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Vida
de S.M.I.
el Emperador y Rey NAPOLEÓN
I |
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Instituto
Napoleónico México-Francia -
Institut Napoléonien Mexique-France
Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
S.A.I. Jean-Christophe Napoléon, Prince
Impérial. |
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El
Instituto Napoleónico México-Francia
orgullosamente presenta:
CRÓNICAS
DEL CONSULADO
Segunda
Parte |
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Una mirada a
la historia verdadera del Emperador Napoleón
I, de su obra y de su legado
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La
pacificación de la
Vendea
En diciembre de 1799, el
Primer Cónsul había
ofrecido el perdón
a los chuanes recalcitrantes.
Dibujo de Charles Monnet
para la Historia de
Francia (1805). |
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| LA
REDUCCIÓN DE LA CHUANERÍA
O LA PAZ DE LOS BRAVOS |
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«
Haremos
de Francia un
cementerio antes
que no regenerarla
a nuestra manera
y fallar en
el objetivo
que nos hemos
propuesto
». |
General Jean-Baptiste
Carrier; Nantes,
1793. |
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Esta
operación es llevada a cabo
paralelamente a la restauración
de la paz exterior y al perdón
de los emigrados, por lo mucho que
estas cuestiones están imbricadas.
Por esa razón,
es preciso echar un vistazo previo
a los antecedentes y al contexto histórico
general de la Francia preconsular,
para comprender la terrible complejidad
y verdadera dimensión de la
prodigiosa obra de pacificación
y de reconciliación nacional
lograda por el Primer Cónsul.
Desde
1792, Francia es víctima de
una mortífera guerra civil
caracterizada por una campaña
de exterminio, al mismo tiempo que
de una guerra extranjera...
Los primeros excesos de la Revolución
chocan de frente contra los sentimientos
de los realistas y religiosos de los
medios rurales, en donde los nobles
y el clero Católico ejercen
una fuerte influencia, en particular
en el oeste del país, pero
también en el centro y sur.
La oposición suscitada desde
la toma de la Bastilla el 14 de julio
de 1789 se desarrolla en relación
con la deposición de
la monarquía milenaria
y la política de
descristianización
del país.
Desde
el 2 de noviembre de 1789, los bienes
del clero son « puestos a disposición
de la Nación ».
El 13 de febrero de 1790, un decreto
prohíbe los votos monásticos
perpetuos. El 12 de julio de 1790
se produce el acto más hostil
hacia la Iglesia Católica,
el voto de la Constitución
Civil del Clero, que literalmente
prende fuego a la pólvora.
Los sacerdotes deben jurar fidelidad
a la Constitución. Un gran
número de ellos se niega. Considerados
fuera de la ley y arriesgándose
a la pena de muerte, ya sea que emigran
o como lo hemos visto, o se enrolan
en la lucha armada junto con los campesinos
en sublevados. |
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«
Sentinela bretón
cuidando un pórtico
»
Cuadro de Charles Loyeux
(1823-1898) |
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LA
CONSTITUCIÓN CIVIL DEL
CLERO |
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No
satisfecha con haber nacionalizado
los bienes del clero, cerrado
los conventos y abolido los
votos monásticos, la
Asamblea constituyente revolucionaria
se dispone a reorganizar
la Iglesia, naciendo así
la Constitución
civil del clero, votada
el 12 de julio de 1790;
transforma las circunscripciones
territoriales eclesiásticas
reduciendo de 183 a 38 los obispados
en Francia. En añadidura
los cambios saldrían
del ámbito administrativo
al decidirse que los curas serían
designados por los electores
de los distritos, y los obispos
por los de los departamentos;
asimismo, la investidura canónica
sería dada al obispo
por la autoridad metropolitana.
Por otro lado se prohibía
estrictamente a los prelados
pedir su confirmación
al Papa, a quien tan solo se
le informaría el resultado
de la elección. En resumen,
los obispos y los sacerdotes
eran designados y remunerados
por el Estado, convirtiéndose
así en meros funcionarios.
Confrontado a un proyecto de
ley tan contrario a sus principios,
pero amedrentado y bajo una
gran presión, el rey
Luis XVI concede su sanción
el 24 de agosto de 1790 tras
terribles dudas y lamentos;
en efecto, a la arbitrariedad
de estas medidas se añade
que la Asamblea constituyente
exige de todos los sacerdotes
un juramento de obediencia
a la constitución. En
marzo de 1791, el Papa Pío
VI condena tajantemente dicha
constitución resultando
de ello una terrible fractura
en el cuerpo social, dividido
por pasiones políticas
primero, y enseguida religiosas.
