
El Instituto Napoleónico
México-Francia orgullosamante presenta:
CRÓNICAS
DEL CONSULADO
Segunda
Parte |
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Una mirada a la
historia verdadera del Emperador Napoleón
I, de su obra y de su legado
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«
Napoleón Bonaparte
Primer Cónsul
»
Por Louis-Léopold Boilly. |
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«
¡El
orden!, he ahí
el objeto de toda Constitución,
la tarea de todo gobierno,
el principio de toda prosperidad
pública
». |
Roederer . |
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Antes
de abordar la obra de Napoleón como
jefe de Estado, citemos tres opiniones entre
las más autorizadas. Permiten captar
de inicio la personalidad del Primer Cónsul
y del Emperador.
• El Presidente de la República
Francesa Georges Pompidou: « Napoleón
alcanzó las cimas de la grandeza y
colmó con ella a Francia a tal punto
que, desde entonces, nuestro pueblo nunca
se ha resignado a la mediocridad y siempre
ha respondido al llamado del honor ».
• Diálogo entre André
Malraux y el General De Gaulle. Malraux: «
En Napoleón hay el coloso, hay
también una gran mente, ¿pero
el alma? ».
De Gaulle: « En cuanto al alma,
tenga cuidado; no tuvo el tiempo. ¿Conoce
usted un lugar en el mundo donde la multitud
siente más el estremecimiento de la
grandeza que ante su tumba? ».
Cada año, visitantes cada vez más
numerosos, más de un millón
desde el año 2000, llegan para recogerse
frente a la tumba del Emperador, en Los
Inválidos. Más de la mitad
son extranjeros.
• Arthur Levy en 1893: « Napoleón
fue, ante todo, un trabajador obstinado; cuestiones
capitales o cuestiones secundarias están,
por así decirlo, en el mismo plano
en su mente; no son olvidadas ni en las alegrías
de la victoria, ni en la tristeza de los reveses.
Por una consecuencia lógica de sus
aptitudes y del rigorismo de su conciencia,
fue a la vez el soldado más hábil,
el más activo del ejército y
el ciudadano más experto y el más
trabajador del Imperio. Tan alto como le eleva
el destino, Napoleón no olvida nunca
que nació para una vida de trabajos
arduos y de vicisitudes. Cuando se encontró
en la posición más alta, en
ese lugar que no ha sido para tantos otros
más que un lecho de pereza y de voluptad,
siempre fue el primero a la obra. Renovó,
cada día, esos esfuerzos incesantes
y dolorosos que son, en esta tierra, el lote
de los desheredados y no de los potentados.
Esta conducta tan simple, y justamente porque
es muy simple, pareció fenomenal a
personas que tienen probablemente otra concepción
de los jefes de Estados, y transformaron en
una suerte de monstruosidad sobrehumana, la
unión , en un mismo cerebro, del genio
más trascendente y del buen sentido
más práctico. En presencia de
los admirables resultados obtenidos por la
voluntad de un solo hombre, partido humilde
y pobre, sin otro bagaje que sus virtudes
familiares de orden, de economía y
de trabajo, uno se siente como más
fuerte, más seguro del porvenir. En
caso de gran desgracia, siempre se puede esperar
que vendrá un hombre que sabrá
enderezar la situación ».
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El
Primer Cónsul dirigiéndose
a las asambleas, en 1800
Dibujo de Myrbach |
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La Constitución
del año VIII – La cosa más
urgente, era el establecimiento de un gobierno
en el marco de una nueva Constitución.
Una comisión compuesta por diez miembros,
cinco senadores y cinco diputados, bajo la
dirección
de Sieyès, fue encargada de la
preparación y de la redacción
de los nuevos textos. En su primera propuesta,
Sieyès veía un Primer Cónsul
que sería el Gran Elector, ricamente
instalado en el castillo de Versalles, cuyo
papel se limitaría al de emblema nacional
y de árbitro en caso de conflicto entre
los otros dos cónsules o entre los
cónsules y los ministros. Napoleón
rechazó esta fórmula diciendo
que no quería convertirse en «
un cochino [engordado] al abono
» y que si había aceptado la
carga de Primer Cónsul, era para poder
trabajar cada día, con toda su energía,
en pos del enderezamiento de Francia. Esto
recuerda la observación ulterior de
De Gaulle diciendo que no quería ser
un presidente únicamente encargado
« de inaugurar los crisantemos
».
