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Eduardo Garzón-Sobrado, fundador.
ENVENENAMIENTO DE NAPOLEÓN: TERCERA OFENSIVA DE LOS « ANTI-TESIS »
LAS INVEROSÍMILES CONCLUSIONES DE LOS INVESTIGADORES ITALIANOS

Por el Doctor

Ben Weider
Caballero de la Legión de Honor

Presidente de la Sociedad Napoleónica Internacional de Montreal

El Doctor Weider
Traducción del Instituto Napoleónico México-Francia ©
Pr. John Fournier.
Contrariamente a las pruebas aportadas por el Dr. Kintz, nunca refutadas, los análisis italianos, que enturbiaron las aguas, nunca reprodujeron los análisis con tecnología Nano-Sims cualitativa. Son experimentos cuantitativos, no cualitativos; ni siquiera sabemos qué arsénico estaban mencionando, nunca duplicaron el trabajo de Pascal Kintz, y nunca lo referenciaron siquiera. Son totalmente insignificantes y falaces, incluso los cabellos podrían no estar identificados…
Dr. John Fournier, miembro del International College of Surgeons en Chicago, Editor de la revista International Surgery.

El 11 de febrero [de 2008], la agencia France Presse difundía una noticia cuyo título era:

« Napoleón: investigadores italianos descartan el envenenamiento con arsénico » (1)

Les transcribo algunos extractos que he puesto en caracteres grasos, pues merecen realmente su atención:

« Los estudios han mostrado que la concentración de arsénico en los cabellos de hace dos siglos es cien veces más fuerte que el nivel promedio contenido en los cabellos de nuestra época. »

« En el Emperador y sus allegados, constatamos una presencia de arsénico que sería considerada como tóxica hoy en día, pero que es análoga a la descubierta en los (demás) sujetos que vivieron en su época, y que por ende no es inhabitual. »

« El entorno en el que vivía la gente de inicios del Siglo XIX conducía manifiestamente a la ingestión de cantidades de arsénico que nosotros consideraríamos hoy como peligrosas ».

« En consecuencia, la concentración de la substancia no bastaría para causar la muerte de Napoleón », y la causa de esta concentración no sería « un envenenamiento, sino una absorción constante de arsénico. » (Fin de la cita).

Estoy al menos de acuerdo con la última parte de la frase relativa a « la absorción constante de arsénico ».
Y he aquí la conclusión – « lógica » – que, evidentemente, se imponía después de semejante atestiguación:
« No fue un envenenamiento con arsénico lo que mató a Napoleón en Santa Helena… »

Lo repito por la enésima vez: la tesis que sostengo no hace « más que » probar que, durante toda la duración de su deportación, Napoleón fue – empleo esta palabra por facilidad – envenenado. Lo cual, teniendo en cuenta la grandeza de este hombre, no es algo insignificante.
Hacer creer sistemáticamente que la tesis del envenenamiento apunta a afirmar que el fallecimiento de Napoleón, el 5 de mayo de 1821, es la consecuencia directa del arsénico es una estrategia perversa, pero astuciosa y bien experimentada, que permite quitarle credibilidad a buen precio.

La conclusión de la información mencionada más arriba me lleva además a hacer un breve retorno al pasado para evocar, en este caso también por la enésima vez, los precedentes análisis que hice hacer a cuenta de la Sociedad Napoleónica Internacional. Y me es forzoso constatar que cada vez que hago proceder, por los más grandes expertos reconocidos en su especialidad, análisis que demuestran que el Emperador, deportado en Santa Helena, fue efectivamente víctima de lo que los científicos llaman una « exposición crónica », y que ustedes y yo un envenenamiento, extrañamente, se « pone en el mercado » otros análisis que se esfuerzan en demostrarnos el contrario – lo cual van a ilustrar los argumentos que siguen.

- 1962: (y años siguientes): el departamento de toxicología de la Universidad de Glasgow pone en evidencia la presencia de arsénico – en aquel momento sin más precisión sobre la naturaleza del tóxico – en los cabellos de Napoleón.

