
El Instituto Napoleónico
México-Francia orgullosamante presenta:
CRÓNICAS
DEL CONSULADO
Primera
Parte |
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Una mirada a la
historia verdadera del Emperador Napoleón
I, de su obra y de su legado
 |
«
La pacificación
de la Vendea »
En diciembre de 1799, el Primer
Cónsul había
ofrecido el perdón
a los chuanes recalcitrantes.
Dibujo de Charles Monnet para
la Historia de Francia
(1805). |
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| LA
REDUCCIÓN DE LA CHUANERÍA
O LA PAZ DE LOS BRAVOS |
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«Haremos
de Francia un
cementerio antes
que no regenerarla
a nuestra manera
y fallar en el
objetivo que nos
hemos propuesto». |
General Jean-Baptiste
Carrier; Nantes,
1793. |
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Esta
operación es llevada a cabo paralelamente
a la restauración de la paz exterior
y al perdón de los emigrados,
por lo mucho que estas cuestiones están
imbricadas.
Por esa razón,
es preciso echar un vistazo previo a
los antecedentes y al contexto histórico
general de la Francia preconsular, para
comprender la terrible complejidad y
verdadera dimensión de la prodigiosa
obra de pacificación y de reconciliación
nacional lograda por el Primer Cónsul.
Desde
1792, Francia es víctima de una
mortífera guerra civil caracterizada
por una campaña de exterminio,
al mismo tiempo que de una guerra extranjera...
Los primeros excesos de la Revolución
chocan de frente contra los sentimientos
de los realistas y religiosos de los
medios rurales, en donde los nobles
y el clero Católico ejercen una
fuerte influencia, en particular en
el oeste del país, pero también
en el centro y sur. La oposición
suscitada desde la toma de la Bastilla
el 14 de julio de 1789 se desarrolla
en relación con la deposición
de la monarquía milenaria
y la política de
descristianización
del país.
Desde
el 2 de noviembre de 1789, los bienes
del clero son « puestos a disposición
de la Nación ».
El 13 de febrero de 1790, un decreto
prohíbe los votos monásticos
perpetuos. El 12 de julio de 1790 se
produce el acto más hostil hacia
la Iglesia Católica, el voto
de la Constitución Civil
del Clero, que literalmente
prende fuego a la pólvora. Los
sacerdotes deben jurar fidelidad a la
Constitución. Un gran número
de ellos se niega. Considerados fuera
de la ley y arriesgándose a la
pena de muerte, ya sea que emigran o
como lo hemos visto, o se enrolan en
la lucha armada junto con los campesinos
en sublevados. |
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«
Sentinela bretón cuidando
un pórtico »
Cuadro de Charles Loyeux (1823-1898) |
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LA
CONSTITUCIÓN CIVIL DEL
CLERO |
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No
satisfecha con haber nacionalizado
los bienes del clero, cerrado
los conventos y abolido los votos
monásticos, la Asamblea
constituyente revolucionaria se
dispone a reorganizar
la Iglesia, naciendo así
la Constitución
civil del clero, votada
el 12 de julio de 1790;
transforma las circunscripciones
territoriales eclesiásticas
reduciendo de 183 a 38 los obispados
en Francia. En añadidura
los cambios saldrían del
ámbito administrativo al
decidirse que los curas serían
designados por los electores de
los distritos, y los obispos por
los de los departamentos; asimismo,
la investidura canónica
sería dada al obispo por
la autoridad metropolitana. Por
otro lado se prohibía estrictamente
a los prelados pedir su confirmación
al Papa, a quien tan solo se le
informaría el resultado
de la elección. En resumen,
los obispos y los sacerdotes eran
designados y remunerados por el
Estado, convirtiéndose
así en meros funcionarios.
Confrontado a un proyecto de ley
tan contrario a sus principios,
pero amedrentado y bajo una gran
presión, el rey Luis XVI
concede su sanción el 24
de agosto de 1790 tras terribles
dudas y lamentos; en efecto, a
la arbitrariedad de estas medidas
se añade que la Asamblea
constituyente exige de todos los
sacerdotes un juramento
de obediencia a la constitución.
En marzo de 1791, el Papa Pío
VI condena tajantemente dicha
constitución resultando
de ello una terrible fractura
en el cuerpo social, dividido
por pasiones políticas
primero, y enseguida religiosas.
Naturalmente, muchos curas se
alinean con el Santo Padre y rechazan
el juramento o se retractan del
mismo: son los sacerdotes refractarios
o no-juramentados;
los que bajo amenaza o coacción
se acobardan y se doblegan son
llamados constitucionales
o juramentados.
