| ENVENENAMIENTO
DE NAPOLEÓN: TERCERA OFENSIVA
DE LOS « ANTI-TESIS » |
| LAS
INVEROSÍMILES CONCLUSIONES
DE LOS INVESTIGADORES ITALIANOS |
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|
Por
el Doctor |
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Ben Weider
Caballero de la Legión
de Honor
Presidente
de la Sociedad Napoleónica Internacional
de Montreal
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| El
Doctor Weider |
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Traducción del Instituto Napoleónico
México-Francia © |
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Contrariamente
a las pruebas aportadas por el
Dr. Kintz, nunca refutadas,
los análisis italianos,
que enturbiaron las aguas, nunca
reprodujeron los análisis
con tecnología Nano-Sims
cualitativa. Son experimentos
cuantitativos, no
cualitativos; ni
siquiera sabemos qué arsénico
estaban mencionando, nunca duplicaron
el trabajo de Pascal Kintz, y
nunca lo referenciaron siquiera.
Son totalmente insignificantes
y falaces, incluso los cabellos
podrían no estar identificados… |
Dr.
John Fournier, miembro
del International College
of Surgeons en Chicago, Editor
de la revista International
Surgery. |
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El
11 de febrero [de 2008], la agencia France
Presse difundía una noticia cuyo
título era:
« Napoleón:
investigadores italianos descartan el envenenamiento
con arsénico »
(1)
Les transcribo
algunos extractos que he puesto en caracteres
grasos, pues merecen realmente su atención:
« Los
estudios han mostrado que la concentración
de arsénico en los cabellos de hace
dos siglos es cien veces más fuerte
que el nivel promedio contenido en los cabellos
de nuestra época. »
« En
el Emperador y sus allegados, constatamos
una presencia de arsénico que sería
considerada como tóxica hoy en día,
pero que es análoga a la descubierta
en los (demás) sujetos que vivieron
en su época, y que por ende no es inhabitual.
»
« El
entorno en el que vivía la gente de
inicios del Siglo XIX conducía manifiestamente
a la ingestión de cantidades de arsénico
que nosotros consideraríamos hoy como
peligrosas ».
« En
consecuencia, la concentración de la
substancia no bastaría para causar
la muerte de Napoleón », y la
causa de esta concentración no sería
« un envenenamiento, sino una absorción
constante de arsénico.
» (Fin de la cita).
Estoy al
menos de acuerdo con la última parte
de la frase relativa a « la absorción
constante de arsénico ».
Y he aquí la conclusión –
« lógica » – que,
evidentemente, se imponía después
de semejante atestiguación:
« No fue un envenenamiento con arsénico
lo que mató a Napoleón en Santa
Helena… »
Lo
repito por la enésima vez: la tesis
que sostengo no hace « más que
» probar que, durante toda la duración
de su deportación, Napoleón
fue – empleo esta palabra por facilidad
– envenenado. Lo cual,
teniendo en cuenta la grandeza de este hombre,
no es algo insignificante.
Hacer creer sistemáticamente que la
tesis del envenenamiento apunta a afirmar
que el fallecimiento
de Napoleón, el 5 de mayo de 1821,
es la consecuencia directa del arsénico
es una estrategia perversa, pero astuciosa
y bien experimentada, que permite quitarle
credibilidad a buen precio.
La conclusión
de la información mencionada más
arriba me lleva además a hacer un breve
retorno al pasado para evocar, en este caso
también por la enésima vez,
los precedentes análisis que hice hacer
a cuenta de la Sociedad Napoleónica
Internacional. Y me es forzoso constatar que
cada vez que hago proceder, por los más
grandes expertos reconocidos en su especialidad,
análisis que demuestran que el Emperador,
deportado en Santa Helena, fue efectivamente
víctima de lo que los científicos
llaman una « exposición crónica
», y que ustedes y yo un envenenamiento,
extrañamente, se « pone en el
mercado » otros análisis que
se esfuerzan en demostrarnos el contrario
– lo cual van a ilustrar los argumentos
que siguen.
- 1962:
(y años siguientes): el departamento
de toxicología de la Universidad
de Glasgow pone en evidencia la presencia
de arsénico – en aquel momento
sin más precisión sobre la naturaleza
del tóxico – en los cabellos
de Napoleón.
