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Vida
de S.M.I. el Emperador
y Rey NAPOLEÓN
I |
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Instituto
Napoleónico México-Francia - Institut
Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial. |
El Instituto Napoleónico
México-Francia orgullosamente presenta:
CRÓNICAS
DEL CONSULADO
Segunda
Parte |
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Una mirada a
la historia verdadera del Emperador Napoleón
I, de su obra y de su legado
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«
Napoleón Bonaparte
Primer Cónsul
»
Por Louis-Léopold
Boilly. |
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«
¡El
orden!, he ahí
el objeto de toda Constitución,
la tarea de todo gobierno,
el principio de toda
prosperidad pública
». |
Roederer. |
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Antes
de abordar la obra de Napoleón como
jefe de Estado, citemos tres opiniones entre
las más autorizadas. Permiten captar
de inicio la personalidad del Primer Cónsul
y del Emperador.
• El Presidente de la República
Francesa Georges Pompidou: « Napoleón
alcanzó las cimas de la grandeza
y colmó con ella a Francia a tal
punto que, desde entonces, nuestro pueblo
nunca se ha resignado a la mediocridad y
siempre ha respondido al llamado del honor
».
• Diálogo entre André
Malraux y el General De Gaulle. Malraux:
« En Napoleón hay el coloso,
hay también una gran mente, ¿pero
el alma? ».
De Gaulle: « En cuanto al alma,
tenga cuidado; no tuvo el tiempo. ¿Conoce
usted un lugar en el mundo donde la multitud
siente más el estremecimiento de
la grandeza que ante su tumba? ».
Cada año, visitantes cada vez más
numerosos, más de un millón
desde el año 2000, llegan para recogerse
frente a la tumba del Emperador, en Los
Inválidos. Más de la mitad
son extranjeros.
• Arthur Levy en 1893: « Napoleón
fue, ante todo, un trabajador obstinado;
cuestiones capitales o cuestiones secundarias
están, por así decirlo, en
el mismo plano en su mente; no son olvidadas
ni en las alegrías de la victoria,
ni en la tristeza de los reveses. Por una
consecuencia lógica de sus aptitudes
y del rigorismo de su conciencia, fue a
la vez el soldado más hábil,
el más activo del ejército
y el ciudadano más experto y el más
trabajador del Imperio. Tan alto como le
eleva el destino, Napoleón no olvida
nunca que nació para una vida de
trabajos arduos y de vicisitudes. Cuando
se encontró en la posición
más alta, en ese lugar que no ha
sido para tantos otros más que un
lecho de pereza y de voluptad, siempre fue
el primero a la obra. Renovó, cada
día, esos esfuerzos incesantes y
dolorosos que son, en esta tierra, el lote
de los desheredados y no de los potentados.
Esta conducta tan simple, y justamente porque
es muy simple, pareció fenomenal
a personas que tienen probablemente otra
concepción de los jefes de Estados,
y transformaron en una suerte de monstruosidad
sobrehumana, la unión , en un mismo
cerebro, del genio más trascendente
y del buen sentido más práctico.
En presencia de los admirables resultados
obtenidos por la voluntad de un solo hombre,
partido humilde y pobre, sin otro bagaje
que sus virtudes familiares de orden, de
economía y de trabajo, uno se siente
como más fuerte, más seguro
del porvenir. En caso de gran desgracia,
siempre se puede esperar que vendrá
un hombre que sabrá enderezar la
situación ».
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El
Primer Cónsul dirigiéndose
a las asambleas, en 1800
Dibujo de F. De Myrbach |
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La Constitución
del año VIII – La cosa más
urgente, era el establecimiento de un gobierno
en el marco de una nueva Constitución.
Una comisión compuesta por diez miembros,
cinco senadores y cinco diputados, bajo
la dirección
de Sieyès, fue encargada de la
preparación y de la redacción
de los nuevos textos. En su primera propuesta,
Sieyès veía un Primer Cónsul
que sería el Gran Elector, ricamente
instalado en el castillo de Versalles, cuyo
papel se limitaría al de emblema
nacional y de árbitro en caso de
conflicto entre los otros dos cónsules
o entre los cónsules y los ministros.