Naturalmente, muchos curas se
alinean con el Santo Padre y
rechazan el juramento o se retractan
del mismo: son los sacerdotes
refractarios
o no-juramentados;
los que bajo amenaza o coacción
se acobardan y se doblegan son
llamados constitucionales
o juramentados.
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«
Los refractarios
llendo a la tierra
prometida »
Caricatura popular
republicana que
muestra bajo una
óptica satírica
la partida del clero
refractario y los
creyentes fieles
a Roma hacia el
extranjero, tras
la Constitución
de 1790. |
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Este
cisma, que marca la ruptura
total y definitiva entre los
católicos y la revolución,
acarreará junto con otras
causas graves el desastroso
asunto de Varennes y la postrera
tragedia de la Familia Real.
Las cosas empeoran cuando el
29 noviembre de 1791 la Asamblea
legislativa decreta que los
curas refractarios serán
considerados sospechosos y condenados
a muerte; a partir de ese momento
iniciarán las persecuciones
de los católicos fieles
a Roma, que se agravarían
todavía durante el régimen
de la Convención, y que
llevarán al « Decreto
de despoblación »
(1793) y los subsiguientes exterminios
de la descristianización
de la Francia revolucionaria.
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La ineluctable
condena papal de la infame Constitución
Civil del Clero incita a la rebelión.
La Asamblea Constituyente replica con la
anexión a Francia de Aviñón,
ciudad del Papa. La Asamblea Legislativa
organiza la cacería de los «
sacerdotes refractarios » con dos
decretos especiales del 29 de noviembre
de 1791 y el 27 de mayo de 1792. El Rey
opone su veto el 11 de junio de 1792. Del
2 al 6 de septiembre tienen lugar en las
prisiones las abominables masacres de oponentes,
en su mayoría los llamados «
ci-devant » - (hasta aquí
nobles) - y religiosos, la mácula
más sangrienta de la Revolución.
El 20 de septiembre siguiente, son instituidas
la laicización del Estado Civil y
el divorcio. El día siguiente, la
Convención, recientemente reunida,
decreta la abolición de la monarquía.
La infundada condena a muerte del Rey y
su inicua ejecución, el 21 de enero
de 1793, acaban de envenenar el conflicto
y hunden a Francia en las tinieblas del
Terror (5 de septiembre de 1793).
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| Las
Masacres de Septiembre |
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En
uno de los episodios más
atroces de la Revolución
francesa, se perpetúan,
del 2 al 7 de septiembre de
1792, ejecuciones masivas
en diversas ciudades de Francia.
Todo inicia en un París
amenazado con la llegada anunciada
de las fuerzas austro-prusianas.
Antes de la partida de los
voluntarios hacia las fronteras,
Dantón desea purgar
la ciudad de los elementos
«sospechosos»,
es decir los nobles y los
sacerdotes, según sus
palabras « conspiradores
feroces ». El horror
se desata en el cruce de Buci,
donde es masacrada una caravana
de curas refractarios por
un grupo de soldados. Enseguida
23 religiosos más serán
degollados en la Prisión
de la Abadía, extendiéndose
la matanza al Convento de
las Carmelitas donde se encuentran
presos 150 curas no-juramentados
quienes, mientras oran arrodillados
en el altar, son descuartizados
a hachazos y a cuchilladas
con picas. En la Abadía
se organiza un « tribunal
» en el que, bajo los
alaridos de los asesinos y
de las verduleras callejeras
« más excitadas
que los hombres », se
ejecuta durante toda la noche
a más de 300 personas.
Las matanzas se extenderán
durante cinco días
más, en la iglesia
jesuita San Pablo-San Luis,
en la Conserjería,
la prisión del Gran
Chatêlet, la prisión
de las Carmelitas, la Force…
Les siguen las ciudades de
Reims, Orleáns, Meaux,
pues el « amigo del
pueblo », el gravemente
trastornado Marat, principal
instigador de estos crímenes,
desea esparcir estos sangrientos
« tribunales »
en todo el país. El
3 de septiembre publica que:
« estos actos de
justicia han parecido
indispensables [a la Comuna
de París] para retener
por el terror a las legiones
de traidores escondidos en
sus muros (…) y sin
duda la nación toda
entera (…) se apresurará
en adoptar este medio tan
necesario a la salud pública
». Las escenas más
repugnantes tendrán
lugar en el hospicio de la
Salpétrière
y en Bicêtre, donde
se violará a las prostitutas,
a las locas y a las niñas
huérfanas antes de
destazarlas inertes y aún
vivas. El balance de estas
jornadas será, tan
sólo en París,
de 1300 ó 1400 víctimas,
y lo peor del cuadro es que
semejantes actos no fueron
espontáneos, sino organizados,
siendo los masacradores abrevados
y remunerados, seis francos
al día, según
algunas fuentes. En estos
grabados de la época
presenciamos, en ese orden,
la Masacre de los curas
refractarios en la prisión
del antiguo convento de las
Carmelitas, la Decolación
de la princesa de Lamballe,
y la Masacre de prisioneros
de derecho común en
el Hotel de La Force. |
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La insurrección
armada de los medios rurales del oeste lleva
la apelación genérica de «
Chuanería », que proviene
del apodo de Juan Cottereau, llamado Juan
Chouan, conocido por su imitación
perfecta del grito de la lechuza, «
toque de llamada » de los insurgentes
La conspiración realista bretona
de la Rouerie marca el inicio del alzamiento
durante el primer trimestre de 1792. Conocerá
a lo largo de los años venideros
diversas peripecias, alternándose
momentos paroxísticos con raros periodos
de calma provisional. Una verdadera guerra
civil enfrentará a miles de campesinos
a los ejércitos de la República
en una guerra sin merced.
