| ENVENENAMIENTO
DE NAPOLEÓN: TERCERA OFENSIVA
DE LOS « ANTI-TESIS » |
| LAS
INVEROSÍMILES CONCLUSIONES DE
LOS INVESTIGADORES ITALIANOS |
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|
por
el Doctor |
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Ben Weiderr
Caballero de la Legión
de Honor
Presidente de
la Sociedad Napoleónica Internacional
de Montreal
|
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| El
Doctor. Weider |
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Traducción
del Instituto Napoleónico México-Francia
|
El
11 de febrero [de 2008], la agencia France
Presse difundía una noticia cuyo título
era:
« Napoleón:
investigadores italianos descartan el envenenamiento
con arsénico » (1)
Les transcribo
algunos extractos que he puesto en caracteres
grasos, pues merecen realmente su atención:
« Los
estudios han mostrado que la concentración
de arsénico en los cabellos de hace dos
siglos es cien veces más fuerte que el
nivel promedio contenido en los cabellos de nuestra
época. »
« En
el Emperador y sus allegados, constatamos una
presencia de arsénico que sería
considerada como tóxica hoy en día,
pero que es análoga a la descubierta en
los (demás) sujetos que vivieron en su
época, y que por ende no es inhabitual.
»
« El
entorno en el que vivía la gente de inicios
del Siglo XIX conducía manifiestamente
a la ingestión de cantidades de arsénico
que nosotros consideraríamos hoy como peligrosas
».
« En
consecuencia, la concentración de la substancia
no bastaría para causar la muerte de Napoleón
», y la causa de esta concentración
no sería « un envenenamiento, sino
una absorción constante de arsénico.
» (Fin de la cita).
Estoy al menos
de acuerdo con la última parte de la frase
relativa a « la absorción constante
de arsénico ».
Y he aquí la conclusión –
« lógica » – que, evidentemente,
se imponía después de semejante
atestiguación:
« No fue un envenenamiento con arsénico
lo que mató a Napoleón en Santa
Helena… »
Lo
repito por la enésima vez: la tesis que
sostengo no hace « más que »
probar que, durante toda la duración de
su deportación, Napoleón fue –
empleo esta palabra por facilidad – envenenado.
Lo cual, teniendo en cuenta la grandeza de este
hombre, no es algo insignificante.
Hacer creer sistemáticamente que la tesis
del envenenamiento apunta a afirmar que el fallecimiento
de Napoleón, el 5 de mayo de 1821,
es la consecuencia directa del arsénico
es una estrategia perversa, pero astuciosa y bien
experimentada, que permite quitarle credibilidad
a buen precio.
La conclusión
de la información mencionada más
arriba me lleva además a hacer un breve
retorno al pasado para evocar, en este caso también
por la enésima vez, los precedentes análisis
que hice hacer a cuenta de la Sociedad Napoleónica
Internacional. Y me es forzoso constatar que cada
vez que hago proceder, por los más grandes
expertos reconocidos en su especialidad, análisis
que demuestran que el Emperador, deportado en
Santa Helena, fue efectivamente víctima
de lo que los científicos llaman una «
exposición crónica », y que
ustedes y yo un envenenamiento, extrañamente,
se « pone en el mercado » otros análisis
que se esfuerzan en demostrarnos el contrario
– lo cual van a ilustrar los argumentos
que siguen.
- 1962:
(y años siguientes): el departamento de
toxicología de la Universidad
de Glasgow pone en evidencia la presencia
de arsénico – en aquel momento sin
más precisión sobre la naturaleza
del tóxico – en los cabellos de Napoleón.
- 1995:
el FBI
confirma la presencia de arsénico y el
director del departamento de química/toxicología
concluye así su reporte: « La
cantidad de arsénico presente en los cabellos
analizados concuerda con un envenenamiento…
»
- 2001:
el Dr. Kintz, entonces presidente de la Sociedad
Francesa de Toxicología Analítica
– preside actualmente la Asociación
Internacional de Toxicólogos de Medicina
Forense – confirma todos los resultados
precedentes: los cabellos de Napoleón presentan
(en cifras redondeadas) concentraciones en substancia
tóxica de 7 a 38 veces superiores a la
dosis admitida como « natural », puesto
que los cabellos de todo el mundo encierran, pero
en cantidad infinitesimal, arsénico.