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«
Los refractarios llendo
a la tierra prometida
»
Caricatura popular
republicana que muestra
bajo una óptica
satírica la
partida del clero
refractario y los
creyentes fieles a
Roma hacia el extranjero,
tras la Constitución
de 1790. |
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Este
cisma, que marca la ruptura total
y definitiva entre los católicos
y la revolución, acarreará
junto con otras causas graves
el desastroso asunto de Varennes
y la postrera tragedia de la Familia
Real. Las cosas empeoran cuando
el 29 noviembre de 1791 la Asamblea
legislativa decreta que los curas
refractarios serán considerados
sospechosos y condenados a muerte;
a partir de ese momento iniciarán
las persecuciones de los católicos
fieles a Roma, que se agravarían
todavía durante el régimen
de la Convención, y que
llevarán al «Decreto
de despoblación»
(1793) y los subsiguientes exterminios
de la descristianización
de la Francia revolucionaria.
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La ineluctable
condena papal de la infame Constitución
Civil del Clero incita a la rebelión.
La Asamblea Constituyente replica con la anexión
a Francia de Aviñón, ciudad
del Papa. La Asamblea Legislativa organiza
la cacería de los « sacerdotes
refractarios » con dos decretos especiales
del 29 de noviembre de 1791 y el 27 de mayo
de 1792. El Rey opone su veto el 11 de junio
de 1792. Del 2 al 6 de septiembre tienen lugar
en las prisiones las abominables masacres
de oponentes, en su mayoría los llamados
« ci-devant » - (hasta aquí
nobles) - y religiosos, la mácula
más sangrienta de la Revolución.
El 20 de septiembre siguiente, son instituidas
la laicización del Estado Civil y el
divorcio. El día siguiente, la Convención,
recientemente reunida, decreta la abolición
de la monarquía. La infundada condena
a muerte del Rey y su inicua ejecución,
el 21 de enero de 1793, acaban de envenenar
el conflicto y hunden a Francia en las tinieblas
del Terror (5 de septiembre de 1793).
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| Las
Masacres de Septiembre
(2 al 7 de septiembre de 1792) |
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En
uno de los episodios más
atroces de la Revolución
francesa, se perpetúan
del 2 al 7 de dicho mes ejecuciones
masivas en diversas ciudades
de Francia. Todo inicia en un
París amenazado con la
llegada anunciada de las fuerzas
austro-prusianas. Antes de la
partida de los voluntarios hacia
las fronteras, Dantón
desea purgar la ciudad de los
elementos «sospechosos»,
es decir los nobles y los sacerdotes
«conspiradores feroces».
El horror se desata en el cruce
de Buci, donde es masacrada
una caravana de curas refractarios
por un grupo de soldados. Enseguida
23 curas más serán
degollados en la Prisión
de la Abadía, extendiéndose
la matanza al Convento de las
Carmelitas donde se encuentran
presos 150 curas no-juramentados
que, mientras oran arrodillados
en el altar, son descuartizados
a hachazos y a cuchilladas de
picas. En la Abadía se
organiza un «tribunal»
en el que, bajo los alaridos
de los asesinos y las verduleras
callejeras «más
excitadas que los hombres»,
se ejecuta durante toda la noche
a más de 300 personas.
Las matanzas se extenderán
durante cinco días más,
en la iglesia jesuita San Pablo-San
Luis, en la Conserjería,
la prisión del Gran Chatêlet,
la prisión de las Carmelitas,
la Force… Les siguen las
ciudades de Reims, Orleáns,
Meaux, pues el «amigo
del pueblo», el trastornado
Marat, principal instigador
de estos crímenes, desea
esparcir estos «tribunales»
sangrientos en todo el país.
El 3 de septiembre publica que:
«estos actos de justicia
han parecido indispensables
[a la Comuna de París]
para retener por el terror a
las legiones de traidores escondidos
en sus muros (…) y sin
duda la nación toda entera
(…) se apresurará
en adoptar este medio de tan
necesario a la salud pública».
Las escenas más repugnantes
tendrán lugar en el hospicio
de la Salpétrière
y en Bicêtre, donde se
violará a las prostitutas,
las locas y las niñas
huérfanas antes de despedazarlas.
El balance de estas jornadas
será, tan solo en París,
de 1300 ó 1400 víctimas.