Los chuanes
fracasan frente a Granville el 13 de noviembre
de 1793. Son desbaratados en Le Mans en
una batalla callejera, el 12 de diciembre.
Obtienen a su vez algunos éxitos
en emboscadas horribles. El ejército
de la República replica con las tristemente
célebres « columnas infernales
». La crueldad y la vileza de los
enfrentamientos es indecible. El conflicto,
primer genocidio de la era moderna, provoca
un enorme número de víctimas
asesinadas en las condiciones más
atroces. El representante de la República,
Carrier, se distingue particularmente en
el horror en Nantes. Sus excesos terroristas
indisponen inclusive a los republicanos,
quienes terminan condenándole a muerte
y le ejecutan el 23 de noviembre de 1794
(ver también nuestra página
Napoleón
y la religión).
Los insurgentes sufren una muy severa derrota
en Savenay el 23 de diciembre de 1793, resultando
de esto una relativa calma. Se cree que
se acerca a la paz con la acción
pacificadora de La Jaunaye.
Una amnistía y la libertad de los
cultos son acordados a los vendeanos el
17 de febrero de 1795.
Sin embargo, la chuanería vuelve
a surgir como nunca en ocasión del
asunto de Quiberón.
Muchos miles de emigrados, transportados
y escoltados por ingleses, desembarcan en
la península el 15 de julio de 1795.
Hoche los echa brutalmente al mar o los
dispersa en los campos, en donde son acogidos
mal que bien por los chuanes.
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| Las
guerras de exterminio en Vendea
y Bretaña |
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Por
medio de los decretos del
2 de agosto
y del 1º de noviembre
de 1793, el gobierno
revolucionario de la Convención,
en su voluntad de descristianización
del territorio, se lanza a
la destrucción de la
Vendea y del «exterminio»
de la «raza rebelde»,
es decir los realistas y los
católicos de dicha
región del oeste de
Francia que perdió
en este genocidio a unos 350
000 habitantes. Los horrores
de esta campaña son
ilustrados por personajes
abyectos como el general republicano
Louis Marie Turreau
(1756-1816), famoso organizador
de las Columnas
Infernales que
masacraron a decenas de miles
de vendeanos y asolaron toda
la región sin escatimar
bestias, campos y bosques.
A principios de 1794, tras
la debacle del ejército
realista en el Loira, ya solo
subsisten en la región
bandas aisladas y siempre
decrecientes de resistentes;
las Columnas se encarnizan
entonces con la población
indefensa. Uno de los reportes
del mando republicano nos
informa que: «…
Matamos a cerca de 2000 [pueblerinos]
cada día... Mandé
maté (sic) esta mañana
a 53 mujeres, igual número
de niños... Quemé
todas las casas y degollé
a todos los habitantes que
encontré. Prefiero
degollar para economizar mis
municiones...». Sorprendentemente,
este hombre enfermo atraviesa
los gobiernos sucesivos hasta
1816 sin ser inculpado por
sus crímenes, tras
ser absuelto por unanimidad
en un juicio en 1795. El senador
estadounidense William Plummer
nos dice de éste hombre
de «grandes bigotes,
cara roja feroz y ojos encendidos»
que golpeaba a su mujer con
un látigo, que «nunca
[había] contemplado
un rostro tan cruel y sanguinario».
En 1814 se somete a Luis XVIII
e, increíblemente,
tras los Cien Días,
¡aparece en la lista
real de beneficiarios de la
Cruz de San Luis! Vemos aquí
Las Columnas infernales
en Cholet y La defensa
de Rochefort-en-terre
por Alexandre Bloch (1885). |
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Después
de la derrota de los Realistas, Hoche
lleva a cabo una eficaz campaña de
pacificación, combinando firmeza
y apaciguamiento religioso. Los jefes insurgentes
son capturados y fusilados, Stofflet
en Angers el 25 de febrero de 1796 y Charrette
en Nantes el 29 de marzo de 1796.