El 4 de diciembre de 1799 tuvo lugar la reunión
de los cónsules y de los diez miembros
de la comisión para la puesta a punto
definitiva de la Constitución. Cada
artículo era estudiado, y tras un debate,
finalmente adoptado y redactado. La Constitución
fechada el 13 de diciembre, fue promulgada
el 15 y entró en vigor el 25 de diciembre,
es decir el día de la Navidad. La ley
constitucional había prescrito conservar
ocho principios:
- La soberanía del pueblo francés
- La república como forma de gobierno,
- El sistema representativo
- La división de los poderes
- El respeto de la libertad,
- El respeto de la igualdad
- El respeto de la seguridad
- El respeto de la propiedad
He aquí un resumen de esta Constitución
del año VIII (1799):
•
El gobierno es confiado a tres Cónsules,
nombrados por diez años y reelegibles.
Lo esencial del poder pertenece al Primer
Cónsul que tiene la iniciativa
de las leyes.
• El Senado (80 miembros) vela
por el respeto de la Constitución
y tiene el poder de revisarla por medio
de un senadoconsulto.
• El Consejo de Estado (29 miembros,
asistidos por relatores del Consejo
y auditores) pone en forma las leyes
propuestas por el Primer Cónsul.
• El Tribunado (100 miembros)
discute y propone modificaciones a las
leyes.
• El Cuerpo Legislativo (300 miembros)
vota o rechaza las leyes.
La administración
de París y de los departamentos
es igualmente totalmente vuelta a formar
en un sistema que ha permanecido prácticamente
el mismo hasta nuestros días:
- París: Un prefecto del Sena
y un prefecto de policía. Alcaldes
de arrondissement - distritos
- nombrados (hoy en día son elegidos),
un Consejo general del Sena. A nivel
judicial, Gran juez, tribunal supremo,
tribunales de apelación.
- Departamento: Prefecto nombrado, Consejo
general, audiencia territorial.
- Distrito: Subprefecto nombrado, Consejo
de distrito, tribunal de primera instancia,
tribunal correccional.
- Comuna: Alcalde nombrado (hoy se elige),
Consejo municipal. Policía a
las órdenes del alcalde.
Los Cónsules y los ministros
son designados:
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Los
Tres Cónsules, Bonaparte,
Lebrun y Cambacerés
En torno al hombre providencial,
encontramos colaborando juntos
a un republicano regicida
y a un monárquico moderado;
dos hombres « sabios,
capaces, pero de un matiz
totalmente opuesto »,
dirá Napoleón.
Dibujo y grabado por Chataignier. |
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Primer Cónsul:
Napoleón Bonaparte,
segundo: Jean-Jacques Régis
Cambacerés, tercero Charles-François
Lebrun.
Para la elección de éste último,
Bonaparte, que no le conocía, se informó
con Roederer. He aquí su diálogo:
- Bonaparte: No
sé a quién hacer cónsul
con Cambacerés. ¿Conocéis
a Lebrun y a Cretet?
- Roederer: Muy bien, Lebrun es un hombre
de primer mérito; Cretet es un hombre
de tercera línea.
- B: ¿Qué
era Lebrun?
- R: Primero fue secretario del canciller
Maupéou; enseguida literato distinguido;
constituyente; presidente de la administración
de Versalles, y legislativo.
- B: ¿Qué
hizo como literato?
- R: Tradujo a Homero y a Tasso.
- B: ¿Qué
reputación tiene?
- R: Pasó por ser realista; pero
siempre ha tenido y justificado la confianza
de los patriotas. Cuando se ha comprometido
una vez en un partido, le queda fiel, y no
existe un hombre más seguro.
- B: ¿No
está encaprichado con el jurado constitucionario?
- R: No está encaprichado más
que con una cosa: un gobierno fuerte tal como
vamos a tenerlo.
- B: Voy a tener
que estar bien tranquilo acerca de mis dos
cónsules, y que no pueda suponerles
ninguna vista en favor del regreso del rey.
¿Qué pensará Cambacerés
de la elección de Lebrun? Él,
se inclinó un poco por los terroristas.