Reacción
de los adversarios:
Se
presentó en forma de análisis realizados
por el laboratorio de la Prefectura de Policía
de París y publicados en noviembre 2002
con gran estruendo en las columnas de la
revista de vulgarización
Science
& Vie. Concluían
de manera perentoria que al hallarse el tóxico
en superficie del cabello, su presencia no se
explicaba más que por productos de conservación
utilizados en aquella época para tal fin.
- 2003:
el Prof. Robert Wennig, de la
universidad del gran ducado de Luxemburgo, establece
entonces que, si hay veneno en periferia
(consecuencia de manipulaciones diversas), se
encuentra también y sobre todo en el corazón
mismo de los cabellos, lo que significa
que ha sido « empujado » en ellos
por el flujo sanguíneo. En otros términos,
que pasó por la vía digestiva. Este
análisis reducía a nada las deducciones
apresuradas (¿y orientadas?) de la revista
de vulgarización mencionada más
arriba acerca de los productos de conservación
de los cabellos.
- 2005:
demostración decisiva. El Dr.
Pascal Kintz revela que el veneno presente
en los cabellos de Napoleón es arsénico
mineral, es decir, en términos vulgares,
RATICIDA. Lo cual,
estarán de acuerdo conmigo, no es anodino.
La noticia hizo mucho ruido, que se esparció
en el mundo entero como un reguero de pólvora:
¡el hombre más célebre de
la Historia del mundo envenenado como un vulgar
roedor!
Esta vez, era demasiado para los oponentes a la
tesis del envenenamiento de Napoleón. Les
era preciso hacer algo « grandioso ».
Contra-ataque
del adversario:
Se nos sirvió
primero algunos « entremeses » pintorescos:
investigadores suizos afirmaron que Napoleón
había muerto efectivamente de su emblemático
cáncer del estómago midiendo la
talla de sus pantalones (¡una cumbre
de la ciencia!); se trató enseguida de
hacer creer al público en general (noticia
de la Agencia France Presse, citando
a otros « investigadores » suizos)
que el arsénico presente en los cabellos
de Napoleón se explicaba por la «
costumbre
de los viñateros de la época de
limpiar sus barricas y sus cubos con arsénico
» raticida pues – ¡y los mismos
fundamentaban sus certitudes en el hecho que Napoleón
era un gran amante del vino! ¡Una absurdidad
que no dejarán de notar todos aquellos
que conocen bien las costumbres « gastronómicas
» (?) del Emperador!
¡Limpiar barricas hechas de madera porosa
con un veneno mortal! Nuestros detractores no
retroceden decididamente ante nada.
Fue después
de esta pequeña « preparación
de artillería » (ligera) que fue
lanzado, a fines del año 2006, un ataque
inopinado y de gran envergadura.
Se presentó
en forma de un estudio publicado en la revista
científica Nature Clinical Practice
Gastroenterology and Hepatology, que establecía
en substancia que Napoleón había
muerto de un cáncer del estómago.
Punto importante que subrayar: los análisis
en cuestión habían sido realizados
por propuesta de un médico, miembro del
Souvenir Napoléonien, adversario
(así como la Fundación Napoleón)
de la tesis del envenenamiento. En este «
estudio », se podía leer que las
teorías « fantasiosas » de
un envenenamiento de Napoleón con arsénico
estaban (cita) « ahora ampliamente desacreditadas
».
Constatación
desconcertante: en ningún lugar
de este « estudio », los trabajos
del Prof. Wennig y del Dr. Pascal Kintz son objeto
de la más mínima mención.
Lo cual, evidentemente, hace más fácil
el « lavado de cerebros ».
Luego, la calma volvió al frente del envenenamiento.
Hasta ese 11 de febrero de 2008.
Esta nueva y tercera ofensiva no
me sorprendió: Jean-Claude Damamme, quien
conoce bien a nuestros adversarios, había
terminado uno de sus artículos, «
Pero
sí, Señores, Napoleón sí
fue víctima de un envenenamiento con mata-ratas
», por estas palabras: « Esperamos
lo que sigua con interés ».
No obstante, muchas preguntas se plantean aquí.
- ¿Porqué
este nuevo y repentino ataque? Lo ignoro.
¡Todo lo que puedo decir, es que
es evidente que esta tesis del envenenamiento
debe ser reducida a nada! Por cualquier
medio.