- 1995:
el FBI
confirma la presencia de arsénico y
el director del departamento de química/toxicología
concluye así su reporte: « La
cantidad de arsénico presente en los
cabellos analizados concuerda con un envenenamiento…
»
- 2001:
el Dr. Kintz, entonces presidente de la Sociedad
Francesa de Toxicología Analítica
– preside actualmente la Asociación
Internacional de Toxicólogos de Medicina
Forense – confirma todos los resultados
precedentes: los cabellos de Napoleón
presentan (en cifras redondeadas) concentraciones
en substancia tóxica de 7 a 38 veces
superiores a la dosis admitida como «
natural », puesto que los cabellos de
todo el mundo encierran, pero en cantidad
infinitesimal, arsénico.
Reacción
de los adversarios:
Se
presentó en forma de análisis
realizados por el laboratorio de la Prefectura
de Policía de París y publicados
en noviembre 2002 con gran estruendo en las
columnas de la revista
de vulgarización Science
& Vie. Concluían
de manera perentoria que al hallarse el tóxico
en superficie del cabello, su presencia no
se explicaba más que por productos
de conservación utilizados en aquella
época para tal fin.
- 2003:
el Prof. Robert
Wennig, de la universidad del
gran ducado de Luxemburgo, establece entonces
que, si hay veneno en periferia (consecuencia
de manipulaciones diversas), se encuentra
también y sobre todo en el corazón
mismo de los cabellos, lo que significa
que ha sido « empujado » en ellos
por el flujo sanguíneo. En otros términos,
que pasó por la vía digestiva.
Este análisis reducía a nada
las deducciones apresuradas (¿y orientadas?)
de la revista de vulgarización mencionada
más arriba acerca de los productos
de conservación de los cabellos.
- 2005:
demostración decisiva. El Dr.
Pascal Kintz revela que el veneno presente
en los cabellos de Napoleón es arsénico
mineral, es decir, en términos vulgares,
RATICIDA. Lo
cual, estarán de acuerdo conmigo, no
es anodino.
La noticia hizo mucho ruido, que se esparció
en el mundo entero como un reguero de pólvora:
¡el hombre más célebre
de la Historia del mundo envenenado como un
vulgar roedor!
Esta vez, era demasiado para los oponentes
a la tesis del envenenamiento de Napoleón.
Les era preciso hacer algo « grandioso
».
Contra-ataque
del adversario:
Se nos sirvió
primero algunos « entremeses »
pintorescos: investigadores suizos
afirmaron que Napoleón había
muerto efectivamente de su emblemático
cáncer del estómago midiendo
la talla de sus pantalones (¡una
cumbre de la ciencia!); se trató enseguida
de hacer creer al público en general
(noticia de la Agencia France Presse,
citando a otros « investigadores »
suizos) que el arsénico presente en
los cabellos de Napoleón se explicaba
por la « costumbre
de los viñateros de la época
de limpiar sus barricas y sus cubos con arsénico
» raticida pues – ¡y los
mismos fundamentaban sus certitudes en el
hecho que Napoleón era un gran amante
del vino! ¡Una absurdidad que no dejarán
de notar todos aquellos que conocen bien las
costumbres « gastronómicas »
(?) del Emperador!
¡Limpiar barricas hechas de madera porosa
con un veneno mortal! Nuestros detractores
no retroceden decididamente ante nada.
Fue después
de esta pequeña « preparación
de artillería » (ligera) que
fue lanzado, a fines del año 2006,
un ataque inopinado y de gran envergadura.
Se presentó
en forma de un estudio publicado en la revista
científica Nature Clinical Practice
Gastroenterology and Hepatology, que
establecía en substancia que Napoleón
había muerto de un cáncer del
estómago. Punto importante que subrayar:
los análisis en cuestión habían
sido realizados por propuesta de un médico,
miembro del Souvenir Napoléonien,
adversario (así como la Fundación
Napoleón) de la tesis del envenenamiento.
En este « estudio », se podía
leer que las teorías « fantasiosas
» de un envenenamiento de Napoleón
con arsénico estaban (cita) «
ahora ampliamente desacreditadas ».
Constatación
desconcertante: en ningún
lugar de este « estudio », los
trabajos del Prof. Wennig y del Dr. Pascal
Kintz son objeto de la más mínima
mención. Lo cual, evidentemente, hace
más fácil el « lavado
de cerebros ».
Luego, la calma volvió al frente del
envenenamiento.
Hasta ese 11 de febrero de 2008.
Esta nueva y tercera ofensiva no
me sorprendió: Jean-Claude Damamme,
quien conoce bien a nuestros adversarios,
había terminado uno de sus artículos,
« Pero
sí, Señores, Napoleón
sí fue víctima de un envenenamiento
con mata-ratas », por
estas palabras: « Esperamos
lo que sigua con interés ».
No obstante, muchas preguntas se plantean
aquí.