En estos grabados de la época
presenciamos, en ese orden,
la Masacre de los curas
refractarios en la prisión
del antiguo convento de las
Carmelitas, la Decolación
de la princesa de Lamballe,
y la Masacre de prisioneros
de derecho común en el
Hotel de La Force. |
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La insurrección
armada de los medios rurales del oeste lleva
la apelación genérica de «
Chuanería », que proviene
del apodo de Juan Cottereau, llamado Juan
Chouan, conocido por su imitación
perfecta del grito de la lechuza, «
toque de llamada » de los insurgentes
La conspiración realista bretona de
la Rouerie marca el inicio del alzamiento
durante el primer trimestre de 1792. Conocerá
a lo largo de los años venideros diversas
peripecias, alternándose momentos paroxísticos
con raros periodos de calma provisional. Una
verdadera guerra civil enfrentará a
miles de campesinos a los ejércitos
de la República en una guerra sin merced.
Los chuanes
fracasan frente a Granville el 13 de noviembre
de 1793. Son desbaratados en Le Mans en una
batalla callejera, el 12 de diciembre. Obtienen
a su vez algunos éxitos en emboscadas
horribles. El ejército de la República
replica con las tristemente célebres
« columnas infernales ».
La crueldad y la vileza de los enfrentamientos
es indecible. El conflicto, primer genocidio
de la era moderna, provoca un enorme número
de víctimas asesinadas en las condiciones
más atroces. El representante de la
República, Carrier, se distingue particularmente
en el horror en Nantes. Sus excesos terroristas
indisponen inclusive a los republicanos, quienes
terminan condenándole a muerte y le
ejecutan el 23 de noviembre de 1794 (ver también
nuestra página Napoleón
y la religión).
Los insurgentes sufren una muy severa derrota
en Savenay el 23 de diciembre de 1793, resultando
de esto una relativa calma. Se cree que se
acerca a la paz con la acción pacificadora
de La Jaunaye. Una amnistía
y la libertad de los cultos son acordados
a los vendeanos el 17 de febrero de 1795.
Sin embargo, la chuanería vuelve a
surgir como nunca en ocasión del asunto
de Quiberón. Muchos miles
de emigrados, transportados y escoltados por
ingleses, desembarcan en la península
el 15 de julio de 1795. Hoche los echa brutalmente
al mar o los dispersa en los campos, en donde
son acogidos mal que bien por los chuanes.
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|
| Las
guerras de exterminio en Vendea
y Bretaña |
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Por
medio de los decretos del 2
de agosto y del 1º
de noviembre de 1793,
el gobierno revolucionario de
la Convención, en su
voluntad de descristianización
del territorio, se lanza a la
destrucción de la Vendea
y del «exterminio»
de la «raza rebelde»,
es decir los realistas y los
católicos de dicha región
del oeste de Francia que perdió
en este holocausto a unos 350,000
habitantes. Los horrores de
esta campaña son ilustrados
por personajes abyectos como
el general republicano Louis
Marie Turreau (1756-1816),
famoso organizador de las Columnas
Infernales que
masacraron a decenas de miles
de vendeanos y asolaron toda
la región sin escatimar
bestias, campos y bosques. A
principios de 1794, tras la
debacle del ejército
realista en el Loira, ya solo
subsisten en la región
bandas aisladas y siempre decrecientes
de resistentes; las Columnas
se encarnizan entonces con la
población indefensa.
Uno de los reportes del mando
republicano nos informa que:
«… Matamos a cerca
de 2,000 [pueblerinos] cada
día... Mandé maté
(sic) esta mañana a 53
mujeres, igual número
de niños... Quemé
todas las casas y degollé
a todos los habitantes que encontré.
Prefiero degollar para economizar
mis municiones...». Sorprendentemente,
este hombre enfermo atraviesa
los gobiernos sucesivos hasta
1816 sin ser inculpado por sus
crímenes, tras ser absuelto
por unanimidad en un juicio
en 1795. El senador estadounidense
William Plummer nos dice de
éste hombre de «grandes
bigotes, cara roja feroz y ojos
encendidos» que golpeaba
a su mujer con un látigo,
que «nunca [había]
contemplado un rostro tan cruel
y sanguinario». En 1814
se somete a Luis XVI e, increíblemente,
tras los Cien Días, ¡aparece
en la lista de beneficiarios
de la Cruz de San Luis! Vemos
aquí Las Columnas
infernales en Cholet y
La defensa de Rochefort-en-terre
por Alexandre Bloch (1885). |
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Después
de la derrota de los Realistas, Hoche
lleva a cabo una eficaz campaña de
pacificación, combinando firmeza y
apaciguamiento religioso. Los jefes insurgentes
son capturados y fusilados, Stofflet
en Angers el 25 de febrero de 1796 y Charrette
en Nantes el 29 de marzo de 1796.
