Vida de S.M.I. el Emperador y Rey Napoleón I el Grande.
Vida de S.M.I. el Emperador y Rey NAPOLEÓN I
Instituto Napoleónico México Francia.
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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince Impérial.

El Instituto Napoleónico México-Francia orgullosamente presenta:

CRÓNICAS DEL CONSULADO

Primera Parte

Una mirada a la historia verdadera del Emperador Napoleón I, de su obra y de su legado

« Muerte del zorro corso, o última escena de la caza real »
Con la presa en mano, Inglaterra, bajo los rasgos del rey Jorge III, llama a la jauría de reyes aliados que acuden a toda prisa (a la derecha) para desgarrarla y exterminarla. Caricatura inglesa de la época, obra de James Gillray.
 
LA INFLEXIBLE HOSTILIDAD DE LAS MONARQUÍAS ABSOLUTISTAS EUROPEAS
 
« Los soberanos de Europa se dieron todos cita sobre mi tumba, pero no se atreven a reunirse ».
Napoleón en 1809.
 
Un enfrentamiento ideológico sin piedad redobla en efecto al conflicto territorial.
A su llegada al poder el 18 de Brumario, Bonaparte hereda una Francia nueva, que ha ahogado en sangre a la monarquía de los Borbones. Este sismo político contagioso ha sembrado el pánico entre los monarcas, quienes temen con razón por sus tronos. Las guerras « libertadoras » de la Revolución les han confirmado la gravedad del peligro. Desde la primera coalición, se han forjado una doctrina inflexible, consagrada por la conferencia de Amberes del 6 de abril de 1793. Los representantes de Inglaterra, de Austria, de Prusia y de Rusia no programaron nada menos que la destrucción total de la Francia de la Revolución.
En nombre de Inglaterra, lord Auckland ha declarado querer « reducir a Francia a una verdadera nada política ». Sobrepujando, el austriaco Mercy-Argenteau deseó «aplastar a Francia por el terror, exterminando a una gran porción de la parte activa y la casi totalidad de la parte dirigente de la nación». ¡Nada menos! Su compatriota Thugut incluso propuso un pasmoso reparto de los despojos: a Inglaterra Dunkerque y las colonias, a Austria Flandes y Artois, a Prusia Alsacia y Lorena. Una variante insólita consistía en otorgar Alsacia y Lorena al duque de Baviera, a cambio de que su ducado fuera incorporado a Austria. Este odio visceral de los representantes de Austria debe mucho a la decapitación por la Revolución de la Reina María-Antonieta, princesa austriaca. Rusia debe servirse en Polonia. Su plenipotenciario Markov ha resumido muy bien la meta de guerra de los coaligados, que desempeñarían con una implacable determinación hasta Waterloo: « Podemos permitirnos todo en la empresa contra Francia. Hay que destruir la anarquía en Francia. Debemos impedir que retome su antigua preponderancia. Parece que ambos objetos bien pueden ejecutarse a la vez. Apoderémonos de las provincias francesas que nos son convenientes (…). Una vez esto hecho, trabajemos todos de concierto para dar a lo que quede de Francia un gobierno estable y permanente. Se convertirá en una potencia de segundo orden que ya no será temible para nadie y haremos desaparecer de Europa el foco de democracia que ha pensado abrasar a Europa ». Este extracto lleno de bravura bien merecía una larga cita.
Es verdad que la monarquía de los Zares está más expuesta que las demás al contagio de los derechos del hombre. Su sistema social constituye un insulto a la dignidad humana. Una arrogante aristocracia señorial mantiene a un campesinado en estado de servidumbre, situación muy próxima a la esclavitud.
El rey Luis XVIII en traje de consagración
El Emperador Napoleón todavía no existe en ese momento. Posteriormente, esos autócratas mentirán descaradamente cuando pretendan insidiosamente no tener nada contra Francia, sino actuar exclusivamente contra la persona de Napoleón.