Napoleón rechazó esta fórmula
diciendo que no quería convertirse
en « un cochino [engordado]
al abono » y que si había
aceptado la carga de Primer Cónsul,
era para poder trabajar cada día,
con toda su energía, en pos del enderezamiento
de Francia. Esto recuerda la observación
ulterior de De Gaulle diciendo que no quería
ser un presidente únicamente encargado
« de inaugurar los crisantemos
».
El 4 de diciembre de 1799 tuvo lugar la
reunión de los cónsules y
de los diez miembros de la comisión
para la puesta a punto definitiva de la
Constitución. Cada artículo
era estudiado, y tras un debate, finalmente
adoptado y redactado. La Constitución
fechada el 13 de diciembre, fue promulgada
el 15 y entró en vigor el 25 de diciembre,
es decir el día de la Navidad. La
ley constitucional había prescrito
conservar ocho principios:
- La soberanía del pueblo francés
- La república como forma de gobierno,
- El sistema representativo
- La división de los poderes
- El respeto de la libertad,
- El respeto de la igualdad
- El respeto de la seguridad
- El respeto de la propiedad
He aquí un resumen de esta Constitución
del año VIII (1799):
•
El gobierno es confiado a tres Cónsules,
nombrados por diez años y reelegibles.
Lo esencial del poder pertenece al
Primer Cónsul que tiene la
iniciativa de las leyes.
• El Senado (80 miembros) vela
por el respeto de la Constitución
y tiene el poder de revisarla por
medio de un senadoconsulto.
• El Consejo de Estado (29 miembros,
asistidos por relatores del Consejo
y auditores) pone en forma las leyes
propuestas por el Primer Cónsul.
• El Tribunado (100 miembros)
discute y propone modificaciones a
las leyes.
• El Cuerpo Legislativo (300
miembros) vota o rechaza las leyes.
La
administración de París
y de los departamentos es igualmente
totalmente vuelta a formar en un sistema
que ha permanecido prácticamente
el mismo hasta nuestros días:
- París: Un prefecto del Sena
y un prefecto de policía. Alcaldes
de arrondissement - distritos
- nombrados (hoy en día son
elegidos), un Consejo general del
Sena. A nivel judicial, Gran juez,
tribunal supremo, tribunales de apelación.
- Departamento: Prefecto nombrado,
Consejo general, audiencia territorial.
- Distrito: Subprefecto nombrado,
Consejo de distrito, tribunal de primera
instancia, tribunal correccional.
- Comuna: Alcalde nombrado (hoy se
elige), Consejo municipal. Policía
a las órdenes del alcalde.
Los Cónsules y los ministros
son designados:
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Los
Tres Cónsules, Bonaparte,
Lebrun y Cambacerés
En torno al hombre providencial,
encontramos colaborando
juntos a un republicano
regicida y a un realista
moderado; dos hombres «
sabios,
capaces, pero de un matiz
totalmente opuesto
», dirá Napoleón.
Dibujo y grabado por Chataignier. |
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Primer Cónsul:
Napoleón Bonaparte,
segundo: Jean-Jacques Régis
Cambacerés, tercero Charles-François
Lebrun.
Para la elección de éste último,
Bonaparte, que no le conocía, se
informó con Roederer. He aquí
su diálogo:
- Bonaparte: No
sé a quién hacer cónsul
con Cambacerés. ¿Conocéis
a Lebrun y a Cretet?
- Roederer: Muy bien, Lebrun es un hombre
de primer mérito; Cretet es un hombre
de tercera línea.
- B: ¿Qué
era Lebrun?
- R: Primero fue secretario del canciller
Maupéou; enseguida literato distinguido;
constituyente; presidente de la administración
de Versalles, y legislativo.
- B: ¿Qué
hizo como literato?
- R: Tradujo a Homero y a Tasso.
- B: ¿Qué
reputación tiene?
- R: Pasó por ser realista; pero
siempre ha tenido y justificado la confianza
de los patriotas. Cuando se ha comprometido
una vez en un partido, le queda fiel, y
no existe un hombre más seguro.
- B: ¿No
está encaprichado con el jurado constitucionario?
- R: No está encaprichado más
que con una cosa: un gobierno fuerte tal
como vamos a tenerlo.
- B: Voy a tener
que estar bien tranquilo acerca de mis dos
cónsules, y que no pueda suponerles
ninguna vista en favor del regreso del rey.
¿Qué pensará Cambacerés
de la elección de Lebrun? Él,
se inclinó un poco por los terroristas.