En el verano de 1796 el sometimiento es más
o menos general.
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La represión
anti-realista del 18 Fructidor revive
nuevamente la rebelión. El efímero
Rochecotte realiza
la coordinación interregional
de la chuanería. En agosto de
1799 se produce la tentativa de la «guerra
de las cabezas de partido»
en Vendea, Anjou y Normandía.
Châtillon se
apodera de Nantes, Bourmont
de Le Mans, Mercier
de Saint Brieuc, de
Sol de La Roche Bernard. Frotté
llega a los suburbios de Versalles;
pero esas localidades se pierden de
inmediato.
La calma temporal en las frontera consecutiva
a las victorias de Brune y de Masséna
contra la segunda coalición permite
al Directorio recuperar la ventaja.
Poner
un punto final a esta guerra civil constituye
evidentemente una prioridad para el
Primer Cónsul.
Empieza por dar muestra de su mansedumbre
a través de gestos de buena voluntad.
Suprime la fiesta revolucionaria que
conmemora el 21 de enero el aniversario
de la ejecución de Luis XVI.
Firma la abolición de la Ley
de los rehenes, votada por el Directorio
tres meses antes, y se presenta ostensiblemente
en la prisión del Temple para
liberar a los detenidos concernidos.
Ofrece una amnistía general
a los chuanes y promete volver
a discutir la cuestión de la
Constitución Civil del Clero.
Convencido, el abate Bernier,
cura de Anjou, provoca múltiples
uniones en todo el oeste y lleva a cabo
un papel considerable de apaciguamiento.
Pero
el perdón y la generosidad no
bastan. Por desgracia queda por terminar
el trabajo de pacificación sometiendo
por la fuerza a irreductibles grupos
de resistencia con los generales Brune,
Gardanne, Chabot
y d’Arnaud.
El Primer Cónsul les recomienda
la más grande firmeza asociada
a « una
gran tolerancia para con los sacerdotes
»; sabe que ellos tienen la solución
del problema.
Los
resultados se manifiestan rápidamente.
Todo el sur del Loira se somete. La
captura de Bourmont hace caer el Maine
y el país de Chartres. Este singular
personaje dará tristemente qué
decir de él llegado el momento
de Waterloo.
La muerte de Frotté, en condiciones
cercanas al asesinato como consecuencia
de un grave malentendido, trae consigo
la rendición de Normandía.
Un tratado general de paz
puede por fin ser firmado. Se trata
de una especie de pacto de honor, que
acuerda el perdón a los insurgentes
contra una entrega de las armas, muy
liberalmente aplicada.
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«
Escena
de la guerra de
los chuanes » |
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El
movimiento realista
y católico
conocido como la
Chuanería
se
manifestó
en 1794 y hasta
1800 en doce departamentos
de Francia, especialmente
en Maine y Bretaña.
Sus principales
motivaciones eran
la defensa férrea
de su fe cristiana
y su oposición
obstinada a la conscripción
militar por las
autoridades revolucionarias.
Sus hazañas
y bravura serán
inmortalizadas por
grandes literatos
como Balzac, Víctor
Hugo o Barbey d’Aurevilly.
Para su mala fortuna,
sus tácticas
de Guerra eran muy
pobres, basándose
principalmente en
asaltos y emboscadas
de tipo guerrillero.
Cuadro de Auguste
Emile Bellet, 1882. |
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Hasta el indomable
Georges Cadoudal consiente
al alto de las hostilidades, pero rechaza
la deposición de armas. Bonaparte le
recibe en dos ocasiones en las Tullerías
con la esperanza de hacerlo unírsele
plenamente. A pesar de sus ofertas generosas,
se obstina en su irreductible oposición.
Como lo hemos visto más arriba, pasará
entonces de la guerrilla a la acción
terrorista.
Además de Bourmont, varios notables
chuanes se unen al nuevo régimen, entre
los cuales los generales de Piré
y de Scépaux.
Para terminar
de una vez con la chuanería, ésta
conocerá más tarde algunas resurgencias
localizadas y efímeras con de
Bar, d’Aché,
Arnaud de Chateaubriand y
Luis de la Rochejaquelein.
No obstante, su acción se aparentará
más a la de los servicios secretos
que a un real enfrentamiento armado. A la
postre, el espíritu chuán seguirá
manifestándose a través únicamente
de la oposición electoral.
¡Tras
la paz de los corazones y la paz de los bravos,
llega el turno de la paz de las almas!

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