- R: Os dirá que Lebrun se inclinó
por los realistas, razón para vos de
tomarle; equilibrará en la opinión
el reproche que se le puede hacer a Cambacerés;
un constituyente irá muy bien junto
a un convencional. Por lo demás, es
un viejecillo de 60 años que dará
gusto ver a vuestro lado. Sois joven, gustará
ver a un moderador en vuestro colegio. Todo
está bien en esta elección.
Tengo envidia de quien os ha dado esta idea.
- B: Nadie me la
ha dado, la soñé esta noche;
yo había pensado en Canteleu.
- R: Canteleu no haría deshonor
a vuestro Consulado, pero Lebrun lo realzará
mucho.
- B: ¿Es
un hombre de buenas pulgas?
- R: Excelente. Es un hombre modesto,
apacible, dulce, conciliador por naturaleza.
- B: Enviadme sus
obras, quiero ver su estilo.
- R: ¿Qué? Sus discursos
a la Asamblea constituyente y legislativa?
- B: No; sus obras
literarias.
- R: ¿Y qué veréis
en ellas de decisivo para una plaza de Cónsul?
- B: Veré
sus epístolas dedicatorias.
- R: En ese caso, vaya una curiosidad
a la cual no me esperaba. Con frecuencia he
comparado vuestras preguntas acerca de los
hombres y las cosas al estudio de un puñado
de arena que pasáis grano por grano
bajo la lupa; las epístolas dedicatorias
de Lebrun son el último grano de arena
del montón.
- B (riendo): Son
las dos, yo debería estar en el Consulado;
venid a cenar conmigo.
Como
Cónsul, Lebrun se encargará
con gran éxito de la reorganización
financiera. Escribirá en 1822:
« Espero a Napoleón
en la historia, ella dirá mucho
del guerrero, pero dirá más
del hombre de Estado ».
Ministros:
• Guerra: General Berthier
• Justicia: Cambacerés
• Interior: Laplace
• Relaciones: Talleyrand
• Policía: Fouché
• Finanzas: Gaudin
• Marina: Forfait
• Secrétaire des Cónsuls:
Maret.
Sin
perder un minuto, el Primer Cónsul
se pone a la obra.
El día mismo de la formación
del gobierno, dirige una carta al rey
de Inglaterra y al emperador de Austria
invitándoles: « a
no negarse la felicidad de darle la
paz a los pueblos de Europa
»; Inglaterra ni siquiera se molesta
en responder y el ejército austriaco
intensifica sus esfuerzos en Italia
para echar de ella a los franceses e
invadir la Côte d’Azur.
También redacta una proclama:
« … Facciones
llenas de odio y codiciosas se repartían
la república. Francia está
en una desorganización general…
Franceses y francesas, la República,
fortalecida y vuelta a ser situada en
Europa en el rango que nunca debió
perder, pronto verá realizarse
todas las esperanzas de los ciudadanos…
». |
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El
Conde Pierre-Louis
Roederer (1711-1789)
Consejero de Estado, senador,
Par de Francia; Retrato por
Johann Heinrich Lips. |
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Para tener
una idea ajusta del estado lastimoso de Francia,
citemos a André Castelot en su relación
del primer contacto entre Napoleón
y Gaudin, el nuevo ministro de finanzas.
Bonaparte recibió a Gaudin con el aspecto
más lleno de gracia:
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Martin-Michel-Charles
Gaudin (1756-1841)
Ministro de Finanzas, duque
de Gaëte. Grabado de
Jules Porreau, 1833 |
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« - ¿Habéis
trabaja o por mucho tiempo en las
finanzas?
- Durante veinte años, mi general.
- Tenemos
mucha necesidad de vuestra ayuda,
y cuento con ella. Vamos, prestad
juramento, tenemos prisa.
»
La formalidad cumplida, el Primer
Cónsul añade:
« Dirigíos
al ministerio para tomar posesión
de él, y dadnos, lo más
pronto que podáis, una relación
sobre nuestra situación, al
mismo tiempo que acerca de las medidas
que se deberán tomar para restablecer
el servicio que falta por doquier.
Venid a verme esta noche a mi casa
de la rue de la Victoire, hablaremos
ahí más ampliamente
de nuestros asuntos ».