- 1995: el FBI confirma la presencia de arsénico y el director del departamento de química/toxicología concluye así su reporte: « La cantidad de arsénico presente en los cabellos analizados concuerda con un envenenamiento… »

- 2001: el Dr. Kintz, entonces presidente de la Sociedad Francesa de Toxicología Analítica – preside actualmente la Asociación Internacional de Toxicólogos de Medicina Forense – confirma todos los resultados precedentes: los cabellos de Napoleón presentan (en cifras redondeadas) concentraciones en substancia tóxica de 7 a 38 veces superiores a la dosis admitida como « natural », puesto que los cabellos de todo el mundo encierran, pero en cantidad infinitesimal, arsénico.

Reacción de los adversarios:

Se presentó en forma de análisis realizados por el laboratorio de la Prefectura de Policía de París y publicados en noviembre 2002 con gran estruendo en las columnas de la revista de vulgarización Science & Vie. Concluían de manera perentoria que al hallarse el tóxico en superficie del cabello, su presencia no se explicaba más que por productos de conservación utilizados en aquella época para tal fin.

- 2003: el Prof. Robert Wennig, de la universidad del gran ducado de Luxemburgo, establece entonces que, si hay veneno en periferia (consecuencia de manipulaciones diversas), se encuentra también y sobre todo en el corazón mismo de los cabellos, lo que significa que ha sido « empujado » en ellos por el flujo sanguíneo. En otros términos, que pasó por la vía digestiva. Este análisis reducía a nada las deducciones apresuradas (¿y orientadas?) de la revista de vulgarización mencionada más arriba acerca de los productos de conservación de los cabellos.

- 2005: demostración decisiva. El Dr. Pascal Kintz revela que el veneno presente en los cabellos de Napoleón es arsénico mineral, es decir, en términos vulgares, RATICIDA. Lo cual, estarán de acuerdo conmigo, no es anodino.
La noticia hizo mucho ruido, que se esparció en el mundo entero como un reguero de pólvora: ¡el hombre más célebre de la Historia del mundo envenenado como un vulgar roedor!
Esta vez, era demasiado para los oponentes a la tesis del envenenamiento de Napoleón. Les era preciso hacer algo « grandioso ».

Contra-ataque del adversario:

Se nos sirvió primero algunos « entremeses » pintorescos: investigadores suizos afirmaron que Napoleón había muerto efectivamente de su emblemático cáncer del estómago midiendo la talla de sus pantalones (¡una cumbre de la ciencia!); se trató enseguida de hacer creer al público en general (noticia de la Agencia France Presse, citando a otros « investigadores » suizos) que el arsénico presente en los cabellos de Napoleón se explicaba por la « costumbre de los viñateros de la época de limpiar sus barricas y sus cubos con arsénico » raticida pues – ¡y los mismos fundamentaban sus certitudes en el hecho que Napoleón era un gran amante del vino! ¡Una absurdidad que no dejarán de notar todos aquellos que conocen bien las costumbres « gastronómicas » (?) del Emperador!
¡Limpiar barricas hechas de madera porosa con un veneno mortal! Nuestros detractores no retroceden decididamente ante nada.

Fue después de esta pequeña « preparación de artillería » (ligera) que fue lanzado, a fines del año 2006, un ataque inopinado y de gran envergadura.
Se presentó en forma de un estudio publicado en la revista científica Nature Clinical Practice Gastroenterology and Hepatology, que establecía en substancia que Napoleón había muerto de un cáncer del estómago. Punto importante que subrayar: los análisis en cuestión habían sido realizados por propuesta de un médico, miembro del Souvenir Napoléonien, adversario (así como la Fundación Napoleón) de la tesis del envenenamiento. En este « estudio », se podía leer que las teorías « fantasiosas » de un envenenamiento de Napoleón con arsénico estaban (cita) « ahora ampliamente desacreditadas ».

Constatación desconcertante: en ningún lugar de este « estudio », los trabajos del Prof. Wennig y del Dr. Pascal Kintz son objeto de la más mínima mención. Lo cual, evidentemente, hace más fácil el « lavado de cerebros ».
Luego, la calma volvió al frente del envenenamiento.
Hasta ese 11 de febrero de 2008.


Esta nueva y tercera ofensiva no me sorprendió: Jean-Claude Damamme, quien conoce bien a nuestros adversarios, había terminado uno de sus artículos, « Pero sí, Señores, Napoleón sí fue víctima de un envenenamiento con mata-ratas », por estas palabras: « Esperamos lo que sigua con interés ».
No obstante, muchas preguntas se plantean aquí.

