpidas
entre la Francia nueva y las monarquías
Europeas, el tratado de Amiens
fue recibido por doquier con un entusiasmo
indescriptible. Se piensa haber alcanzado
por fin una paz durable.
Pero esto no es por desgracia más que
una grandiosa ilusión, a la cual sucumbe
por un tiempo el mismo Bonaparte, como lo
confesará más tarde en Santa
Elena: « En Amiens,
yo creía de muy buena fe la suerte
de Francia, la del Imperio, la mía,
fijadas. Para mí, yo iba a dedicarme
únicamente a la administración
de Francia, y creo que hubiese concebido prodigios
».
Se comprende el optimismo beato del joven
Primer Cónsul, aureolado de gloria
y ya adulado por el pueblo. No se quedará
por mucho sobre esta pequeña nube,
tan solo el tiempo de la cruel llamada al
orden de las inexorables realidades internacionales.
Estrechamente
entrelazadas y alimentándose una a
otra, tres fuentes de conflictos exacerbados
se conjugan para no dejar lugar más
que a la fatalidad de la guerra,
substrato de toda la historia del Imperio:
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La sed de revancha de los vencidos,
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La inflexible reacción de las monarquías
absolutistas a la democracia naciente,
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La implacable rivalidad franco-inglesa.