Gaudin halla en la
caja del Tesoro una suma de ciento
sesenta y siete mil francos
en metálico provenientes de
un adelanto de trescientos mil francos
hecho la víspera. Ahora; hay
cerca de quinientos millones
de francos de deudas, sin
mencionar bonos de requisición
no pagados y promesas de inscripciones
de renta no cumplidas. El engaño,
el desorden reinan por doquier.
Bonaparte explota: « ¡Qué
gente! ¡Qué gobierno!
¡Qué administración!
»
Cuando quiere enviar un ayuda de campo
a llevar un correo, no hay el menor
viático que darle para sus
gastos de ruta. El Primer Cónsul
quiere conocer la fuerza precisa del
ejército: nadie puede informarle:
- ¿De qué nos servirían?
Ha habido tantas mutaciones que no
se han podido contar.
- Pero al
menos, ¿debéis tener
el estado del sueldo que nos llevará
a nuestro objetivo?
- ¡No lo pagamos!
- ¿Pero
los estados de los víveres?
- ¡No los alimentamos!
- ¿Pero
los del vestido?
- ¡No los vestimos!
»
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El 26 de diciembre
de 1799, tiene lugar la instalación
del Consejo de Estado, el 27 la del Senado,
el 1o de enero (sí, el primer día
del año) las del Tribunado y del Cuerpo
legislativo.
El 13 de febrero de 1800 es creada la Banca
de Francia: recibirá su estatus definitivo,
después de seis años de experiencias
diversas, por la ley del 22 de abril de 1806.
Francia tenía necesidad de un papel
moneda admitido por todos. El Estado debía
poder apoyarse en un establecimiento financiero
poderoso, capaz de asegurar adelantos al Tesoro
e incluso préstamos. El 6 de enero
de 1800, algunos banqueros entre los cuales
Lecoulteux y Perregaux, apoyados por el consejero
de Estado Cretet, presentaron al Primer Cónsul
el proyecto de una banca que practicaría
el descuento, el depósito y la emisión
de billetes a la vista o la orden, bajo el
control del gobierno. El Primer Cónsul
alentó vivamente la realización
del proyecto. Ya en agosto de 1800, la banca
fue capaz de pagar en metálico las
rentas y pensiones del Estado. ¡Tan
sólo un año después,
en 1801, podía acordar adelantos al
Tesoro!
El 17 de febrero de 1800, los prefectos reciben
su estatuto. En provincia, como en París,
la administración estaba en un estado
de desperdicio moral y material espantoso,
a veces bajo el mando de iletrados. «
El peón caminero Michu, director de
caminos, canales y puertos, el cazador furtivo
Barzic, presidente del tribunal etc…
». Napoleón va a enderezar la
situación en un dos por tres. Coloca
un prefecto escogido por su competencia a
la cabeza de cada departamento. « Me
gustan las personas honestas de todos los
colores », decía.
El 11 de marzo de 1800, les dirige una circular,
no para prometerles riquezas o vacaciones
doradas, sino para pedirles consagrar toda
su energía al servicio de restablecimiento
de Francia. « Esta
plaza les impone deberes extensos, pero os
ofrece una gran recompensa; estáis
llamados a secundar al gobierno en el noble
objetivo de restituir a Francia su antiguo
esplendor, de reanimar en ella lo que ha producido
de grande y de generoso, y de asentar finalmente
ese magnífico edificio sobre las bases
inquebrantables de la libertad y la igualdad
».
De enero a abril de 1800, Napoleón
lanza toda una serie de proyectos que veremos
en el momento de su logro, como por ejemplo
los códigos (civil,
de comercio, de instrucción criminal,
penal y de enjuiciamiento civil), la Universidad
Napoleónica, la libertad de los diferentes
cultos religiosos, La Legión
de Honor, la Bolsa, el Tribunal de cuentas,
las grandes obras ( caminos, canales, puertos),
los trabajos de urbanismo etc., etc…
Su actividad se verá peligrosamente
interrumpida en mayo y junio de 1800, pues
tendrá que dirigirse a Italia para
vencer a los austriacos que están a
punto de invadir Francia con miras a volver
a colocar en el trono a Luis XVIII, a quien
los flamencos, jugando con la sonoridad de
la apelación francesa Louis dix-huit,
llamaban « Louis die zweet
», es decir, Luis « el transpirante
».

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