Diez años después de su primera conferencia, el odio de los monarcas Europeos no ha menguado en nada, muy al contrario. Las victorias fáciles de los ejércitos de la Francia Revolucionaria debieron mucho al recibimiento entusiasta de las poblaciones concernidas y al efecto inhibidor producido sobre los combatientes enemigos, de quienes se esperaba que se opusieran a los « libertadores ».
Los autócratas « por derecho divino » tiemblan más que nunca sobre sus tronos oscilantes. Para salvar su régimen, les es forzoso, a cualquier precio, extirpar « el mal francés » desde la raíz, sofocar de una vez por todas la Revolución, volver a meter al pueblo francés en cintura para que ningún otro pueblo tenga ganas de imitarlo.
Un diplomático curtido, el conde de Hauterive expresa entonces perfectamente el carácter inexorable del afrontamiento entre la Europa absolutista y la nueva Francia: « Es preciso que una mate a la otra. Es necesario, o que Francia perezca, o que destrone a suficientes reyes para que lo que quede no pueda componer una coalición. La coalición habrá destruido al Imperio francés el día en que lo haya hecho retrogradar, pues, en esta marcha uno no se detiene ». Palabras premonitorias…

El Conde de Hauterive, Alexandre-Maurice Blanc de La Nautte (1754-1830). Director de los archivos y de la cancillería del ministerio de Asuntos exteriores de 1807 a 1830. Grabado de Lignon, según un dibujo de Paulin Guérin, 1830.
El conde Karl Wassiljewitsch Nesselrode (1780-1862). Amigo de Metternich, diplomático en Württemberg, Berlín y La Haya, participa en las negociaciones de Tilsitt. Es nombrado embajador ruso en París.

De 1789 a 1815, la feroz voluntad de las monarquías legitimistas Europeas de abatir a la nueva Francia no se desmentirá jamás y acabará por convertirse en una obsesión llena de odio. Ni la instauración del Imperio con su restablecimiento y fasto monárquicos, ni la alianza matrimonial con los Habsburgo, menguarán en lo más mínimo una hostilidad visceral, lo cual, dicho sea de paso, constituye el más hermoso homenaje a la vocación libertaria del régimen imperial.
A principios de 1813, sus ministros Roumiantzov y Nesselrode van a persuadir al Zar vencedor de que la « Santa Rusia » está investida de la misión divina de liberar a Europa de Napoleón. Este fanatismo es ampliamente compartido por las demás cortes.
No nos encontramos ante una coalición sino ante una cruzada contra Francia, en donde la opinión le responde en eco. El « Chant du départ », el más popular de la época, ha inmortalizado la hostilidad existente en aquel tiempo hacia la monarquía borbónica y sus aliados:
« Tremblez ennemis de la France, rois ivres de sang et d’orgueil, le peuple souverain s’avance, Tyrans descendez au cercueil. La République nous appelle… » *

Ya no faltaba más que la inextricable cuestión religiosa para llevar a su paroxismo la hostilidad general hacia la Francia del Consulado. Entre los ultrajes pasados de una Revolución desenfrenada, la trágica persecución de los católicos y la descristianización homicida del país habían levantado contra ella al papado y a todo cuanto Europa contaba de devotos. Un exceso engendrando otro, Bonaparte en persona, como heredero de los aportes de las Luces y de la Revolución, no estaba lejos de ser considerado de manera perentoria como un « anticristo » del cual « la humanidad » debía tratar sin cejar de deshacerse, lo antes posible y por cualquier medio. Más tarde, su valiente emancipación de los judíos no contribuirá en absoluto a atenuar esta hostilidad de ciertos medios cristianos – católicos, protestantes y sobre todo ortodoxos – hacia su persona, que le disputa en intensidad la execración de Gran Bretaña.

* « Temblad enemigos de Francia, reyes ebrios de sangre y de orgullo, el pueblo soberano avanza, Tiranos, descended al féretro. La república nos llama… »

Instituto Napoleónico México-Francia, INMF.