- ¿Porqué,
esta vez nuevamente y salvo error de mi
parte, los trabajos de Wennig y de Kintz
son ocultados en este nuevo hallazgo que
estos investigadores italianos proponen
al público en general?
- Este pequeño
reactor nuclear « exclusivamente
dedicado a la investigación »
¿fue al corazón de los cabellos,
o se contentó con quedarse en la
superficie? ¿Y procedió
a la identificación del tóxico
como lo hicieron los análisis realizados
por el Dr. Kintz en el laboratorio Chemtox
de Illkirch?
- ¿Porqué
todos estos ataques a intervalos más
o menos regulares?
- ¿Porqué
los cabellos analizados en Pavía
no dieron pie, como es el caso sistemáticamente
con los que yo mando analizar, a sospechas
de ser falsos?
- ¿Porqué,
esta vez, la Agencia France Presse,
no dio curso a la entrevista previa que
el Sr. Jean-Claude Damamme, representante
en Francia de la SNI, tuvo con una de
sus periodistas para permitirle exponer
nuestros argumentos? Lo cual nos puso
en la imposibilidad de refutar ante los
medios de comunicación esta nueva
y falaz argumentación.
- ¿Porqué
todas las absurdidades propaladas por
los oponentes de la tesis son, según
la expresión bien conocida, considerados
como « palabra de Evangelio »?
- ¿Por qué
el gobierno ucraniano aceptó las
conclusiones del Dr. Kintz sobre el envenenamiento
del presidente Viktor Yuschenko, y porqué,
cuando se trata del de Napoleón,
se multiplican a placer análisis
que no tienen más que una finalidad:
destruir una tesis que – este encarnizamiento
lo prueba – molesta a mucha gente?
- Y sobre todo,
¿por qué querer a todo precio
engañar al público?
Pues es claramente de lo que se trata,
y no es necesario ser paranoico para tomar
consciencia de que hay algo, a la vez,
de malsano y de metódico detrás
de todos estos análisis, bien llevados
a cabo sin duda alguna, pero embusteras
en su finalidad.
|
En las informaciones
difundidas, noté que los cabellos analizados
pertenecen, por supuesto, a Napoleón, pero
también a la Emperatriz Josefina (supuestamente
fueron tomados tras su fallecimiento en 1814)
y al Rey de Roma Rome, el hijo que el Emperador
tuvo con la Emperatriz María Luisa.
El órgano de información Science
Daily del 11 de febrero es, por su parte,
más preciso acerca de las fechas (supuestas)
de la toma de los cabellos de Napoleón:
cuando era niño en Córcega, durante
su exilio en la isla de Elba, el día de
su muerte y el siguiente en Santa Helena.
Y aquí, entramos de lleno en la absurdidad
(¿o la deshonestidad?) más total.
En efecto, los análisis
hechos por el Dr. Kintz demostraron –
quiero decir demostraron científicamente
sin que sea posible contradecirlos –
que los cabellos de Napoleón tomados
en Santa Helena estaban impregnados de
tóxico. Y, como lo escribí
más arriba, no de cualquier tóxico:
¡de matarratas! Un
veneno mortal.
Ahora, recuerdo, aquí
también por enésima vez,
que no hice analizar sólo cabellos
cortados durante la deportación
en Santa Helena, periodo en el transcurso
del cual es patente – y científicamente
demostrado – que alguien hizo –
ignoro quién es ese « alguien»
ingerir a Napoleón un veneno mortal.
Por otro lado, las preparaciones a base
de arsénico eran utilizadas corrientemente
en esa época para conservar los
cabellos, no había ninguna razón
para interesarse en la presencia de arsénico
en los cabellos de Napoleón niño,
de la emperatriz Josefina y del rey de
Roma. Los científicos italianos
no hicieron más que empujar una
puerta ya abierta, tras la cual no hallaron
más que un arsénico «
inocente ».
En revancha, estamos en nuestro derecho
de sorprendernos de que éstos mismos
científicos no hayan encontrado
la presencia de arsénico mineral,
es decir de raticida, en los cabellos
tomados el día de la muerte del
Emperador, y el siguiente. Una sola explicación
posible: el análisis no
se concentró más que en
la superficie de los cabellos, y desdeñó
su «exploración interna».
|
 |
| Tarjeta
enviada al Dr. Weider por el Dr.