- ¿Porqué
este nuevo y repentino ataque? Lo
ignoro. ¡Todo lo que puedo decir,
es que es evidente que esta tesis
del envenenamiento debe ser reducida
a nada! Por cualquier medio.
- ¿Porqué,
esta vez nuevamente y salvo error
de mi parte, los trabajos de Wennig
y de Kintz son ocultados en este nuevo
hallazgo que estos investigadores
italianos proponen al público
en general?
- Este pequeño
reactor nuclear « exclusivamente
dedicado a la investigación
» ¿fue al corazón
de los cabellos, o se contentó
con quedarse en la superficie? ¿Y
procedió a la identificación
del tóxico como lo hicieron
los análisis realizados por
el Dr. Kintz en el laboratorio Chemtox
de Illkirch?
- ¿Porqué
todos estos ataques a intervalos más
o menos regulares?
- ¿Porqué
los cabellos analizados en Pavía
no dieron pie, como es el caso sistemáticamente
con los que yo mando analizar, a sospechas
de ser falsos?
- ¿Porqué,
esta vez, la Agencia France Presse,
no dio curso a la entrevista previa
que el Sr. Jean-Claude Damamme, representante
en Francia de la SNI, tuvo con una
de sus periodistas para permitirle
exponer nuestros argumentos? Lo cual
nos puso en la imposibilidad de refutar
ante los medios de comunicación
esta nueva y falaz argumentación.
- ¿Porqué
todas las absurdidades propaladas
por los oponentes de la tesis son,
según la expresión bien
conocida, considerados como «
palabra de Evangelio »?
- ¿Por qué
el gobierno ucraniano aceptó
las conclusiones del Dr. Kintz sobre
el envenenamiento del presidente Viktor
Yuschenko, y porqué, cuando
se trata del de Napoleón, se
multiplican a placer análisis
que no tienen más que una finalidad:
destruir una tesis que – este
encarnizamiento lo prueba –
molesta a mucha gente?
- Y sobre
todo, ¿por qué querer
a todo precio engañar al público?
Pues es claramente de lo que se trata,
y no es necesario ser paranoico para
tomar consciencia de que hay algo,
a la vez, de malsano y de metódico
detrás de todos estos análisis,
bien llevados a cabo sin duda alguna,
pero embusteras en su finalidad.
|
En las informaciones
difundidas, noté que los cabellos analizados
pertenecen, por supuesto, a Napoleón,
pero también a la Emperatriz Josefina
(supuestamente fueron tomados tras su fallecimiento
en 1814) y al Rey de Roma Rome, el hijo que
el Emperador tuvo con la Emperatriz María
Luisa.
El órgano de información Science
Daily del 11 de febrero es, por su parte,
más preciso acerca de las fechas (supuestas)
de la toma de los cabellos de Napoleón:
cuando era niño en Córcega,
durante su exilio en la isla de Elba, el día
de su muerte y el siguiente en Santa Helena.
Y aquí, entramos de lleno en la absurdidad
(¿o la deshonestidad?) más total.
En efecto, los análisis
hechos por el Dr. Kintz demostraron
– quiero decir demostraron científicamente
sin que sea posible contradecirlos
– que los cabellos de Napoleón
tomados en Santa Helena estaban impregnados
de tóxico. Y, como
lo escribí más arriba,
no de cualquier tóxico: ¡de
matarratas! Un
veneno mortal.
Ahora, recuerdo,
aquí también por enésima
vez, que no hice analizar sólo
cabellos cortados durante la deportación
en Santa Helena, periodo en el transcurso
del cual es patente – y científicamente
demostrado – que alguien hizo
– ignoro quién es ese
« alguien» ingerir a Napoleón
un veneno mortal. Por otro lado, las
preparaciones a base de arsénico
eran utilizadas corrientemente en
esa época para conservar los
cabellos, no había ninguna
razón para interesarse en la
presencia de arsénico en los
cabellos de Napoleón niño,
de la emperatriz Josefina y del rey
de Roma. Los científicos italianos
no hicieron más que empujar
una puerta ya abierta, tras la cual
no hallaron más que un arsénico
« inocente ».
En revancha, estamos en nuestro derecho
de sorprendernos de que éstos
mismos científicos no hayan
encontrado la presencia de arsénico
mineral, es decir de raticida, en
los cabellos tomados el día
de la muerte del Emperador, y el siguiente.