- R: Os dirá que Lebrun se inclinó
por los realistas, razón para vos
de tomarle; equilibrará en la opinión
el reproche que se le puede hacer a Cambacerés;
un constituyente irá muy bien junto
a un convencional. Por lo demás,
es un viejecillo de 60 años que dará
gusto ver a vuestro lado. Sois joven, gustará
ver a un moderador en vuestro colegio. Todo
está bien en esta elección.
Tengo envidia de quien os ha dado esta idea.
- B: Nadie me
la ha dado, la soñé esta noche;
yo había pensado en Canteleu.
- R: Canteleu no haría deshonor
a vuestro Consulado, pero Lebrun lo realzará
mucho.
- B: ¿Es
un hombre de buenas pulgas?
- R: Excelente. Es un hombre modesto,
apacible, dulce, conciliador por naturaleza.
- B: Enviadme
sus obras, quiero ver su estilo.
- R: ¿Qué? Sus discursos
a la Asamblea constituyente y legislativa?
- B: No; sus obras
literarias.
- R: ¿Y qué veréis
en ellas de decisivo para una plaza de Cónsul?
- B: Veré
sus epístolas dedicatorias.
- R: En ese caso, vaya una curiosidad
a la cual no me esperaba. Con frecuencia
he comparado vuestras preguntas acerca de
los hombres y las cosas al estudio de un
puñado de arena que pasáis
grano por grano bajo la lupa; las epístolas
dedicatorias de Lebrun son el último
grano de arena del montón.
- B (riendo): Son
las dos, yo debería estar en el Consulado;
venid a cenar conmigo.
Como
Cónsul, Lebrun se encargará
con gran éxito de la reorganización
financiera. Escribirá en 1822:
«Espero a Napoleón
en la historia, ella dirá mucho
del guerrero, pero dirá más
del hombre de Estado».
Ministros:
• Guerra: General Berthier
• Justicia: Cambacerés
• Interior: Laplace
• Relaciones: Talleyrand
• Policía: Fouché
• Finanzas: Gaudin
• Marina: Forfait
• Secrétaire des Cónsuls:
Maret.
Sin
perder un minuto, el Primer Cónsul
se pone a la obra.
El día mismo de la formación
del gobierno, dirige una carta al
rey de Inglaterra y al emperador de
Austria invitándoles: «
a no negarse
la felicidad de darle la paz a los
pueblos de Europa »;
Inglaterra ni siquiera se molesta
en responder y el ejército
austriaco intensifica sus esfuerzos
en Italia para echar de ella a los
franceses e invadir la Côte
d’Azur.
También redacta una proclama:
« … Facciones
llenas de odio y codiciosas se repartían
la república. Francia está
en una desorganización general…
Franceses y francesas, la República,
fortalecida y vuelta a ser situada
en Europa en el rango que nunca debió
perder, pronto verá realizarse
todas las esperanzas de los ciudadanos…
». |
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El
Conde Pierre-Louis
Roederer (1711-1789)
Consejero de Estado, senador,
Par de Francia; Retrato
por Johann Heinrich Lips. |
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Para tener
una idea ajusta del estado lastimoso de
Francia, citemos a André Castelot
en su relación del primer contacto
entre Napoleón y Gaudin, el nuevo
ministro de finanzas.
Bonaparte recibió a Gaudin con el
aspecto más lleno de gracia:
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Martin-Michel-Charles
Gaudin (1756-1841)
Ministro de Finanzas, duque
de Gaëte. Grabado de
Jules Porreau, 1833 |
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« - ¿Habéis
trabajado por mucho tiempo en las
finanzas?
- Durante veinte años, mi
general.
- Tenemos
mucha necesidad de vuestra ayuda,
y cuento con ella. Vamos, prestad
juramento, tenemos prisa.
»
La formalidad cumplida, el Primer
Cónsul añade:
« Dirigíos
al ministerio para tomar posesión
de él, y dadnos, lo más
pronto que podáis, una relación
sobre nuestra situación,
al mismo tiempo que acerca de las
medidas que se deberán tomar
para restablecer el servicio que
falta por doquier. Venid a verme
esta noche a mi casa de la rue de
la Victoire, hablaremos ahí
más ampliamente de nuestros
asuntos ».