En el verano de 1796 el sometimiento es
más o menos general.
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La
represión anti-realista del
18 Fructidor revive nuevamente la
rebelión. El efímero
Rochecotte realiza
la coordinación interregional
de la chuanería. En agosto
de 1799 se produce la tentativa de
la «guerra de las cabezas
de partido» en Vendea,
Anjou y Normandía. Châtillon
se apodera de Nantes, Bourmont
de Le Mans, Mercier
de Saint Brieuc, de
Sol de La Roche Bernard.
Frotté llega
a los suburbios de Versalles; pero
esas localidades se pierden de inmediato.
La calma temporal en las frontera
consecutiva a las victorias de Brune
y de Masséna contra la segunda
coalición permite al Directorio
recuperar la ventaja.
Poner
un punto final a esta guerra civil
constituye evidentemente una prioridad
para el Primer Cónsul.
Empieza por dar muestra de su mansedumbre
a través de gestos de buena
voluntad. Suprime la fiesta revolucionaria
que conmemora el 21 de enero el aniversario
de la ejecución de Luis XVI.
Firma la abolición de la Ley
de los rehenes, votada por el Directorio
tres meses antes, y se presenta ostensiblemente
en la prisión del Temple para
liberar a los detenidos concernidos.
Ofrece una amnistía
general a los chuanes y promete
volver a discutir la cuestión
de la Constitución Civil del
Clero.
Convencido, el abate Bernier,
cura de Anjou, provoca múltiples
uniones en todo el oeste y lleva a
cabo un papel considerable de apaciguamiento.
Pero
el perdón y la generosidad
no bastan. Por desgracia queda por
terminar el trabajo de pacificación
sometiendo por la fuerza a irreductibles
grupos de resistencia con los generales
Brune, Gardanne,
Chabot y d’Arnaud.
El Primer Cónsul les recomienda
la más grande firmeza asociada
a « una
gran tolerancia para con los sacerdotes
»; sabe que ellos tienen la
solución del problema.
Los
resultados se manifiestan rápidamente.
Todo el sur del Loira se somete. La
captura de Bourmont hace caer el Maine
y el país de Chartres. Este
singular personaje dará tristemente
qué decir de él llegado
el momento de Waterloo.
La muerte de Frotté, en condiciones
cercanas al asesinato como consecuencia
de un grave malentendido, trae consigo
la rendición de Normandía.
Un tratado general de paz
puede por fin ser firmado. Se trata
de una especie de pacto de honor,
que acuerda el perdón a los
insurgentes contra una entrega de
las armas, muy liberalmente aplicada.
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«
Escena
de la guerra de
los chuanes » |
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El
movimiento realista
y católico
conocido como
la Chuanería
se
manifestó
en 1794 y hasta
1800 en doce departamentos
de Francia, especialmente
en Maine y Bretaña.
Sus principales
motivaciones eran
la defensa férrea
de su fe cristiana
y su oposición
obstinada a la
conscripción
militar por las
autoridades revolucionarias.
Sus hazañas
y bravura serán
inmortalizadas
por grandes literatos
como Balzac, Víctor
Hugo o Barbey
d’Aurevilly.
Para su mala fortuna,
sus tácticas
de guerra eran
muy pobres, basándose
principalmente
en asaltos y emboscadas
de tipo guerrillero.
Cuadro de Auguste
Emile Bellet,
1882. |
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Hasta el
indomable Georges Cadoudal
consiente al alto de las hostilidades, pero
rechaza la deposición de armas. Bonaparte
le recibe en dos ocasiones en las Tullerías
con la esperanza de hacerlo unírsele
plenamente. A pesar de sus ofertas generosas,
se obstina en su irreductible oposición.
Como lo hemos visto más arriba, pasará
entonces de la guerrilla a la acción
terrorista.
Además de Bourmont, varios notables
chuanes se unen al nuevo régimen,
entre los cuales los generales de
Piré y de Scépaux.
Para terminar
de una vez con la chuanería, ésta
conocerá más tarde algunas
resurgencias localizadas y efímeras
con de Bar, d’Aché,
Arnaud de Chateaubriand
y Luis de la Rochejaquelein.
No obstante, su acción se aparentará
más a la de los servicios secretos
que a un real enfrentamiento armado. A la
postre, el espíritu chuán
seguirá manifestándose a través
únicamente de la oposición
electoral.
¡Tras
la paz de los corazones y la paz de los
bravos, llega el turno de la paz de las
almas!

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