Una sola explicación posible:
el análisis no se concentró
más que en la superficie de
los cabellos, y desdeñó
su «exploración interna».
|
 |
| Tarjeta
enviada al Dr. Weider por
el Dr. Paul Doury, Médico
General Inspector, Profesor
del Val de Grâce; Miembro
corresponsal de la Academia
de Medicina. |
| (…)
Gracias por sus correspondencias
en especial acerca del envenenamiento
del Emperador. Leí
con el mayor interés
el artículo convincente
sobre el tema de Jean-Claude
Damamme con quien tuve una
larga conversación
telefónica antes de
la emisión de France
2 del 30 de septiembre. ¡Pienso
que la historia nos da y nos
dará razón!
Acepte, señor Presidente,
etc. |
|
|
De ser el
caso, estos análisis no son más
que una « cortina de humo ».
Si no, salvo error o mala interpretación
de mi parte, esto implicaría que Josefina
y el rey de Roma tenían ellos también
raticida en sus cabellos.
Si entiendo bien lo que se nos dice, estos
investigadores no hacen ninguna distinción
entre ese arsénico « desconocido
» – cuya naturaleza se cuidan
bien de no precisarnos – hallado en
lo cabellos de Napoleón niño,
y en los del desdichado deportado de Santa
Helena.
Como los análisis
de 2005 realizados en el laboratorio ChemTox
por Pascal Kintz sobre la naturaleza del arsénico
muestran que el tóxico presente en
los cabellos de Napoleón es raticida,
se comprende por qué los investigadores
italianos de Pavía prefirieron dejarlos
en la sombra.
Si hubiesen hecho mención de ello,
y tomando en cuenta sus conclusiones citadas
al principio del artículo, a saber
que hace « dos siglos la
concentración de arsénico en
los cabellos era cien veces más fuerte
que el nivel promedio contenido en los cabellos
de nuestra época »
considerando lo que acabo de escribir acerca
de la naturaleza del veneno hallado en el
interior de los cabellos de Napoleón,
eso hubiera significado que los aproximadamente
26 millones de franceses de la época,
por no hablar más que de ellos, tenían
– ¡todos! –
raticida en sus cabellos. ¡Y que esta
situación no tenía nada de «
inhabitual »!
Estos investigadores
italianos nos dan sin embargo una buena noticia:
si, todavía hoy en día, tenemos
pues todos, como Napoleón, raticida
en nuestros cabellos, es en cantidad cien
veces más débil. ¡Qué
alivio!
Más
seriamente, ¿pueden acaso los comanditarios
de esta nueva empresa de destrucción
imaginar que es con semejantes argumentos
con lo que van a aniquilar la tesis del envenenamiento
de Napoleón?
Recuerdo que algunos – a quienes no
nombro – habían dicho: para
saber si Napoleón fue realmente envenenado
– sobreentendido para « darle
en la torre » definitivamente a esta
tesis iconoclasta – hay que hacer
analizar cabellos de sus contemporáneos.
Estos análisis recientes realizados
en Pavía por el Instituto Nacional
de Física Nuclear no tenían
otro fin que satisfacer ese deseo poniendo
un punto final a todas las interrogaciones.
Lamento decir que la maniobra fracasó,
que nada ha sido demostrado, y que, desde
los análisis de superficie de Science
& Vie, los detractores de la
tesis no han progresado un ápice en
su contra-demostración.
No es ocultándolos
de manera deliberada como se destruirán
los trabajos, esos sí definitivos,
de Robert Wennig y de Pascal Kintz, y afirmo
que esta reciente serie de análisis
no es otra cosa que la ilustración
perfecta de la estafa montada desde hace largos
años para ridiculizar y destruir la
tesis del envenenamiento de Napoleón.
Así
pues, persisto y firmo: el Emperador
deportado a Santa Helena fue víctima
de un envenenamiento con matarratas,
y no será esta última fantasía
la que pueda refutar esta realidad.
NOTAS:
1) « Napoléon
: des chercheurs italiens écartent
l’empoisonnement à l’arsenic
»
REFERENCIAS
DE NUESTROS TRABAJOS SOBRE EL TEMA:
1-
P. Kintz, J.P. Goullé, P. Fornes, B.
Ludes - A new series of hair analysis
from Napoleon confirms chronic exposure to
arsenic. Journal of Analytical Toxicology,
2002, 26, 584-585.
- P. Kintz, M. Ginet, V. Cirimele –
Multi-elementary screening by ICP-MS in
two specimens of Napoleon’s hair.
Journal of Analytical Toxicology, 2006, 30,
621-623.
- P. Kintz, M. Ginet, N. Marques, V. Cirimele
– Arsenic speciation of two specimens
of Napoleon’s hair. Forensic Science
International, 2007, 170, 204-206.