Paul Doury, Médico General
Inspector, Profesor del Val de
Grâce; Miembro corresponsal
de la Academia de Medicina. |
| (…)
Gracias por sus correspondencias
en especial acerca del envenenamiento
del Emperador. Leí con
el mayor interés el artículo
convincente sobre el tema de Jean-Claude
Damamme con quien tuve una larga
conversación telefónica
antes de la emisión de
France 2 del 30 de septiembre.
¡Pienso que la historia
nos da y nos dará razón!
Acepte, señor Presidente,
etc. |
|
|
De ser el caso,
estos análisis no son más que una
« cortina de humo ».
Si no, salvo error o mala interpretación
de mi parte, esto implicaría que Josefina
y el rey de Roma tenían ellos también
raticida en sus cabellos.
Si entiendo bien lo que se nos dice, estos investigadores
no hacen ninguna distinción entre ese arsénico
« desconocido » – cuya naturaleza
se cuidan bien de no precisarnos – hallado
en lo cabellos de Napoleón niño,
y en los del desdichado deportado de Santa Helena.
Como los análisis
de 2005 realizados en el laboratorio ChemTox
por Pascal Kintz sobre la naturaleza del arsénico
muestran que el tóxico presente en los
cabellos de Napoleón es raticida, se comprende
por qué los investigadores italianos de
Pavía prefirieron dejarlos en la sombra.
Si hubiesen hecho mención de ello, y tomando
en cuenta sus conclusiones citadas al principio
del artículo, a saber que hace «
dos siglos la concentración
de arsénico en los cabellos era cien veces
más fuerte que el nivel promedio contenido
en los cabellos de nuestra época
» considerando lo que acabo de escribir
acerca de la naturaleza del veneno hallado en
el interior de los cabellos de Napoleón,
eso hubiera significado que los aproximadamente
26 millones de franceses de la época, por
no hablar más que de ellos, tenían
– ¡todos! –
raticida en sus cabellos. ¡Y que esta situación
no tenía nada de « inhabitual »!
Estos investigadores
italianos nos dan sin embargo una buena noticia:
si, todavía hoy en día, tenemos
pues todos, como Napoleón, raticida en
nuestros cabellos, es en cantidad cien veces más
débil. ¡Qué alivio!
Más seriamente,
¿pueden acaso los comanditarios de esta
nueva empresa de destrucción imaginar que
es con semejantes argumentos con lo que van a
aniquilar la tesis del envenenamiento de Napoleón?
Recuerdo que algunos – a quienes no nombro
– habían dicho: para saber si
Napoleón fue realmente envenenado
– sobreentendido para « darle en la
torre » definitivamente a esta tesis iconoclasta
– hay que hacer analizar cabellos de
sus contemporáneos. Estos análisis
recientes realizados en Pavía por el Instituto
Nacional de Física Nuclear no tenían
otro fin que satisfacer ese deseo poniendo un
punto final a todas las interrogaciones.
Lamento decir que la maniobra fracasó,
que nada ha sido demostrado, y que, desde los
análisis de superficie de Science
& Vie, los detractores de la tesis
no han progresado un ápice en su contra-demostración.
No es ocultándolos
de manera deliberada como se destruirán
los trabajos, esos sí definitivos, de Robert
Wennig y de Pascal Kintz, y afirmo que esta reciente
serie de análisis no es otra cosa que la
ilustración perfecta de la estafa montada
desde hace largos años para ridiculizar
y destruir la tesis del envenenamiento de Napoleón.
Así pues,
persisto y firmo: el Emperador deportado
a Santa Helena fue víctima de un envenenamiento
con matarratas, y no será esta
última fantasía la que pueda refutar
esta realidad.
NOTAS:
1) « Napoléon
: des chercheurs italiens écartent l’empoisonnement
à l’arsenic »
REFERENCIAS
DE NUESTROS TRABAJOS SOBRE EL TEMA:
1-
P. Kintz, J.P. Goullé, P. Fornes, B. Ludes
- A new series of hair analysis from Napoleon
confirms chronic exposure to arsenic. Journal
of Analytical Toxicology, 2002, 26, 584-585.
- P. Kintz, M. Ginet, V. Cirimele – Multi-elementary
screening by ICP-MS in two specimens of Napoleon’s
hair. Journal of Analytical Toxicology, 2006,
30, 621-623.
- P. Kintz, M. Ginet, N. Marques, V. Cirimele
– Arsenic speciation of two specimens
of Napoleon’s hair. Forensic Science
International, 2007, 170, 204-206.