- ¿Porqué este nuevo y repentino ataque? Lo ignoro. ¡Todo lo que puedo decir, es que es evidente que esta tesis del envenenamiento debe ser reducida a nada! Por cualquier medio.

- ¿Porqué, esta vez nuevamente y salvo error de mi parte, los trabajos de Wennig y de Kintz son ocultados en este nuevo hallazgo que estos investigadores italianos proponen al público en general?

- Este pequeño reactor nuclear « exclusivamente dedicado a la investigación » ¿fue al corazón de los cabellos, o se contentó con quedarse en la superficie? ¿Y procedió a la identificación del tóxico como lo hicieron los análisis realizados por el Dr. Kintz en el laboratorio Chemtox de Illkirch?

- ¿Porqué todos estos ataques a intervalos más o menos regulares?

- ¿Porqué los cabellos analizados en Pavía no dieron pie, como es el caso sistemáticamente con los que yo mando analizar, a sospechas de ser falsos?

- ¿Porqué, esta vez, la Agencia France Presse, no dio curso a la entrevista previa que el Sr. Jean-Claude Damamme, representante en Francia de la SNI, tuvo con una de sus periodistas para permitirle exponer nuestros argumentos? Lo cual nos puso en la imposibilidad de refutar ante los medios de comunicación esta nueva y falaz argumentación.

- ¿Porqué todas las absurdidades propaladas por los oponentes de la tesis son, según la expresión bien conocida, considerados como « palabra de Evangelio »?

- ¿Por qué el gobierno ucraniano aceptó las conclusiones del Dr. Kintz sobre el envenenamiento del presidente Viktor Yuschenko, y porqué, cuando se trata del de Napoleón, se multiplican a placer análisis que no tienen más que una finalidad: destruir una tesis que – este encarnizamiento lo prueba – molesta a mucha gente?

- Y sobre todo, ¿por qué querer a todo precio engañar al público?
Pues es claramente de lo que se trata, y no es necesario ser paranoico para tomar consciencia de que hay algo, a la vez, de malsano y de metódico detrás de todos estos análisis, bien llevados a cabo sin duda alguna, pero embusteras en su finalidad.

En las informaciones difundidas, noté que los cabellos analizados pertenecen, por supuesto, a Napoleón, pero también a la Emperatriz Josefina (supuestamente fueron tomados tras su fallecimiento en 1814) y al Rey de Roma Rome, el hijo que el Emperador tuvo con la Emperatriz María Luisa.
El órgano de información Science Daily del 11 de febrero es, por su parte, más preciso acerca de las fechas (supuestas) de la toma de los cabellos de Napoleón: cuando era niño en Córcega, durante su exilio en la isla de Elba, el día de su muerte y el siguiente en Santa Helena.
Y aquí, entramos de lleno en la absurdidad (¿o la deshonestidad?) más total.

En efecto, los análisis hechos por el Dr. Kintz demostraron – quiero decir demostraron científicamente sin que sea posible contradecirlos – que los cabellos de Napoleón tomados en Santa Helena estaban impregnados de tóxico. Y, como lo escribí más arriba, no de cualquier tóxico: ¡de matarratas! Un veneno mortal.

Ahora, recuerdo, aquí también por enésima vez, que no hice analizar sólo cabellos cortados durante la deportación en Santa Helena, periodo en el transcurso del cual es patente – y científicamente demostrado – que alguien hizo – ignoro quién es ese « alguien» ingerir a Napoleón un veneno mortal. Por otro lado, las preparaciones a base de arsénico eran utilizadas corrientemente en esa época para conservar los cabellos, no había ninguna razón para interesarse en la presencia de arsénico en los cabellos de Napoleón niño, de la emperatriz Josefina y del rey de Roma. Los científicos italianos no hicieron más que empujar una puerta ya abierta, tras la cual no hallaron más que un arsénico « inocente ».
En revancha, estamos en nuestro derecho de sorprendernos de que éstos mismos científicos no hayan encontrado la presencia de arsénico mineral, es decir de raticida, en los cabellos tomados el día de la muerte del Emperador, y el siguiente. Una sola explicación posible: el análisis no se concentró más que en la superficie de los cabellos, y desdeñó su «exploración interna».