Gaudin halla en
la caja del Tesoro una suma de ciento
sesenta y siete mil francos
en metálico provenientes
de un adelanto de trescientos mil
francos hecho la víspera.
Ahora; hay cerca de quinientos
millones de francos de deudas,
sin mencionar bonos de requisición
no pagados y promesas de inscripciones
de renta no cumplidas. El engaño,
el desorden reinan por doquier.
Bonaparte explota: « ¡Qué
gente! ¡Qué gobierno!
¡Qué administración!
»
Cuando quiere enviar un ayuda de
campo a llevar un correo, no hay
el menor viático que darle
para sus gastos de ruta. El Primer
Cónsul quiere conocer la
fuerza precisa del ejército:
nadie puede informarle:
- ¿De qué nos
servirían? Ha habido tantas
mutaciones que no se han podido
contar.
- Pero
al menos, ¿debéis
tener el estado del sueldo que nos
llevará a nuestro objetivo?
- ¡No lo pagamos!
- ¿Pero
los estados de los víveres?
- ¡No los alimentamos!
- ¿Pero
los del vestido?
- ¡No los vestimos!
»
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El 26 de
diciembre de 1799, tiene lugar la instalación
del Consejo de Estado, el 27 la del Senado,
el 1o de enero (sí, el primer día
del año) las del Tribunado y del
Cuerpo legislativo.
El 13 de febrero de 1800 es creada la Banca
de Francia: recibirá su estatus definitivo,
después de seis años de experiencias
diversas, por la ley del 22 de abril de
1806. Francia tenía necesidad de
un papel moneda admitido por todos. El Estado
debía poder apoyarse en un establecimiento
financiero poderoso, capaz de asegurar adelantos
al Tesoro e incluso préstamos. El
6 de enero de 1800, algunos banqueros entre
los cuales Lecoulteux y Perregaux, apoyados
por el consejero de Estado Cretet, presentaron
al Primer Cónsul el proyecto de una
banca que practicaría el descuento,
el depósito y la emisión de
billetes a la vista o la orden, bajo el
control del gobierno. El Primer Cónsul
alentó vivamente la realización
del proyecto. Ya en agosto de 1800, la banca
fue capaz de pagar en metálico las
rentas y pensiones del Estado. ¡Tan
sólo un año después,
en 1801, podía acordar adelantos
al Tesoro!
El 17 de febrero de 1800, los prefectos
reciben su estatuto. En provincia, como
en París, la administración
estaba en un estado de desperdicio moral
y material espantoso, a veces bajo el mando
de iletrados. « El peón caminero
Michu, director de caminos, canales y puertos,
el cazador furtivo Barzic, presidente del
tribunal etc… ». Napoleón
va a enderezar la situación en un
dos por tres. Coloca un prefecto escogido
por su competencia a la cabeza de cada departamento.
« Me gustan
las personas honestas de todos los colores
», decía. El 11
de marzo de 1800, les dirige una circular,
no para prometerles riquezas o vacaciones
doradas, sino para pedirles consagrar toda
su energía al servicio de restablecimiento
de Francia. « Esta
plaza les impone deberes extensos, pero
os ofrece una gran recompensa; estáis
llamados a secundar al gobierno en el noble
objetivo de restituir a Francia su antiguo
esplendor, de reanimar en ella lo que ha
producido de grande y de generoso, y de
asentar finalmente ese magnífico
edificio sobre las bases inquebrantables
de la libertad y la igualdad
».
De enero a abril de 1800, Napoleón
lanza toda una serie de proyectos que veremos
en el momento de su logro, como por ejemplo
los códigos (civil,
de comercio, de instrucción criminal,
penal y de enjuiciamiento civil), la Universidad
Napoleónica, la libertad de los diferentes
cultos religiosos, La Legión
de Honor, la Bolsa, el Tribunal de cuentas,
las grandes obras ( caminos, canales, puertos),
los trabajos de urbanismo etc., etc…
Su actividad se verá peligrosamente
interrumpida en mayo y junio de 1800, pues
tendrá que dirigirse a Italia para
vencer a los austriacos que están
a punto de invadir Francia con miras a volver
a colocar en el trono a Luis XVIII, a quien
los flamencos, jugando con la sonoridad
de la apelación francesa Louis
dix-huit, llamaban « Louis die
zweet », es decir, Luis «
el transpirante ».

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