Tarjeta enviada al Dr. Weider por el Dr. Paul Doury, Médico General Inspector, Profesor del Val de Grâce; Miembro corresponsal de la Academia de Medicina.
(…) Gracias por sus correspondencias en especial acerca del envenenamiento del Emperador. Leí con el mayor interés el artículo convincente sobre el tema de Jean-Claude Damamme con quien tuve una larga conversación telefónica antes de la emisión de France 2 del 30 de septiembre. ¡Pienso que la historia nos da y nos dará razón! Acepte, señor Presidente, etc.

De ser el caso, estos análisis no son más que una « cortina de humo ».
Si no, salvo error o mala interpretación de mi parte, esto implicaría que Josefina y el rey de Roma tenían ellos también raticida en sus cabellos.

Si entiendo bien lo que se nos dice, estos investigadores no hacen ninguna distinción entre ese arsénico « desconocido » – cuya naturaleza se cuidan bien de no precisarnos – hallado en lo cabellos de Napoleón niño, y en los del desdichado deportado de Santa Helena.

Como los análisis de 2005 realizados en el laboratorio ChemTox por Pascal Kintz sobre la naturaleza del arsénico muestran que el tóxico presente en los cabellos de Napoleón es raticida, se comprende por qué los investigadores italianos de Pavía prefirieron dejarlos en la sombra.
Si hubiesen hecho mención de ello, y tomando en cuenta sus conclusiones citadas al principio del artículo, a saber que hace « dos siglos la concentración de arsénico en los cabellos era cien veces más fuerte que el nivel promedio contenido en los cabellos de nuestra época » considerando lo que acabo de escribir acerca de la naturaleza del veneno hallado en el interior de los cabellos de Napoleón, eso hubiera significado que los aproximadamente 26 millones de franceses de la época, por no hablar más que de ellos, tenían – ¡todos! – raticida en sus cabellos. ¡Y que esta situación no tenía nada de « inhabitual »!

Estos investigadores italianos nos dan sin embargo una buena noticia: si, todavía hoy en día, tenemos pues todos, como Napoleón, raticida en nuestros cabellos, es en cantidad cien veces más débil. ¡Qué alivio!

Más seriamente, ¿pueden acaso los comanditarios de esta nueva empresa de destrucción imaginar que es con semejantes argumentos con lo que van a aniquilar la tesis del envenenamiento de Napoleón?
Recuerdo que algunos – a quienes no nombro – habían dicho: para saber si Napoleón fue realmente envenenado – sobreentendido para « darle en la torre » definitivamente a esta tesis iconoclasta – hay que hacer analizar cabellos de sus contemporáneos. Estos análisis recientes realizados en Pavía por el Instituto Nacional de Física Nuclear no tenían otro fin que satisfacer ese deseo poniendo un punto final a todas las interrogaciones.
Lamento decir que la maniobra fracasó, que nada ha sido demostrado, y que, desde los análisis de superficie de Science & Vie, los detractores de la tesis no han progresado un ápice en su contra-demostración.

No es ocultándolos de manera deliberada como se destruirán los trabajos, esos sí definitivos, de Robert Wennig y de Pascal Kintz, y afirmo que esta reciente serie de análisis no es otra cosa que la ilustración perfecta de la estafa montada desde hace largos años para ridiculizar y destruir la tesis del envenenamiento de Napoleón.

Así pues, persisto y firmo: el Emperador deportado a Santa Helena fue víctima de un envenenamiento con matarratas, y no será esta última fantasía la que pueda refutar esta realidad.

NOTAS:
1) « Napoléon : des chercheurs italiens écartent l’empoisonnement à l’arsenic »

REFERENCIAS DE NUESTROS TRABAJOS SOBRE EL TEMA:
1
- P. Kintz, J.P. Goullé, P. Fornes, B. Ludes - A new series of hair analysis from Napoleon confirms chronic exposure to arsenic. Journal of Analytical Toxicology, 2002, 26, 584-585.
- P. Kintz, M. Ginet, V. Cirimele – Multi-elementary screening by ICP-MS in two specimens of Napoleon’s hair. Journal of Analytical Toxicology, 2006, 30, 621-623.
- P. Kintz, M. Ginet, N. Marques, V. Cirimele – Arsenic speciation of two specimens of Napoleon’s hair. Forensic Science International, 2007, 170, 204-206.